martes, 22 de septiembre de 2026

CIENTO CUARENTA Y UN MARROQUÍES, O MÁS, A QUIENES NADIE SE INTERESÓ POR ELLOS, NI SU PAÍS RECLAMA SUS CUERPOS.

 


LOS AHOGADOS MARROQUÍES, A QUIENES NADIE LES IMPORTÓ SU VIDA


Ciento cuarenta y un marroquíes, o más,  ahogados que su Gobierno ni el sultán Mohamed VI quieren darle sepultura en su suelo.
Ciento cuarenta y un marroquíes ahogados, o más,  que su país natal no le ofrecía ninguna esperanza de futuro.
Ciento cuarenta y un marroquíes ahogados, o más,  que nunca sabrán sus familiares y amigos dónde descansan.
Ciento cuarenta y un marroquíes ahogados, o más,  que ya no podrán rebelarse contra el poder corrupto de Mohamed VI, su camarilla y la gendarmería.
Ciento cuarenta y un marroquíes ahogados, o más,  a quienes en España los socialistas, los comunistas, los populistas y las huestes femeninas no llorarán, pues nunca les han importado.
Ciento cuarenta y un marroquíes ahogados, o más,  que antes de echarse al mar deberían haberse dirigido contra su rey, sus gobernantes y su policía corruptos, en demanda de prosperidad y justicia, en vez de gasto en armamento y represión.
Ciento cuarenta y un marroquíes ahogados, o más,  que perdieron la vida, sus sueños y el abrazo de sus padres y descansar en la tierra que les vio nacer.
Ciento cuarenta y un marroquíes ahogados, o más,  carne de cañón para que Mohamed VI, Pedro Sánchez, Rufián y la manada de políticos que han hecho de la política su trabajo y su pesebre, se sigan enriqueciendo, coloquen a su mujer, al hermano, la hermana y al amigo, o se llenen los bolsillos con esmeraldas y rubíes, como Zapatero.
Ciento cuarenta y un marroquíes ahogados, o más,  a quienes ni Marruecos ni España les importó su vida.
Ciento cuarenta y un marroquíes ahogados, o más,  que mejor hubieran hecho en seguir pastoreando cabras por el Atlas, pidiendo en los zocos a los turistas o malviviendo en Marruecos, mientras se alzan campos de futbol faraónicos y los ingresos financieros de Mohamed VI y sus fámulos crecen, en Rabat y París.

 

CARLOS DEL VALLE, UN SABIO ESTUDIOSO DEL ENTRAMADO ESPAÑOL JUDEO-CRISTIANO

 




UNA VIDA DEDICADA A UNA GRAN OBRA, UN TANTO DESCONOCIDA, LA DEL INSIGNE DOCTOR CARLOS DEL VALLE.

En este 2026, una eminencia y un laborioso investigador sobre el judaísmo ha fallecido en Madrid, el doctor Carlos del Valle. Sus libros, innumerables, probablemente nunca lleguen a leerse completamente, pues no son nada fáciles de lectura, por la enormidad de las citas, la abundante documentación y bibliografía necesaria para aseverar cuanto se dice y escribe, quien esto firma, ha tenido la fortuna de leer “por encima” tres de su numerosa lista: Errores y falsedades del Talmud, Polémica judeo-cristiana, estudios y La inconsistencia de los dogmas cristianos de Crescas.

En toda esta obra sí queda claro que, por gran parte de las venas de los españoles de ayer y de hoy, corre sangre judía, no sólo por la presencia en la península y ciudades de Africa, como Ceuta y Melilla, también en Mallorca, de los judíos, sino porque muchos se vieron obligados, voluntariamente o forzados, como Jerónimo de Santa Fe, antes Yehoshúa ha-Lorqui y Salomon ha-Leví, después de su conversión Pablo de Santa María, a integrar la sociedad que desde entonces, con sus pogromos, su Inquisición y los edictos de los Reyes Católicos de 1492, se ha ido tejiendo en España.

