domingo, 5 de julio de 2026

HERNÁN CORTÉS, A LA ALTURA DE UN ALEJANDRO MAGNO Y UN CÉSAR

 


HERNÁN CORTÉS, DE JUAN MIGUEL ZUNZUNEGUI

Felizmente, en este siglo XXI, bien desde Europa, en la persona de la eminente profesora española Elvira Roca Barea, o cruzando el “charco”, como acostumbramos a decir quienes desearíamos que las orillas del continente americano y el europeo estuvieran más próximos física e intelectualmente, a pesar del océano Atlántico, gracias a la contribución del brillante escritor y propagandista Juan Miguel Zunzunegui, la leyenda negra que sobre la conquista española de América trataron de impulsar desde la familia Orange y la rivalidad inglesa, empieza a ser contrapuesta y desmentida certeramente por ambos, aunque es el hermano mejicano quien con su libro sobre nuestro héroe Hernán Cortés (Medellín, 1485-Castilleja de la Cuesta, 1547) sobre el que teje sus desvelos y, resueltamente con enorme sencillez, nos va mostrando la grandeza de la persona que, probablemente con una enorme fortuna y el apoyo de la Providencia, logró una de las mayores gestas que un hombre pudiera soñar, ya que con cuatrocientos españoles, pudo conquistar un imperio que, gracias a su coraje, la ayuda de los tlascaltecas y otros pobladores de Mesoamérica, que odiaban a los aztecas, hicieron posible la conquista y creación de la que fue llamada Nueva España del Mar Océano, hoy México.

No fue solamente el descubrimiento de un nuevo y el más vasto territorio que engrosaría las posesiones de la Corona española, inicialmente con Carlos I de Castilla y V de Alemania, nieto de los Reyes Católicos, y natural de la ciudad burguesa de Gante, en aquella época en poder de los Habsburgo y poco después perteneciente a España por la descendencia de doña Juana I de Castilla, la gesta, ni tampoco vencer a Moctezuma, desde el interior de la misma capital Tenochtitlan.  Tampoco fue el hecho llevado a cabo por cuatrocientos aventureros españoles, la mayoría de ellos procedentes de Extremadura, dentro de una ciudad de más de doscientos mil pobladores y un imperio entre siete y veinticinco millones de habitantes que dicen los cronistas. Tampoco fue que Marina, la traductora, la Malinche, hiciera posible que su conocimiento de la lengua náhuatl y el español, también el maya, hiciera comprensible para Cortés los designios del tlatoani, de su belicoso hermano Cuauhtemoc y la firma de sus alianzas con los otros pueblos oprimidos por la crueldad de los aztecas, sus sacrificios humanos y el carácter antropófago de su población. Lo más grande de la aventura de Cortés, desde que varara sus naves en lo que después sería el puerto de Veracruz, es que con su acendrado valor hará posible el avance humano que pronto seguirá a este descubrimiento para los europeos, ya que no solo ayudó a Carlos V para, con el primer cargamento de oro que le envío y recibió a través del puerto de Amberes, pagar su elección como el César de occidente, sino que a América llevará todo tipo de animales y vegetales que gradualmente se irán aclimatando, sino que con su apuesta de no detenerse en las ofrendas que le hacían los indios con oro, seguir implantando el conocimiento que albergaba desde que pasó por las aulas de la universidad de Salamanca.

En ese mestizaje, en ese avance y prosperidad de la humanidad que gracias a Cortés y sus hombres se logrará, para Europa y América, la llegada de los Franciscanos, su humildad en la implantación de la religión católica y la progresiva entronización de la fe y la cruz, con la presencia de la Virgen, cuya representación y veneración también procedía de la  Guadalupe española, que también se asentará en la cima donde antes los indios veneraban a una diosa, en la Nueva España sin el niño en brazos.

Ciudades, catedrales, iglesias, casas valiosas, construidas con las piedras de aquellos horrendos templos de pirámide truncadas donde los enemigos eran sacrificados por sus sacerdotes en la anual guerra florida,  como homenaje a sus diversos dioses y después devorados los cuerpos que eran entregados a las multitudes, Cortés y los españoles que fueron asentándose en estas nuevas tierras, que seguirían avanzando y haciendo nuevos descubrimientos hasta el golfo de Guatemala o hacia el norte, dando nombre a lo que hoy es California, mientras la llegada de españoles seguía avanzando por tierras americanas y dando la vuelta al mundo, confirmando su redondez, gracias al esfuerzo de Magallanes y El Cano.

La caña de azúcar empezará a florecer, también la vid, cuando descubren la utilidad del maíz y pronto de la patata o del tabaco, qué decir del caballo, la vaca y el cerdo, cuyos rebaños se extenderán y ayudarán en esa rápida expansión humana.

Alejandro Magno y César son hoy las grandes figuras de ese valor humano que logró que las fronteras del conocimiento greco latino fuera desde el Finisterre hasta el Indo, mientras que Hernán Cortés, ese humilde extremeño de familia de hidalgos castellanos, logró con la derrota del imperio azteca, que el español y todo el bagaje cultural y religioso que con él llevaba a cuestas, se implantara en un nuevo continente, donde no quiso imponer sus propias creencias sino mezclarlas, en un mestizaje en el que el respeto a lo descubierto se hiciera posible, como así fue.

