Cristo muerto sostenido por un ángel, de Antonello da Messina. Sublime en la máscara humana de la muerte del Hijo de Dios y en la congoja del ángel que ya nada puede hacer por él en la Tierra. La llaga en el costado y la mano izquierda sangrantes, mientras a lo lejos el verde de los olivos, el ocre de una ciudad y el éter níveo, cuyos cálidos tonos dejan a la luz de una gélida soledad, el cuerpo exangüe de Jesús de Nazaretdomingo, 15 de noviembre de 2009
...Y SIEMPRE VIVO
Cristo muerto sostenido por un ángel, de Antonello da Messina. Sublime en la máscara humana de la muerte del Hijo de Dios y en la congoja del ángel que ya nada puede hacer por él en la Tierra. La llaga en el costado y la mano izquierda sangrantes, mientras a lo lejos el verde de los olivos, el ocre de una ciudad y el éter níveo, cuyos cálidos tonos dejan a la luz de una gélida soledad, el cuerpo exangüe de Jesús de Nazaret
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