HA ESTALLADO LA PAZ, DE JOSÉ Mª
GIRONELLA
Allá por los años 60, del siglo
XX, el escritor ampurdanés José Mª Gironella (1917-2003), testigo directo de la
IIª República española, como también interviniente en la Guerra Civil,
pretendió emular a Benito Pérez Galdós con los Episodios Nacionales, ahora con
el drama de nuestra contienda militar, ciertamente con menor bagaje literario
que el canario, pero eso sí, con un una brillante trilogía sobre un trágico
momento de la historia de España, que aún hoy, en el siglo XXI, sigue muy
presente y que, algunos políticos de izquierdas, aunque corruptos, quieren
seguir manteniendo viva la disputa entre dos frentes, los vencidos y los
vencedores, como si aquel enfrentamiento entre hermanos no hubiera sido ya
enterrado y sólo sirviera a historiadores y la paz, piedad y perdón que en su último discurso como Jefe de Estado,
en Barcelona, pidiera Azaña, no se quisiera observar en aras a una convivencia
fraterna, cuya batalla perdieron ambos bandos, pues causó ruina, atraso y
cuarenta años de dictadura.
Alrededor de la familia Alvear:
Matías y Carmen Elgazu, y en el marco
geográfico de la ciudad de Gerona, Gironella, ya en su novela precedente: Un
millón de muertos, y ahora en Ha estallado la paz, nos enseña cuanto aconteció
en esa España, en esta última obra, para
la que empleó tres años, desde el mismo
instante que el Generalísimo, en su último bando manuscrito del 1º de Abril de
1939, desde Burgos, anunciara: En el día
de hoy cautivo y desarmado el Ejército Rojo, han alcanzado las tropas
nacionales sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado, los
acontecimientos más notables que desde entonces hasta el 12 de abril de 1941,
tuvieron lugar, donde la presencia de la Iglesia católica, el ejército y la
Falange, están muy presentes, también algunos de aquellos dirigentes
republicanos que se exiliaron en Francia o que, tras la toma de París por los
nazis, terminaron instalándose en Londres y en Nueva York, otros, los
comunistas, emigrados a Moscú y obligados a formarse como soviéticos, y los
más, la ingente masa de desafortunados, tendidos sobre la arena en los campos
de concentració que los franceses levantaron en las playas de Argelès o
Saint-Cyprien, una muchedumbre republicana famélica, comida por los piojos,
rodeada de alambre espino, custodiada por soldados senegaleses, que a razón de
400 diarios, empezarían a volver a cruzar la frontera, decididos a acabar con
su infierno, su derrota y su suerte, y a
que las fuerzas de Franco, en la frontera, dispusieran de ellos.
Cierto es que los nuevos
dirigentes gerundenses suelen ser
forasteros, unos deseando regresar a sus ciudades de origen, como el Gobernador
Militar y su esposa, ambos santanderinos, otros descubriendo que en Gerona
existían muchas oportunidades para emprender negocios, en esa nueva España que
había que reconstruir apresuradamente, que precisaba de la cartilla de
racionamiento o que llevaba a cabo exámenes
patrióticos fáciles, para que se
obtuvieran los títulos necesarios en aquellos universitarios que habían tenido
que interrumpir sus estudios.
Aquellos que estuvieron
comprometidos con el bando nacional y pudieron huir a Francia, o participaron
con Falange y los Requetés, también en el ejército, durante la guerra, ahora ostentaban el poder,
tal era el caso de Mateo Santos, Jefe Provincial de FET y de las Jons, que se casará con Pilar
Alvear, hermana del malogrado César, seminarista que en la novela precedente
fuera asesinado por los milicianos y cuya identificación se verá obligado a
hacer su hermano Ignacio, tendido en la entrada del camposanto a los pies de
Montilivi, y tras el día de la Victoria, superado el examen patriótico, nuevo
abogado.
