domingo, 4 de enero de 2026

 


DE MI ANECDOTARIO POLÍTICO, DE CLAUDIO SÁNCHEZ-ALBORNOZ

En 1972, la editorial española Losada, creada por exiliados españoles en Buenos Aires (Argentina), que tanto contribuyó en la publicación de las grandes obras literarias en español, como en que la voz de políticos, poetas y escritores del exilio siguieran teniendo un medio donde exponer su talento o su misma frustración y añoranza de una patria perdida por el drama fratricida que habían sufrido en carne propia, acogió las anécdotas escritas de quien fuera, tildado por Azaña, como “ministro náufrago, el ya viejo y magnífico historiador sobre la Edad Media hispana, don Claudio Sánchez-Albornoz, pormenorizara sobre aquellos hechos singulares que, de propia mano, conocía o le habían contado u oído en el seno de su familia, siempre vinculada, por sus antepasados, a la política y a la esfera de la función pública.

En este librito, su autor lo divide en tres partes, la primera cuando nos hablará de aquellas historias que a él le contaron en tiempos de los Borbones, sabido es que la República, cuando él militaba en el partido de Azaña, Acción Republicana, aunque siempre se manifestó “azañista” por encima de su militancia, tanto en ése como después en el reformulado Izquierda Republicana, expulsaron a Alfonso XIII, conminándolo a que lo hiciera antes que salga el sol, como nos contará el doctor Marañon o el mismo Conde de Romanones, presentes en las conversaciones junto a Alcalá Zamora.

Y aquí nos relatará sabrosas anécdotas sobre Espartero, regente,; Narvaez, Isabel II y su peculiar esposo; aquello de los cuatro curas esquiroles, que tuvieron que ser traídos desde Madrid a Avila, ante la negativa de los allí residentes, para decirle una misa de difuntos a la primera mujer de Alfonso II, la reina Mercedes, pues, al parecer, en esa Avila de 1878 todo el clero era carlista. Curioso y nada extraño en el siempre castizo lenguaje que han empleado siempre los Borbones, cuando en El pacto del pardo, ya en su lecho de muerte, Alfonso XII le declara a su esposa sus últimas voluntades: Cristinita (María Cristina de Austria, madre de María de las Mercedes (1890-1904), María Teresa (1882-1912) y Alfonso XIII (1886-1941)), no llores, todo puede arreglarse en bien de nuestros hijos y de España. Guarda el coño, y de Cánovas a Sagasta y de Sagasta a Cánovas.

Curiosa y que bien podrían aprender los dirigentes del siglo XXI, aquella en la que el general Villacampa, en un fallido intento de sublevación, por su siempre impetuosa aspiración republicana y peculiar vena progresista,  contra la renovación borbónica de 1886, le comunican a Sagasta la detención, quien montará en cólera y por no haberle dejado huir a Portugal, exclamará a voz en grito: ¡Necios! ¡Vaya conflicto para la realeza y para mí! Si no le fusilo, sufrirá la disciplina y…no puedo fusilarle, sería hacer un mártir. -Acaso en estas horas del día 4 de enero de 2026, cuando Ronald Trump acaba de apresar al dictador Maduro y llevarlo a suelo americano, además de declarar que Venezuela es hoy un protectorado de los yanquis, no puede haber cometido el mismo error que cometieron las huestes del otrora Presidente de Gobierno de España, don Práxedes-Mateo Sagasta. Ahí lo dejo y el tiempo y la historia nos darán cumplida respuesta.-

De Castelar sabremos que también los grandes oradores “se mean por los pantalones” cuando están delante del pupitre del Salón de Sesiones del Congreso de los Diputados cuando se disponen a hablar. –¿Le ocurrirá esto mismo al zafio patán charnego de Rufián y a los etarras en Bildu?, lo dudo, pues carecen de principios-.

