viernes, 13 de marzo de 2026

RAMÓN J. SENDER, EN LA VIDA DE IGNACIO MOREL, PREMIO PLANETA 1969

 


RAMÓN J. SENDER, EN LA VIDA DE IGNACIO MOREL, PREMIO PLANETA 1969

Cuando en 1969 el Planeta premiaba al escritor Ramón J. Sender, nacido en Chalanera (Aragón) el año 1901, fallecería en San Diego (EEUU) en 1982, lo hacía en la persona de un exiliado y claro activista republicano, que además de ser el cofundador durante la República de la asociación de Amigos de la Unión Soviética, había participado como soldado y alcanzado el grado de Alférez en la Guerra Civil, también un precoz escritor, pues con 17 años se había iniciado en la literatura y pronto como periodista en el Imparcial, El País, España Nueva y La Tribuna. De él también cabe añadir que su primera esposa y su hermano fueron fusilados por los sublevados en Huesca y Zamora, teniendo que confiar a dos de sus pequeños  hijos tras la frontera, mientras él seguía su decidida apuesta revolucionaria en las filas del ejército Popular.

La historia que nos narra es la vida de Ignacio Morel, un español emigrado a Francia con sus padres, cuando cuenta dos años, y que aún señalado como meteco, como siempre por la perversa sociedad nacionalista  francesa, se considera ciudadano francés, tras ver a su padre muerto en el maquis luchando contra los alemanes y su madre fallecida trabajando en un hospital, y que, a pesar de oír siempre en su hogar sangre, odio y miedo, restos del naufragio de la República española y consecuencias de la guerra civil, se había convertido en profesor de liceo y escritor, tiene treinta años y carece de educación mundana, valga añadir amatoria.

No obstante, se siente atraído por la esposa de un comerciante de telas, Marcelle Saint Julien, que le ha expresado su felicitación por el relato que en público había hecho del cuento Los cuatro enanitos:  una tragedia para marionetas, en la que la niña Güendoline se va a casar con un rico enano, a pesar de la contrariedad e indignación  que le produce a su Doncella, hasta que aparece el apuesto y borracho mecánico John, que ha de arreglar el coche que en la cochera, con sus gases, ha matado a tres enanos bailarines que Güendoline y la Doncella habían escondido, temerosas de los celos del futuro esposo, el enano y rico Nabuco, mientras éste se había ausentado para ultimar la compra de una isla del Caribe como regalo de bodas, y que también matará John, confundido con los otros tres enanos que Güendoline y la Doncella habían tratado de ocultar como uno solo en el circo donde trabajaban. La Doncella y Güendoline se quedarán sin el enano rico, mientras marcan el teléfono de la policía y John no estaba seguro si no le volvería aparecer un enano, ya que el que mató bien le decía que era el millonario Smith, aunque a John le pareciera un truco un enano y rico: - “¿Dónde se ha visto un millonario enano”, mientras se marcha tarareando una polca y cae el telón.

Un viernes venusto, como de costumbre para ir a Paris desde Argenteuil, en la parada de los taxis Ignacio se encuentra a Marcelle, que viaja para ver a su marido enfermo en un hospital, razón por la que desde este momento, apretujados entre los demás viajeros y ella sobre las rodillas de Ignacio, pues entonces los taxis del extra radio parisino no partían hasta no tener completadas las 5 o 6 plazas empezará el idilio amoroso que culmina en la habitación de un hotel donde, una vez concluida la cópula, Ignacio cree que está dormida o desmallada o sufriendo un ataque de catalepsia, aunque en realidad está muerta repentinamente, por lo que huye espantado del hotel Mercure, donde se habían alojado con un nombre supuesto: Monsieur et madame Lambert, y no sabe cómo poder explicar la situación a la policía o al mismo esposo enfermo Monsieur Maisonnave o a los Dubois donde se aloja él.

“Se puede matar a una persona con el gozo sexual unido a una suprema vergüenza”, eran algunas de las preguntas que en su mente se hacía el sábado Ignacio, mientras el sirviente asiático de los Maisonnave, Thuan se ocupaba del niño hidrocéfalo de los anfitriones de la casa y éste empezaba  a temer que ya se hubiera expandido la noticia y el hallazgo de la muerta esposa de Saint-Julien, a quienes sin embargo los periódicos habían empezado a relatar el caso, aunque de la autopsia se sabía que había fallecido de muerte natural.