Hora es que se honre a este gran descubridor, a este gran conquistador que es Hernán Cortés, cuyo reposo eterno no ha sido fácil y, como buenos descendientes de españoles, los políticos de la hoy República de México, han tratado de culpar de su propio mal gobierno para tejer una cortina de humo que oculte su mala gobernación, hecho éste también habitual en la gobernanza de España, cuando merecería tener un mausoleo para honrar su persona y sus logros, como estatuas que siempre tengan presente su memoria.

martes, 30 de junio de 2026

JOSEPH CONRAD, EN LA LÍNEA DE SOMBRA Y EN UN CANTO AL MAR Y AL ROMANTICISMO

 


LA LÍNEA DE SOMBRA, DE JOSEPH CONRAD

La línea de sombra, del escritor nacido en Ucrania pero adscrito a la literatura inglesa, Joseph Conrad (1857-1924), escribió este bellísimo relato naval, acaecido en los mares próximos a China, siendo el mismo su narrador y, posiblemente, sobre los recuerdos de su propia vida cuando trabajó para una compañía naviera británica, asentada en Singapur y, por la muerte del capitán de un barco mercante, era contratado como capitán y sustituto del fallecido.

Aunque su autor nos cuenta los sucesos de una navegación compleja, no tanto por la fuerza del viento, las olas y los temporales, sino por la ausencia de viento y las fiebres de sus tripulantes, como los miedos de su primer oficial, a los que este joven capitán, que acababa de pasar de su más tierna juventud a una madurez inmediata, ha de enfrentarse con enorme sabiduría para tratar de llevar “su barco” a buen puerto, cuando en realidad, en un principio, tenía pensado regresar a casa.

Pero el mar, el manejo de esos hombres y su responsabilidad, tras atravesar los avatares de la climatología como la lucha con su mismo yo interior, lo hacen convencerse que es en el mar donde está su amor y su vida.

Cierto es que Joseph Conrad terminará abandonando la dirección de un barco, con el enorme reconocimiento de sus propietarios, para dedicarse de lleno a la literatura, la obra es también un reconocimiento a esos jóvenes que, en la Primera Guerra Mundial, obedecían a un jefe, como le pasaba a su propio hijo, enfrentados a las armas, ya que este libro está escrito en tres meses del año 2016, y como le ocurrió a ese capitán que comanda este navío, decidido a que llegue a buen puerto.

El mar, el romanticismo y el ser humano, con sus errores y aciertos, son todo lo que Joseph Conrad nos entrega en este sencillo relato, bello y evocador de la fuerza e independencia de la naturaleza, como de la voluntad y fortaleza humana.

 

jueves, 25 de junio de 2026

Los gozos y las sombras, de Gonzalo Torrente Ballester. El amor y la libertad humana en la finis terra.

 


             LOS GOZOS Y LAS SOMBRAS, DE GONZALO TORRENTE BALLESTER

Dentro del portentoso catálogo de novelas brillantes que escribiera el gran y laureado escritor español don Gonzalo Torrente Ballester (1910-1999),  desde su galaica tierra de nieblas insondables, meigas desfilando ante los pazos y olas majestuosas que se estrellaban en Finisterre, de recios marineros y humildes embarcaciones de pesca, quizás se lleve la palma la trilogía de Los gozos y las sombras, que terminará escribiendo su primer volumen en 1956, con el título de El señor llega y la dedicatoria a quien más dolor me causa, su esposa que se encontraba enferma y que pocos años después fallecería.

En su libro de El señor llega, inicio de la trilogía, es el relato que el autor hace sobre el escenario de una pequeña aldea gallega al borde del mar, como la presentación pública de los principales protagonistas de tan magna  obra, la antigua familia noble de los Churruchaos, de cabellos coloraos y pronunciada nariz venidos a menos, particularmente de doña Mariana, conocida como La vieja y su sobrino  Carlos Deza, que después de doctorarse en psicología, a las órdenes de Freud en Viena, estudiar antes en Berlín, decide regresar a su pueblo natal de Pueblanueva del Conde, aunque decidido a no quedarse allí por mucho tiempo, enfrentados con los Salgado, en la persona de Cayetano, propietario de un astillero y el don Juan de los contornos, capaz de atraer a una casada como deshonrar el virgo de una jovencita, además de actuar en el pueblo como un cacique y con un complejo de Edipo hacia su madre. Todo ello por los chismes del pueblo,  de los amores y rivalidad económica entre ambas grandes familias.

