ALMERIENSES EN LOS CAMPOS DE
CONCENTRACIÓN
Cuando pocos eran los españoles
que pudieran imaginar que un buen número de sus compatriotas habían estado,
junto a los judíos, en los campos de concentración alemanes, en el mayor de los
infiernos que ser humano pudiera soñar en la peor de sus pesadillas, y el dictador
Franco hacía poco que nos había dejado, un modesto funcionario virgitano, José Sedano
Moreno, más conocido por Pepe, comenzó una meticulosa búsqueda e investigación
sobre algunos de sus vecinos que pasaron por ese espanto, lo amplió con la
búsqueda de otros almerienses y fue, gradualmente, ampliando el círculo de su
búsqueda, como de la sorpresa de cuantos eran contactados para tener una más
fidedigna información sobre estos crímenes que, muchos creíamos que eran ajenos
a nosotros, pero estaban tan cerca y habían sido ocultados, cuando no,
atropellados también por el abandono en el que en los albores de la Democracia
de ellos se tenía.
En su libro El infierno y sus puertas, publicado bajo el sello almeriense del Círculo Rojo, editado en octubre de 2017, Pepe Sedano nos informará, de manera dialogada, con uno de los pocos que sobrevivieron a este infierno, Amadeo Sinca y el ingenioso respaldo del clásico Dante, de cómo fue el devenir de estos hombres y mujeres en los campos de exterminio, pues nada querían concentrar y conservar con sus prisioneros, como Mauthausen, conocido por el de los españoles, con el gran número de ellos, Gusen, Treblinka, Ravensbrück, Sachsenhausen, Buchenwald, Auschwizt, Dachau y la enorme constelación que los nazis alzaron tanto en Alemania como en los territorios por donde su paso se hizo patente, para mostrar una de las páginas más sombrías de la humanidad y, particularmente, de una raza como la alemana, capaz de contar en sus filas con hombres de la valía humana de Goethe, como de monstruos como Hitler y la enorme caterva de inmundos como los Himmler, Franz Ziereis, Schulz, Zolter, Trumm, Eichmann, Otto Koch, Hubert Franz, Suhren, Irma Grese, Else Gabner, Dorotea Binz, Ruth Neudeck.
Mientras en España nos querían
vender el milagro alemán, de laboriosidad, puntualidad, seriedad e
inteligencia, conforme íbamos conociendo lo que habían hecho con judíos,
españoles, polacos, desvalidos, gitanos, homosexuales, en un genocidio nunca
antes conocido y que su deuda nunca la pagarían los descendientes de tanta
barbarie, por nuestra parte constatábamos el abandono del recuerdo y la memoria
de estos españoles que, ya con la IIª República, sólo quisieron defender la
libertad, pasaban por campos de concentración en el sur de Francia, abandonados
en las playas de Argèles y en lugares como Saint Cyprien en la Francia de
Vichy, que los ponían en manos de los demonios alemanes, con el silencio cómplice de las hordas
franquistas que poco o nada se interesaron por ellos.
Amadeo Sinca, Francisco Boix, el
fotógrafo de Mauthausen, con el número registrado en su piel 3190; el
almeriense Antonio Muñoz Zamora y su paisano Antonio Yelamos Sevillano, o los
Santiago Raga Casanova, o el roquetero Emilio Cañadas Rendón, o Joaquín García
Ribes, que logró evadirse del campo donde estaba internado y realizar toda una
epopeya digna de una gran película de acción. La familia Cortés García, originarios
de Pechina; José Barón Carreño, el primer en morir a manos de un franco tirador
alemán por las calles de París el día de su liberación. Luis Camacho ferre,
almeriense. Héroes sencillos que sucumbieron en pro de la humanidad.
En el campo de concentración de Mauthausen, 7000 eran españoles, 142 de los cuales almerienses muertos allí. Los pocos que lograron sobrevivir a este endemoniado holocausto, el día de su liberación por las fuerzas americanas, un 5 de mayo de 1945, en su entrada y en español, celebraban la victoria, aunque ellos no iban a tener a su patria para acogerles y sí una Francia republicana que con este gesto intentaba remediar un poco el desconsuelo de estos hombres y mujeres defensores de la libertad y la fraternidad humana.
Describir cuanto horror y maldad es capaz de mostrar el ser
humano, en muchas de las manifestaciones de estos deportados, como en los
numerosos reportajes que podemos ver por televisión, que cuando veían la
derrota de su nación intentaron ocultar, es abrumador y hasta trabajoso de
entender, razón por la que este libro, como otro buen número de los escritos
por Pepe Sedano, deben seguir estando presentes en colegios e instituciones
públicas, de manera a que nunca se pueda olvidar la afrenta que unos pocos,
aceptados por sus coterráneos, pueden alcanzar en crímenes que cuesta trabajo
comprender que sean concienzudamente elaborados por una mente humana. Como así
fue y así sufrieron en su cuerpo y mente nuestros compatriotas, que por su
lucha y su dolor, a cambio han logrado que los españoles podamos admirar y
lamentar lo que nos separó, cuando tanto debía de unirnos.
Libro con una tipografía excelente, una investigación muy
cuidadosa, una bibliografía copiosa y una portada bellísima.


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