Entre sus miedos, la vergüenza de no saber cómo afrontar la mirada del esposo Saint-Julien, demandándole una explicación recibe la llamada telefónica de Catherine, la novia de su amigo argelino Darlbeida anunciándole que está encarcelado y que pide verlo.

El domingo Ignacio recibe una nota de la comisaría de policía rogándole que se persone allí. Tras las pesquisas e interrogatorio del comisario, en sala aparte, éste le pregunta sibilina y admirativamente: “cómo lo hizo para que se muriera en plena acción” concsciente de que no era culpable.

-¿Qué le hizo usted a Marcelle, aquí, entre amigos? Que le hiciera el comisario, le seguiría rondando la cabeza, al igual que a Catherine, conocedora de la noticia, por lo que le sugiere que cambie el final de su cuento, a la vez que el tamaño de algunos personajes y en entrevista con el ya viudo Saint-Julien, recuperado de su enfermedad, le mentía sobre lo acontecido, a pesar del acoso que algunas mujeres, como una amiga de Marcelle, Mme Renoir le hiciera, regalándole el libro de las Mil y una noches, cuando él lo único que hizo fue amar y desear a Marcelle.

Siguió corrigiendo los exámenes de Pascua de sus alumnos, seguro de no haber podido conocer el amor y percatarse que uno nunca juega con la vida, que es ella quien juega con nosotros y debemos humildemente aceptarlo.

 

 

 

jueves, 12 de marzo de 2026

 


MARCOS AGUINIS, LA CRUZ INVERTIDA, PREMIO PLANETA 1970

Escritor argentino, nacido el año 1935, médico neurocirujano y psicoanalista, al parecer según la Wikipedia, además de  islamófobo,  judío   y cercano a los dictadores argentinos, fue el primer extranjero que recibió el galardón del premio Planeta, el año 1970, con una novela en la que empleando los títulos de la Biblia en buen número de sus capítulos, va hilvanando una historia donde es retratada la sociedad argentina, probablemente la de toda la misma Hispanoamérica de esa época, con jóvenes estudiantes hijos de elites criollas aspirando a una sociedad más libre y bajo el influjo de lecturas y corrientes liberales y comunistas, con una Iglesia católica enfrentada en su seno con los curas indígenas y universitarios,  apostando por  una evangelización más ejemplar y cercana a las enseñanzas de Jesucristo, frente a un Obispo que aspira a conservar el Evangelio en el aurea de un templo hecho de boato y riquezas, a pesar de la miseria de la mayoría de la población, mientras en medio las fuerzas armadas siguen imponiendo su dictadura y su propuesta de un Estado conservador como corrupto.

Con la retrospectiva del tiempo pasado, es fácil descubrir con este libro, que también en España existía un debate entre las nuevas generaciones y uno de los pilares básicos de la sociedad y del mismo Estado entonces, como era la Iglesia católica, todavía muy presente en las directrices del gobierno público como en el sentir y pensamiento de la sociedad de los años 70, del siglo XX, cuando se atisbaba una incipiente transformación política de Gobierno y un incipiente espíritu de cambio en la España de finales del franquismo.

Es pues un libro de denuncia, mayormente de las bases sobre las que se asentaba el catolicismo y la pastoral de su jerarquía vaticana, representada por el Nuncio que disputa su patronazgo con el sacerdote Torres, quien había completado su formación en el Vaticano y por sedes de la Europa nórdica, y el modesto Buenaventura, humilde cura indiano. También está presente Magdalena, epígono de María de Magdala, que soporta como una santa las perversiones y palizas de su proxeneta, mientras que a los estudiantes no cobra y socorre tras el incendio de la Iglesia, la manifestación estudiantil y la persecución de la policía.

Marcos Aguinis emplea la narración del Evangelio sobre la vida de Jesús y su padecimiento en el Gólgota como de un espejo donde el reino de Dios no parece  haber logrado imponer su doctrina y su ejemplo sobre unos hombres que tampoco han comprendido bien su mensaje de Amor y Fraternidad.

