UN TRISTE, PERO HONRADO ADIÓS A LA POLÍTICA DEL INSIGNE ALBERT RIVERA DE CIUDADANOS
Albert Rivera hace honor a su
palabra y deja la política, aunque también deja huérfano a su partido y a una
España de centro que había confiado en él, especialmente en Cataluña donde
junto a Inés Arrimadas, lograban derrotar a los catalanistas y a una hegemonía
de partidos años acostumbrados a las dádivas que da el poder y a los favores
que otorgan a cuantos actúan de palmeros, los mismos que en Cataluña cortan
carreteras, incendian contenedores o subvierten la democracia y la libertad, al
dictado de unos corruptos de la escuela de Jordi Pujol y Mas, la TV3 o la
enseñanza, como de los que son pastoreados por los deshechos de un partido
mafioso y de ideas insolidarias, como son quienes militaban en el corrupto
Convergencia y Unió, de vergonzante memoria.
¿Y ahora qué? No es fácil
imaginar a Ciudadanos sin su líder Albert Rivera, sobre todo cuando enfrente el
partido hegemónico, o el partido vencedor de estas elecciones, el PSOE, a su cabeza tiene a un señor conocido por sus fraudes, por estar apoyado por sediciosos,
por no haber tenido la vergüenza de tirarle a la cara a un nazi como Torrá
aquel pliego que le entregaba, por enviar a un populista como Pablo Manuel
Iglesias a la cárcel de Lledoners para poder sacar los presupuestos generales.
Miguel Maura, en el año 1933, a Azaña
le dijo que “España es un pueblo admirable, con el que se hace lo que se
quiere”, probablemente esto es lo que estima Pedro Sánchez, pues en ningún país
democrático europeo se puede entender que este personaje, con su pasado: falso
doctorado, libro escrito por otro, un día ha dicho una cosa y poco después
manifiesta lo contrario, apoyado por
separatistas y asesinos de ETA, y con el pasado reciente de su partido en
Andalucía, con el caso de los Eres, nadie de bien pueda otorgarle su confianza. A pesar
de todo ello, lo ha logrado con escasa pérdida en relación a las elecciones
precedentes.
Vienen tiempos azarosos, pues de
un lado ha crecido enormemente el voto de una derecha nacionalista, con
planteamientos contrarios a las autonomías, y enfrente una izquierda junto a populismos
trasnochados que aceptan unirse con quienes quieren destruir el estado de la
concordia, el respeto y el abrazo que en 1978 se dieron vencedores y vencidos
de la guerra fratricida del 36. Si a esto le añadimos el deseo en una parte del
territorio español de su separación e insolidaridad con el resto de sus
hermanos, el Brexit, el caos en Bruselas para una política común europea y el
anuncio de una nueva crisis económica mundial, que ya la anterior, con un
gobierno de su colega Zapatero se llevó por medio a toda la clase media española, los
augurios no son nada buenos para España.
Por todo ello, creo sinceramente
que, además de dar las gracias por la existencia de Ciudadanos, éste debe
volver a su planteamiento “bisagra”, a su sentimiento liberal y de centro, y no
cejar en el esfuerzo iniciado desde cero por ese gran catalán, ese gran
“charnego”, ese gran español, que fue y que seguirá siendo, llamado don Albert
Rivera, a quien todos los demócratas, al menos, tenemos que darle las
gracias por el esfuerzo titánico realizado y por haberlo hecho frente a la
jauría que sólo se ha propuesto romper nuestra convivencia y unidad de siglos.
Ayer, un gran estadista y
literato como don Manuel Azaña, sucumbió frente a los dos monstruos que no
quisieron hacer posible el entendimiento entre españoles, hoy, tras las puertas
del siglo XXI, un incipiente estadista, tiene que hacer las maletas y abandonar
la escena política nacional por su derrota. Confiemos que este vez, las
enseñanzas del ayer y ésta más reciente, nos permitan a los españoles seguir
avanzando en medio de la fraternidad de la mayoría.

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