AHORA HABLARÉ DE MI, DE ANTONIO
GALA
Aun cuando el ilustre Antonio
Gala (1930-2023) naciera en Brazatortas, en la provincia de Ciudad Real, sus
profundas raíces, su duende y su pasión, son netamente andaluzas y,
particularmente, cordobesas, como también muy vinculado a Madrid, donde tuvo
varias residencias y en Alhaurín el Grande, lugar de su museo y su escogida y
última residencia, en la finca de la Baltasara, rodeada de huertos y jardines,
además de la cercanía de un arroyo, que alguna vez que otra salió de su cauce e
inundó predios y casa, además de asustar a sus habitantes y perros. Este hondo sentimiento andaluz lo confiesa,
primero como contrario a las entonces conocidas, errónea y despreciablemente, como comunidades
llamadas con desacierto históricas, también en esa remembranza de los
andaluces en Madrid: La calle de Alcalá /
cómo reluce / cuando suben y bajan / los andaluces, hasta su confesión
definitiva, en las últimas líneas del prólogo de este libro: Pocas veces me he encontrado tan sujeto y
protegido por el amor de un pueblo del que soy, por quien soy, y al que, hasta
la última gota de mi sangre pertenezco, cuando en toda Andalucía, ya en
ciudades, barriadas como el Albayzín que tanto frecuentó, y en pueblos, era
recibido con los brazos abiertos y un profundo amor, amén de premios, como ese Barco de plata de Roquetas de Mar, que
citará en el capítulo dedicado a su relación con los alcaldes, en este caso del
trofeo que le entregaba Gabriel Amat, que nunca más después se ha vuelto a
otorgar, probablemente porque ese día estaba de moda, ya que el edil roquetero,
siempre excelente hombre de negocios y hábil diplomático, de escritores y
artistas, como de libros, me temo que entendía lo justo y, posiblemente,
tampoco la lectura de las obras de Antonio Gala han estado nunca entre sus
prioridades, a pesar del curioso obsequio que hizo, siempre bien merecido, sin
embargo y en la memoria del insigne escritor cordobés.
Gala fue un impertérrito viajero alrededor del
mundo, casi siempre invitado, gracias a
la fama de brillante escritor y elocuente conversador que pronto adquirió, como
nos cuenta en este libro, que es una somera autobiografía, singular, como toda
su obra, donde nos habla de todo aquello que le ha ido marcando en la vida y en
derredor suyo, hasta el año 2000, fecha de esta publicación.
El automóvil, que siempre le
gustó para poder ir a su manera y detenerse cuando algo le llamó la atención;
los alcaldes, que gustaban de llamarlo para inaugurar o dar boato a un evento,
aunque su presencia en uno de ellos en Granada, como ejemplar ciudad del
chavico, lo que él recibió por su participación, le pareciera a la prensa local
un tanto desproporcionado, a lo que él correspondió pocos años después con una
brillante obra sobre Boabdil y el reino nazarí, que según don Antonio, cubría
con creces la paga recibida por él y el dispendio hecho por la municipalidad
granadina.
En Mis lectores y yo, siguiente capítulo, declara que escribe porque lo necesito para sentirme vivo. Lorca
lo hacía para sentirse querido, quizás en ambos no como vocación sino como
destino, aunque al granadino muy joven fuera truncada su vida y donde debiera
haber sido protegido. Quizás la Providencia y los hados así lo quisieron, que
fuera entre Víznar y Alfacar, a unos pasos de la Aynadamar, o la Fuente de las
Lágrimas, como bien sabía Gala.
En cuanto a las gentes del teatro y él, además de tratar de ocultarles su edad
verdadera, tuvo de todo, especialmente grandes éxitos muy pronto, como Los
verdes campos del Edén (1963), Los buenos días perdidos (1972), Anillos para
una dama (1973), Petra Regalada (1980) y otros menos tiempo en cartelera, hasta
tanto abandonó su faceta de dramaturgo y los escenarios, un tanto asqueado con
el mundo de la farándula y sus estrellas.
En la obra el Hotelito (1985),
nos regaló una farsa vergonzante y desgarradora sobre la deformada
interpretación del Estado de la Autonomías, que bien merece la pena
redescubrir, a la vez que Carmen, Carmen (1988), un musical español.
También sabremos de su
persistente relación con los médicos, que se inició con su padre, médico de
cabecera, y tras sus numerosas lipotimias.
Con ocasión de su capítulo sobre
los perros, Troylo ocupa su predicamento, como mejor compañero, enterrado a la
sombra de un ciprés en la Baltasara y empleado para sus Charlas, además de
otros cuantos y su siempre profundo amor por los animales, aunque con los
toros, desde que su padre le llevara a una Plaza a los seis años, junto a Machaquito,
sigue atraído por todo lo que en la Corrida se mueve y el arte y destreza que
se ve obligado a mostrar el torero delante de un cornúpeta.