 

domingo, 1 de marzo de 2026

 


MANUEL FERRAND BONILLA,CON  LA NOCHE A CUESTAS, PREMIO PLANETA 1968

Un escritor sevillano (1925-1985), periodista e ilustrador, licenciado en filosofía y letras, será en el año 1968 quien, con su novela Con la noche a cuestas, quien obtenga el premio que el señor Lara otorga por medio de su editorial Planeta.

Obra sencilla, en la que Tirso, el guarda de una obra en estructura, y Castro, un gallego que trabaja como sereno por ese barrio nuevo de Sevilla, suelen encontrarse por la noche para vencer la soledad de un Tirso que había abandonado su pueblo y su familia, donde el amor con su esposa, por su frigidez, le habían impulsado a sumergirse, a pesar de su juventud, en una vida aburrida y sin la libertad que su entorno natal siempre le ofreció. Castro, el gallego, gusta de ser sereno, pues de este modo puede conocer los intríngulis del barrio por donde cuida que todo discurra en paz, a pesar de su edad, una ligera cojera, y su mujer que, aunque no le ha podido dar descendencia, lleva un kiosco con muy buenos ingresos y le pide que abandone ese trabajo y pueda estar de noche en su casa.

El hallazgo de un cartera con doce mil pesetas en su interior y el sello A. C., al lado de la valla de la obra, en el barrro, sumergen a Tirso en profundas cavilaciones por quedársela o devolverla, ¿pero a quién?

En la pensión donde reside de día, Tirso ha contado a Remedios, la sirvienta, y de la que se siente atraído, el hallazgo de la cartera y la invita a que venga por la caseta de obra, a pesar de su novio, para pasar la noche con él.

Días más tarde un motorista se presentará en la noche al guarda, declarando que había perdido una cartera y dando detalles convincentes de que pudiera pertenecerle, por lo que esa pequeña fortuna, en esa época, Tirso la devuelve a quien parece ser su propietario, con la anuencia del mismo Castro, presente junto a un amigo portero de un edificio cercano.

Un ruido extraño le hace a Tirso subir las escaleras de la obra, en la que los ladrillos empiezan ya a sobreponerse sobre el hormigón, cuando ve a Remedios que se acerca. Para su sorpresa, ella viene a devolverle la cartera, que al parecer le había sido tomada por su novio, a quien ella le había contado la historia de Tirso, cuando el edificio en un trueno se derrumba y, atraído por el ruido, Castro, el sereno, ve con asombro como su amigo Tirso pide ayuda y trata de sacar de entre los escombros el brazo de una mujer.

Castro, el sereno, el transeúnte nocturno, el servicial amigo del guarda y de los porteros del nuevo barrio, a pesar de las presiones de la esposa, sigue sin decidirse en abandonar su puesto y retirarse, mientras que Tirso, dado de alta del hospital y de regreso  a su pueblo, es reemplazado por un nuevo guarda quien, de repente, declarará a Castro haber encontrad una cartera con doce mil pesetas en su interior, entre los restos de la obra caída aún presentes.

Sencilla novela, sin grandes alardes literarios, ni recursos dramáticos, con la puesta en escena de humildes personajes que ven cómo se va transformando la ciudad y el humilde discurrir de dos hombres, poco dados a grandes pasiones ni reflexiones filosóficas  en ese acontecer nocturno de sus vidas.

 

jueves, 26 de febrero de 2026

LA OTRA CARA DE LA GUERRA CIVIL, POR ÁNGEL MARIA DE LERA

 


LAS ÚLTIMAS BANDERAS, DE ANGEL Mª DE LERA, PREMIO PLANETA 1967

Cuando en Democracia un gobierno socialista, presidido por un siniestro y mentiroso compulsivo como Pedro Sánchez Castejón, en febrero de 2026 desclasifica los documentos de una noche amarga para esa democracia que daba sus primeros balbuceos en España, depuesto el golpe de Estado de Tejero por el entonces rey don Juan Carlos I y con continuos intentos de este Gobierno para poner un bozal a la prensa crítica con la corrupción y fechorías como lo acontecida en Adamuz, con 46 fallecidos en accidente ferroviario, y termino la lectura de este libro, me llama la atención que pudiera publicarse en tiempos del régimen de Franco, cierto es que yo era aún muy joven y residía en el extranjero, por lo que el discurrir político de entonces también me estaba vedado y por tanto poco o nada podía saber yo del grado de libertad y adoctrinamiento del españolito de entonces, también mis abuelos y mis padres quisieron hacer borrón y cuenta nueva, corriendo un tupido velo de aquellos aciagos años, tanto por lo que padecieron, en mayor o menor medida unos y otros, como por su apuesta para que nada tan espantoso y horrible entre hermanos pudiera volverse a reproducir, por lo que poco o nada nos contaron y lo que hemos aprendido sobre la Guerra Civil ya se lo debemos a los historiadores y obras como la de este escritor que hiciera la carrera de derecho por libre en la Universidad de Granada.

