EL ISLAM, ESA GRAN CIVILIZACIÓN
QUE DESCONOCEMOS
En Occidente, dominados por la
corriente de pensamiento de los anglosajones, los luteranos y la iglesia de
Roma, la presencia del Islam tanto en la península ibérica como en los
Balcanes, Sur de Italia y la misma Grecia, parecen olvidarse, a pesar del
legado que en su geografía e idiomas dejaron sus seguidores.
Por ello, me he tomado la
libertad de recordar algunos de sus hitos, centrándome en su:
1.- Nacimiento y expansión
2.- Instituciones y sociedad
3.- La cultura islámica.
NACIMIENTO Y EXPANSIÓN
Es en la península arábiga
donde nace el Islam, con ciudades santas para sus fieles en La Meca y en
Medina, mientras el puerto de Yidda será el lugar donde desembarquen los
peregrinos que lleguen por mar.
Tierras en su mayoría
desérticas, que de antiguo ya comerciaban con resinas aromáticas y perfumes y
que después albergarían la gran explotación petrolífera que conocemos hoy.
La lengua que desde antiguo
allí se hablaba pertenece al grupo semítico, de la tribu de Sem, uno de los
hijos de Noé.
Varias corrientes de ese árabe
hubo en la península, sin embargo en su expansión, será el árabe clásico el que
el Corán empleará como lengua oficial, religiosa, administrativa e incluso
literaria.
Su escritura consta de 28
signos, escritos de derecha a izquierda y de forma cursiva, llamada alefato por
su primera letra: alif. Viene derivada del arameo.
Es en época Omeya cuando el
árabe irrumpe como lengua oficial.
Por lo inhóspito del
territorio y su largo aislamiento, sus habitantes eran nómadas que vivían en
tiendas de campaña, conocidos como beduinos, que hicieron de la trashumancia,
las caravanas y el comercio su razón de ser, organizados en clanes o tribus de
régimen patriarcal y de creencias y cultos singulares según las experiencias y
acontecimientos del grupo, aunque terminaron por hacerse sedentarios, ya que
las rutas que se dirigían hacia Mesopotamia, Persia, Siria, desde Etiopía a la
India, lograron que La Meca y Yatrib o Medina, se convirtieran en importantes
nudos de esas expediciones, con un floreciente comercio, almacenes y la
celebración de destacadas ferias.
Los judíos y cristianos en el
preislamismo ya contaban con sinagogas e iglesias, y también tuvieron como
centro de peregrinación la Caaba o Kaba, donde veneraban una piedra negra que
la tradición relacionaba con el patriarca Abraham, mientras la custodia y
cuidado del santuario de La Meca estaba, al principio, a cargo de la tríbu de
los Qurays, mientras la ciudad se convertía en un lugar de elevados ingresos,
ya que junto a la piedra los peregrinos habían colocado sus ídolos, como
también alguna imagen cristiana. De este modo, la ciudad de La Meca, ya en el
siglo VII, se convirtió en un relevante núcleo espiritual y económico.
Mahoma (Muhammad) nace en La
Meca, hacia el año 570, y pertenece a una rama pobre de la tríbu de los Qurays.
Perdió a su madre en la niñez y como hijo póstumo tuvo que ser adoptado por su
abuelo y posteriormente su tío Abu Talib. Desde muy pronto actuó como conductor
de caravanas en el negocio de su parienta Jadiya, bastante mayor que él y con
quien terminará contrayendo matrimonio a los 25 años de edad, dándole 4 hijas y
la oportunidad de ya no viajar y dedicarse a la meditación. Es a los 40 años
cuando empieza a predicar entre los más allegados, hasta lograr atraer la
atención de algunos de los oligarcas de la ciudad.
En sus manifestaciones,
declaraba que el arcángel Gabriel se le había aparecido una noche y le
anunciaba que él era el elegido por Dios como profeta para dar al mundo una
nueva doctrina, que Mahoma fundaría.