En este escenario de disputas medievales, con un Carlos Deza que pretende desentenderse de la violencia soterrada existente entre los Salgado y los Deza, mujeres como Rosario, la amante de Cayetano, luego de Carlos, las hermanas de Juan, amigo de Carlos y con ideas anarquistas y defensor de los marineros; Clara, de actitudes liberales y siempre señalada por el populacho como prostituta, aunque no fuese verdad, Inés, de ferviente religiosidad; los frailes y, entre ellos, Eugenio, antiguo pintor en París, se llevará a cabo el entramado de esta historia, donde la palabra y el pensamiento alcanzan la cumbre, con apariciones notables de los miembros del casino, como el boticario, el juez y el maestro, y algún indiano,  también de un pretendido loco, el relojero Paquito, que acogerá en su pazo Carlos.

Entre el viento, la pertinaz lluvia, el orballo, la miseria general y en tiempos de la República española, aunque en esta novela como en toda la trilogía, apenas se haga patente la situación parlamentaria y gubernamental, el lector participará de la incertidumbre humana por la vida, el amor y la atracción física, como la humildad y pobreza de una tierra y un océano indómito.

Donde da la vuelta el aire, terminada de escribir cuatro años más tarde, el segundo libro, la presencia del pueblo de Pueblanueva,  los unos por seguir pescando en los viejos barcos propiedad de doña Mariana, la Vieja, con el aliento de Juan y del dueño del bar, el Cubano, con sus antiguos recuerdos de la Isla caribeña y con su pata de palo,  frente a los “esclavizados” operarios del astillero de Cayetano Salgado, la obra cobra un mayor interés por la presencia del demonio, la fe religiosa y los valores humanos, en los que, los marineros a punto de perder su medio de vida ante una enorme galerna, evitando la pérdida del Mariana II en la misma bocana del puerto, ven como su dueña se interesa por ellos, sigue pagando las nóminas a pesar de las pérdidas y la ruinosa pesca, y termina cambiando su declaración de herencia poco antes de fallecer, sin que queden claras sus andanzas juveniles como su primer amor y el hijo, de padre desconocido, que tuviera, motivo de comentarios, chismes y particular manera de sostener su prestigio, su dignidad y el enorme patrimonio económico de la Vieja.

En esta segunda novela, el épico relato hecho sobre la posible pérdida de marineros y la necesidad de la ayuda que ha de prestarles Cayetano, con el decidido paso dado por  la Vieja frente a  Cayetano, en sus oficinas, pidiendo la ayuda de su remolcador, como la descripción de la batalla que han de librar los marineros para evitar la colisión contra las rocas, es memorable y uno de los más bellos pasajes de la obra.

El viento ha girado, como también la situación de Clara que se ha declarado a Carlos, sin que este le preste la atención a la que ella aspiraba y ha vendido a Cayetano su casa y sus escasas tierras, levantando una tienda bajo los soportales de la plaza del pueblo y haciendo posible que Inés y su hermano Juan, con la mitad de lo cobrado por sus bienes, se marchen a Madrid, donde Inés se terminará casando con un socialista amigo de su hermano.

Ahora aparece una sobrina de la Vieja, Germaine, que residía con su padre en París, y decidida a hacer carrera en la ópera como soprano, por lo que quiere cobrar su parte de la herencia de la tía Mariana, de la que es el administrador, durante cinco años, Carlos Deza, según el testamento, aunque existe un codicilo, que nunca llegará a ser abierto, por temor a que en él se dicte que todo pertenece a Carlos si no se han cumplido las primeras condiciones impuestas por la Vieja, razón para aceptar pronto las condiciones de Carlos y marcharse.

De nuevo la codicia humana, en la persona de Germaine, y la honrada postura de respeto escrupuloso al testamento de su tía por parte de Carlos Deza, los vaivenes del negocio de la pesca, los arreglos y pinturas del ábside de la Iglesia de la plata, propiedad de los Deza, los amores y cuernos puestos por Cayetano en el pueblo, las conversaciones del casino, llenan las páginas de una novela que, como el viento, empieza a girar y la presencia de Clara se hace más patente tanto para Carlos como para Cayetano.

En La pascua triste, la tercer y última novela de esta trilogía de los Gozos y las sombras, Cayetano termina enamorándose de Clara, que lo rechaza y la viola, demostrando al pueblo que estaba virgen, contrariamente a lo que de ella opinaban en el casino y en el pueblo, por lo que Carlos Deza, después de la pelea que tiene con Cayetano, tras combatir antes con el hermano de Clara,  Juan, que había regresado de Madrid con casi los bolsillos vacíos, terminará vendiendo sus propiedades y marchándose definitivamente, dejando atrás su pazo como el de la Vieja, en compañía de la dolorida Clara, que siempre estuvo enamorada de Carlos y a quien el sobrino de la Vieja por fin expresaba sus ocultos sentimientos de amor por Clara, a pesar de la violación.

El relojero Paquito intentará matar a Cayetano, pero ya había sido advertido por el mismo Carlos, mientras en el casino como en el bar del cubano, tras la quema de la iglesia de los Churruchaos, por parte de Baldomero el boticario, de la misma forma que en el resto de España se incendiaban otras por animadversión a la Iglesia y la ignorancia popular, después de que don Lino el maestro hubiera sido elegido como diputado en Las Cortes de España, gracias a la mediación de Cayetano, como todo lo que se hacía en el pueblo.