Digo cuanto antecede porque Las últimas banderas, del premiado y muy difundido libro de Angel Mª de Lera (1912-1984), es la obra de alguien que nos muestra una de las horas más amargas y tristes del sueño de un republicano español, rodeado en Madrid por las fuerzas del Caudillo, con los frentes de guerra detenidos en la misma Ciudad Universitaria, a unos pasos de Argüelles, la calle Princesa o la misma Plaza de España y la Gran Vía, también la vida penosa de los madrileños, con escasos medios para alimentarse, a no ser las llamadas “píldoras del doctor Negrín”, como llamaron a las lentejas los madrileños y teniendo que terminar sufriendo un golpe interno dado por Casado y el consejo de Besteiro frente a los comunistas, en la semana llamada del “duro”,  mientras Negrín trataba de que la defensa no decayera en el Centro y en la “posición Yuste” tenía un avión  preparado para su huida.

Federico Olivares, un joven maestro ascendido a capitán del ejército Popular, convencido republicano por ese anhelo que muchos españoles tuvieron de regenerar la política y cambiar las estructuras anquilosadas del viejo régimen que implantara Cánovas del Castillo, bastante degeneradas ahora, es el actor primordial de esta tragedia incivil en un Madrid asediado y abandonado por la República un siete de noviembre de 1936, camino de Valencia, siguiendo el eslogan de No pasarán que tan valiente y certeramente cumplieron los madrileños sin que las fuerzas sublevadas pudieran franquear, a pesar de los bombardeos que sufrían y la presencia de la quinta columna entre sus muros.

Aunque ya en abril, repentinamente, tras la derrota de las fuerzas comunistas enfrentadas al coronel Casado, que había derrocado al Gobierno republicano del socialista Negrín, en una conjura de republicanos y socialistas decididos a alcanzar la paz con Franco, las calles se irán llenando paulatinamente de banderas bicolor, blancas con el aspa y rojo y negras, con el yugo y las flechas, como la lenta y cautelosa entrada de las fuerzas nacionales con los Regulares al frente, mientras los milicianos deponían las armas y se aprestaban a deambular por un pasillo largo y oscuro, como será la rehabilitación de combatientes y simpatizantes republicanos, como fin de la novela y presagio de lo que le va a suceder a muchos españoles, entre ellos al mismo Angel Mª de Lera que estuvo encarcelado por dos veces, hasta 1944 y después en el año 1947.

Novela ésta que, a diferencia de las que precedieron en años anteriores, que hablaban desde la perspectiva del vencedor de la Guerra Civil, ahora lo hace desde el vencido, el oprimido y derrotado, siempre desde una perspectiva humana, nada heroica, pero fiel al dolor y sufrimiento de quienes se vieron forzados, les pilló casualmente en ese bando o, simplemente, les movió la defensa de sus ideales republicanos.

En el libro, su autor hará incursiones sobre el pasado, los antecedentes de esta guerra, pero siempre desde una visión sentimental, en ocasiones nostálgica, pero siempre muy sensible de las personas y los sentimientos, para volver la narración al tiempo que en Madrid le toca vivir transitando entre escombros y una guerra que desde el principio ya parecía perdida.

LA FERIA POR EXCELENCIA DEL AZULEJO ESPAÑOL EN FEBRERO, CEVISAMA, QUE DESAPARECE.

 


      ENTRE TODOS LA MATARON Y ELLA SOLA SE MURIÓ, CEVISAMA.

