DE MI ANECDOTARIO POLÍTICO, DE
CLAUDIO SÁNCHEZ-ALBORNOZ
En 1972, la editorial española
Losada, creada por exiliados españoles en Buenos Aires (Argentina), que tanto
contribuyó en la publicación de las grandes obras literarias en español, como
en que la voz de políticos, poetas y escritores del exilio siguieran teniendo
un medio donde exponer su talento o su misma frustración y añoranza de una
patria perdida por el drama fratricida que habían sufrido en carne propia,
acogió las anécdotas escritas de quien fuera, tildado por Azaña, como “ministro
náufrago, el ya viejo y magnífico historiador sobre la Edad Media hispana, don
Claudio Sánchez-Albornoz, pormenorizara sobre aquellos hechos singulares que,
de propia mano, conocía o le habían contado u oído en el seno de su familia,
siempre vinculada, por sus antepasados, a la política y a la esfera de la
función pública.
En este librito, su autor lo
divide en tres partes, la primera cuando nos hablará de aquellas historias que
a él le contaron en tiempos de los Borbones, sabido es que la República, cuando
él militaba en el partido de Azaña, Acción Republicana, aunque siempre se
manifestó “azañista” por encima de su militancia, tanto en ése como después en
el reformulado Izquierda Republicana, expulsaron a Alfonso XIII, conminándolo a
que lo hiciera antes que salga el sol, como nos contará el doctor Marañon o el mismo
Conde de Romanones, presentes en las conversaciones junto a Alcalá Zamora.
Y aquí nos relatará sabrosas anécdotas
sobre Espartero, regente,; Narvaez, Isabel II y su peculiar esposo; aquello de
los cuatro curas esquiroles, que
tuvieron que ser traídos desde Madrid a Avila, ante la negativa de los allí
residentes, para decirle una misa de difuntos a la primera mujer de Alfonso II,
la reina Mercedes, pues, al parecer, en esa Avila de 1878 todo el clero era
carlista. Curioso y nada extraño en el siempre castizo lenguaje que han
empleado siempre los Borbones, cuando en El pacto del pardo, ya en su lecho de
muerte, Alfonso XII le declara a su esposa sus últimas voluntades: Cristinita (María Cristina de Austria, madre
de María de las Mercedes (1890-1904), María Teresa (1882-1912) y Alfonso XIII
(1886-1941)), no llores, todo puede arreglarse en bien de nuestros hijos y de
España. Guarda el coño, y de Cánovas a Sagasta y de Sagasta a Cánovas.
Curiosa y que bien podrían
aprender los dirigentes del siglo XXI, aquella en la que el general Villacampa,
en un fallido intento de sublevación, por su siempre impetuosa aspiración republicana
y peculiar vena progresista, contra la
renovación borbónica de 1886, le comunican a Sagasta la detención, quien
montará en cólera y por no haberle dejado huir a Portugal, exclamará a voz en
grito: ¡Necios! ¡Vaya conflicto para la
realeza y para mí! Si no le fusilo, sufrirá la disciplina y…no puedo fusilarle,
sería hacer un mártir. -Acaso en estas horas del día 4 de enero de 2026,
cuando Ronald Trump acaba de apresar al dictador Maduro y llevarlo a suelo
americano, además de declarar que Venezuela es hoy un protectorado de los
yanquis, no puede haber cometido el mismo error que cometieron las huestes del
otrora Presidente de Gobierno de España, don Práxedes-Mateo Sagasta. Ahí lo
dejo y el tiempo y la historia nos darán cumplida respuesta.-
De Castelar sabremos que también los
grandes oradores “se mean por los pantalones” cuando están delante del pupitre
del Salón de Sesiones del Congreso de los Diputados cuando se disponen a hablar.
–¿Le ocurrirá esto mismo al zafio patán charnego de Rufián y a los etarras en
Bildu?, lo dudo, pues carecen de principios-.
