AÑOS Y LEGUAS, DE GABRIEL MIRÓ.
De la biblioteca básica de Salvat
Colección de libros RTV, que
siempre con prólogo, permitió, allá por los años 70, que el florecimiento
progresivo de la sociedad española, también se viera reflejado con la lectura
de grandes obras y de valiosos escritores españoles y universales, que en un
modesto libro de bolsillo, también en el siglo XXI, si uno tiene la fortuna que
un familiar los hubiera coleccionado ayer, pueda disfrutar de viajes,
aventuras, paisajes, andanzas y pensamientos del genio humano.
Esta vez es un autor un tanto
desconocido hoy día, que natural de Alicante, y habiendo obtenido su fin de
carrera en leyes por la universidad de Granada, que tras un largo peregrinaje
por Madrid y Barcelona, por medio de su seudónimo Sigüenza, en sus últimos años
de vida, se pasea por los pueblos de la Marina de Alicante, así como por la
cercanía de sus montes y valles, empleando un lenguaje arcaico, de enorme
prosapia botánica y de un paisanaje lóbrego, triste y mortecino, donde, si no
fuera por las brillantes descripciones de esa geografía, la humanidad que por
ella trasiega, es de una miseria y dolor que se comprende el final, cuando el
señor Bonbom le descubre a Sigüenza, la pérdida no sólo del árbol del paraíso,
sino de su nieto, la esperanza para su hija abandonada, jovencita y virgen, en
una tierra que bien podía ser también un lugar del paraíso por su geografía y
sus montes y sus breñas.
Años y leguas, los recuerdos del
pasado y lo que ahora desfila delante de sus ojos, o en las conversaciones con
cuantos se cruza por el camino, nos va mostrando con una riqueza de la lengua
castellana impropia hoy de un valenciano, el arraigo al solar propio y la
fusión de imágenes con una cierta decrepitud humana que se entreteje a lo largo
de esta obra, hermosa y nada fácil de escudriñar por el enorme y prodigioso
vocabulario, como el gran conocimiento de todo lo concerniente a la flora y
fauna de su tierra.
Mezcla de luz y de orfandad, que
destila este libro, que engrandece el Olimpo de las letras españolas desde la
Marina alicantina o desde la misma Aitana, con resabios de lecturas de Flaubert
y de Marcel Proust “Por el camino de Swann o A la sombra de las muchachas en
flor, aunque más lúgubre y tenebroso en el trasegar de las gentes por parte de
Gabriel Miró.

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