Aunque era una muerte anunciada largo tiempo ha, ni azulejeros ni políticos, de cualquier signo y pelaje, pusieron remedio. Los egregios industriales, ya convertidos en multinacionales, con su soberbia y arrogancia por bandera, quisieron sacar provecho inmediato de las grandes inversiones acometidas en sus lujosas y despampanantes exposiciones, y que el grueso de la tarta siempre estuviera entre sus fauces, dejando sin visibilidad a aquellos pequeños fabricantes para quienes Cevisama era su anhelado escaparate y primordial lugar anual de encuentro con su clientela, fueran nacionales o del exterior. Cierto es que el gasto por m2 para exponer en Valencia cada año alcanzaba una progresión geométrica, a la vez que la reserva en hoteles y restaurantes, por lo que la gallina de los huevos de oro parecía agotar su puesta y la tolerancia de compradores y vendedores daba signos de hartazgo.

Valencia, particularmente por Benimamet, el río humano de fabricantes y comerciantes no volverá a inundar ya por febrero sus angostas calles,  tampoco la hostelería, los taxis, el transporte público y la dolce vita nocturna alcanzarán el regocijo y mostrarán la cara amable y comercial de la siempre deslumbrante ciudad del Turia, que como un trueno gordo se expandía a la sombra de la Feria Internacional  de Muestras del Azulejo Español, en la ciudad que un aciago día incivil  fuera la capital de España y en cuyas Torres de Quart tuvieron cobijo las grandiosas obras de El Prado.

Mientras tanto, en mi memoria quedará aquel modesto stand esquinado de Porcelanosa, que iniciaba su andadura con azulejos de pasta blanca en 10x20, y que en su primera aparición ya uno podía augurarle un gran éxito, como así sería. Años más tarde,   otras Fábricas  que trataban de seguir esa estela llevaban a Ferran Adriá, también a celebridades de la alta costura y el deporte, o se mostraban los nuevos avances en monococción, (superada la bicocción) porcelánicos,  pulidos,  grandes formatos y la puesta en escena de nuevas y vigorosas industrias radicadas en el entorno de Castellón, incluso de China o Turquía.  Progresivamente,  Cevisama ya nada tenía que envidiar  a la Feria de Bolonia y cada año la carrera para presentar algo nuevo o sorprender al cliente era un reto más  que anunciaba la gran prosperidad y pujanza que la industria azulejera alcanzaría allá por los años   90 y 2.000. 

Europa nos había abierto sus puertas, competíamos de tú a tú con los italianos, nuestros grandes rivales, en diseño y manufacturación,  y el Gobierno de Felipe González se había lanzado  a impulsar el comercio exterior y la vivienda, en una carrera vertiginosa que parecía no tener fin.

En el año 1975, el miedo y un incierto cambio de Régimen  para España llenaron la fosa de la Feria Internacional de la Construcción en la Casa de Campo en Madrid, que quedó enterrada para siempre, como también los esfuerzos de regeneración de Azulejera Granadina, con su singular y bien labrado stand. Posiblemente, en este 2026, la historia se repita para otra pequeña industria  de la comarca de la Plana y, como no, para la misma Cevisama, enterrada por Tirios y Troyanos, los unos por su escasa visión de futuro, los otros por su egoísmo congénito y, los más, por su inoperancia, incompetencia  e ignorancia, cuando se avecina un nuevo cambio de régimen político, esta vez felizmente en Democracia, pero cimentado sobre la corrupción de un Gobierno putrefacto sostenido por las taifas separatistas y unos empresarios y un plantel obrero carentes de visión general de futuro, de grandeza de Estado y de solidaridad nacional.

Huérfanos quedan muchos emprendedores que esperaban Cevisama como agua de mayo para exhibir su sueño hecho azulejo, también el polvero andaluz que desde su remota tienda o desde un intrincado pueblo manchego, entre otros, sabían que en esa feria de muestras podrían cerrar sus tratos comerciales, o aquel muniqués que podría además saborear una paella en la Malvarrosa y llevarse para su Bavaria natal los preciados azulejos Made in Spain. Sepultada pues queda  CEVISAMA, ya que  entre todos la mataron y ella sola se murió.

 

P.S.: Habrá quien me replique con la reciente transformación social y económica,   las redes sociales, las nuevas tecnologías, internet, la IA, la proliferación de centrales de compras, el mejor aprovechamiento del tiempo y de recursos escasos, quizás en que todo este escrito rezuma  nostalgia y unos años juveniles ya lejanos, hasta quien  me hable de las enseñanzas de las escuelas de negocios, y no podré negarle su carga de razón, pero convendrán conmigo que algo más podría haberse hecho, sobre todo cuando en Alemania e Italia sobreviven otras ferias de corte semejante, que cuentan con listas de espera de medio mundo, mientras  que en la ciudad de Valencia, y España,  hemos  perdido una caja de resonancia envidiable, como también las modestas fábricas y el pequeño distribuidor su lugar de puesta al día por excelencia.

