domingo, 30 de mayo de 2021

 


VILLARREAL, CAMPEÓN DE LA EUROPA LEAGUE

Cuando aún no se han difuminado los ecos del gran éxito futbolístico cosechado por el Villarreal C.F., y cuando los elogios y ditirambos no paran de ensalzar, con justo mérito, a su presidente actual, el valenciano Sr. Roig, propietario de la industria azulejera Pamesa, con sede en Alcora, así como al que fuera longevo secretario, señor Llaneza, yo quisiera para ese espléndido futuro que ahora se abre en la élite del fútbol mundial para el Villarreal, que al menos, también tuvieran presente siempre, esos aficionados y esas futuras generaciones del Villarreal C.F., a quien, con menos boato, pero con una enorme dedicación, el sentido común de haber depositado en Llaneza su confianza y, como no, el enorme esfuerzo económico de él, su familia y, particularmente de los Gozalbo, propietarios todos ellos de Azulejera La Plana, hicieron en su día, raíz del camino seguido después, hablo de mi amigo Pascual Font de Mora, que en paz descanse.



Po esos pueblos y ciudades con equipos de tercera y segunda división de la geografía española, por donde se presentaba un modesto club de pueblo, el suyo, el industrioso y naranjero Villarreal, podías encontrarte a Pascual Font de Mora, bien citándose con un cliente de su azulejera o siguiendo las evoluciones de aquellos deportistas que más que satisfacciones, le originaban bastantes pérdidas y tiempo, en el haber de la fábrica.

Pascual soñaba con esa perla futbolística que, en un gran traspaso, le permitiera saldar su deuda económica y de dedicación con su familia, amén de seguir sosteniendo su respaldo al Villarreal C.F. Creyó encontrarlo en su familia política, con Pedro Alcañíz, pero cuando podía haber sido traspasado al Español, el delantero castellonense se negó y quizás se frustró una de sus últimas esperanzas.

En esos palcos de la segunda y tercera división, mientras algunos de esos patanes de presidentes contrincantes,  en la trastienda del palco, calentaban antes del partido con las bebidas espirituosas del momento y concertaban algún negocio de construcción, él esperaba humildemente en la grada a que se le presentara la directiva rival y lo acogieran con el señorío que a él siempre le caracterizó, como empresario del azulejo (hoy de la cerámica para emular a los italianos) y como presidente del Villarreal C.F.

Tuvo que vender el club de sus amores, también el que tanto erosionaba su empresa y al que tanta dedicación le había prestado, como tantas comidas había obsequiado en el Vasco a jugadores, representantes y aficionados de postín.

Ahora, allá donde esté, seguro que es la persona más feliz del universo. Cierto que no era muy elocuente, pero con su sonrisa y su cálida mirada seguro que cuantos le rodean, ya saben que su Villarreal ha triunfado en Europa.

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