Gran parte de su tiempo fue
empleado en estudiar los textos sagrados del judaísmo y el cristianismo, cuyos
fieles había conocido en La Meca y a través de sus viajes en las caravanas,
especialmente a los seguidores del obispo Nestario (428-431), que tuvieron una
gran acogida en Arabia, Siria, Palestina, Kurdistán, Asia central y sur de la
India, quienes declaraban la humanidad de Cristo frente a los que clamaban por
su divinidad.
Mahoma proclamó que Abraham,
Moisés y Jesús habían sido enviados por Dios como profetas para dar a conocer
su voluntad a los hombres y que él, Mahoma, era uno más, el último. Su doctrina
que dio nombre a su credo, el Islam, quería decir que era necesaria e
incondicional el abandono o entrega a la voluntad de un Dios único, siendo entonces
el destino de su mensaje para el desunido pueblo árabe, extraviado en la
idolatría.
En el principio de sus
prédicas solo consiguió atraer a las clases más desfavorecidas, ya que chocaba
frontalmente con los intereses de los mercaderes, razón por la que cuando
fallece Jadiya, su esposa, (619) y su tío Abu Talib, se instala en Medina. Esa
emigración o Hégira (622), se considera el punto de partida del calendario
islámico.
Intentó arrebatar a La Meca la
custodia del santuario y organizó golpes de mano contra las caravanas, que le
dieran el botín necesario para su ejército y germen de la guerra santa (yihad).
A pesar de las varios choques
armados con las fuerzas de La Meca, acude allí como peregrino y termina siendo
acogido, a la vez que el pequeño ejército que le acompañaba, retiró todos los
ídolos del santuario de la Caba y terminó implantando la nueva Creencia,
monoteísta, de “los que se someten a la
voluntad de Dios”, o musulmanes.
A partir de ese momento, sus
emisarios inician la expansión de esa nueva religión entre las tribus de
Arabia, mientras él fallece, el año 632, en la ciudad de Medina, reconocida ya
ampliamente su autoridad religiosa y política en toda la península.
Recogido escrito por sus
seguidores las enseñanzas del Profeta, el Corán se convertirá en el definitivo
texto canónico y la Sunna, la colección de dichos, costumbres y tradiciones de
Mahoma y algunos de sus discípulos.
El Islam predica la renuncia a
las pasiones y la sumisión sin condiciones a la voluntad de Dios y Mahoma es su
profeta, siendo el árabe la lengua de la revelación y cinco veces al día la
ocasión para rezar. Los profetas del Antiguo testamento y el mismo Jesús, son
admitidos como uno más de los profetas, se acepta la existencia de los ángeles
y el diablo, pero descarta cualquier intermediario entre Dios y los hombres,
contrario pues al politeísmo de las tribus árabes y al dogma cristiano de la
Trinidad, además de prohibir la representación de Dios y del Profeta. La lucha
contra los infieles, el propagar el Islam, la caridad y el viajar una vez en la
vida a La Meca, serán otro de los principales mandamientos de esta nueva Fe,
que trataba de superar el individualismo y la indisciplina propia de un pueblo
nómada, además de hacerlos solidarios, también enseñaba cómo comportarse con las mujeres y los alimentos. Valga aquí
una asombrosa muestra:
Casaos con las mujeres que os gusten, dos tres, cuatro (4,3)
Las mujeres tienen sobre los esposos idénticos derechos que ellos
tienen sobre ellas, según es conocido, pero los hombres tienen sobre ellas
preeminencia (2,228)
Aquellas de quienes tomáis la desobediencia, amonestadlas, mantenedlas
separadas en sus habitaciones, golpeadlas (4,38)
A la adúltera y al adúltero, a cada uno de ellos, dadle cien azotes…¡Que
un grupo de creyentes dé fe de su tormento! (24,2) (Mahoma, curiosamente,
después de enviudar de Jadiya, casó una docena de veces, y tuvo por esposa a
Aysa cuando ésta contaba 9 años y él era anciano.)
Las repudiadas se esperarán tres menstruaciones antes de volverse a
casar (2,228)
No contarán pues con ministros
ni templos, ya que la mezquita es considerada como un lugar de oración. Deben
respetar el ayuno en el mes de Ramadán y siempre otorgarán privilegios a las
“gentes del Libro”, cristianos y judíos, aunque en cualquier territorio
conquistado la primacía será siempre a favor de los mahometanos, una vez
sometidos los pueblos infieles.
Prohibiciones como el rechazo
de la sangre y la carne de cerdo, a buen seguro se basarían en razones de
higiene.
El Islam no es ninguna
creación original, pero ha sabido asimilar perfectamente lo que iba aprendiendo
en sus conquistas, reelaborándolo a su propia manera, tanto en lo religioso,
como en su arquitectura y organización administrativa.
A la muerte de Mahoma, cuatro
serán los califas ortodoxos, que como vicarios del Profeta llevarán a cabo la
expansión territorial más allá de Arabia, Omán y Yemen, con nuevas conquistas,
ayudados a menudo por los judíos, maltratados por los bizantinos y con la
permisividad que siempre caracterizó a los líderes musulmanes, salvo la época
de los Almorávides y Almohades, y las propias disensiones territoriales en las
nuevas colonias.
Vicarios de Mahoma
Abu Bakr (632-634). Padre de
la esposa favorita de Mahoma, Aysa.
Umar (634-644)
Utman (644-650)
De la familia Omeya.
Alí (656-661) Yerno de Mahoma y guía para la rama de los
Chíes, contrarios a la mayoría que son de disciplina suní, respetuosos con la
autoridad de la Sunna.
En el año 638, Umar se
apoderará de Jerusalén, considerada también ciudad santa para los mahometanos,
dando garantías a los cristianos para que allí pudieran seguir con su religión.
La rápida expansión de los
ejércitos musulmanes se debieron a la unidad de las tribus árabes, las fuerzas
que se les sumaban en los territorios conquistados y que los árabes particularmente, gracias a la decadencia de
Bizancio y, en Persia, por las intrigas internas, siguieron conservando sus
estructuras tribales, resistiéndose a la fusión con otros pueblos, pero dejando
muy claro que ellos eran los soberanos.
En sus conquistas, la quinta
parte del botín era para el Califa, como también recibía la limosna obligada,
en su doble función religiosa y política, el resto era repartido entre los
guerreros.
Aun cuando en su país podían
desempeñar trabajos remunerados, no así en tierra conquistada, solamente
dedicados a la milicia.
Nunca se arraigarán, eran sólo
amos y señores de la guerra y la conquista, como tampoco fomentaban la
conversión o mawla, a pesar de que
ésta se diera por conveniencia, pues dejaban de pagar impuestos y podían
participar en el reparto del botín.
Con el sucesor de Alí, Muawiya
(661-680), el poder califal se establece en Damasco, bajo las enseñanzas de los
gobiernos bizantinos y sasánidas, con la misma pompa que los emperadores de
Constantinopla y de Persia, con la única diferencia de también ser el guía
espiritual de Dios, además de un monarca absoluto y ostentar el principio de
hereditariedad.
La gran expansión del Islam,
hacia Occidente, terminará alcanzando las costas de Iberia, cuando en el año
711 Tariq pone el pie en Gibraltar (Yabal Tariq, monte de Tariq),
aprovechándose de las guerras civiles entre los visigodos y terminando su
aventura en Poitiers, gracias a la intervención de los Francos comandados por
Carlos Martel.
Tras los Omeya, el poder
pasará a la dinastía Abbasí, fijando su capital en Bagdad, y dando freno a la
expansión exterior y trasladando el centro de gravedad a Iraq e Irán, como
también a una vida más suntuaria, donde la vastedad de los territorios
conquistados, los continuos enfrentamientos internos, facilitarían el proceso
disgregador que los alcanzaría.
De este modo, en Al-Andalus
(península ibérica) e Ifriquiya, área de Túnez, colindante con el Magreb, la
lejana autoridad califal se desintegraba en un nuevo Califato con sede en
Córdoba y sobre los hombros de reyezuelos, que posteriormente tomarán el poder
en el llamado reino de taifas, en un régimen de anarquía, disgregación,
disputas territoriales y la presión y reconquista gradual de los reinos
cristianos norteños.
2.- INSTITUCIONES Y
SOCIEDAD
El Corán es la fuente de preceptos religiosos, jurídicos y de moral
pública y privada, mientras que el Hadit versa
sobre las narraciones recogidas de episodios de la vida del profeta y su
compilación es la Sunna o tradición.
Como antes he hecho
referencia, existen dos ramas en la ortodoxia musulmana, a saber los que
consideran la Sunna como texto sagrado, la mayoría, de ahí el nombre de suníes,
y la de los chíes, quienes no reconocen ese carácter divino. También entre
estas dos corrientes del Islam existen diversos movimientos místicos, con
bastante arraigo y excentricidad, caso de los que profesan el sufismo.
Los alfaquíes son los doctores
en derecho coránico.
El califa es el jefe supremo
religioso, civil y militar, y el imán el guía espiritual y del rezo en la
mezquita.
Al frente de la administración
provincial se sitúa el gobernador, conocido como valí, mientras que la administración de la justicia corre a cargo de jueces o cadíes, que aplicarán el derecho coránico.. Estos cadíes son
nombrados por el valí y al frente de ellos se situará un cadí de los cadíes.
Los tribunales y juicios
tenían lugar en la mezquita o en la residencia del cadí, a veces en un estrado
delante de una puerta de entrada a la ciudad o medina, como se cree que lo
fuera en la Granada de la Alhambra, de ahí el nombre a una de sus más famosas y
bellas entradas, la Puerta de la Justicia. Mientras las gentes del Libro,
judíos y cristianos, estaban autorizados a administrarse por sus propios
códigos, jueces y letrados, mientras hubieran hecho frente a los impuestos, el
jaray, a los poseedores de tierras y el jizya o de capitación.
Los no musulmanes eran
conocidos como dinníes y en
Al-Andalus mozárabes los cristianos en tierras de muslimes, mientras que los
conversos eran llamados mawlas y elches a los renegados, mientras que moriscos fueron conocidos los musulmanes
tras la Reconquista.
A los recintos fortificados se
les llamó alcazab, siendo la mezquita
y el comercio, en el zoco, los pilares de su asentamiento.
Las ciudades musulmanas
estuvieron divididas en barrios étnicos, siendo siempre el Estado el principal propietario del suelo.
En las cecas, del árabe hispano sákka y del árabe clásico sikkah, se acuñaron
el dinar, en oro, y el dírhem, de plata, monedas empleadas en el comercio, que
a partir del siglo X empezaron a aventajar a cristianos y judíos, añadiendo al
comercio financiero los cheques, cuyo origen árabe es sakk.
El califato Abbasí, en cuya
época los musulmanes alcanzaron su mayor expansión geográfica, tanto en
Occidente como en Oriente, ocupando todo el Magreb (Marruecos, Argelia y Tunez)
con destacado centro religioso en Qairuan (Tunicia) terminó entrando en crisis
por las disensiones en Oriente, las rebeliones en Iraq, el Egipto tuluní, el
ascenso de los pretorianos turcos y la aparición del clan de los buyíes,
originarios del norte de Irán.
Tras el final de la dinastía
Tuluní, con evacuaciones y ocupaciones de Alejandría, los califas colocaron al
frente del gobierno egipcio a un gobernador de origen turco, quien
paulatinamente fue aflojando sus lazos con Bagdad y creando una dinastía nueva
llamada ijsidíes, en Egipto; mientras
que los fatimíes, con sus permanentes disputas con las tribus beréberes y su
sede en Qairuan, terminaban, a la vez que Abderramán III de Córdoba, con sus
vínculos con los abasíes.
Al-Andalus: Emirato y
califato
Bajo estas líneas haremos una
breve transgresión a este relato para detenernos en suelo español, bajo el dominio
de emires y califas.
Ya Abd al-Rahman I (756-788)
se había hecho autónomo de Bagdad, situando su palacio en Córdoba y organizando
un Estado próspero, enfrentado a los cristianos del norte de España, que en
Asturias habían iniciado la reconquista del suelo de sus antepasados godos, con
a veces disputas internas con los muladíes, musulmanes de conversión reciente,
y los mozárabes o cristianos en suelo ocupado por los árabes.
Abd al-Rahman III (912-961)
sometió las revueltas internas y llevó su reinado al apogeo, rompiendo
decididamente con Bagdad y proclamándose él mismo como califa, descendiente del
Profeta, rivalizando Córdoba con Bagdad como centro cultural, comercial y
religioso, alcanzando los 250.000 habitantes y un sin número de mezquitas.
Le sucedió Al-Hakam II, que
dotó a Córdoba de la mayor biblioteca del mundo.
Hisam II le siguió, siendo
Almanzor su visir y el azote de los cristianos.
Siete siglos fueron los que la
larga presencia de la lengua y escritura árabe se hizo patente en la península
ibérica, por lo que los vestigios dejados, su legado arquitectónico y en la
lengua española, como en los topónimos geográficos, están bien presentes. Tal
es el caso de palabras con raíz árabe como albóndiga, atalaya, azotea, azulejo,
albaricoque, alguacil, alfarero, albacea, almacén, Alcaudique, Almanzora,
berenjena, …
Los reinos de taifas, la
paulatina desmembración y pérdida de territorios, como la obligatoriedad de
pagar “parias” a los reyes cristianos, a pesar de la breve incursión de
Almorávides (monjes soldados) y Almohades, venidos del norte de Africa, y el
espejismo de los Nazaríes en el reino de Granada, eran ya la evidencia, desde
el siglo X, en todo el orbe del Islam, de la aparición y emerger de otros
califatos: gaznavíes (Jurasan, y Asia central), Handaníes (Siria y alta
Mesopotamia, Fatimíes (Egipto), Ifrijiya (Túnez, Argelia), Al-Magrib (norte de
Africa occidental), también de la pérdida de poder y la presencia de las
Cruzadas.
El reino nazarí nació en el
siglo XIII, de la familia de los Nasr,
llegó a contar con 20 sultanes granadinos, el último de ellos Boabdil, o
Rey Chico, y dominaron el reino de Granada desde 1238 hasta el 2 de enero de
1492, día de la Toma de Granada por parte de los RR CC y final de Al-Andalus.
Alhamar fue su fundador y su dinastía los constructores de los palacios de la
Alhambra, una de las maravillas del mundo.
Otomanos
Si los gobiernos bagdadíes se
iban apagando, originarios del Asia oriental, los turcos se desplazaban hacia
el centro del continente, más concretamente hacia Anatolia, donde Osman fundará
la dinastía otomana, en 1290, consolidando un estado cuya expansión cruzó el
Bósforo, conquistó los Balcanes y tras la toma de Constantinopla, puso fin al
imperio bizantino.
Con los mamelucos, esclavos
egipcios; los jenízaros, infantería y
custodios del sultán, también llamado bajá, y los sipahis, caballería, los
otomanos se expandieron hasta alcanzar las puertas de Viena, mientras temblaban
los reinos cristianos de Occidente, razón de la batalla de Lepanto, pues no
solo creaban problemas y ocupaban las tierras de lo que hoy es Polonia,
Rumanía, Bulgaria, Grecia, sino que berberiscos y moriscos, alentados por los
turcos, saqueaban las costas del Mediterráneo, con la ayuda del legendario
pirata Barbarroja, con principado en Argel y el auxilio económico de los
otomanos, además de interferir en la navegación.
Continuos fueron los
enfrentamientos del Sultán y sus jenízaros con los Venecianos, en sus disputas por la posesión de las rutas
marítimas del Mediterráneo oriental, especialmente cuando gobernaba la familia
Köprülü, de origen albanés (siglo XVII), como sus guerras contra Rusia, aunque
terminaron con la conquista de Constantinopla.
Destacada también fue, para
los anales de la historia, la presencia de Napoleón, al servicio del
Directorio, en Egipto, donde libró
batallas victoriosas frente a los Mamelucos, la de las Pirámides, pero la flota
francesa terminaría siendo destruida por la Royal Navy y, tras regresar a París
para tomar el poder en un golpe de Estado, su sucesor Kléber acabaría siendo derrotado por los mismos mamelucos.
El Magreb
Con la caída del Imperio
mariní, el territorio más extremo del Magreb, y ser rechazados los portugueses
en Alcazarquivir (1578), donde pierde la vida el rey Sebastián y es entroncado
en Portugal Felipe II, por lo que Ceuta y Melilla pasan a dominio español, la
dinastía sa’adi logra detener también a los otomanos que aspiraban tener
algunos enclaves por estos lares, a pesar de que terminan cayendo en una
decadencia económica, aislamiento total, fragmentación del territorio y la
paulatina implantación territorial de las potencias coloniales europeas, que
con el respaldo de Gran Bretaña y su negativa a que los alemanes pusieran pie
allí, Francia y España, nuevamente, invocarán su aspiración colonial,
administrando este territorio, con funestas consecuencias, particularmente para
España, en sus continuos enfrentamientos
con los berberiscos y en el puente aéreo que iniciara la Guerra Civil allá por
1936, tras el desastre de Annual y la victoria sobre Abd el Krim en Alhucemas
por parte del general Primo de Rivera, lejano ya el recuerdo de las gloriosas
victorias del general Prim, marqués de Castillejos.
En 1830 Francia se apodera de
Argelia, constituida en sultanato con capital en Argel, repoblándola con
colonos de la metrópoli y se expanden también por Marruecos.
Con la toma del poder de los
Jóvenes Turcos, Mustafá Kemal Atatürk, en 1919 y 1923, presidirá la república
turca, tratará de acercar sus costumbres a Occidente, modernizar el país y
separar la religión de la gobernanza política, a la vez que la vestimenta y las
costumbres.
Persia
Con la disgregación del
imperio de Tamerlán, la dinastía Safaví se impone, alcanzando gran prosperidad
sus pobladores y modernizando el país en el siglo XVII, a la vez que las
instituciones y procurando implantar un sentimiento de nación para superar las
seculares tendencias desintegradoras. Abbas (1587-1629) llamado el Grande, y
Rey de Reyes, tuvo que enfrentarse a la expansión de los Otomanos, como los
intentos de penetración de rusos y afganos, para finalmente ser los ingleses
los dominadores hasta el período de la Segunda Guerra Mundial.
La India
Ya en el siglo XVI la India
contaba con amplias regiones islamizadas, ostentando el poder sus dirigentes
como si fueran príncipes y haciendo frente a los continuas disputas con los
hindúes, también con el gobierno de los Mogoles, aunque terminaron siendo presa
de colonizadores británicos y franceses, en pugna por adueñarse del país en el
siglo XVIII.
Uno de las posesiones más
valoradas por los británicos, por los frutos que de allí extrajeron para el
Imperio se llevó a cabo, inicialmente, gracias a la penetración de la Compañía
de las Indias Orientales, que contaba con su propio ejército, pero que el
Gobierno británico suprimió en 1858 y absorbió sus posesiones.
Congreso de Berlín (1878)
Patrocinado por el canciller
alemán Otto von Bismarck, primer ministro de Guillermo I de Prusia, se trató de
estabilizar la situación política de los Balcanes, reducir el papel del
derrotado Imperio Otomano en Europa oriental y sostener un equilibrio entre los
distintos Estados litigantes, como eran Gran Bretaña, Rusia y Austria-Hungría,
también estuvieron presentes los embajadores franceses, por lo que en las
sesiones de este congreso, se terminó de dibujar las fronteras que llegarían
hasta el conflicto de la Primera Guerra Mundial y buscar la paz, aunque no
todos salieron contentos de las medidas allí adoptadas, especialmente los
turcos que se sintieron humillados y que
dejó para el futuro un conflicto larvado que estallaría con el asesinato del
archiduque Francisco Fernando y una nueva guerra europea, que nuevamente
volvería a reproducirse en la guerra de Bosnia, en el nada lejano 1984. Aunque
esto ya es otra historia.
Cultura islámica
Los musulmanes no fueron nada
originales, pero sí supieron transmitir el saber de terceros, especialmente de
los griegos y Bizancio. También contaron de antiguo con hombres de la talla de
Avempace, Abentofail, nacido en Guadix (1110-1185), Averrroes (1126-1198) cadí
en Sevilla.
En ciencias pronto emplearon
las tablas trigonométricas de los senos de los ángulos, tuvieron una gran
dedicación por la astrología, introdujeron el álgebra, además de ser maestros
en física, óptica y astronomía, como en química, mientras recopilaban abundante
documentación sobre medicina. Fueron unos grandes viajeros, lo que les permitió
trazar nuevos mapas, también expertos y maestros agrícolas y en el aprovechamiento
del agua.
En la vertiente literaria,
protegidos por los Califas, incorporaron la qasida,
poema amoroso que se divide en tres partes: un prólogo amoroso, la
descripción de un viaje y, por último, un panegírico.
En la taifa sevillana, Al-Mutamid
se distinguió como rey y excelso poeta.
La Madrasa fue un lugar de
enseñanza, cuando en Occidente la enseñanza solo alcanzaba a muy limitadas
élites y la impartía la Iglesia.
Otros célebres personajes son
Ibn Hasm (994-1064), nieto de un muladí cordobés, autor de la magnífica obra
del Collar de la paloma.
Umar Jayyan, poeta, matemático
y astrónomo, de Nisapur. (h.1050-h.1125). Mayormente en cuartetas y con hondo
sentimiento filosófico:
A nadie le pedí la existencia. Por eso me esfuerzo en acoger
indiferente cuanto me regala la vida. ¿Por qué tendré que irme ignorando a qué
debo mi paso por la Tierra?
Ibn Jaldun, embajador de
Granada en la corte de castilla (1332-1406)
Las mil y una noches, el zéjel
y la moaxaja en español, Ibn al-Jatib (Loja, 1313-1374), poeta, escritor,
historiador,filósofo y político, además de visir y primer ministro (nos dirá la
Wikipedia), cuenta en las paredes de la Alhambra con pinceladas de su poesía,
como también Ibn Zamrak (Granada, 1333-1393).
En arquitectura su huella es
profunda, siendo las mezquitas lo más señalado del arte islámico, destacando a
menudo los trabajos realizados en la qibla,
(pared del rezo orientada a La Meca), el mirahb (nicho u hornacina donde han de dirigir las miradas en la
mezquita quienes rezan), la maxura (lugar
reservado para el rezo del califa o el imán o sepulcro), y el mimbar (púlpito).
Portentosas son la mezquita de
la Roca, Jerusalen ; de Abbas en Ispahan o Selim en Edirne en Turquía, también
la construida en Qairuan (Túnez), Samarra (Irak), Ibn Tulun, el Cairo. En
España nos queda la mezquita de Córdoba y en Toledo, hoy iglesia del Cristo de
la Luz. Y como no las mezquitas de Istambul, que conforman un paisaje
inconfundible en el Bósforo.
El Taj Mahal, en la India, por
su majestuosidad, y la Alhambra de
Granada, con sus bellos atauriques, los impresionantes mocárabes (combinación
geométrica de pequeños prismas cortados por la parte inferior), la maravilla
del Patio de los Leones, la escritura caligráfica de sus paredes, los azulejos,
son otra buena muestra del legado de los seguidores del Islam, como también la
obra que susgentes llevan a cabo en las miniaturas persas, las alfombras, la
cerámica, el vidrio, la madera, los marfiles y el cuero, especialmente en
Córdoba, que dio nombre al cordobán, soy hoy parte del acervo humano que a
menudo despreciamos sin conocer.
Bibliografía
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los orígenes hasta el comienzo del Imperio otomano
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Ariel, 1992
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