DE LAS CELEBRACIONES FAMILIARES Y
LA POLÍTICA
De un tiempo a esta parte, probablemente
en estos últimos años, hablar de política en familia, también entre amigos o
reuniones de antiguos alumnos, de viejas hermandades o de veteranos de
cualquier pelaje, como de viejas “glorias”, se ha convertido en tabú, pues el
choque entre unas ideas, unos partidos políticos o unos hechos acontecidos, de
ayer o de la más reciente actualidad, pueden dar lugar a conatos y
desencuentros nunca antes imaginados, que enturbian la reunión o las buenas
formas en la mesa.
Bien sabido es que antaño, hablar
de política nadie lo hacía, bien por ignorancia, porque estuvo prohibido o
porque entre las élites políticas: aquellos que comen, viven y se apoltronan y
sacan provecho de lo que han hecho su oficio y “pesebre”, se solían llevar
bien. Se tiraban los trastos en un mitin o en el Congreso de los Diputados, el
Senado era más indolente, pero entre “bambalinas”, acostumbraban a echarse
flores, a salir de cañas, a pasarse el teléfono de alguna “sobrina” que
estuviera dispuesta a hacerles pasar un buen rato o, entre ellos, hacerse
favores mutuamente, bien otorgándole un puesto de trabajo al cuñado, al amigo o
al yerno, a veces, a la querida o al mismo guardaespaldas, o tener dispuesta la
“puerta giratoria” para una colocación futura en el consejo de dirección de una
empresa eléctrica, de una Caja de ahorros o en Correos.
Sin embargo, desde que alcanzara
el poder Bambi, José Luis Rodríguez
Zapatero, aquel mediocre licenciado en Derecho por la universidad de León, del no a la guerra, pasó a declarar que socialista
es aquel que nada tiene y más da, de ahí a custodiar en su caja fuerte,
joyas que, según si mismo y su más íntima secretaria, eran modestos regalos de
su esposa Sonsoles, necesarios para su atuendo en los coros, mientras el
régimen de Maduro y su “princesa” Delcy Rodríguez, a él y a sus hijas, acostumbraban a agasajarlos con generosa esplendidez,
cuando se tasaban esas alhajas en un
millón largo de euros, presuntamente fruto de una obra de concusión
gubernativa.
Tras el gobierno de la Ceja
enhiesta, llegó el anodino Rajoy, del partido Popular, quien recogió
el testigo de un país al borde del rescate, con unas cifras de paro nunca antes
conocidas, con la clase media española arruinada y, pronto, con un golpe de
Estado en Cataluña, por parte del separatismo de Esquerra y los esquejes que amparaba
el tahúr Jordi Pujol, que a base del tres
per cent, él y su familia se habían enriquecido ilícitamente, sin que por
ello hayan ido a la cárcel ni devuelvan lo robado, mientras denunciaban Espanya ens roba para justificar su
sedición.
El ingenuo y naíf Rajoy, sin que
el CNI, ni las fuerzas del Estado supieran nunca a qué chino el catalanismo le
compró las urnas, ni dónde eran guardadas; superado el process por el artículo 155, con el mitigado respaldo de Pedro
Sánchez (PSOE) y tras aprobar los presupuesto generales del
Estado, con el concurso “desinteresado” siempre del PNV, se dispuso a presentar
una moción de censura, visto que la economía empezaba a enderezarse, que creía
ganada según su edecán, la castellana, Soraya Sáenz de Santamaría, quien como
Aznar, cuando visitaban Barcelona repentinamente hablaban catalán,
Sin embargo, el gallego de los tractores o de que a veces la mejor decisión es no tomar ninguna decisión, que tenía
en su poder el voto mayoritario de los españoles junto a Ciudadanos de Rivera, el
1 de junio de 2018, fue desalojado del Gobierno por una coalición Frankenstein, en cuya coctelera residía
lo peor de la nación española. La encabezaba Pedro Sánchez del PSOE y le
seguían Podemos (del ínclito Pablo Iglesias e Irene Montero, que pronto se
mudarían desde Vallecas a su palacete de Galapagar), PNV, Esquerra Republicana
(Golpistas), Bildu (ETA), En Comu, Junts (Golpistas-Puigdemont, hoy), Marea,
Compromis y Nueva Canarias, decididos en su mayoría a implosionar los acuerdos que se fraguaron en
los Pactos de la Moncloa de 1977, levantar un muro entre los españoles, a cuyos
oponentes o críticos desde entonces llamarían fachas, sacar de las cárceles a los asesinos de ETA y conducir su
Gobierno de manera autocrática, sin presupuestos generales, de espaldas al
Parlamento y tratando de cambiar la Constitución, como haciendo prosélitos de
una mentira y de unas propuestas cuyo único fin son los de conservar la
poltrona, cueste lo que cueste.