Por la Disputa de Tortosa, que duró dos años, empezada en 1412, superior a los tres o cuatro días que duró la Disputa de París (1246) o la de Barcelona (1263) de una semana de duración, o aquellas otras de Ceuta de 1179, muestra ya de la españolidad de esta plaza y su vinculación espiritual con la península y Europa, entre otras muchas que hubieron entonces, se trataba de demostrar que en Jesús se habían cumplido las promesas mesiánicas, tanto por las Sagradas Escrituras como también por el Talmud y el Midrás.

En esa convención de Tortosa, su resultado fue la conversión masiva de judíos, hasta el punto de que aljamas enteras desaparecieron  y otras quedaron muy disminuidas, casi extintas.

En Crescas, una de las personalidades judías más complejas y variopintas de la Baja Edad Media hispana, nos dirá el doctor Del Valle, nos presenta a uno de los principales restauradores y defensores de las aljamas destruidas, nacido en Barcelona, gran maestro del Talmud y de la propagación del judaísmo en Aragón, aunque perdió a su hijo, tras el asalto al castillo de Barcelona, donde se había refugiado con su esposa, el año 1391, fecha del asalto a la judería catalana y su total expolio y desaparición por la muchedumbre.

En suma, en estos tres libros, además de la sabiduría e investigación realizada por el doctor Del Valle, también tenemos retazos de ese pasado español medieval y de las controversias religiosas entre cristianos y judíos, con una documentación asombrosa y toda una vida dedicada a tan loable labor que, seguramente no habrá merecido las primeras páginas de los periódicos, pero que para cualquiera a quien la historia de España le apasione o la de los judíos, tendrá que contar y aprovechar la erudición y el trabajo inconmensurable realizado por don Carlos del Valle Rodríguez. Que Dios guarde.


domingo, 20 de septiembre de 2026

ÉMILE VERHAEREN, LES AILES ROUGES DE LA GUERRE. LE LIVRE ET L'AUTEUR TÉMOINS DE LA GUERRE

 


               ÉMILE VERHAEREN. LES AILES ROUGES DE LA GUERRE

Livre de poémes en prose rimée que l’auteur flamand, Émile Verhaeren (Sint-Amands 1855-Rouen 1916) écrivant en langue  francaise montre comme dénonce d’une guerre, la Première Modiale, 1914-1918, dans laquelle les allemands sont “les exterminateurs de races”, les effets et les armes employées, aussi les monuments détruits, comme la cathédrale de Reims et les exodes des gens, le poète soldat et les morts à Liége et à Ypres,

C’est donc le temoigne d’un belge qui souffre et qui prends sa plume pour décrire à sa manière, l’intervention de tous ceux qui vont participer dans la désolation de l’Europe, et qui, tristement, une fois encore en 1940, l’histoire rétounera aux mêmes lieux que Verhaeren décrit dans ce livre.

Certainement que ce n’est pas le meilleur travail du flamand, ni en poèsie ni en prose, mais au moins nous sommes certains que c’est le meilleur témoignage d’un temps où les dirigeants politiques et militaires ont préféré tuer et anéantir ses voisins que s’occuper de son propre pays et du destin de ses mêmes concitoyens, comme aussi de la paix.

sábado, 19 de septiembre de 2026

ÉMILE VERHAEREN, EN CONTES DE MINUIT, Y UN RECUERDO Y SEMBLANZA DE BÉCQUER, AMBOS DE ANCESTROS BELGAS

 


                      ÉMILE VERHAEREN. CONTES DE MINUIT Y BÉCQUER

Tras leer Contes de Minuit del poeta belga, en lengua francesa, Émile Verhaeren (Sint-Amands, Flandes, Bélgica, 1856-Ruan, Francia, 1916), trae al lector de inmediato a la memoria la lectura de las Rimas y Leyendas de Gustavo Adolfo Bécquer (Sevilla, 1836-Madrid, 1870), por lo que trataremos de acercar a estos dos poetas que, por lo menos, tuvieron común sus profundas raíces flamencas familiares, la religión y de una manera particular la observación de la vida y su propio entorno geográfico y social.