Bellísima obra de palabras, razones y conversaciones sobre el más allá, la fe y la voluntad humana, a la vez que el paisaje gallego, de una elegancia literaria hoy difícil de encontrar en el páramo de las letras hispanas, del respeto por la gente y un amor de tintes dramáticos, difícil de entender quizás hoy día, por todo lo cual,  merece la pena volver a gozar con lo escrito por este brillante académico, don Gonzalo Torrente Ballester y disfrutar de esta singular obra de los Gozos y las sombras.

 

domingo, 14 de junio de 2026

DEL DECORO Y EL SERVICIO A LOS DEMÁS: PASTEUR Y CAJAL FRENTE A ZAPATERO Y PEDRO SÁNCHEZ

 




                              DEL DECORO Y EL SERVICIO A LOS DEMÁS

Quien fuera Presidente del Gobierno español, el socialista Rodríguez Zapatero (1960), supuestamente el actual director de orquesta de las políticas de su compañero Pedro Sánchez  (1972), donde la corrupción y la mentira ocupan todos los registros que manejan estos dos siniestros personajes, muestran el deterioro de la sociedad española y, quizás, de buena parte de nuestros dirigentes políticos contemporáneos, sobre todo si se les compara con los hechos de hombres de la talla de Louis Pasteur y de nuestro Cajal.

Los dos políticos españoles nacieron a la sombra del bienestar económico y social en España de los años 60 y 70, como también por la pertenencia de sus antepasados a una categoría social que hacía posible que no tuvieran que trabajar tempranamente y se dedicaran al estudio, aunque ambos nada brillantes fueron y pronto dentro del espectro político trataron de crecer y alcanzar la cúspide del PSOE.

Sin embargo, si los comparamos con Pasteur y el mismo Santiago Ramón y Cajal, pronto nos damos cuenta que aunque los hombres se hacen en cualquier parte y toda religión nace de la estrechez y casi todas se corrompen con la abundancia, lo sucedido en Rodríguez  Zapatero y sus joyas y mordidas, con la ocultación de su enorme fortuna y el modo putrefacto en el que Pedro Sánchez fue ayudado por su suegro para alcanzar la secretaría del PSOE, tras un pucherazo, es fiel reflejo de esa conducta corrupta tras no tener unos cimientos de esfuerzo y búsqueda de la verdad, como sí le ocurrió a Pasteur y Cajal, que además para nada fueron estudiantes brillantes, y nunca se propusieron ganar trofeos, ni contar con notas sobresalientes, sólo perseguían la Verdad y la Belleza.

Si comparamos esta búsqueda de la Verdad y la Belleza por parte de Pasteur y Cajal, frente a las ansias de poder y riqueza de Zapatero y Sánchez, nos percatamos que  nunca éstos dos políticos han tenido vocación de servicio, ni aspiraron jamás a adquirir elementos que contribuyeran en una mayor justicia y reparto de bienes, ellos dos no se sacian con lo que ya les otorga el pueblo español, sin embargo Pasteur y Cajal siempre fueron ávidos por adquirir nuevos conocimientos, por compartir cada uno de sus descubrimientos con quienes tenían en su proximidad, como hiciera Arquímedes desnudo por la ciudad proclamando su descubrimiento. En el caso de Zapatero y Sánchez, la misma negociación con ETA está aún oculta y el pueblo español todavía no sabe a qué acuerdos llegó Rodríguez Zapatero con la banda terrorista, o Sánchez con el golpista Puigdemont. Qué decir de la entrega del Sahara a Marruecos sin que todavía el pueblo español sepa la razón de ese viraje por parte de Pedro Sánchez.

Otro valor más de un investigador como Pasteur era su constante búsqueda de los orígenes de la vida, sin que por ello su fe católica se quebrantara. Era un fervoroso y sencillo practicante, como le enseñó su madre, una obrera acomodada de una pequeña ciudad de provincias. Si ahora lo comparamos con estos dos socialistas, ambos son ateos, pero se pegarán al Papa León XIV en su visita a Barcelona para aparecer en la foto, aunque ni siquiera se dignaran darle el pésame a los familiares de las 64 víctimas del tren de Adamuz, en el que su Gobierno es el máximo responsable por su descontrol en la revisión del trayecto ferroviario y su mantenimiento.

Ambos, Cajal y Pasteur, nunca fueron impedidos por su fe, ni tuvieron prejuicios para su pensamiento científico, no obstante, Rodríguez Zapatero y Pedro Sánchez, siempre mostraron una enorme inquina frente a la Iglesia católica, sobre todo en lo que se refiere al aborto y a la eutanasia.

