lunes, 16 de febrero de 2026

CARMEN KURTZ, PREMIO PLANETA 1956, EL DESCONOCIDO

 


PREMIOS PLANETA 1955-1958, CARMEN KURTZ (1956), EL DESCONOCIDO

Carmen Kurtz (1911-19119, llamada en verdad Carmen de Rafael Marés, esposa de Pedro Kurtz, fue una escritora española muy popular en los años 60 (Siglo XX), muy comprometida con la condición de la mujer de la posguerra española, razón de su libro premiado por la editorial Planeta en el año 1956, en cuyo prólogo otro gran escritor de entonces, José Mª Gironella (1917-2003), también muy conocido y famoso por su trilogía sobre la guerra civil de España: Los cipreses creen en Dios, Un millón de muertos y Ha estallado la paz, nos hablarán de los dos intérpretes principales de esta obra: Antonio y Dominica, él llegado desde Rusia a bordo del Semíramis en 1954, atracando en el puerto de Barcelona, que rendirá una impresionante acogida a los cautivos de la División Azul, que doce años antes se habían unido a otros fuerzas aliadas de la Alemania nazi para combatir a la Rusia comunista de Stalin, y ahora regresaban vivos a la Patria, mientras muchos otros de sus compañeros habían quedado enterrados en suelo helado de las estepas rusas y tras un largo cautiverio.

El todavía joven Antonio Rogers, hijo de una familia burguesa de Barcelona, en los días previos a la contienda española,  se enroló en la Falange y cuando su principal líder, Ramón Serrano Súñer, pidió a la juventud española, al término de la Guerra Civil, ir voluntarios a combatir a los comunistas junto a las fuerzas alemanas de la Wehrmacht, se alistó de inmediato en 1942, a pesar de que dos años antes había contraído matrimonio con Dominica, hija de burgueses catalanes con raíces en República Dominicana.

Antonio, a bordo del Semíramis, junto a su amigo Germán, conforme se acercan a las costas españolas y la Estación Marítima y la escollera se hacen más grandes a su vista, en su aproximación, un 2 de abril de 1954, entre el enorme tumulto de familiares y amigos, también la presencia del teniente general Agustín Muñoz Grandes, ministro del Ejército, por fin logra ver a su padre, abogado, que se lleva un pañuelo a los ojos, mientras su madre no para de bracear tratando de que su hijo alcance a reconocerlos, como también a Dominica, callada y temerosa de lo que el futuro deparará de nuevo al matrimonio y a su amor por Antonio, un tanto aletargado, pero fiel siempre, durante estos doce años de ausencia y con una correspondencia  que toda la familia esperaba siempre con angustia y que, durante cierto tiempo dejó de existir, por lo que llegaron a pensar que había muerto.

Antes de bajar por la escala atestada de gente y rodeados de un ensordecedor griterío y llantos, Germán y Antonio se despiden. Él ya tiene quienes le aguardan, mientras German, huérfano, solo tiene la ilusión de levantar una casa de comidas en Barcelona, que le pueda hacer olvidad el hambre y la miseria que pasaron en cautividad, además del recuerdo de tanto horror como el que estos españoles tuvieron que padecer rodeados de las fuerzas soviéticas y del ejército rojo.

De regreso a San Gervasio, hogar de la familia Rogers y Mercedes Silva, por su madre, Antonio se reencuentra con la armonía y el calor de la familia y los amigos, su hermano menor de dieciocho años ya, su hermana Anita y su cuñado, como de Florencio el jardinero y chófer de la casa, aunque Dominica constata que ya no siente aquel amor por Antonio que le embrujó durante su luna de miel en Palafrugell, mientras que Antonio sí se sigue sintiendo atraído por su esposa tanto física como espiritualmente.

Ya en la alcoba, inclinado sobre ella, Antonio quisiera recuperar el tiempo perdido sin el abrazo de Dominica, mientras en la mente de ella las imágenes de aquel julio de 1942 y sus palabras: “Me voy a Rusia, Dominica”, no la abandonan, como tampoco los doce años de soledad.

Su autora, remedando La Odisea y la paciente espera de Ulises que hiciera Penélope, como trasfondo de su novela, da voz a Ella y a Él, para que cada uno nos relate su fuero interno, aunque Antonio seguirá guardando en su interior toda la tragedia de su alistamiento militar, su lucha y el paisaje helado donde muchos de sus compañeros perecieron, su cárcel y la privación de libertad y pésimas condiciones de cautividad que tuvo que soportar en la Rusia de Stalin.

Mientras Germán decide recuperar, con su nuevo negocio, la esperanza de una nueva vida, incluso tratar de encontrar el amor, Domi y Antonio se debaten en querer buscar aquel amor que un día les unió, que en Dominica parece extinguido, pero que en Antonio, sigue muy vivo.

Hermosa y sensible obra literaria, donde su autora, con personajes como Antonio y Dominica, nos desvela el problema que en aquellos años cincuenta, en una España que intentaba redimirse, se encontraron muchos españoles, bien por haberles pillado la guerra en un bando u otro, bien por sus ideales y su fervor patriótico, bien por una fuerte aspiración de cambio, se encontraron ellos, sus familias y sus vecinos, enfrentados a dilemas nada fácil de resolver, cuando además la fuerte presencia de las tradiciones seculares y la Iglesia católica, como de la censura política y el nuevo Régimen político,  condicionaban la libre decisión de las personas.

 

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