Los peces que ayer porfiaban en una charca hoy son tiburones y nadan en un océano donde la ley del más fuerte es la que impera, sin memoria ni pasado, donde el dios Neptuno tampoco sabe hacer justicia y su tritón está forjado por el oro que en las Indias nace honrado y viene a morir en España.

 

Fernando Orero Sáez de Tejada.

23 de febrero de 2026.

miércoles, 18 de febrero de 2026

PREMIOS PLANETA 1955-1958, FERNANDO BERMÚDEZ DE CASTRO, UN AUTOR PREMIADO DE ESCASA RELEVANCIA.

 


PREMIOS PLANETA 1955-1958, FERNANDO BERMÚDEZ DE CASTRO, PASOS SIN HUELLAS.

Cierto es que no es un libro que dejará mucha huella, ni por su contenido literario ni por el mensaje que en esta obra se inserta, que no es otra cosa que una casi autobiografía de su autor, por medio de su alter ego gallego Martin, que pasa ocho meses en Londres para perfeccionar el inglés, además de conocimientos en economía y que nos descubre sus amistades, particularmente un panameño que fuera diplomático y que ejerce de samaritano de cuantos hispanos llegan por las costas de la vieja Albión, otro español, Antonio, sufriendo una depresión y que terminará suicidándose, y la búsqueda de la amistad y los amores, primero con una noruega que estaba comprometida con Pelaez, un naranjero valenciano, y, finalmente, con una francesa, Hugette de Guenard, en un tiempo de diversiones, risas y francachelas, que, sin embargo, en las últimas líneas de la novela, terminan en tragedia, con la muerte repentina, por accidente de moto y ya en París, de su gran amor, poco antes de volver a encontrarse ellos dos para anunciar su próxima boda.

Según parece, el premio concedido a Fernando Bermúdez de Castro, fue motivo de controversia entre el jurado que se lo otorgaba, que para este abogado y escritor español (1923-1999), huérfano de madre muy temprano, sin embargo, no le sirvió de estímulo para profundizar más literariamente, pues pronto  se retiró de la vida pública y ya, en vida, nada más publicó, cuando por esos años la editorial Planeta y, quizás la misma sociedad española, se inclinaban más por obras que tuvieran que ver con las fuerzas victoriosas del régimen y no, como en esta novela, una vida disipada y de nula enseñanza de progreso, narraciones éstas que hasta los años sesenta, incluso posteriormente, ya con la progresiva aparición de historias sobre los desterrados de la Guerra Civil, irán apareciendo en la escena literaria.

Libro pues de entretenimiento, con la representación de unos hijos de burgueses cuya única preocupación es el amor, de temple lúbrico y con unos medios que, desgraciadamente en España, pocos estudiantes podían alcanzar por la precariedad reinante, a no ser hijos de familias adineradas y estudiando, como en el caso de Martín, en el extranjero.

lunes, 16 de febrero de 2026

CARMEN KURTZ, PREMIO PLANETA 1956, EL DESCONOCIDO

 


PREMIOS PLANETA 1955-1958, CARMEN KURTZ (1956), EL DESCONOCIDO

Carmen Kurtz (1911-19119, llamada en verdad Carmen de Rafael Marés, esposa de Pedro Kurtz, fue una escritora española muy popular en los años 60 (Siglo XX), muy comprometida con la condición de la mujer de la posguerra española, razón de su libro premiado por la editorial Planeta en el año 1956, en cuyo prólogo otro gran escritor de entonces, José Mª Gironella (1917-2003), también muy conocido y famoso por su trilogía sobre la guerra civil de España: Los cipreses creen en Dios, Un millón de muertos y Ha estallado la paz, nos hablarán de los dos intérpretes principales de esta obra: Antonio y Dominica, él llegado desde Rusia a bordo del Semíramis en 1954, atracando en el puerto de Barcelona, que rendirá una impresionante acogida a los cautivos de la División Azul, que doce años antes se habían unido a otros fuerzas aliadas de la Alemania nazi para combatir a la Rusia comunista de Stalin, y ahora regresaban vivos a la Patria, mientras muchos otros de sus compañeros habían quedado enterrados en suelo helado de las estepas rusas y tras un largo cautiverio.