De este modo tan abrupto, tan
contrario a veteranos del mismo PSOE: González, Guerra, Redondo, el fallecido
Pérez Rubalcaba; a sus principios, a sus
valores, se encarama en el Gobierno de España un falsario Pedro Sánchez
Castejón, pues manipuló los votos en la sede de su partido, fue financiado por
su suegro, un antiguo militante de Fuerza Nueva y propietario de prostíbulos,
Sabiniano Gómez, donde su hija y esposa de este nuevo Presidente de Gobierno,
ejercía de administradora; rodeándose de corruptos como ´su brazo derecho en el
Ministerio y el PSOE, Ábalos, autor de la moción de censura socialista, a quien le sucedería Santos Cerdán en Ferraz,
también imputado judicialmente por corrupción y probablemente por financiación
irregular del PSOE, como por sobres y chistorras
(billetes de 500 euros) que acostumbraba a recibir Koldo, el guardaespaldas
y muñidor de Ábalos.
Tras ocho años de mandato, sin
que nunca ganara elección alguna, y con el perverso respaldo de 7 votos de los
separatistas catalanes liderados por el prófugo Puigdemont, que Sánchez declaró
que traería y sentaría ante la Justicia, éste hombre y su camarilla, solo han
acumulado desastres: Adamuz, 37 fallecidos; 237 víctimas en la DANA de Valencia;
inflación en ascenso; pérdida general del poder adquisitivo; retrasos continuos
en Cercanías, AVE y resto de ferrocarriles; promesas incumplidas de
construcción de viviendas; carestía de los alquileres; ocupación de espacios
públicos: Sol; huelga promovida contra la oposición el próximo noviembre (lo
nunca visto en democracia alguna); inmigración sin leyes que ordenen ese
tráfico; Cataluña con financiación privilegiada; Ley de nietos (otra forma
nueva e imaginativa de adulterar el censo electoral); costas tomada por los
narcos y el colofón ya, Ceuta invadida por una marabunta de marroquíes que
siguen deambulando e infectando sus plazas y calles, sin que hayan sido todos
deportados ipso facto, mientras Pedro Sánchez, tras sus vacaciones, un día dice que es una invasión y al siguiente que Marruecos nada tiene que ver; cuando nuestras
aguas territoriales han sido traspasadas por sus guardacostas y cuando éstos
mismos, por la borda, echaban al mar a esos mismos compatriotas suyos para que
alcanzaran las playas de Ceuta.
Pues bien, si a alguien, en esa
reunión familiar o entre amigos, a un socialista, de esos que ni siquiera saben
cuál es la doctrina que sustenta esas ideas de izquierdas, ni qué tampoco sean
los de las dádivas públicas, la subvención, una ONG o el favor del partido, tampoco
saben gran cosa de nuestra historia, pero sí por tradición y el ser rehén de programas de televisión
adulterados y una hábil propaganda, al estilo de Tezanos en el CIS, y el miedo
que propalan sus dirigentes a una extrema derecha, que ellos mismos por sus
falacias y su incompetencia han hecho posible que crezca entre los jóvenes y
quienes desean para España una mayor presencia del Estado en todas y cada una
de sus regiones, trata de poner sobre la mesa, con serenidad y buena compostura,
el balance del gobierno del siniestro Sánchez, el paisano, amigo o pariente, se
levantará, arrojará la servilleta, no sin antes, como siempre, declarar que los
otros también han robado y que ellos, sin embargo, siempre les seguirán
votando, pues son de izquierdas desde que mamaron en la ubre de Franco, que les otorgó viviendas sindicales, los
emigrantes españoles en Europa les enviaban remesas para que pudieran estudiar
y se hicieran Polos de desarrollo en Cataluña, País Vasco y Madrid, recibían tierras
llamadas de colonización, cuentan con
una Sanidad Pública y, desgraciadamente, se han jubilado o pronto lo harán,
cada vez más tarde, sin que se sepa si habrá fondos para pagarlas, mientras los
pobladores nacionales no tienen hijos y sí perros, cuando los inmigrantes del
Maghreb pasean por sus calles, ahora pavimentadas, con tres o más chiquillos y
en la Sexta o TVE, los programas teledirigidos desde Moncloa, le muestran al “aterrador”
Milei (votado democráticamente por los argentinos) con su motosierra, a Trump
hablando de España y una flotilla navegando hacia Palestina, mientras que en
nuestra isla hermana de Cuba, o en Venezuela, sus pobladores se ven forzados a
emigrar y los que quedan, no tienen luz y carecen de libertad, muchos siguen
apresados por luchar por la democracia y contra ese socialismo que patrocinaron
socialistas y comunistas españoles.
¡Buen provecho!









