A LA SOMBRA DEL GRANADO, DE TARIQ ALÍ
A la Sombra del granado, novela seudo
histórica, escrita por el paquistaní Tariq Alí, instruido en las aulas
de Oxford, Gran Bretaña, nos muestra la historia de una familia de gharnatíes,
o granadinos, ya que emplea el nombre de las ciudades como se llamaban en época
musulmana, siete años después de ser derrotadas sus huestes y de la firma de la
posesión de la ciudad de la Al Hamra, o Alhambra, por los Reyes Católicos.
También cuenta el libro con un breve glosario de términos.
A la sombra de un jardín de granados, tienen que ver algunos
hechos románticos de esta novela, como son los primeros escarceos amorosos de
varias generaciones que habitaban el lugar, tales como la tía Sarah o de la hija
de banu Hudayl, en la que se supone tahá de al-Hudayl, el mismo nombre que tomó
la ciudad de Albarracín en Teruel, aún cuando este lugar de Hudayl se encuentra
a pocas leguas de la ciudad de la Alhambra.
La familia de los Hudayl es próspera, viven en lo que hoy
llamaríamos un cortijo con su puerta o “banu” de entrada, en el entorno del
pueblo que fundaran sus antepasados cuando Tariq puso pie en al-Jazira, o Algeciras, allá por el año 707.
Cuentan con cuatro hijos, Khaltum que acostumbra a vivir con su esposo en
Ishbiliya, Sevilla, Zuhayr de apodo el semental, por sus correrías tras las
jóvenes del lugar, la joven Hind que se casará con un hombre instruido
procedente de El Cairo y marchará a Fez, antes de la gran tragedia familiar, y
el infante Yazid bin Umar.
El padre Umar bin Abdallah, con una única esposa, Zubayda,
es junto a su hija Khaltum más proclive a la ortodoxia musulmana, mientras que
su esposa, su hija Hind y sus dos varones, tienen con el Corán una relación más
relajada.
La Reconquista y la pérdida de Granada, como la presencia
del obispo Jiménez de Cisneros, que sustituyó a fray Hernando de Talavera, da
un giro a los pactos que los Reyes Católicos firmaron con Boabdil, en los que
se comprometían a respetar sus leyes, su religión, sus vestimentas y sus
costumbres, siendo este prelado más exigente en una reconversión forzosa, en
vez de cómo lo venía haciendo laudablemente el anterior y primer obispo de
Granada, así como confesor de la reina Isabel.
La presencia del Conde de Tendilla, el ilustre don Iñigo de
Mendoza, es casi testimonial y un tanto episódica, posiblemente extraída de las
lecturas de la Guerra de las Alpujarras, por otro Mendoza relatadas.
La novela nos muestra las costumbres de estos granadinos, su
vivir en una arcadia pacífica y de elevada cultura, donde el arte culinario
tiene sus calificativos celestiales, así como su inquietud y su miedo por lo
que temen que les pueda ocurrir en un futuro inminente, razón por la que
algunos familiares de Hudayl se convertirán al cristianismo, antes de abandonar
sus posesiones y sus raíces ancestrales, alguno de ellos será obispo de Qurtuba
o Córdoba, mientras que otros vecinos serán objeto del desprecio por el
abandono de sus creencias y de la fe del Profeta.
El autor, en boca de sus diversos personajes moros, además
de mostrarnos algunos lugares de aquella Granada, se centra principalmente, de
modo gradual, aún cuando ellos mismos se sienten responsables de la derrota por
sus propias rivalidades, como su liberalidad en materia de credo musulmán, y nos los trae a la palestra
como las víctimas y los hidalgos de esta historia, cuyo odio y desdén hacia la
historia de la reconquista, tiene su clímax en el último capítulo, cuando los
gharnatíes se levantan contra las aprehensiones ordenadas por Jiménez de
Cisneros, y, como resultas, serán pasados por las armas sin piedad, como
cuenta hicieron en al-Hama, sin dejar
bicho viviente, todo pasado por la espada, ya fueran niños, ancianos, hombres o
mujeres.
Hudayl será arrasada por un joven de dieciséis años, rubio,
capitán de la tropa que pasará a sangre y fuego cualquier vestigio de aquel
rincón de Granada, el mismo soldado que, en la última página nos lo muestra
como si fuera Cortés poco antes de asaltar las riquezas del rey Moctezuma en la
ciudad de Tenochtitlán.
Esta novela tiene un desarrollo almibarado, que termina con
una acidez y ganas de vomitar por el modo sutil que su autor ha ido pergeñando
las páginas, sabiendo el atractivo de Granada, el áurea de sus cuentos, de sus
monumentos y de su pasado, para llevarnos al barranco donde despeñarnos con el
estómago revuelto por la barbarie de nuestros antepasados.
En estas páginas, cierto es que aparecen personajes
históricos, pero no es para nada una obra que tenga un buen cimiento de la
historia real, ya que, entre otras cosas, cuando habla que se está construyendo
una catedral sobre el solar de una mezquita, hecho éste real, la verdad es que
se llevó a cabo por Carlos V y en el año 1523, que sin embargo Tariq Alí lo
inserta sin que fuera cierto en la época de esta narración. También nos muestra
a un judío que forma parte de los levantiscos amigos de Hudayl, que quieren
enfrentarse a las tropas castellanas, cuando bien es sabido que en el primer
edicto, tristemente firmado en la misma Alhambra, los judíos son expulsados y,
además, los mismos moros ya se habían tomado la justicia por su mano
incendiando y matando a todos los vecinos de su aljama de la Gharnata al-yahud,
tras el poder del visir Samuel ibn Nagrella, allá por el siglo XI de la era
cristiana. Ahora son aliados, cuando antes fueron irreconciliables , a pesar de
haber tenido una buena relación como también la tuvieron los mozárabes, pero
las varias invasiones de béreberes, lograron que este espíritu de buena
vecindad y concordia, cambiara, aún cuando Tariq Alí ha intentado que esta vez,
musulmanes y judíos sean las víctimas, y el conquistador y opresor el
cristianismo, en la persona de diablo Jiménez de Cisneros.
Como todo lo que es de mi patria chica siempre me subyuga, A
la sombra del granado, editado por el País, me atrajo de inmediato y me dispuse
en poco tiempo a disfrutar con su lectura, recordando, ciertamente, hechos
incontestables que acaecieron en mi ciudad natal, pero descubriendo, a medida
que deambulaba por el dédalo de sus páginas, que un cierto resentimiento se
adueñaba de su autor y que pondría punto final con unos páginas y párrafos que
destilan odio y, a quienes somos súbditos de esa Granada multi cultural, me
parecen fuera de contexto y de una pasión de alguien que sólo la ha sentido como
un recuerdo lejano y cantado, y no como quien esto firma, como algo candente y
que está en uno mismo, por las lecturas hechas como por los paseos, el aire y
la añoranza vivida en persona en esos lugares, hoy, ciertamente, muy cambiados
y de lejano ensueño, amén de que es muy difícil sumergirse desde nuestro
conocimiento de hoy en aquella época histórica, señalando como en el juego de
ajedrez, los buenos y los malos, las fichas blancas y las negras.

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