En los periodistas, donde siempre
tuvo crónicas, relatos y columnas, la
relación que quiere crecer sin dejar de
tener los derechos y las ternuras del niño.
En cuanto a los políticos y yo, vuelve a darnos una
lección que le hubiera venido muy bien a aquellos que con Pedro Sánchez,
socialista, gobernaron España bajo una
administración de desastres, tragedias y levantando un muro con una parte de
los ciudadanos, dirá: Consideraba la
política como una renuncia a la vida personal: el conocimiento de que uno
podría gobernar a su propio pueblo y hacerlo crecer y apresurarlo, y que en sus
manos estaba conseguirlo antes y mejor que en otras cualesquiera, y que,
llegada la hora que surgiese un mejor gobernante, con humildad y rectitud el
político le dejría su sitio y le abriría paso…Sabía que era un ingenuo.
Como estudiante de Ciencias Políticas y Económicas en Madrid, siempre tuvo con
él la Historia de las doctrinas
políticas, de Sabine.
Se manifestó contrario a la Otan
y se enfrentó a la dirección de González y Guerra, con quienes siempre se había
sentido cercano, sobre todo cuando defendieron la autonomía de Andalucía.
Y siempre será fiel seguidor de
las ideas de Jovellanos, que dijo que Un
Estado que no mejora la calidad y las condiciones de la vida, es una idea
chinesca: la idea de un fantasma que procura su propio auge, y llama a eso
bienestar de España.
Estando en Nueva York, en su
apartamento secreto, le telefoneó el socialista y alcalde de Barcelona, de
manera urgente, para ofrecerle que reanudara la tradición de los Jocs Florals,
que con la llegada de la República en el año 1931 desaparecieron, habiendo sido
sus mantenedores últimos, curiosamente un vizcaíno y un montañés, Unamuno y
Menéndez Vidal.
Con el PSOE terminó muy decepcionado,
a pesar de su íntima amistad y cercanía con sus máximos dirigentes, que expuso
en un artículo periodístico: Reflexiones
sobre un amanecer, confesando que hacía esas duras advertencias por
quererlos, pues a quienes él no quiere no se toma el trabajo de ponerlos
verdes.
Con Alfonso Guerra, tras la
conocida y feroz oposición a la OTAN de Antonio Gala, tiene una sabrosa
entrevista, que como buen escritor deja ahora plasmada y que es bueno tener
presente para conocer los entresijos de la política los Gobiernos y el mismo
socialismo, de ayer, siglo XX, y de hoy, siglo XXI.
Cité a (Alfonso) Guerra (año 1986,
tras el referéndum sobre la permanencia de España en la OTAN) una noche en mi casa para cenar a solas.
Comprendió lo que le decía. Tomó nota de quienes le decía.
-¿Y tú?- me preguntó-. A mí lo que me asombra es que nos hayas llamado
deshonestos . Comprendo que en el calor de un mitin uno se exceda. Pero
deshonestos…Antonio…¿Nosotros?
-Estoy escribiendo sobre el terrible dilema de la ética y el poder. Es
una función de teatro que se titulará Séneca o el beneficio de la duda (¿La
habrán conocido Pedro Sánchez, Óscar Puente, Irene Montero o Illa?...). Guerra frunció, molesto, el ceño-. Irá
prologado por Areilza (Conde de Motrico, antiguo franquista y que estuvo en
la misma lista que Alfonso Suárez para que Juan Carlos I eligiera al Presidente
de Gobierno) y por Sádaba (Filósofo y
catedrático de Ética en la Universidad Autónoma de Madrid)- frunció el ceño aún más.
-Me refiero a si tú tienes quejas, personalmente, de nosotros.
-Nunca he recibido nada de nada. Nadie ha tenido conmigo el menor
detalle.
-¿Qué es lo que te gustaría?
-La dirección de la Academia de España en Roma.- Se aligeró su ceño.
-Haz las maletas.
-Era una broma, Alfonso –dije en voz baja y con cierto pesar-. Tampoco
habría aceptado nada de nadie.
Fue esa noche la primera vez que oí hablar de los incontrolables
portadores de maletines que pedían el quince por ciento de cualquier cosa (¿Vendrán
de esa escuela las joyas de Rodríguez Zapatero, años después o la riqueza
acumulada por Jordi Pujol en Cataluña?). Luego
las culpas fueron amontonándose. Los socialistas eran los míos. Por eso me
dolieron. Por eso me dolía verme obligado a escribir las Proas y las Troneras
de El Independiente.
Fue condecorado por izquierdas y
derechas, mientras que con los políticos del PP mantuvo un trato puntual. Tras su NO a la OTAN, contrario a los socialistas,
sus amigos, volvió tranquilo a sus casillas,
donde escribo estas ligeras páginas, y dentro de ellas haré lo que esté en mi
mano por mi país y por mi gente.
Termina este capítulo con una
mención especial sobre Gorbachov, donde deja patente su admiración por el ruso
y la buena relación personal que con él tuvo.