Émile Verhaeren, ciertamente que es un poeta en el que la prosa rimada domina la liturgia de la poesía en sí y muestra un sentimiento optimista de la vida, también en Les Ailes rouges de la Guerre (sobre la primera Guerra mundial) como el avance y el progreso que, en su joven nación, Bélgica,  acababa de independizarse en 1830, sin que por ello en su visión no decaiga  el cuadro de la vida y los hechos que ha conocido desde niño en ese ambiente de abundantes ríos y una tierra plana, enormemente fructífera y de una burguesía opulenta, como de tierras grasas y de generosos frutos, que conservan la religión católica como una importante posesión, que los españoles con los Tercios de Flandes y Juan de Austria, como el Duque de Alba, trataron de conservar para los belgas frente al avance luterano y, posterior, flujo calvinista.

Contes de minuit, o Cuentos de medianoche, cuenta con tres títulos y tres historias: Conte gras, Cuento graso o feraz, que sucede a Ernest Vincks en Amberes, quien disfruta de una casa repleta de pinturas que le recuerdan siempre su vida de glotonería, por lo que de ella no acostumbra a salir, aunque un cuadro de un Cristo flaco y raquítico, en una dependencia vecina, enfrentado al salón de su lujuriosa vida, sus pinturas murales terminan por derretirse y caerle encima a Vincks una grasa que todo lo envuelve. Decidido a poner fin a esta angustia y convencido que las francachelas de sus techos y sus kermesses  flamencas poco se entienden con ese Cristo enjuto, que termina por arrojarlo del salón, romper la tela y, convencerse que la delgadez de aquel Cristo nunca sería compatible con las carnes de las criaturas de los techos y paredes del salón junto a la variedad de comistrajes mostrados en el salón, volviendo todo a su anterior tranquilidad. Noél en Flandre (Navidad en Flandes) veinticuatro de diciembre en Flandes, donde todos y cada uno de aquellos pueblos consideran que San José, la Virgen y el Niño Jesús, encuentran su belén por estas tierras nevadas y frías, justo a partir de las doce de la noche, en que cada año la fiesta de la natividad se hacía realidad. À l’Éden (En el Edén). Terminada la función teatral en el Edén, y desalojada la concurrencia, el teatro, repentinamente, vuelve a tomar vida con los acróbatas fantasmales, con músicas y malabaristas espectrales, en un aquelarre de breve duración y que, finalmente, hizo que todos los intervinientes volvieran a sus nichos y que por los pasillos el doctor Vellini y su entorno le siguieran respetuosamente en la oscuridad.

Tras los Cuentos de Medianoche, escribirá cuentos cortos, llamados Autres Nouvelles. Con historias como una Venus que nace del fuego y en una modesta fundición, Visite à fonderie d’art. Le sigue: Noël en Flandre (Navidad en Flandes) y después Noël flamand (Navidad flamenca) son el relato de la fuerza de la Navidad y la creencia católica en los Países Bajos, que un día defendieron los españoles en pro de sus habitantes belgas, donde el día de la Epifanía, un pobre Toone Vinck, junto a un famélico asno que desde la lejana España, y por diversas manos, había sido regalado a un mendigo de esos pueblos del norte flamenco, quienes de costumbre organizaban cantos, vestimenta y fiesta para recordar la llegada de los Reyes Magos, en un teatro que a él le reportará grandes ganancias y sueños de riquezas futuras que, sin embargo, tras esa noche en la que él y su familia pervirtieron el ancestral y humilde fiesta, recogiendo grandes dádivas, encuentran a la mañana siguiente al borrico muerto, por lo que, como el cuento de la lechera, todos sus sueños se desvanecieron después del desfile por las calles de los distintos pueblos flamencos y la estrella que ondeaba una de sus hijas, mientras en todos y cada uno de esos pueblos se disputaban a quien el honor de albergar el nacimiento. Atrás quedó el saludo deToone y su felicitación:    Nieuwe jaarke zoeten,

                             Ons verken heef vier voeten;

                              Vier voeten en eene steert,

                               Is dat geene wafel weert?

