HIJOS DE LA FÁBULA, DE FERNANDO ARAMBURU, EDITORIAL
TUSQUETS
Es otra de las novelas sobre el terrorismo de ETA que, recientemente, han empezado a publicarse, perdido el miedo a esta banda de asesinos vascos, que el premiado Fernando Aramburu, con su best-seller Patria, ha vuelto a mostrarnos un cuadro, ahora, divertido, de dos militantes de ETA que quieren seguir los pasos de los paisanos que se dedicaban a este oficio de asesinar, por mor de una enseñanza de supuesto izquierdismo, rebeldía e independencia de la causa vasca, y que en su alocada ensoñación pasan en Francia momentos de verdadero absurdo.
Literariamente es un entremés, ya que la pluma discurre
rápida, alegre y con dos guipuzcoanos, carne de cañón de esos dirigentes que en
el PNV, en la prensa independentista y en el mismo Bildu, fomentaron la
aparición de esa “carne de cañón” autora del tiro en la nuca, la bomba lapa y
el asesinato de inocentes, fueran éstos niños, ancianos, mujeres o simples
guardias o soldados, y que ahora el PSOE ha mandado a las cárceles vascas para
que, amparados por la Iglesia vasca y el PNV, puedan salir de la cárcel y no
cumplan la condena que la justicia les impuso por su tremenda barbarie.
Esta novela, elude cualquier demanda de perdón, cualquier
enseñanza del dolor de las víctimas y se centra
en los derroteros de estos dos anacrónicos incipientes etarras, cuya
formación es escasa, sus principios y valores, nulos, que sólo han nacido para
engordar, fornicar y asesinar. Ejemplares de una raza que, desgraciadamente,
los españoles hemos tenido que sufrir y que, es el iceberg de otros que, en la
sombra “movían el árbol” para chantajear al Estado, ya que estos supuestos
desgraciados, que en esta obra son motivo de mofa y escarnio, sin embargo,
fueron las huestes que siguieron las instrucciones de quienes hoy siguen
ostentando la dirección de partidos como el PNV o el mismo Bildu, moviendo los
hilos de la financiación, la propaganda y el adoctrinamiento, desde sus cómodos
y tapizados despachos, en la calle Ibáñez de Bilbao, en la calle Pilotegui de
San Sebastián o en la misma Ajurianea en Vitoria, como también en la Navarra de
los bizcaitarras, además de las sacristías vascas, en los txocos y en las
ikastolas.
Valiente es pues la novela de
este vasco, Fernando Aramburu, que, a su manera, desenfada y divertida, quiere
hacerse perdonar y que los demás, principalmente los españoles, veamos a estos
siniestros “gudaris” de ETA como unos pobres seres juveniles, hijos de una ensoñación
de una comunidad, que una clase dirigente supo aleccionar en su beneficio
propio, a pesar de todo el horros y la conmoción que para tal fín llevaron a
cabo.

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