Pasteur y Cajal, por medio de sus desvelos y constante trabajo e investigación, salvaron a millones de seres humanos, además de conformarse con una vida humilde. Santiago Ramón y Cajal vivió siempre en el número 64 de la calle Alfonso XII de Madrid, siendo premio Nóbel, que no pudo obtener Louis Pasteur por no existir en su época. Si ahora vemos qué bienes poseen Pedro Sánchez Castejón y José Luis Rodríguez Zapatero, con muertos a sus espaldas y una polarización política,  amén de un estercolero en el que han convertido la democracia española, será fácil colegir que bien nos merecería a los españoles admirar a hombres como Louis Pasteur y don Santiago Ramón y Cajal, antes que a estos dos personajes socialistas del período más negro de la Democracia de España.

 


      LA BODA DE CHON RECALDE, DE GONZALO TORRENTE BALLESTER

Posiblemente no sea la mejor novela escrita por este brillante autor español, Gonzalo Torrente Ballester (1910-1999), aunque en su dedicatoria, a su nieto Matthew, a los pescadores gallegos y a Fernando Lara Bosch (1957-1995), in memoriam, se apresuró a relatar la vida de las humildes aldeas gallegas, en su lucha con el mar y la tierra, como la enorme presencia de la Armada española en el Ferrol y por sus costas, que, por tanto, junto a las personas de su dedicatoria, merecían un claro homenaje y constancia escrita de su presencia y su lucha, donde las costumbres sencillas, los habituales rituales religiosos y el matrimonio centran el relato.

De cualquier manera, como toda su obra, los habitantes, las personas de esa verde y siempre húmeda campiña, a la vera del océano, en su humilde deambular, en sus sencillas y humanas aspiraciones, son los protagonistas de este librito, en el que final y felizmente dos personajes encuentran la felicidad con su boda, el comerciante, Regino Sanz, dueño de una tienda de efectos navales y manco, por lo que no había podido alcanzar su sueño de ser marino, ahora, ya veterano,  estaba delante del altar para darle el “sí quiero” a una de las hijas menos agraciadas del capitán de navío Recalde, que había sido fusilada por no oponerse a la República y orden del Consejo de Guerra.

El relato principia en Villarreal de la Mar y va navegando como las mismas notas de los movimientos sinfónicos de Gustav Mahler, en un adagio por el que discurren las palabras castellanas como olas que suavemente golpean el casco de los bous y veleros en el que las velas de pronto parecen desplegarse,  suavemente, in crescendo, mientras los cabos golpean ligeramente la arboladura.

Bonita y pausada historia, donde la prosa, la imaginación y el siempre latente paisaje marítimo próximo al Finisterre,  que bien conociera Torrente Ballester logran que el lector sueñe con meigas en una saudade de olas, naufragios, combates navales y una mar donde el sol acostumbra allí a terminar su eterno periplo.

 

sábado, 13 de junio de 2026

Ayatolás, Netanyahu y Trump, tres Halcones que nunca alcanzarán la paz

 


                                        LOS AYATOLÁS, NETANYAHU Y TRUMP

Uno creería que cuando Netanyahu y Trump desencadenaron todo un entramado de ataque por aire y por mar contra el régimen de los ayatolás de Irán, el 28 de febrero de 2026, tendrían bien analizados los pros, los contras y la duración del envite, como también la fuerza del enemigo, su resistencia militar y social, pero cuando uno ve que todavía, en este día 13 de junio de 2026, la guerra sigue latente, con la contrariedad suprema de que el estrecho de Ormuz es hoy una baza a favor de los iraníes, con el enorme encarecimiento del crudo para el resto de las economías mundiales, amén del enorme despilfarro de armamento de los EEUU, la pérdida material en los Estados vecinos de Irán y aliados de los yanquis, sin que el objetivo prioritario de hacer cambiar el régimen de los Ayatolás por otro más flexible y menos autocrático o teocrático, casi medieval, se haya conseguido, estimaría que Trump y Netanyahu no tenían bien claro su agresiva respuesta.

No obstante, en este tablero mundial donde lo que las grandes potencias pretenden mostrar su poderío y su hegemonía, también hayan quedado ocultos otros propósitos, quizás dañar la economía China, hoy el posible mayor competidor de los EEUU, pues Rusia en cuanto al petróleo juega en otra liga, particularmente con esos millares de buques que llevan su petróleo a China o a la India, en barcos de conveniencia o burlando cualquier impedimento que Europa les ponga por su guerra contra Ucrania.

Y si los EEUU nada han logrado en Irán, quién ha estado detrás de ese enorme esfuerzo económico, acaso los Halcones de Washington que apuestan por el comercio creciente del armamento no son los verdaderos impulsores de esta guerra, como en el fondo de todas. ¿Por qué esa decidida voluntad de Trump y sus espoliques para que el mundo se rearme? ¿Acaso ya no quedan Palomas en Washington ni en el mundo para que el desarme que otrora se propuso el mundo sea una de las prioridades y esos inmensos recursos financieros se empleen para una mejor redistribución en los países del Tercer Mundo, especialmente en África?

No hay duda que un Estado libre, sea el que sea, la misma Bélgica como España, y el resto de Estados libres de la Unión Europea debieran tener una fuerza militar para disuadir cualquier ataque, ¿pero no se podría llevar a cabo el mismo esfuerzo cultural y de paz para que países como Rusia, Ucrania, Oriente Medio, Palestina e Israel, convivan pacíficamente?