                       

Le travailler étrange, el autor se convierte en el directo testigo y narrador de un trabajador de ideas extrañas, transformarse en uno más de las figuras del carrillón que se asoman a la plaza desde el reloj de la iglesia. En el funebre attelage (Fúnebre carreta, en el pueblo de Opdorp, où les pompes fúnebres étaient riches, lors de la foire du village, una carreta llevará la muerte entre sus vecinos, recuerdo que nunca se extinguirá. En el incendio o L’incendie, la iglesia se quema y su párroco no muestra preocupación alguna, ni quiere que se le moleste, salvo cuando toda ella es arrasada, el sacerdote se dirigió al tabernáculo, cubierto de sus hábitos dorados, contento de decir la misa y que la misa se celebrara como siempre, una vez recuperadas las sagradas formas. À la recherche de son âme (En busca de su alma) Tielbeek Bruidschap se percata que ha perdido su alma y que debe buscarla por todas parte para así bien morir, ayudado de los consejos del cura del pueblo y después de recorrer todo el Escalda, donde iba a pescar, en mitad del río le volvió a aparecer. Proficiat!

En la buena muerte, La bonne mort, la historia es bastante cruda y muestra de la soledad y la antipatía mutua de dos hermanos tras la muerte del padre, quienes terminan, el uno al otro, envenenándose para acabar con el suplicio de vivir bajo el mismo hogar familiar. En las tres amigas (Les trois amies) es la historia de tres amigas, ya mayores, que estuvieron enamoradas del mismo chico, pero que nunca se atrevieron a manifestar su amor y que, ya en la vejez, se percatan cómo perdieron la ocasión y que las tres tenían el mismo sueño. La villa close, (Mansión cerrada) donde las dos hijas de un terrateniente protegidas en exceso, que la envidia ciudadana y el tiempo sirvieron de chismorreo para considerar al padre incestuoso, cuando no era cierto, y a las jóvenes, por ello, muertas solas, a pesar de su belleza y la riqueza que poseían. Atteindre cent ans (Alcanzar cien años), en el aniversario de las bodas de plata de uno de sus hijos, la abuela, a falta de dos años para ser centenaria, con perfecta salud y memoria, celebra anticipadamente que ella también podrá festejar pronto su aniversario, lo que, desgraciadamente, no podrá ser así, pues fallecerá en ese día festivo y con ese sueño de cumpleaños propio y de un siglo de vida.

En Un réveil (un despertar) es la historia de una pesadilla y en Le plus précieux des cinq sens (El más valioso de los cinco sentidos) de cómo un hombre se vacía los ojos tratando desentir lo mismo que el ciego que debajo de su ventana cantaba.

En su viaje a España, en compañía del pintor Regoyos, a la revista a la que acostumbraba a enviar sus relatos, Verhaeren ideará Un soir (Una noche) sobre miedos injustificados por encontrarse solo en una posada de San Sebastián. Les arènes de Haro (El coso de Haro) donde un Tancredo hace frente a un toro, vestido totalmente de blanco y sin moverse y en Á Saint Sébastien (A San Sebastián), la historia más trágica, el torero, que comparte estancia con Émile y Regoyos, en compañía de su esposa, es lanceado por el toro de esa corrida y fallece, rumor de muerte que a través de las calles llegará a la pensión donde esposa y huésped, Vicenta, rezaban ante un crucifijo, el mismo que la ya viuda embadurnará de la sangre del toro y que Vicenta, la dueña de la pensión y fuertemente devota, limpiará con sus lágrimas.

Hecho este humilde esbozo del singular libro de Verhaeren contando breves historias, de profundo sentido social y religioso, propio de su raigambre flamenca y católica, con el poeta español del modernismo, Gustavo Adolfo Bécquer (Sevilla1836-Madrid, 1870), nos tomaremos la libertad de buscar algunos paralelismos, aunque sólo sea porque ambos portan en sus genes un pasado profundamente flamenco, ya que los antepasados de Bécquer, allá por el siglo XVI, cuando los Tercios de Flandes estaban presentes en Flandes, sus ancestros vinieron a establecerse en Sevilla.

