martes, 14 de marzo de 2023

UNA PERSONAL MANERA DE VER LA ESPAÑA INVERTEBRADA DE ORTEGA Y GASSET

 

DE LA ESPAÑA INVERTEBRADA


Si ya en 1921 Ortega y Gasset, en su obra España invertebrada, se preguntaba sobre la columna vertebral necesaria de una nación como la española, repasando su pasado histórico, para él en franca decadencia incluso en épocas que aún seguíamos siendo una gran fortaleza imperial, y cuyo cénit fue alcanzado por la decidida apuesta de Castilla y el compromiso de Aragón, ambos liderados por una brillante Isabel y un no menos avispado Fernando, junto a un pueblo castellano pujante y victorioso, dispuesto a reverdecer nuevos laureles en la conquista de lejanos horizontes, en una de las epopeyas más grandiosas de la humanidad, como es el descubrimiento y la colonización de América.

Si el primer impulso fue dado por unas élites visionarias, no es más cierto que es el pueblo castellano quien realizará la gran proeza, buscando en esas tierras la riqueza, pero también asimilando a sus pobladores, otorgándoles los mismos derechos y poniendo a su alcance la enseñanza, siendo ejemplar su apuesta universitaria, su arquitectura y sus enlaces.

Que ya esa raza española había dado buena muestra de su arrojo y valentía por los húmedos predios de Flandes, en la feraz campiña de la Toscana italiana, por lo que Tudescos, Walones, Genoveses, Napolitanos, Milaneses, entre otros, formaron parte de esos magnánimos ejércitos, que después también nos acompañaron en América, Africa y Asia, sin que el erario público sólo sirviera para embellecer la península ibérica, sino que los caudales que de las colonias llegaban, también eran explotados en el Norte de Europa como en Italia, gracias a la habilidad de banqueros y burgueses, financiadores de esas campañas de expansión.

Es por 1900, una vez que perdimos los últimos baluartes de nuestras colonias del Caribe, Filipinas y colonias del Pacífico, cuando se empiezan a oír las voces de bizcaitarras y catalanes ajenos a una misión común y afectos al propio campanario, pues España ya no tenía un fin común, brotaban los particularismos desintegradores.

Esa generación del 98, derrotada, ahora se encuentra que nadie antes se preocupó de unificar las distintas sensibilidades e idioma. Estaba más claro hacerse ilusiones sobre el pasado en lugar de preocuparse por un porvenir más fecundo. Europa también estará ausente de ese anhelo por el mañana común, razón de la aparición de los movimientos corsos, norte de Italia, flamencos en Bélgica, incluso en Baviera, aunque aquí rápidamente reprimidos por las autoridades germanas.

Si a eso le añadimos la ausencia de líderes carismáticos, tras la desaparición de Churchill o el mismo Charles de Gaulle, Conrad Adenauer, Willy Brandt o el mismo Felipe González, en España, la mediocridad de los políticos europeos es común, mientras que en la España de los gobiernos de los socialistas Zapatero y Sánchez, de una ruindad, ignorancia y corruptelas nunca antes conocido, el esperpento es inaudito, ya que la supremaciía la ostentan quiens quieren destruir la unidad, pues no se quieren convencer que“no conviven por estar juntos, sino para hacer juntos algo”, que es siempre mezquino, raquítico y enfermizo, ya que no hay un dogma nacional, un proyecto sugestivo de vida en común.

Ortega y Gasset nos dirá que “las naciones se forman y viven de tener un programa para mañana”, todo eso ha desaparecido cuando sólo se anhela conservar el Poder, bien por los réditos personales que se obtienen, como por el ego tan enorme que disfrutan estos personajes que como garrapatas gobiernan en las instituciones del estado, como en las comunidades autónomas e incluso en los ayuntamientos.

El gran filósofo madrileño, autor también de La rebelión de las masas, nos dice que el separatismo es un movimiento de secesión étnica y territorial, que si cuando publica su libro era mal conocido, allá por 1929, sin embargo, ya en 2023, los españoles somos bien conscientes, pues fue dado un golpe de Estado en Cataluña por los sediciosos que quisieron romper esa convivencia de siglos, liderados por la codicia de unas élites regionales y las envidias, sin un propósito de labor común.