¿Acaso EEUU, China, la Unión Europea, India, Rusia, Israel y todo el Oriente Medio, no pueden hallar un punto común de concordia?

En estas guerras del siglo XXI, donde la IA y los drones han encontrado su mejor campo de batalla, ¿acaso el cambio paradigmático de este nuevo armamento, como el de la bomba atómica como recurso extremo, que nueve países cuentan con ojivas nucleares, no ha cambiado la apuesta armamentística y guerrera, como la inversión económica militar?

Y en este impasse en el que desconocemos claramente qué armamento es el necesario para triunfar sobre el enemigo, o aún no ha sido desarrollado eficientemente por medio de satélites, ni qué ingentes sumas son necesarias para este infernal esfuerzo, no sería mejor apostar por una comunidad humana en el que el respeto a la Verdad, la Belleza, la Cultura y la Educación, como la fraternidad, nos harían a todos más felices y prósperos.

Tras el fracaso del golpe de los EEUU a Irán, que erróneamente creyeron que sería semejante al de Venezuela con Maduro, posiblemente por confiar ciegamente en Netanyahu, quién es aquel que se está “forrando”. Qué empresa yanqui de armamento es la que de verdad es la beneficiada en esta guerra. Qué gana Trump y su familia en esta guerra.

Desde tiempo inmemorial, las guerras que el hombre ha mantenido han sido siempre por el poder, por conseguir nuevos territorios o por alcanzar nuevas o mejores fuentes de energía, las hubo también por implantar una religión, escasamente los poetas y soñadores de la América hispana supieron que detrás de esa liberación Bolivariana, lo que detrás escondía era el poder de los criollos, pues, en el caso de España, pocos fueron esos españoles quienes mandaban en América, eran los mismos nativos, descendientes de ese mestizaje quienes aspiraban a una mayor porción de ese poder, sin que en verdad tuvieran grandes aspiraciones de mejora social, pues ellos mismos provenían del círculo de los poderosos autóctonos.

Volviendo a Extremo Oriente, el miedo y el proselitismo llevado a  cabo entre la población musulmana de Irán por los Ayatolás, como la enorme presencia del Consejo Revolucionario, como en cualquier dictadura las células en el campo,  pueblos y ciudades de los guardianes, hace muy improbable ese cambio repentino y esa Quinta columna que Trump y los suyos esperaban se hubieran levantado en Teherán, Isfahán, Tabriz, Hamadán, facilitando así su conquista.

En conclusión, Trump y sus ejecutivos midieron mal el golpe a Irán, se hicieron demasiado eco de las peticiones de Netanyahu, interesado en destruir a los iraníes, y han fortalecido la paciencia y discreción China, que sigue expandiendo sus tentáculos económicos por todo el orbe.

Por todo ello, acaso no valdría más cambiar de estrategia, buscar aquellos espacios de un mejor conocimiento mutuo, cultural y social. No es fácil, pero demostrado ha quedado que por la fuerza los EEUU nada han conseguido frente a Irán, o al menos una victoria Pírrica, aunque Trump poco sepa quien fuera Pirro y dónde estaba Épiro.

Confiemos que con Cuba, una vez más, Trump no vuelva a sembrar la isla de sangre y ruina, pues bastante hay ya en el Caribe y cambien de táctica, pues los matones ya pasaron a la historia y su mismo compatriota y Papa León XIV, ha dado muestras en sus homilías, discursos y manifestaciones, que puede y debe existir otra forma mejor para resolver los conflictos entre los seres humanos, que no sea el de las bombas y el terror.

lunes, 8 de junio de 2026

EL HEREJE, DE MIGUEL DELIBES. LOS PRIMEROS PASOS PROTESTANTES EN LA ESPAÑA DE CARLOS V

 


                                           El hereje, de Miguel Delibes

Es posible que en España pocos sepan que hubo un momento, aún con la enorme presencia de la Inquisición, en el que algunos de sus pobladores se inclinaban hacia la nueva religión que proponía Lutero, fue un grupo de destacados personajes castellanos, en su mayoría vallisoletanos, quienes se reunían en conventículos para reforzar sus creencias y aunar esfuerzos en su obra proselitista, aunque de manera precavida, pues el Santo Oficio podía detener a quienes hicieran apostasía de la causa Católica, Apostólica y Romana, que en España, tanto a nivel popular como en los órganos cercanos a la Monarquía y la Iglesia, tenían siempre  preeminencia.

Todo esta historia tiene lugar en el siglo XVI, en el reinado de Carlos V y también al poco de tomar el testigo de su padre, por parte de su sucesor Felipe II, lo que permitirá al gran escritor español Miguel Delibes (1920-2010) construir una atractiva novela  que, además obtendrá el premio Nacional de Narrativa 1999, está inserta en esa época y en esa geografía de Valladolid, su páramo y los pueblos vecinos.