El todavía joven Antonio Rogers, hijo de una familia burguesa de Barcelona, en los días previos a la contienda española,  se enroló en la Falange y cuando su principal líder, Ramón Serrano Súñer, pidió a la juventud española, al término de la Guerra Civil, ir voluntarios a combatir a los comunistas junto a las fuerzas alemanas de la Wehrmacht, se alistó de inmediato en 1942, a pesar de que dos años antes había contraído matrimonio con Dominica, hija de burgueses catalanes con raíces en República Dominicana.

Antonio, a bordo del Semíramis, junto a su amigo Germán, conforme se acercan a las costas españolas y la Estación Marítima y la escollera se hacen más grandes a su vista, en su aproximación, un 2 de abril de 1954, entre el enorme tumulto de familiares y amigos, también la presencia del teniente general Agustín Muñoz Grandes, ministro del Ejército, por fin logra ver a su padre, abogado, que se lleva un pañuelo a los ojos, mientras su madre no para de bracear tratando de que su hijo alcance a reconocerlos, como también a Dominica, callada y temerosa de lo que el futuro deparará de nuevo al matrimonio y a su amor por Antonio, un tanto aletargado, pero fiel siempre, durante estos doce años de ausencia y con una correspondencia  que toda la familia esperaba siempre con angustia y que, durante cierto tiempo dejó de existir, por lo que llegaron a pensar que había muerto.

Antes de bajar por la escala atestada de gente y rodeados de un ensordecedor griterío y llantos, Germán y Antonio se despiden. Él ya tiene quienes le aguardan, mientras German, huérfano, solo tiene la ilusión de levantar una casa de comidas en Barcelona, que le pueda hacer olvidad el hambre y la miseria que pasaron en cautividad, además del recuerdo de tanto horror como el que estos españoles tuvieron que padecer rodeados de las fuerzas soviéticas y del ejército rojo.

De regreso a San Gervasio, hogar de la familia Rogers y Mercedes Silva, por su madre, Antonio se reencuentra con la armonía y el calor de la familia y los amigos, su hermano menor de dieciocho años ya, su hermana Anita y su cuñado, como de Florencio el jardinero y chófer de la casa, aunque Dominica constata que ya no siente aquel amor por Antonio que le embrujó durante su luna de miel en Palafrugell, mientras que Antonio sí se sigue sintiendo atraído por su esposa tanto física como espiritualmente.

Ya en la alcoba, inclinado sobre ella, Antonio quisiera recuperar el tiempo perdido sin el abrazo de Dominica, mientras en la mente de ella las imágenes de aquel julio de 1942 y sus palabras: “Me voy a Rusia, Dominica”, no la abandonan, como tampoco los doce años de soledad.

Su autora, remedando La Odisea y la paciente espera de Ulises que hiciera Penélope, como trasfondo de su novela, da voz a Ella y a Él, para que cada uno nos relate su fuero interno, aunque Antonio seguirá guardando en su interior toda la tragedia de su alistamiento militar, su lucha y el paisaje helado donde muchos de sus compañeros perecieron, su cárcel y la privación de libertad y pésimas condiciones de cautividad que tuvo que soportar en la Rusia de Stalin.

Mientras Germán decide recuperar, con su nuevo negocio, la esperanza de una nueva vida, incluso tratar de encontrar el amor, Domi y Antonio se debaten en querer buscar aquel amor que un día les unió, que en Dominica parece extinguido, pero que en Antonio, sigue muy vivo.

Hermosa y sensible obra literaria, donde su autora, con personajes como Antonio y Dominica, nos desvela el problema que en aquellos años cincuenta, en una España que intentaba redimirse, se encontraron muchos españoles, bien por haberles pillado la guerra en un bando u otro, bien por sus ideales y su fervor patriótico, bien por una fuerte aspiración de cambio, se encontraron ellos, sus familias y sus vecinos, enfrentados a dilemas nada fácil de resolver, cuando además la fuerte presencia de las tradiciones seculares y la Iglesia católica, como de la censura política y el nuevo Régimen político,  condicionaban la libre decisión de las personas.