¿Y qué soluciones tenemos? Una vez abierta la caja de Pandora por parte del socialismo, con Zapatero y con la ayuda del PSOE de Sánchez, la tarea no es nada fácil y sólo si la energía es lanzada para engendrar grandes cosas, volveremos a tener la presión de los separatistas, pues su auge es fruto de la descomposición en que ha caído el pueblo español y sus líderes políticos.

“La esencia del particularismo es que cada grupo deja de sentirse a sí mismo como parte, y en consecuencia deja de compartir los sentimientos de los demás. No le importa las esperanzas o necesidades de los otros y no se solidarizará con ellos para auxiliarlos en su afán…es característica de este estado social la hipersensibilidad para los propios males. Enojos o dificultades que en tiempo de cohesión son fácilmente soportados, pareen intolerables cuando el alma del grupo se ha desintegrado de la convivencia nacional”. Toda esta cita de Ortega y Gasset la podemos refrendar con la aberrante imagen de Ortega Lara “enterrado” en un zulo en Mondragón, que retrata a los vascos como nunca hubiéramos pensado que podrían llegar. Qué decir del arzobispo de San Sebastián, monseñor Setién, protegiendo a etarras y negando un responso por una víctima de ETA. O del que antes había sido sacerdote y alcanzaba el solio de Sabino Arana, Arzallus, silencioso y chantajista valetudinario de terroristas. O la misma ciudad de Bilbao o de Vitoria, en el siglo XIX asediados por el carlismo y defensores de las libertades, hoy domeñados por nacionalistas y etarras.

Castilla hizo a España y Castilla la ha deshecho, pues ni Cataluña ni Vasconia, nunca supieron coger el relevo, ya que sólo los hombres de grandes empeños fueron castellanos (Castilla, Extremadura, Canarias, Andalucía, Murcia, Madrid, Galicia, Santander, Asturias) que siempre contaron con hombres de gran valor y compromiso nacional.

Que nos queda para superar tantos agravios por parte de unos y de otros, CONTAR CON EL PRÓJIMO, lo que no quiere decir por ello simpatizar mutuamente, aunar esfuerzos y desterrar la insolidaridad.

En el terreno práctico, levantar el nivel social y económicos de las regiones menos favorecidas: Andalucía, Extremadura, Canarias, la Mancha, Murcia, Castilla, Asturias, de modo a que alcance a la vez el mismo nivel de Madrid, Baleares, Cataluña, Euskadi y Valencia, como las vías de comunicación, elctricidad y redes informáticas.

Acercarnos en un proyecto ambicioso a Portugal, Marruecos, Túnez, Libia y Argelia, como a nuestros hermanos de Iberoamérica.

El socialcomunismo que impera en España es la muestra de cómo los peores sujetos de nuestra sociedad ocupan las instituciones, el poder y hasta las voluntades, llevando gradualmente las empresas, las masas y el pueblo, al colapso, pues lo que ellos buscan es sostenerse con el respaldo de los mediocres, sin que nadie pueda hacerles sombra, estimulando las subvenciones, la compra de voluntades y los “chiringuitos”, únicos medios para ellos seguir sobreponiéndose a cuanta crítica se les pueda hacer, a la que intentarán socavar, con leyes, escraches o sus “fuerzas de choque”.

Si Ortega y Gasset nos recuerda que España fue la primera nacionalidad que concentrara en el puño del rey todas sus energías y capacidades, con el logro humano de una colonización de América por obra del pueblo, que “sin propósitos conscientes, sin directores, sin táctica deliberada, tuvo la capacidad de engendrar otros pueblos, pidamos a la Providencia que pronto nos llegue estadistas que recuerden nuestro pasado y ansíen conquistar nuevas Indias, desterrando la incultura, la corrupción, el fanatismo local y religioso, forjando un un nuevo tipo de hombre español: solidario, emprendedor y con visión de futuro.

Tenemos mimbres para volver a poner nuestro granito de arena en la construcción pacífica del bienestar de la humanidad, llevamos con nosotros un legado privilegiado, hora es de activar todos esos resortes, no ya para encandilar a nuestro campanario y a nuestros comparsas, sino para surcar los mares y los cielos de ese universo que espera de los españoles sus nuevas colonizaciones.

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