lunes, 11 de noviembre de 2019

UN TRISTE, PERO HONORABLE ADIÓS A LA POLÍTICA DE ALBERT RIVERA


UN TRISTE, PERO HONRADO ADIÓS A LA POLÍTICA DEL INSIGNE ALBERT RIVERA DE CIUDADANOS

Albert Rivera hace honor a su palabra y deja la política, aunque también deja huérfano a su partido y a una España de centro que había confiado en él, especialmente en Cataluña donde junto a Inés Arrimadas, lograban derrotar a los catalanistas y a una hegemonía de partidos años acostumbrados a las dádivas que da el poder y a los favores que otorgan a cuantos actúan de palmeros, los mismos que en Cataluña cortan carreteras, incendian contenedores o subvierten la democracia y la libertad, al dictado de unos corruptos de la escuela de Jordi Pujol y Mas, la TV3 o la enseñanza, como de los que son pastoreados por los deshechos de un partido mafioso y de ideas insolidarias, como son quienes militaban en el corrupto Convergencia y Unió, de vergonzante memoria.

¿Y ahora qué? No es fácil imaginar a Ciudadanos sin su líder Albert Rivera, sobre todo cuando enfrente el partido hegemónico, o el partido vencedor de estas elecciones, el PSOE, a su cabeza tiene a un señor conocido por sus fraudes, por estar apoyado por sediciosos, por no haber tenido la vergüenza de tirarle a la cara a un nazi como Torrá aquel pliego que le entregaba, por enviar a un populista como Pablo Manuel Iglesias a la cárcel de Lledoners para poder sacar los presupuestos generales.

Miguel Maura, en el año 1933, a Azaña le dijo que “España es un pueblo admirable, con el que se hace lo que se quiere”, probablemente esto es lo que estima Pedro Sánchez, pues en ningún país democrático europeo se puede entender que este personaje, con su pasado: falso doctorado, libro escrito por otro, un día ha dicho una cosa y poco después manifiesta lo contrario,  apoyado por separatistas y asesinos de ETA, y con el pasado reciente de su partido en Andalucía, con el caso de los Eres, nadie de bien pueda otorgarle su confianza. A pesar de todo ello, lo ha logrado con escasa pérdida en relación a las elecciones precedentes.

Vienen tiempos azarosos, pues de un lado ha crecido enormemente el voto de una derecha nacionalista, con planteamientos contrarios a las autonomías, y enfrente una izquierda junto a populismos trasnochados que aceptan unirse con quienes quieren destruir el estado de la concordia, el respeto y el abrazo que en 1978 se dieron vencedores y vencidos de la guerra fratricida del 36. Si a esto le añadimos el deseo en una parte del territorio español de su separación e insolidaridad con el resto de sus hermanos, el Brexit, el caos en Bruselas para una política común europea y el anuncio de una nueva crisis económica mundial, que ya la anterior,  con un gobierno de su colega  Zapatero se llevó por medio a toda la clase media española, los augurios no son nada buenos para España.

Por todo ello, creo sinceramente que, además de dar las gracias por la existencia de Ciudadanos, éste debe volver a su planteamiento “bisagra”, a su sentimiento liberal y de centro, y no cejar en el esfuerzo iniciado desde cero por ese gran catalán, ese gran “charnego”, ese gran español, que fue y que seguirá siendo, llamado don Albert Rivera, a quien todos los demócratas, al menos, tenemos que darle las gracias por el esfuerzo titánico realizado y por haberlo hecho frente a la jauría que sólo se ha propuesto romper nuestra convivencia y unidad de siglos.

Ayer, un gran estadista y literato como don Manuel Azaña, sucumbió frente a los dos monstruos que no quisieron hacer posible el entendimiento entre españoles, hoy, tras las puertas del siglo XXI, un incipiente estadista, tiene que hacer las maletas y abandonar la escena política nacional por su derrota. Confiemos que este vez, las enseñanzas del ayer y ésta más reciente, nos permitan a los españoles seguir avanzando en medio de la fraternidad de la mayoría.

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