martes, 24 de agosto de 2021

¡España, España, España!

 ¡España, España, España!


Las seis letras para la esperanza, el grito por la vida, el santo nombre de la nación que llevó a sus hijos a descubrir las Indias o a dar la vuelta al mundo, el imperio donde no se ponía el sol. Las benditas palabras del exiliado tras las alambradas de Saint-Cyprien o aquellas otras de un emigrante deambulando por las calles de Münich o que escuchaba García Lorca a su llegada a Buenos Aires, las mismas que pronunciaba un rey destronado en su palacio de Roma, y su hijo en villa Giralda de Estoril,  o aquella reina también destronada en París,  conversando con Galdós. Las mismas de un anciano derrotado en un modesto hotel en Montauban, Francia.

¡España, España, España! Hoy es el santo y seña para unos afganos que sueñan con la libertad, con la fraternidad y el abrazo que le dieron los hispanos que con él convivieron durante veinte años, antes que los talibanes volvieran a sumir su tierra en la edad media, enclaustrando a las mujeres e imponiendo el terror del macho, al amparo de una religión que nunca habló de amor, de poner la otra mejilla y sí de conquistas, sangre y paraísos celestes para la carne de cañón de sus habitantes, mientras sus dirigentes, sus emires y ayatollahs, rodeados de su bien nutrido harén, pasean sus luengas barbas por los palacios de Catar o de los Emiratos Árabes, o en el vecino Pakistán, protegidos ahora por China, la indecente nación capital-comunista, la Rusia silente y los árabes de los petrodólares que ya cabildean con lo que podrán extraer de los yacimientos mineros de Afganistán o del amparo a los carteles del Opio.

Esperemos que la Providencia, la misma que abriga a ese afgano que quiere huir de su patria, más pronto que tarde, a esa España que ansían acogerse tantos migrantes, nos de ese dirigente que no sólo tenga un proyecto esperanzador de progreso para todos los españoles en igualdad, donde el ciudadano se anteponga a los campanarios, la mentira y el cinismo   y, como no, el liderazgo necesario para volver a situar a España en la proa de esa fraternidad, de esa esperanza mundial y especialmente europea, de esa prosperidad, de esa esperanza y de esa ilusión fraterna,  que un verano del 2021, en Kabul, millares de afganos gritaron: ¡España, España, España!, cuando el agua les llegaba al cuello y la única mano tendida tenía que ser la de un español.

 ¡Viva España!



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