El principal protagonista, sobre el que gira todo el relato, es Cipriano Salcedo, hijo de don Bernardo, un rico hacendado dedicado a la venta de pieles en Flandes, lo que sabremos por medio del primer capítulo: Los primeros años, donde conocemos la estirpe de don Bernardo, su hermano Ignacio, un relevante oidor en la Chancillería de Valladolid, sus negocios y la tardía llegada del infante Cipriano, como también la pérdida de su madre, poco después del alumbramiento,  y el odio que le generará al padre, por creerlo culpable de la muerte de la esposa.

Fechas en las que los castellanos se alzan contra el Rey, en lo que se llamó el Levantamiento de las Comunidades, hastiados de las enormes prerrogativas que ostentaban los flamencos que acompañaban al monarca.

Para alimentar a Cipriano, don Bernardo contratará en el páramo a Minervina, una joven de dieciséis años que acaba de perder a su hijo y en sus pechos tiene aún  leche bastante para ahora alimentar al huérfano de madre,  Cipriano, ambos apartados del discurrir del hogar del comerciante Salcedo, en la segunda planta, donde el niño y la nodriza se pasan los días juntos, sin que en el amo y padre despierte algún sentimiento. El cariño entre el chiquillo y la nodriza suplirá las pérdidas que ambos habían tenido y, mutuamente, sellarán un amor superior al materno-filial.

Tras las primeras oraciones que le enseña Minervina, don Bernardo se percata que ha de contratar a un perceptor, que será don Álvaro Cabeza de Vaca, y poco después será ingresado Cipriano interno en el Hospital de los Niños Expósitos, pagando otras cinco plazas y con el auxilio de su hermano Ignacio, abogado en la Real Chancillería, y directivo de la Cofradía de San José y de Nuestra Señora de la O, regidores de esta institución de beneficencia, centro afamado por el alto nivel de su profesorado.

Son fechas en las que el pensamiento de Erasmo de Rotterdam está muy presente, razón de una gran Conferencia en Valladolid a la que acuden miles de clérigos  que, sin embargo,  no podrá celebrarse por la llegada de la peste, momento en que, para protegerlo,  Cipriano es acogido en la casa de su tío Ignacio, que cuenta con una biblioteca con más de 500 libros, que el sobrino empezará a desflorar.

Ya con 14 años, Cipriano se volverá a encontrar con Minervina, con la que se abrazó íntimamente.

Descubiertos desnudos  por la esposa de su tío, Minervina será expulsada del servicio de don Bernardo, donde seguía trabajando.

Doctorado en Leyes, Cipriano tratará infructuosamente  de buscar por todas partes a Minervina, ya que su amor por ella no se ha desvanecido.

Cipriano es nombrado doctor, y  empieza a distraerse con el negocio del padre y a viajar por las distintas tierras de su propiedad y comercio, por lo que conoce a Segundo Cendón y a su hija Teodomira, apodada la Reina del Páramo,  por lo bien que esquila a las ovejas, con la que terminará casándose, a pesar de que no sienta un gran amor por ella y sí una fuerte pasión por la abundancia de “carne” de la que es portadora la moza del páramo, cuyo único deseo es quedarse embarazada.

A mediados del siglo XVI, la Corte española instala su capital en Valladolid.

En el segundo capítulo, Cipriano inicia su enorme atracción por hallar la verdad en la religión que profesa, ha viajado a Alemania, sus negocios le van muy bien, cuando Carlos V muere, apenado de no haber dado muerte a Lutero en Worms y exigiendo a su hijo Felipe II que castigue a los herejes.

Su relación matrimonial es infecunda y este hecho le causa grandes tormentos y disputas con su esposa Teo, tanto es así que terminará ella perdiendo la cabeza y encerrada en un manicomio, mientras él ya llevaba tiempo teniendo conventículos con hombres de la talla del Doktor Cazalla, doña Leonor de Vivero, madre del Doktor, Carlos de Seso y un buen número de adictos a la lectura de libros prohibidos y a las enseñanzas que les remite el sucesor de Lutero, Felipe Melenchton.

En un descuido de uno de los “hermanos” de esta secta que se reúnen semanalmente en conventículo, , que es denunciado a la Inquisición, Cipriano tratará de escapar, a través de Navarra y por el mismo lugar y la misma persona con quien tiempo antes había logrado cruzar la frontera para llegar a Alemania.  Huyendo en cuanto le llegan noticias del primer apresamiento en Pedrosa, camino de la frontera, pero ya en el paso que otrora usara para entrar en Francia, por Navarra, era apresado. Conducido devuelta hacia Valladolid, junto a otros relapsos, por las fuerzas del Santo Oficio, comprobarán  en cada pueblo por el que pasaban, que eran objeto del escarnio público, incluso de intentos de linchamiento, difíciles de contener por la fuerza pública, sobre todo por tierras navarras.

En el tercer capítulo, el del auto de fe, es la progresiva caída del grupo de disidentes católicos, que habían abrasado el protestantismo, en su primer célula castellana, que se irán delatando entre ellos mismos y apresados, en cárceles ocultas, donde sufrirán todo tipo de estragos para denunciar a sus cofrades o abandonar esta corriente herética, a lo que siempre se opondrá Cipriano, no así el resto de sus compañeros, excepción hecha de Beatriz, por lo que todos terminarán en la hoguera y ajusticiados a garrote.