Aparece también la enorme
presencia del Frente de Juventudes y el Servicio Social de las chicas, con sus
campamentos, desfiles y uniformidad, donde Marta, la novia de Ignacio, es una
activa y comprometida militante falangista; como la incipiente presencia del Opus Dei, como
también de los jesuitas, ambas organizaciones católicas con dispares criterios
en materia de religión, pero reordenando la vida y siendo parte de los pilares
de ese nuevo Estado.
Es una época en la que la gente
trata de olvidar apresuradamente cuanto aconteció, a la vez que a los que han
desaparecido, que se ven forzados a utilizar el español, a menguar en su
folclore regional, ya que el catalán y las antiguas costumbres locales pasan a
segundo plano y no suelen estar bien vistas, como uno de los factores que
desencadenó la pasada disputa.
Procesiones, rezos asamblearios,
como el paulatino regreso de los exiliados, después de que las mujeres buscaran
a sus maridos, hermanos, hijos, en la frontera o en la Carbonera de Figueras,
anhelando su retorno y siendo posteriormente recluidos para ser interrogados, y
tras el aval, de familiares o de las
autoridades franquistas, autorizaran su
vuelta, siempre con la necesidad de un aval o informes de la Iglesia y de los
dirigentes para su integración, la recuperación de aquello que se les privó y
el recuerdo permanente de aquellos hijos de empresarios o banqueros, como de
religiosos, que fueron asesinados, a la vez que la dirección política por parte
del Ejército y de los falangistas, con la siempre viva y oculta presencia de
algún separatista, como el caso de Jaime, la de una prensa, el Amanecer, a
disposición de ese nuevo régimen, además del compromiso de todos por conservar
tradiciones religiosas y la veneración a la figura de José Antonio Primo de
Rivera, a quien el mismo F.C. Barcelona en pleno, acude al Escorial para
depositar un ramo de flores en su tumba, mientras se está construyendo en
Cuelgamuros el Valle de los Caídos, con
la cruz más alta del universo católico, a instancias del mismo Francisco
Franco.
El repaso a ese tiempo, en la
novela, termina cuando Ignacio, ya casado con Pilar y esperando un hijo, tras
el discurso de Serrano Súñer en Barcelona: Rusia
es culpable, se inscribe en la División Azul, por su compromiso político y
a pesar del dolor que causa a su padre y a su esposa, para combatir a los
comunistas ruso, a quienes culpan de la guerra de España, junto a la Wehrmacht alemana.
La novela merecería ser
obligatoria su lectura y conocimiento en la enseñanza española, pues nos da a
conocer lo que pasó en la posguerra, aunque circunscrito a Gerona, pero en
cuanto a la sociedad, con sus avatares humanos: sexuales, sociales, pederastia,
religiosos, políticos, periodísticos, seguro que era un fiel reflejo de cuanto
aconteció en cualquier otro punto de España, cierto es que tuvo en cuanto se
publicó, una gran difusión, aceptación y premios, razón de más para que en este
siglo XXI, en el que una nueva confrontación en dos bandos: conservadores y
progresistas, se hace más acusado, y que la política parece más un ejercicio de
corruptelas que un arte por el bien común, es el espejo que nos debe recordar
cual fue el pasado de nuestros abuelos y padres, como la lección necesaria para
evitar volver a caer en los mismos errores de nuestros antepasados más cercanos.
Brillante y ameno relato, pues,
de un momento difícil para España, que con gran maestría Gironella nos embarca,
fiel reflejo de una sociedad que ha vivido un enorme sobresalto vital y que
está dispuesta a resurgir, aunque para muchas familias, los muertos, en un
bando y en otro, laceren esa prosperidad y esa alegría que se atisba en la
voluntad de los supervivientes de superar, en un momento en el que fuera de
nuestras fronteras las dudas sobre el avance nazi en Rusia empiecen a flaquear y el respaldo
yanqui a Gran Bretaña, insufle esperanzas a los anglófilos hispanos, de un
probable cambio en el discurrir de la Segunda Guerra Mundial, tras Pearl
Harbour, cuando en la península ibérica el Régimen se haga fuerte sobre las
columnas del Ejército y la Iglesia.