De esa misma época decimonónica española, cuando los golpes de Estado y los espadones estaban al orden del día, como el tener que encontrarle empleo a los corifeos del prócer o del partido, Sagasta no pudo hacer ministro a Groizard, por lo que lo envió de embajador al Vaticano, donde con toda pompa recibido en audiencia por el Papa León XIII, el Santo Padre, como el mismo cardenal Rampolla, Secretario de Estado, se percataron que ni latín, que esperaban que conociera por ser ya viejo, ni el francés, idioma entonces de la diplomacia, sabía Groizard, por lo que, quien antes había sido nuncio en Madrid, en vista de la imposibilidad de diálogo, cuando el Papa inquiría qué idioma hablaba el diplomático, con disgusto y soberbia, Rampolla, le espetó: Santidad, un estúpido dialecto español que se llama el extremeño.

De Silvela, del general Weyler, sobre el Senado, Maura, Canalejas, el zapatero anticlerical, Primo de Rivera, los jesuitas españoles y las postrimerías de la monarquía, serán las anédotas de este primer perído del libro.

En el segundo, tdo versa sobre la República, los incendios, la inquietud ante el futuro, las expresiones malsonantes de Indalecio Prieto en los Consejos de Ministros y la lucha de Fernando de los Ríos para frenar tanto “taco castellano” del socialista, ya que él sólo podía oponerle cáspita, el sonrojante  título primero de la Constitución republicana: la España de los trabajadores, los problemas religiosos, la enorme presencia de Azaña, el verdadero prohombre de la República, la nueva ley del divorcio, la ley de reforma agraria, el “ministro náufrago”, el orgullo de Madariaga, entonces representando a España en la antecesora de la ONU en Ginebra, la Sociedad de Naciones, el eterno “burgués Azaña: ¡Idiotas, yo soy un burgués!, que le gritan en contra las multitudes.

En la tercera parte, titulado Durante la guerra, Albornoz nos hablará de su tiempo de embajador en Lisboa, de lo que tuvo que hacer para ayudar a los refugiados cuando el alzamiento de Franco y demás generales, de sus ansias de paz, de su paso a Francia, de las dos visitas que le hizo a Azaña, ya exiliado en Pyla-sur-Mer, y de cómo lo encontró, ya moribundo,  en su última visita, con comentario muy distinto al que podemos encontrar en los Diarios de Azaña como en el mismo libro de Miguel Maura, que le acompañó, Así cayó Alfonso XIII, destierro en Burdeos, y de cómo el dictador portugués permitirá que pase embarque en Lisboa camino de su exilio americano.

Como epílogo, en Fin de una época, sin esperanzas de regresar a su patria, aunque sí lo podrá hacer y ser enterrado pacíficamente en la catedral de Ávila, termina recordándonos al poea andaluz Ibn Hazm, autor del magnífico libro el Collar de la paloma, La flor de la guerra civil es infecunda”. Y a repetir con él: “Lejos de mí, la perla de China, me basta con el rubí de España.

Con esta última proclama del amor que tanto Ibn hazm como Claudio Sánchez-Albornoz sintieron por su patria Andalusí e Hispana, el medievalista y “ministro náufrago”, deseaban la paz para el suelo de la hoy España, como también los españoles deseamos, en estas tristes e inciertas horas, para Venezuela, nuestra nación fraterna.

En conclusión, libro muy recomendado para historiadores y políticos, pues de él se pueden extraer sabrosas anécdotas y una enseñanza política, que a buen seguro y, desgraciadamente, Marcos Rubio y el fatuo Trump, desprecian.

P.S.: “Ministro náufrago”, le fue dado a Claudio Sánchez-Albornoz, por Azaña, cuando se encontraba en Argentina y Lerroux lo eligió para ministro, después de que el Presidente de la República, Alcalá Zamora, decidiera excluir de la Presidencia del Gobierno a Azaña, en cuyo partido se integraba don Claudio, sin que además pidiera autorización previa a su líder de partido.

No hay comentarios:

Publicar un comentario