EL ESPÍA QUE SURGIÓ DEL FRÍO,
DE JOHN LE CARRÉ
Uno de los más brillantes relatos
sobre el espionaje y que permitiera a John Le Carré alcanzar su mayor éxito,
probablemente fue la novela El Espía que surgió del frío, que nos cuenta el
modo en que actuaba el servicio secreto británico en los años de la Guerra Fría
y del Muro de Berlín, cuando Alemania estaba dividida en dos naciones, la Oriental,
comunista, y la Occidental, con capital en Bonn, pro aliados y capitalista, con
espías por todas partes, como con desertores en ambos bandos.
En esta obra, desde la sede del
Intelligence Service de Lóndres o más concretamente, desde su sede del Cambridge
Circus, George Smiley y los altos dirigentes del espionaje británico, ven cómo
van siendo asesinados muchos de los agentes con quienes contaban en la RDA,
culpando de tal extraño éxito al principal dirigente del Abteilung, Mundt, un
hombre despiadado y homicida, por lo que deciden que han de llevar a cabo una
operación que ponga término a estos hechos sobre la persona de su responsable.
Leamas, agente en Alemania de los
servicios británicos de espionaje, ha sido testigo de cómo los vopos, en el check point de Berlín, a unos pasos de la barrera con la Alemania
libre, uno de sus últimos agentes en la RDA, Karl, era acribillado por los
centinelas fronterizos cuando intentaba huir junto a su bicicleta.
Tras éste y otros fracasos,
Leamas, no sólo por su perfecto dominio del Holandés y el Alemán, como por sus
varios años en la misma Alemania Oriental, para Control y el mismo Smiley, era
la persona más cualificada para tratar de responder a Mundt con la misma moneda
de ojo por ojo, razón de la puesta en marcha de una magistral obra de
distracción, en la que Leamas se convirtió en el despechado agente,
predispuesto para cambiar de bando, tras ser despedido del servicio, caer en el
alcoholismo, la ruina económica, incluso ser encarcelado por golpear a un comerciante
vecino, y tener dificultad para encontrar empleo, a no ser en una modesta
biblioteca Bayswater que le consigue la Agencia de Colocaciones, donde conocerá
y se enamorará de otra empleada, Liz Gold, afiliada al partico comunista
británico, que también será la perdición de los dos.
Dos agentes de la RDA en Gran
Bretaña, Ashe y Kiever, pronto darán con la pista de Leamas y entenderán que
puede ser abordado para que cambie de bando, sobre todo ante un sustancioso
ofrecimiento monetario y el odio que expresa Leamas contra sus antiguos jefes.
A través de Holanda, denunciada
su huida en los medios de prensa, Leamas es acogido por los servicios de
espionaje de la RDA, aunque no contaba con la investigación que sobre Mundt,
internamente, llevaba a cabo Fiedler, un judío que estaba convencido que Mundt
estaba al servicio del contraespionaje británico desde las mismas oficinas de
la Abteilung comunista, y subordinado de éste, por lo que ante el Presidium
Comunista e internamente, tratará de demostrar que Mundt es un traidor, a pesar
de que las confesiones y las conversaciones con Leamas, pudieran parecer que es
Fiedler el espía.
La presencia de Liz, como testigo
de Mundt, y llevada a la RDA como si fuera invitada por el partido comunista,
desconcierta a Leamas y entiende que en esta jugada elaborada por Control, él
ha sido una pieza más en un engranaje en el que las personas tienen poco que
ver con sus sentimientos, y que ha jugado en un tablero donde él era un peón
más.
Desde la cárcel, Mundt organizará
la salida de Liz y Leamas a través del salto del Muro de Berlín y a unos pasos
de la puerta de Brandeburgo, disponiendo de noventa segundos para superarlo,
aunque en el último instante, Liz terminará siendo acribillada y el mismo
Leamas cuando al otro lado la voz de Smiley y las voces en inglés, francés y
alemán mezcladas, esperaban su salto, escuchaban los disparos, dos o tres balas
también terminarían con su vida, como también la perdería Fiedler, culpable de
haber sido capaz de desentrañar lo que los británicos habían trazado para
evitar que Mundt, el verdadero agente al servicio de Control, pudiera ser
desenmascarado.
Magnífica novela que nos
retrotrae a una época cercana, pero ya casi olvidada, de enfrentamientos entre
Occidente y Oriente, entre el capitalismo y el comunismo, entre la OTAN y la
URSS, que, sin embargo, Trump en los estados Unidos y Putin en Rusia, quizás
parezcan revitalizar con otros métodos, mayor tecnología, pero con la misma
manera de un juego, en el que los actores son meras marionetas de un Poder que
se oculta y que no tiene una sóla cabeza visible.

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