VILLARREAL, CAMPEÓN DE LA EUROPA
LEAGUE
Cuando aún no se han difuminado
los ecos del gran éxito futbolístico cosechado por el Villarreal C.F., y cuando
los elogios y ditirambos no paran de ensalzar, con justo mérito, a su
presidente actual, el valenciano Sr. Roig, propietario de la industria azulejera
Pamesa, con sede en Alcora, así como al que fuera longevo secretario, señor
Llaneza, yo quisiera para ese espléndido futuro que ahora se abre en la élite
del fútbol mundial para el Villarreal, que al menos, también tuvieran presente
siempre, esos aficionados y esas futuras generaciones del Villarreal C.F., a
quien, con menos boato, pero con una enorme dedicación, el sentido común de
haber depositado en Llaneza su confianza y, como no, el enorme esfuerzo
económico de él, su familia y, particularmente de los Gozalbo, propietarios
todos ellos de Azulejera La Plana, hicieron en su día, raíz del camino seguido
después, hablo de mi amigo Pascual Font de Mora, que en paz descanse.
Po esos pueblos y ciudades con
equipos de tercera y segunda división de la geografía española, por donde se
presentaba un modesto club de pueblo, el suyo, el industrioso y naranjero
Villarreal, podías encontrarte a Pascual Font de Mora, bien citándose con un
cliente de su azulejera o siguiendo las evoluciones de aquellos deportistas que
más que satisfacciones, le originaban bastantes pérdidas y tiempo, en el haber
de la fábrica.
Pascual soñaba con esa perla
futbolística que, en un gran traspaso, le permitiera saldar su deuda económica
y de dedicación con su familia, amén de seguir sosteniendo su respaldo al
Villarreal C.F. Creyó encontrarlo en su familia política, con Pedro Alcañíz,
pero cuando podía haber sido traspasado al Español, el delantero castellonense
se negó y quizás se frustró una de sus últimas esperanzas.
En esos palcos de la segunda y
tercera división, mientras algunos de esos patanes de presidentes contrincantes,
en la trastienda del palco, calentaban
antes del partido con las bebidas espirituosas del momento y concertaban algún negocio
de construcción, él esperaba humildemente en la grada a que se le presentara la
directiva rival y lo acogieran con el señorío que a él siempre le caracterizó,
como empresario del azulejo (hoy de la cerámica para emular a los italianos) y
como presidente del Villarreal C.F.
Tuvo que vender el club de sus
amores, también el que tanto erosionaba su empresa y al que tanta dedicación le
había prestado, como tantas comidas había obsequiado en el Vasco a jugadores,
representantes y aficionados de postín.
Ahora, allá donde esté, seguro
que es la persona más feliz del universo. Cierto que no era muy elocuente, pero
con su sonrisa y su cálida mirada seguro que cuantos le rodean, ya saben que su
Villarreal ha triunfado en Europa.


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