De esa misma época decimonónica española,
cuando los golpes de Estado y los espadones estaban al orden del día, como el
tener que encontrarle empleo a los corifeos del prócer o del partido, Sagasta
no pudo hacer ministro a Groizard, por lo que lo envió de embajador al
Vaticano, donde con toda pompa recibido en audiencia por el Papa León XIII, el
Santo Padre, como el mismo cardenal Rampolla, Secretario de Estado, se
percataron que ni latín, que esperaban que conociera por ser ya viejo, ni el
francés, idioma entonces de la diplomacia, sabía Groizard, por lo que, quien
antes había sido nuncio en Madrid, en vista de la imposibilidad de diálogo,
cuando el Papa inquiría qué idioma hablaba el diplomático, con disgusto y
soberbia, Rampolla, le espetó: Santidad,
un estúpido dialecto español que se llama el extremeño.
De Silvela, del general Weyler,
sobre el Senado, Maura, Canalejas, el zapatero anticlerical, Primo de Rivera,
los jesuitas españoles y las postrimerías de la monarquía, serán las anédotas
de este primer perído del libro.
En el segundo, tdo versa sobre la
República, los incendios, la inquietud ante el futuro, las expresiones
malsonantes de Indalecio Prieto en los Consejos de Ministros y la lucha de
Fernando de los Ríos para frenar tanto “taco castellano” del socialista, ya que
él sólo podía oponerle cáspita, el
sonrojante título primero de la
Constitución republicana: la España de
los trabajadores, los problemas religiosos, la enorme presencia de Azaña,
el verdadero prohombre de la República, la nueva ley del divorcio, la ley de
reforma agraria, el “ministro náufrago”, el orgullo de Madariaga, entonces
representando a España en la antecesora de la ONU en Ginebra, la Sociedad de
Naciones, el eterno “burgués Azaña: ¡Idiotas,
yo soy un burgués!, que le gritan en contra las multitudes.
En la tercera parte, titulado
Durante la guerra, Albornoz nos hablará de su tiempo de embajador en Lisboa, de
lo que tuvo que hacer para ayudar a los refugiados cuando el alzamiento de
Franco y demás generales, de sus ansias de paz, de su paso a Francia, de las
dos visitas que le hizo a Azaña, ya exiliado en Pyla-sur-Mer, y de cómo lo
encontró, ya moribundo, en su última
visita, con comentario muy distinto al que podemos encontrar en los Diarios de
Azaña como en el mismo libro de Miguel Maura, que le acompañó, Así cayó Alfonso
XIII, destierro en Burdeos, y de cómo el dictador portugués permitirá que pase
embarque en Lisboa camino de su exilio americano.
Como epílogo, en Fin de una época,
sin esperanzas de regresar a su patria, aunque sí lo podrá hacer y ser
enterrado pacíficamente en la catedral de Ávila, termina recordándonos al poea
andaluz Ibn Hazm, autor del magnífico libro el Collar de la paloma, La flor de la guerra civil es infecunda”. Y a
repetir con él: “Lejos de mí, la perla de China, me basta con el rubí de
España.
Con esta última proclama del amor
que tanto Ibn hazm como Claudio Sánchez-Albornoz sintieron por su patria
Andalusí e Hispana, el medievalista y “ministro náufrago”, deseaban la paz para
el suelo de la hoy España, como también los españoles deseamos, en estas
tristes e inciertas horas, para Venezuela, nuestra nación fraterna.
En conclusión, libro muy
recomendado para historiadores y políticos, pues de él se pueden extraer
sabrosas anécdotas y una enseñanza política, que a buen seguro y,
desgraciadamente, Marcos Rubio y el fatuo Trump, desprecian.
P.S.: “Ministro náufrago”, le fue
dado a Claudio Sánchez-Albornoz, por Azaña, cuando se encontraba en Argentina y
Lerroux lo eligió para ministro, después de que el Presidente de la República,
Alcalá Zamora, decidiera excluir de la Presidencia del Gobierno a Azaña, en
cuyo partido se integraba don Claudio, sin que además pidiera autorización
previa a su líder de partido.

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