Veinte serían las víctimas: los Cazalla y los restos de doña Leonor de Vivero, fray Domingo García, tres mujeres de la villa de Pedrosa, el bachiller Herrezuelo, el fámulo Juan Sánchez.

En una última confesión podían cambiar la suerte de la sentencia, la hoguera por el garrote. El cadáver de doña Leonor  de Vivero, fue desenterrado, ya que ella estaba muerta y enterrada,  y el solar de su casa sembrado de sal para escarmiento de las generaciones futuras.

En su encierro, Cipriano Salcedo, y a través de las notas que le pasaba un ayudante del carcelero, a cambio de la moneda correspondiente, se enamorará de la joven Ana Enríquez, que quisiera que se confesara para eludir la condena, y que ya él conocía de los últimos conventículos, aunque quedará libre tras una pena leve, “pues era demasiado hermosa para quemarla”, dirá él al conocer la noticia de la sentencia de liberación de ella.

Seguía el martilleo de los carpinteros, que a pesar de las gruesas paredes de la celda, le llegaba desde la plaza del Mercado, donde se llevaría a cabo la sentencia, con la asistencia del mismo Felipe II y toda su corte. Ya no podía tenerse en pie, pues los distintos tormentos a los que fue sometido terminaron rompiendo físicamente, no así su mente.

Algún día, le musitará al oído su tío, “estas cosas serán consideradas como un atropello contra la libertad que Cristo nos trajo”, tras anunciarle cuál será su condena: la hoguera.

Las campanas de toda la ciudad doblaban al unísono a partir de la una de la madrugada, en toques lentos de agonía. Una vez que cesó su tañido, empezó a oírse el rumor del gentío, los cascos de las caballerías en el empedrado, el rechinar de las ruedas de los carruajes.

A las cuatro de la madrugada entraron a despertarlos. El desayuno fue copioso, aunque Cipriano no probó bocado como seguro no harían ninguno de los reos puestos ya en capilla.

En la cárcel reinaba el desorden. Gentes que entraban y salían, los guardianes repartiendo por las celdas corozas y sambenitos, mientras los familiares de la Inquisición, con sus altos bombines marrones, esperaban en el patio, charlando en corrillos, a que se organizara la procesión.

Minervina volvió a coger el atalaje sobre el que iba Cipriano, que le conduciría al crematorio, entre los abucheos, las lágrimas y el rezo de la enorme muchedumbre.

Mientras crepitaban las maderas y ascendían las llamas que irían abrasando el palo sobre el que estaba atado Cipriano Salcedo, ningún gesto movió su faz ni ni ninguna exclamación brotó de su garganta, salvo su cabeza que se inclinó a un lado y, en pocos minutos, todo su cuerpo era presa del fuego.

En conclusión, tras la lectura de esta bellísima novela, no ya por su rico castellano y el dominio de vocablos hoy un tanto arcaicos, pero de enorme resonancia y razón de ser, al lector  le queda la amargura de que esos antepasados nuestros, de un elevado nivel intelectual, por esa aspiración humana de trillar otros caminos, de seguir otras veredas, terminaron con sus vidas en la hoguera, o ajusticiados por medio del cruel garrote.

Cierto es que fue el Papa quien impuso la Inquisición, cierto es también que fueron los RRCC quienes dieron entrada en su reino a esta policía religiosa que perseguía a todo aquel que discrepara de las normas de la Católica y Romana orden impuesta desde el Vaticano, que en el Concilio de Trento enmendó algunos desmanes de los clérigos de entonces, como que la Contrarreforma aprendió de sus errores y de la separación que llevaron a cabo hombres como Lutero y Calvino, pero es duro constatar que en España, buena parte del progreso que hubiera permitido una mayor liberación religiosa, como una mayor prosperidad y libertad, por culpa de la intransigencia religiosa, particularmente de la Inquisición, nunca pudo liberarse del lastre de un Catolicismo y una Iglesia fuertemente aferrada a la política del Reino, como a la dependencia administrativa de sus jerarcas.

Cabe reseñar que, visto con ojos y enseñanzas del siglo XXI, no es acertado denunciar ese pasado, que también otras grandes naciones padecieron, aunque visto y conocido el sufrimiento de esos compatriotas que aspiraban por otras vías culturales, por otras lecturas y por otras enseñanzas a otra verdad, su sufrimiento, su martirio y su muerte en la hoguera, no dejan de dejar un triste recuerdo y un enorme pesar por quienes tamaña barbarie sufrieron.

Pero todo este camino, de tragedias y hechos notables, es por el que España ha transitado en Europa y en América, gracias al cual la Iglesia católica ha contado recientemente con un Papa de raíz argentina y escuela Jesuítica, Francisco,  y ahora, en 2026, es un norteamericano, muy influido por la cultura que vivió en el Perú, con escuela Agustiniana, León XIV, de apellido Prevost.