En Mis casas y yo, los distintos lugares donde residió, Sevilla, por
sus estudios; Córdoba, por su infancia; luego Madrid, para terminar su carrera.
También el piso que en Chamartin, a muy buen precio, compró a Julio Iglesias,
empezando ya a hacer las Américas, y por fin la Baltasara, en Alhaurín el
Grande.
De supersticiones y hallazgos
inesperados también nos hablará, como su confesión de serlo.
Los escritores, los animales y él
también serán objeto de recuerdos y entrañables memorias.
En cuanto a las drogas, no queda
muy claro si las probó todas aquellas que menciona, por su clara voluntad de
conocer e impenetrar los efectos, las suele aceptar, aunque la xenofobia rodeó a las primeras prohibiciones
de las que vienen todas las demás: el opio se asoció con los chinos; la cocaína,
con los negros; el alcohol, con los blancos europeos; el hachís y la marihuana,
con los hispanos. Detestando que no se vaya contra las causas de las
drogadicciones sino contra sus efectos. Eso sí, fue un empedernido fumador.
En los viajes mostró que lo hizo
por todo el orbe y que en todo lugar fue curioso y trató de aprender en cada
lugar que llegó, viéndose recompensado siempre con el término y regreso a su
casa. Siendo frecuentes sus visitas a Granada y Almería, bien por disfrutar en
esta última de sus playas vírgenes y la ciudad de la Alhambra por amores,
mientras que también en el teatro de Cervantes de Almería, a petición de la
Junta de Andalucía, recibía el título de uno de los ocho andaluces universales.
De las artes sabemos que empezó
dibujando, como hiciera Lorca y que tuvo en gran estima la música, que empleó
junto a alguna de sus obras.
Muchas fueron las ciudades que
conoció bien: Córdoba, las restantes capitales andaluzas, buena parte de las
del resto de España, Florencia, Roma, san Francisco, Nueva York, Nápoles, El
Cairo, Damasco, México D.F, Tokio, Londres, Hong Kong, Atenas, Sanáa, Buenos
Aires, Bogotá, Caracas, Santiago de Chile,…
En las bebidas también tiene
capítulo aparte.
En El dolor, la alegría y él,
sabemos que no escribe para olvidar, que lo hace para vivir más y que un día,
tan entusiasmado y, quizás, enamorado estaba, que en una taberna del Albaycín,
el centenar de sonetos de la Zubia que había escrito los extravió, sin que
nadie de los taberneros se percataran del valor de los mismos y los rescataran.
El pasado es un camino, no siempre recto, para alcanzar el hoy; el
mañana, si es que te llega será una consecuencia que ha de traer entre las
manos su propio afán.
Y recuérdalo a cada instante: la obligación más exigible de un ser vivo
–la primera- es vivir: vivir por encima de todo lo demás.
Los últimos capítulos: El rocío y
yo, Los mercados y yo, Los amigos y yo, y los Amores y yo, dejará escritas sus
páginas más bellas, en un autor en el que la belleza de sus palabras, la
prodigiosa memoria y su orientación filosófica y didáctica están siempre
presentes.
Aquí quedan algunas notas
extraídas de un viaje en su historia y, parcialmente también en muchos
lectores, como quien esto firma, a saber:
Andalucía es la gran inventora de un arte: el dolor y el de la sangre.
Ella acostumbra poner la belleza en trance de agonía, en un terrible y
voluntario riesgo. Y cuando lo supere, vendrá el admirable y aliviado olé. En
los toros, en el cante, en el baile, en las Semanas santas…(Y ahora hasta
en el fútbol).
A la Romanilla de Granada, que ya no está (¿dónde se van las cosas?,
¿qué hemos hecho con ellas?, ¿qué ha sido de nosotros?)
Al igual que Montesquieu, más
conocido por su separación de poderes, se declaraba estar enamorado de la
amistad.
Dos amigos siempre tienen una raíz común, como las ramas de un solo
árbol que, en último término, producen hojas y flores semejantes…Por supuesto
que caben diferencias: de opinión, de pasado, de actitud, de aspiraciones; pero
la amistad, llegado el caso, lo unificará todo, lo comprenderá todo…
Nos revelará también que dos de
sus grandes amigos, Teodulfo Lagunero y su mujer Rocío, introdujeron en España
al comunista Carrillo, oculto tras unas gafas de sol y una peluca, dentro de su
Mercedes.
Y en cuanto a los amores, con lo
que pone punto final, muchos debieron ser, aunque cabe la duda si su pasión por
la escritura no sería quien vencería, a pesar de que en su corazón sigue latiendo
una antigua sombra o pérdidas que los perros, la Baltasara, sus numerosos
amigos íntimos y sus obras, sin embargo, le impidieron perecer por amor,
alguien a quien su Patria y su gente siempre le cautivó y para ellos derramó
todo el enorme talento que poseía.






