MÁS ALLÁ DEL JARDÍN, DE ANTONIO GALA
Más allá del jardín, de
Antonio Gala, es una novela que más que el amor que finalmente cree haber
encontrado la protagonista, una bella aristócrata sevillana ya madura, lejos de
aquel jardín de su infancia y de su bella ciudad natal, Sevilla, como de su
encorsetado círculo familiar, el de los Gadea como los de su marido los
Argüeso, de peso y heráldica en su palacete hogareño, es un acertado repaso por la vida de una
mujer, de alta alcurnia, que ve como cuando entra en el climaterio, va
descubriendo que el amor con su esposo Willy, ya no tiene la misma intensidad y
la atracción hacia un modesto joven pintor argentino, que ella protege y promociona
en su círculo más cercano, no terminan de complacer lo que ella siente en su
fuero más íntimo, mientras sus dos hijos, Helena y Alex, aparecen como dos
desconocidos y su jardín, como su perro Juba, ya sordo y ciego, son los únicos que parecen
sostenerla, además de su ama, única persona que parece comprenderla además de
la única capaz de contarle las cuentas del barquero.
Es la segunda vez que me
encuentro con esta obra, que por ser de Antonio Gala, me resulta de un gran
nivel literario, por una prosa exquisita y un enramado de conversaciones, entre
la misma protagonista, como con los demás interlocutores de esta novela, de una
enorme precisión y descubrimiento de los entresijos del alma y la “carne” de
una mujer que cada vez nota más pesado el paso de los años sobre ella, como la
inutilidad de su vida.
Tarde, y ya fallecido su hijo
Alex en un accidente, se percatará de los sentimientos que albergaba como de su
incipiente homosexualidad, mientras que su hija daba a luz a una nieta con
síndrome de down, tras una relación amorosa con un simple empleado de hotel, y
tras el distanciamiento de madre e hija.
Si a eso se le añade que
Palmira, la referida protagonista, descubre que su marido, en Madrid, tiene una
amante más joven, todo se le derrumbará y, por despecho de esa sexualidad que
se difuminará pronto, se lanza vertiginosamente a tener relaciones sexuales con
un simple y joven matarife, que querrá cobrarse y chantajear.
Finalmente, en Ruanda, no sólo
la ayuda como enfermera a los pobladores de un poblado cercano a la capital,
como el encuentro con un médico venezolano, escasamente agraciado físicamente,
serán el último y verdadero amor que la impulse a seguir luchando
desinteresadamente.
Si con ese amor desinhibido y
maduro, Palmira se encontrará consigo misma, es a través de los demás
personajes de la obra, que conversan, discuten o descubren su personalidad, que
Antonio Gala es capaz de mostrarnos el profundo sentimiento de una mujer, en su
búsqueda del verdadero amor, como los hilos que a lo largo del tiempo y los
años se han ido tejiendo en ese devaneo humano, donde la sensualidad, la sexualidad
y la entrega, irán discurriendo de manera hermosa, ilustrada como entretenida.
Como todo cuanto ha escrito
Antonio Gala, tiene esa enorme sensibilidad para ponerse ferviententemente en
la piel de una mujer, quizás por la misma homosexualidad de la que él fue
portador, desentrañando sentimientos y maneras difíciles de describir para un
hombre como para una misma mujer, o quizás por su gran ternura y receptividad
sicológica, como por sus raíces del Sur.
Será pues más allá del jardín
donde Palmira encuentre finalmente la paz y ese ansiado amor por el que tanto
había bregado, y que seres tan queridos y cercanos a ella, como el ama, su hija
y su hijo, habían padecido, mientras ella se complacía paseando y descubriendo
cómo avanzaba la floración o llegaba el otoño, en el jardín de su infancia,
rodeada de tanta belleza, pero que le impidió a ella descubrir lo que a su
alrededor se tramaba por quienes también quisieron ser sentidos: sus dos hijos,
o el mismo esposo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario