viernes, 17 de enero de 2025

EL ISLAM. ESA GRAN CIVILIZACIÓN DESCONOCIDA

 


             EL ISLAM, ESA GRAN CIVILIZACIÓN QUE DESCONOCEMOS

En Occidente, dominados por la corriente de pensamiento de los anglosajones, los luteranos y la iglesia de Roma, la presencia del Islam tanto en la península ibérica como en los Balcanes, Sur de Italia y la misma Grecia, parecen olvidarse, a pesar del legado que en su geografía e idiomas dejaron sus seguidores.

Por ello, me he tomado la libertad de recordar algunos de sus hitos, centrándome en su:

1.- Nacimiento y expansión

2.- Instituciones y sociedad

3.- La cultura islámica.

 


NACIMIENTO Y EXPANSIÓN

 

Es en la península arábiga donde nace el Islam, con ciudades santas para sus fieles en La Meca y en Medina, mientras el puerto de Yidda será el lugar donde desembarquen los peregrinos que lleguen por mar.

Tierras en su mayoría desérticas, que de antiguo ya comerciaban con resinas aromáticas y perfumes y que después albergarían la gran explotación petrolífera que conocemos hoy.

La lengua que desde antiguo allí se hablaba pertenece al grupo semítico, de la tribu de Sem, uno de los hijos de Noé.

 

Varias corrientes de ese árabe hubo en la península, sin embargo en su expansión, será el árabe clásico el que el Corán empleará como lengua oficial, religiosa, administrativa e incluso literaria.

 

Su escritura consta de 28 signos, escritos de derecha a izquierda y de forma cursiva, llamada alefato por su primera letra: alif. Viene derivada del arameo.

 

Es en época Omeya cuando el árabe irrumpe como lengua oficial.

 

Por lo inhóspito del territorio y su largo aislamiento, sus habitantes eran nómadas que vivían en tiendas de campaña, conocidos como beduinos, que hicieron de la trashumancia, las caravanas y el comercio su razón de ser, organizados en clanes o tribus de régimen patriarcal y de creencias y cultos singulares según las experiencias y acontecimientos del grupo, aunque terminaron por hacerse sedentarios, ya que las rutas que se dirigían hacia Mesopotamia, Persia, Siria, desde Etiopía a la India, lograron que La Meca y Yatrib o Medina, se convirtieran en importantes nudos de esas expediciones, con un floreciente comercio, almacenes y la celebración de destacadas ferias.

 

Los judíos y cristianos en el preislamismo ya contaban con sinagogas e iglesias, y también tuvieron como centro de peregrinación la Caaba o Kaba, donde veneraban una piedra negra que la tradición relacionaba con el patriarca Abraham, mientras la custodia y cuidado del santuario de La Meca estaba, al principio, a cargo de la tríbu de los Qurays, mientras la ciudad se convertía en un lugar de elevados ingresos, ya que junto a la piedra los peregrinos habían colocado sus ídolos, como también alguna imagen cristiana. De este modo, la ciudad de La Meca, ya en el siglo VII, se convirtió en un relevante núcleo espiritual y económico.

 

Mahoma (Muhammad) nace en La Meca, hacia el año 570, y pertenece a una rama pobre de la tríbu de los Qurays. Perdió a su madre en la niñez y como hijo póstumo tuvo que ser adoptado por su abuelo y posteriormente su tío Abu Talib. Desde muy pronto actuó como conductor de caravanas en el negocio de su parienta Jadiya, bastante mayor que él y con quien terminará contrayendo matrimonio a los 25 años de edad, dándole 4 hijas y la oportunidad de ya no viajar y dedicarse a la meditación. Es a los 40 años cuando empieza a predicar entre los más allegados, hasta lograr atraer la atención de algunos de los oligarcas de la ciudad.

 

En sus manifestaciones, declaraba que el arcángel Gabriel se le había aparecido una noche y le anunciaba que él era el elegido por Dios como profeta para dar al mundo una nueva doctrina, que Mahoma fundaría.

 

Gran parte de su tiempo fue empleado en estudiar los textos sagrados del judaísmo y el cristianismo, cuyos fieles había conocido en La Meca y a través de sus viajes en las caravanas, especialmente a los seguidores del obispo Nestario (428-431), que tuvieron una gran acogida en Arabia, Siria, Palestina, Kurdistán, Asia central y sur de la India, quienes declaraban la humanidad de Cristo frente a los que clamaban por su divinidad.

 

Mahoma proclamó que Abraham, Moisés y Jesús habían sido enviados por Dios como profetas para dar a conocer su voluntad a los hombres y que él, Mahoma, era uno más, el último. Su doctrina que dio nombre a su credo, el Islam, quería decir que era necesaria e incondicional el abandono o entrega a la voluntad de un Dios único, siendo entonces el destino de su mensaje para el desunido pueblo árabe, extraviado en la idolatría.

 

En el principio de sus prédicas solo consiguió atraer a las clases más desfavorecidas, ya que chocaba frontalmente con los intereses de los mercaderes, razón por la que cuando fallece Jadiya, su esposa, (619) y su tío Abu Talib, se instala en Medina. Esa emigración o Hégira (622), se considera el punto de partida del calendario islámico.

 

Intentó arrebatar a La Meca la custodia del santuario y organizó golpes de mano contra las caravanas, que le dieran el botín necesario para su ejército y germen de la guerra santa (yihad).

 

A pesar de las varios choques armados con las fuerzas de La Meca, acude allí como peregrino y termina siendo acogido, a la vez que el pequeño ejército que le acompañaba, retiró todos los ídolos del santuario de la Caba y terminó implantando la nueva Creencia, monoteísta, de “los que se someten a la voluntad de Dios”, o musulmanes.

 

A partir de ese momento, sus emisarios inician la expansión de esa nueva religión entre las tribus de Arabia, mientras él fallece, el año 632, en la ciudad de Medina, reconocida ya ampliamente su autoridad religiosa y política en toda la península.

 

Recogido escrito por sus seguidores las enseñanzas del Profeta, el Corán se convertirá en el definitivo texto canónico y la Sunna, la colección de dichos, costumbres y tradiciones de Mahoma y algunos de sus discípulos.

 

El Islam predica la renuncia a las pasiones y la sumisión sin condiciones a la voluntad de Dios y Mahoma es su profeta, siendo el árabe la lengua de la revelación y cinco veces al día la ocasión para rezar. Los profetas del Antiguo testamento y el mismo Jesús, son admitidos como uno más de los profetas, se acepta la existencia de los ángeles y el diablo, pero descarta cualquier intermediario entre Dios y los hombres, contrario pues al politeísmo de las tribus árabes y al dogma cristiano de la Trinidad, además de prohibir la representación de Dios y del Profeta. La lucha contra los infieles, el propagar el Islam, la caridad y el viajar una vez en la vida a La Meca, serán otro de los principales mandamientos de esta nueva Fe, que trataba de superar el individualismo y la indisciplina propia de un pueblo nómada, además de hacerlos solidarios, también enseñaba cómo comportarse  con las mujeres y los alimentos. Valga aquí una asombrosa muestra:

 

Casaos con las mujeres que os gusten, dos tres, cuatro (4,3)

 

Las mujeres tienen sobre los esposos idénticos derechos que ellos tienen sobre ellas, según es conocido, pero los hombres tienen sobre ellas preeminencia (2,228)

 

Aquellas de quienes tomáis la desobediencia, amonestadlas, mantenedlas separadas en sus habitaciones, golpeadlas (4,38)

 

A la adúltera y al adúltero, a cada uno de ellos, dadle cien azotes…¡Que un grupo de creyentes dé fe de su tormento! (24,2) (Mahoma, curiosamente, después de enviudar de Jadiya, casó una docena de veces, y tuvo por esposa a Aysa cuando ésta contaba 9 años y él era anciano.)

 

Las repudiadas se esperarán tres menstruaciones antes de volverse a casar (2,228)

 

No contarán pues con ministros ni templos, ya que la mezquita es considerada como un lugar de oración. Deben respetar el ayuno en el mes de Ramadán y siempre otorgarán privilegios a las “gentes del Libro”, cristianos y judíos, aunque en cualquier territorio conquistado la primacía será siempre a favor de los mahometanos, una vez sometidos los pueblos infieles.

 

Prohibiciones como el rechazo de la sangre y la carne de cerdo, a buen seguro se basarían en razones de higiene.

 

El Islam no es ninguna creación original, pero ha sabido asimilar perfectamente lo que iba aprendiendo en sus conquistas, reelaborándolo a su propia manera, tanto en lo religioso, como en su arquitectura y organización administrativa.

 

A la muerte de Mahoma, cuatro serán los califas ortodoxos, que como vicarios del Profeta llevarán a cabo la expansión territorial más allá de Arabia, Omán y Yemen, con nuevas conquistas, ayudados a menudo por los judíos, maltratados por los bizantinos y con la permisividad que siempre caracterizó a los líderes musulmanes, salvo la época de los Almorávides y Almohades, y las propias disensiones territoriales en las nuevas colonias.

 

Vicarios de Mahoma

 

Abu Bakr (632-634). Padre de la esposa favorita de Mahoma, Aysa.

Umar       (634-644)

Utman     (644-650)   De la familia Omeya.

Alí            (656-661)   Yerno de Mahoma y guía para la rama de los Chíes, contrarios a la mayoría que son de disciplina suní, respetuosos con la autoridad de la Sunna.

 

En el año 638, Umar se apoderará de Jerusalén, considerada también ciudad santa para los mahometanos, dando garantías a los cristianos para que allí pudieran seguir con su religión.

 

La rápida expansión de los ejércitos musulmanes se debieron a la unidad de las tribus árabes, las fuerzas que se les sumaban en los territorios conquistados y que los árabes  particularmente, gracias a la decadencia de Bizancio y, en Persia, por las intrigas internas, siguieron conservando sus estructuras tribales, resistiéndose a la fusión con otros pueblos, pero dejando muy claro que ellos eran los soberanos.

 

En sus conquistas, la quinta parte del botín era para el Califa, como también recibía la limosna obligada, en su doble función religiosa y política, el resto era repartido entre los guerreros.

 

Aun cuando en su país podían desempeñar trabajos remunerados, no así en tierra conquistada, solamente dedicados a la milicia.

 

Nunca se arraigarán, eran sólo amos y señores de la guerra y la conquista, como tampoco fomentaban la conversión o mawla, a pesar de que ésta se diera por conveniencia, pues dejaban de pagar impuestos y podían participar en el reparto del botín.

 

Con el sucesor de Alí, Muawiya (661-680), el poder califal se establece en Damasco, bajo las enseñanzas de los gobiernos bizantinos y sasánidas, con la misma pompa que los emperadores de Constantinopla y de Persia, con la única diferencia de también ser el guía espiritual de Dios, además de un monarca absoluto y ostentar el principio de hereditariedad.

 

La gran expansión del Islam, hacia Occidente, terminará alcanzando las costas de Iberia, cuando en el año 711 Tariq pone el pie en Gibraltar (Yabal Tariq, monte de Tariq), aprovechándose de las guerras civiles entre los visigodos y terminando su aventura en Poitiers, gracias a la intervención de los Francos comandados por Carlos Martel.

 

Tras los Omeya, el poder pasará a la dinastía Abbasí, fijando su capital en Bagdad, y dando freno a la expansión exterior y trasladando el centro de gravedad a Iraq e Irán, como también a una vida más suntuaria, donde la vastedad de los territorios conquistados, los continuos enfrentamientos internos, facilitarían el proceso disgregador que los alcanzaría.

 

De este modo, en Al-Andalus (península ibérica) e Ifriquiya, área de Túnez, colindante con el Magreb, la lejana autoridad califal se desintegraba en un nuevo Califato con sede en Córdoba y sobre los hombros de reyezuelos, que posteriormente tomarán el poder en el llamado reino de taifas, en un régimen de anarquía, disgregación, disputas territoriales y la presión y reconquista gradual de los reinos cristianos norteños.

 


2.- INSTITUCIONES Y SOCIEDAD

 

El Corán es la fuente de preceptos religiosos, jurídicos y de moral pública y privada, mientras que el Hadit versa sobre las narraciones recogidas de episodios de la vida del profeta y su compilación es la Sunna o tradición.

 

Como antes he hecho referencia, existen dos ramas en la ortodoxia musulmana, a saber los que consideran la Sunna como texto sagrado, la mayoría, de ahí el nombre de suníes, y la de los chíes, quienes no reconocen ese carácter divino. También entre estas dos corrientes del Islam existen diversos movimientos místicos, con bastante arraigo y excentricidad, caso de los que profesan el sufismo.

 

Los alfaquíes son los doctores en derecho coránico.

 

El califa es el jefe supremo religioso, civil y militar, y el imán el guía espiritual y del rezo en la mezquita.

 

Al frente de la administración provincial se sitúa el gobernador, conocido como valí, mientras que la administración de la justicia corre a cargo de jueces o cadíes, que aplicarán el derecho coránico.. Estos cadíes son nombrados por el valí y al frente de ellos se situará un cadí de los cadíes.

 

Los tribunales y juicios tenían lugar en la mezquita o en la residencia del cadí, a veces en un estrado delante de una puerta de entrada a la ciudad o medina, como se cree que lo fuera en la Granada de la Alhambra, de ahí el nombre a una de sus más famosas y bellas entradas, la Puerta de la Justicia. Mientras las gentes del Libro, judíos y cristianos, estaban autorizados a administrarse por sus propios códigos, jueces y letrados, mientras hubieran hecho frente a los impuestos, el jaray, a los poseedores de tierras y el jizya o de capitación.

 

Los no musulmanes eran conocidos como dinníes y en Al-Andalus mozárabes los cristianos en tierras de muslimes, mientras que los conversos eran llamados mawlas y elches a los renegados, mientras que moriscos fueron conocidos los musulmanes tras la Reconquista.

 

A los recintos fortificados se les llamó alcazab, siendo la mezquita y el comercio, en el zoco, los pilares de su asentamiento.

 

Las ciudades musulmanas estuvieron divididas en barrios étnicos, siendo siempre el Estado el  principal propietario del suelo.

 

En las cecas, del árabe hispano sákka y del árabe clásico sikkah, se acuñaron el dinar, en oro, y el dírhem, de plata, monedas empleadas en el comercio, que a partir del siglo X empezaron a aventajar a cristianos y judíos, añadiendo al comercio financiero los cheques, cuyo origen árabe es sakk.

 

El califato Abbasí, en cuya época los musulmanes alcanzaron su mayor expansión geográfica, tanto en Occidente como en Oriente, ocupando todo el Magreb (Marruecos, Argelia y Tunez) con destacado centro religioso en Qairuan (Tunicia) terminó entrando en crisis por las disensiones en Oriente, las rebeliones en Iraq, el Egipto tuluní, el ascenso de los pretorianos turcos y la aparición del clan de los buyíes, originarios del norte de Irán.

 

Tras el final de la dinastía Tuluní, con evacuaciones y ocupaciones de Alejandría, los califas colocaron al frente del gobierno egipcio a un gobernador de origen turco, quien paulatinamente fue aflojando sus lazos con Bagdad y creando una dinastía nueva llamada ijsidíes, en Egipto;  mientras que los fatimíes, con sus permanentes disputas con las tribus beréberes y su sede en Qairuan, terminaban, a la vez que Abderramán III de Córdoba, con sus vínculos con los abasíes.

 


Al-Andalus: Emirato y califato

 

Bajo estas líneas haremos una breve transgresión a este relato para detenernos en suelo español, bajo el dominio de emires y califas.

 

Ya Abd al-Rahman I (756-788) se había hecho autónomo de Bagdad, situando su palacio en Córdoba y organizando un Estado próspero, enfrentado a los cristianos del norte de España, que en Asturias habían iniciado la reconquista del suelo de sus antepasados godos, con a veces disputas internas con los muladíes, musulmanes de conversión reciente, y los mozárabes o cristianos en suelo ocupado por los árabes.

 

Abd al-Rahman III (912-961) sometió las revueltas internas y llevó su reinado al apogeo, rompiendo decididamente con Bagdad y proclamándose él mismo como califa, descendiente del Profeta, rivalizando Córdoba con Bagdad como centro cultural, comercial y religioso, alcanzando los 250.000 habitantes y un sin número de mezquitas.

 

Le sucedió Al-Hakam II, que dotó a Córdoba de la mayor biblioteca del mundo.

 

Hisam II le siguió, siendo Almanzor su visir y el azote de los cristianos.

 

Siete siglos fueron los que la larga presencia de la lengua y escritura árabe se hizo patente en la península ibérica, por lo que los vestigios dejados, su legado arquitectónico y en la lengua española, como en los topónimos geográficos, están bien presentes. Tal es el caso de palabras con raíz árabe como albóndiga, atalaya, azotea, azulejo, albaricoque, alguacil, alfarero, albacea, almacén, Alcaudique, Almanzora, berenjena, …

 

Los reinos de taifas, la paulatina desmembración y pérdida de territorios, como la obligatoriedad de pagar “parias” a los reyes cristianos, a pesar de la breve incursión de Almorávides (monjes soldados) y Almohades, venidos del norte de Africa, y el espejismo de los Nazaríes en el reino de Granada, eran ya la evidencia, desde el siglo X, en todo el orbe del Islam, de la aparición y emerger de otros califatos: gaznavíes (Jurasan, y Asia central), Handaníes (Siria y alta Mesopotamia, Fatimíes (Egipto), Ifrijiya (Túnez, Argelia), Al-Magrib (norte de Africa occidental), también de la pérdida de poder y la presencia de las Cruzadas.

 

El reino nazarí nació en el siglo XIII, de la familia de los Nasr,  llegó a contar con 20 sultanes granadinos, el último de ellos Boabdil, o Rey Chico, y dominaron el reino de Granada desde 1238 hasta el 2 de enero de 1492, día de la Toma de Granada por parte de los RR CC y final de Al-Andalus. Alhamar fue su fundador y su dinastía los constructores de los palacios de la Alhambra, una de las maravillas del mundo.

 


Otomanos

 

Si los gobiernos bagdadíes se iban apagando, originarios del Asia oriental, los turcos se desplazaban hacia el centro del continente, más concretamente hacia Anatolia, donde Osman fundará la dinastía otomana, en 1290, consolidando un estado cuya expansión cruzó el Bósforo, conquistó los Balcanes y tras la toma de Constantinopla, puso fin al imperio bizantino.

 

Con los mamelucos, esclavos egipcios;  los jenízaros, infantería y custodios del sultán, también llamado bajá, y los sipahis, caballería, los otomanos se expandieron hasta alcanzar las puertas de Viena, mientras temblaban los reinos cristianos de Occidente, razón de la batalla de Lepanto, pues no solo creaban problemas y ocupaban las tierras de lo que hoy es Polonia, Rumanía, Bulgaria, Grecia, sino que berberiscos y moriscos, alentados por los turcos, saqueaban las costas del Mediterráneo, con la ayuda del legendario pirata Barbarroja, con principado en Argel y el auxilio económico de los otomanos, además de interferir en la navegación.

 

Continuos fueron los enfrentamientos del Sultán y sus jenízaros con los Venecianos,  en sus disputas por la posesión de las rutas marítimas del Mediterráneo oriental, especialmente cuando gobernaba la familia Köprülü, de origen albanés (siglo XVII), como sus guerras contra Rusia, aunque terminaron con la conquista de Constantinopla.

 

Destacada también fue, para los anales de la historia, la presencia de Napoleón, al servicio del Directorio,  en Egipto, donde libró batallas victoriosas frente a los Mamelucos, la de las Pirámides, pero la flota francesa terminaría siendo destruida por la Royal Navy y, tras regresar a París para tomar el poder en un golpe de Estado, su sucesor Kléber  acabaría  siendo derrotado por los mismos mamelucos.

 

El Magreb

 

Con la caída del Imperio mariní, el territorio más extremo del Magreb, y ser rechazados los portugueses en Alcazarquivir (1578), donde pierde la vida el rey Sebastián y es entroncado en Portugal Felipe II, por lo que Ceuta y Melilla pasan a dominio español, la dinastía sa’adi logra detener también a los otomanos que aspiraban tener algunos enclaves por estos lares, a pesar de que terminan cayendo en una decadencia económica, aislamiento total, fragmentación del territorio y la paulatina implantación territorial de las potencias coloniales europeas, que con el respaldo de Gran Bretaña y su negativa a que los alemanes pusieran pie allí, Francia y España, nuevamente, invocarán su aspiración colonial, administrando este territorio, con funestas consecuencias, particularmente para España,  en sus continuos enfrentamientos con los berberiscos y en el puente aéreo que iniciara la Guerra Civil allá por 1936, tras el desastre de Annual y la victoria sobre Abd el Krim en Alhucemas por parte del general Primo de Rivera, lejano ya el recuerdo de las gloriosas victorias del general Prim, marqués de Castillejos.

 

En 1830 Francia se apodera de Argelia, constituida en sultanato con capital en Argel, repoblándola con colonos de la metrópoli y se expanden también por Marruecos.

 

Con la toma del poder de los Jóvenes Turcos, Mustafá Kemal Atatürk, en 1919 y 1923, presidirá la república turca, tratará de acercar sus costumbres a Occidente, modernizar el país y separar la religión de la gobernanza política, a la vez que la vestimenta y las costumbres.

 

Persia

 

Con la disgregación del imperio de Tamerlán, la dinastía Safaví se impone, alcanzando gran prosperidad sus pobladores y modernizando el país en el siglo XVII, a la vez que las instituciones y procurando implantar un sentimiento de nación para superar las seculares tendencias desintegradoras. Abbas (1587-1629) llamado el Grande, y Rey de Reyes, tuvo que enfrentarse a la expansión de los Otomanos, como los intentos de penetración de rusos y afganos, para finalmente ser los ingleses los dominadores hasta el período de la Segunda Guerra Mundial.

 

La India

 

Ya en el siglo XVI la India contaba con amplias regiones islamizadas, ostentando el poder sus dirigentes como si fueran príncipes y haciendo frente a los continuas disputas con los hindúes, también con el gobierno de los Mogoles, aunque terminaron siendo presa de colonizadores británicos y franceses, en pugna por adueñarse del país en el siglo XVIII.

 

Uno de las posesiones más valoradas por los británicos, por los frutos que de allí extrajeron para el Imperio se llevó a cabo, inicialmente, gracias a la penetración de la Compañía de las Indias Orientales, que contaba con su propio ejército, pero que el Gobierno británico suprimió en 1858 y absorbió sus posesiones.

 

Congreso de Berlín (1878)

 

Patrocinado por el canciller alemán Otto von Bismarck, primer ministro de Guillermo I de Prusia, se trató de estabilizar la situación política de los Balcanes, reducir el papel del derrotado Imperio Otomano en Europa oriental y sostener un equilibrio entre los distintos Estados litigantes, como eran Gran Bretaña, Rusia y Austria-Hungría, también estuvieron presentes los embajadores franceses, por lo que en las sesiones de este congreso, se terminó de dibujar las fronteras que llegarían hasta el conflicto de la Primera Guerra Mundial y buscar la paz, aunque no todos salieron contentos de las medidas allí adoptadas, especialmente los turcos  que se sintieron humillados y que dejó para el futuro un conflicto larvado que estallaría con el asesinato del archiduque Francisco Fernando y una nueva guerra europea, que nuevamente volvería a reproducirse en la guerra de Bosnia, en el nada lejano 1984. Aunque esto ya es otra historia.

 


Cultura islámica

 

Los musulmanes no fueron nada originales, pero sí supieron transmitir el saber de terceros, especialmente de los griegos y Bizancio. También contaron de antiguo con hombres de la talla de Avempace, Abentofail, nacido en Guadix (1110-1185), Averrroes (1126-1198) cadí en Sevilla.

 

En ciencias pronto emplearon las tablas trigonométricas de los senos de los ángulos, tuvieron una gran dedicación por la astrología, introdujeron el álgebra, además de ser maestros en física, óptica y astronomía, como en química, mientras recopilaban abundante documentación sobre medicina. Fueron unos grandes viajeros, lo que les permitió trazar nuevos mapas, también expertos y maestros agrícolas y en el aprovechamiento del agua.

 

En la vertiente literaria, protegidos por los Califas, incorporaron la qasida, poema amoroso que se divide en tres partes: un prólogo amoroso, la descripción de un viaje y, por último, un panegírico.

 

En la taifa sevillana, Al-Mutamid se distinguió como rey y excelso poeta.

 

La Madrasa fue un lugar de enseñanza, cuando en Occidente la enseñanza solo alcanzaba a muy limitadas élites y la impartía la Iglesia.

 

Otros célebres personajes son Ibn Hasm (994-1064), nieto de un muladí cordobés, autor de la magnífica obra del Collar de la paloma.

 

Umar Jayyan, poeta, matemático y astrónomo, de Nisapur. (h.1050-h.1125). Mayormente en cuartetas y con hondo sentimiento filosófico:

 

A nadie le pedí la existencia. Por eso me esfuerzo en acoger indiferente cuanto me regala la vida. ¿Por qué tendré que irme ignorando a qué debo mi paso por la Tierra?

 

Ibn Jaldun, embajador de Granada en la corte de castilla (1332-1406)

 

Las mil y una noches, el zéjel y la moaxaja en español, Ibn al-Jatib (Loja, 1313-1374), poeta, escritor, historiador,filósofo y político, además de visir y primer ministro (nos dirá la Wikipedia), cuenta en las paredes de la Alhambra con pinceladas de su poesía, como también Ibn Zamrak (Granada, 1333-1393).

 

En arquitectura su huella es profunda, siendo las mezquitas lo más señalado del arte islámico, destacando a menudo los trabajos realizados en la qibla, (pared del rezo orientada a La Meca), el mirahb (nicho u hornacina donde han de dirigir las miradas en la mezquita quienes rezan), la maxura (lugar reservado para el rezo del califa o el imán o sepulcro), y el mimbar (púlpito).

 

Portentosas son la mezquita de la Roca, Jerusalen ; de Abbas en Ispahan o Selim en Edirne en Turquía, también la construida en Qairuan (Túnez), Samarra (Irak), Ibn Tulun, el Cairo. En España nos queda la mezquita de Córdoba y en Toledo, hoy iglesia del Cristo de la Luz. Y como no las mezquitas de Istambul, que conforman un paisaje inconfundible en el Bósforo.

 

El Taj Mahal, en la India, por su majestuosidad,  y la Alhambra de Granada, con sus bellos atauriques, los impresionantes mocárabes (combinación geométrica de pequeños prismas cortados por la parte inferior), la maravilla del Patio de los Leones, la escritura caligráfica de sus paredes, los azulejos, son otra buena muestra del legado de los seguidores del Islam, como también la obra que susgentes llevan a cabo en las miniaturas persas, las alfombras, la cerámica, el vidrio, la madera, los marfiles y el cuero, especialmente en Córdoba, que dio nombre al cordobán, soy hoy parte del acervo humano que a menudo despreciamos sin conocer.

 

Bibliografía

 

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