Si Bélgica es ahora una joven nación, acaba de independizarse de Holanda el año 1830, España es muy antigua y todavía un imperio, aunque decadente. En aquel norte los ferrocarriles y la implantación de nuevas y potentes industrias es todo un aliento positivo que influye en ese essor o auge de la nueva monarquía, dispuesta incluso a convertirse en un estado colonial. Desfilan con ese propósito político Leopoldo I (1831-1865), Leopoldo II (1865-1909) y Alberto I (1909-1934), siendo frontera de dos potencias, un tanto mal avenidas entre sí, como Prusia y Francia. El imperio alemán no se unificará hasta el año 1871, ya muerto Bécquer.

Mientras eso acontece en Bélgica, España sigue teniendo posesiones en ultramar, cuenta con una economía fuertemente rural y en política el liberalismo es predominante, en una cultura tradicionalista y enormemente influenciada por la Iglesia, por lo que las luchas políticas y la inestabilidad gubernamental son constantes, además de intervenciones militares en Marruecos (año 1859) y en el Pacífico (1862-1866), en una frecuente agitación revolucionaria, a pesar de la Regencia de Serrano, la Monarquía de Amadeo, la Primera República  y la restauración borbónica con Alfonso XII (1857-1885).

Toda esa inestabilidad social y política la sufrirá Gustavo Adolfo y su hermano Valeriano, pintor, al que estuvo siempre muy unido el escritor, en el que predomina el romanticismo de Larra, Espronceda, Duque de Rivas y Zorrilla, a quienes la tuberculosis acecha, haciendo muy inestable la economía de sus vidas.

A pesar de todo ello, Gustavo Adolfo escribirá rimas y leyendas que, tras su muerte y el trabajo para dar a conocer su obra de sus amigos, muestran la gran maestría de su inventiva, su prosa y su poesía, de una riqueza y sinfonía que, ciertamente solo en el Sur podía adquirirse y que la misma naturaleza le reconoció, cuando el mismo día de su muerte, en Madrid, un eclipse de sol quiso amortajar la luz y apagarse para tan gran poeta.

Diecinueve años separan al sevillano del flamenco, que desconocemos si tuvo noticia alguna del español, quien en sus leyendas del Monte de las ánimas, con ese enamorado que se va al monte y entre lobos buscar la guirnalda perdida de su amada; Maese Pérez el organista, que en un modesto convento sevillano, ciego, es capaz, en la misa del Gallo o de Nochebuena, sacar a un viejo órgano sones celestiales y en El rayo de luna, por la medieval Soria, entre sus calles y puentes, creer encontrar la belleza de una mujer, cuando sólo era un rayo de luna, que le devolverá la cordura, sumido como estaba en la locura.

De su poesía, queda para la historia y el arte:

¿Qué es poesía?, dices mientras clavas

 en mi pupila azul.

¡Qué es poesía! ¿Y tú me lo preguntas?

Poesía…eres tú

 

Volverán las oscuras golondrinas

de tu balcón sus nidos a colgar

y otra vez con el ala a sus cristales

Jugando llamarán.

 

Una mujer me ha envenenado el alma

otra mujer me ha envenenado el cuerpo.

Ninguna de las dos vino a buscarme;

yo de ninguna de las dos me acuerdo,

 

Dos grandes poetas a quienes, en una época cercana, gritaron con letras amargas y sonoras por una humanidad más fraterna, el belga, y con el “corazón partío”, como la copla, el español, por el amor de una mujer y la belleza.

 

Uno y otro, sin embargo, conservan en su obra el atavismo de sus antepasados y el acervo de una cultura, que con la espada y la cruz, alcanzo Le plat pays y las dunas del Mar del Norte desde una Sevilla abierta a Oriente y Occidente.

 

 

 

 

domingo, 13 de septiembre de 2026

ANTÓN CHÉJOV, EN LA ESTEPA Y LA VIDA. RUSIA EN LO MÁS PROFUNDO DE SU SER

 


                                    ANTON CHEJOV, EN LA ESTEPA Y MI VIDA

Tanto este libro La estepa y Mi vida, escritos por Antón Páulovich Chéjov, que nació en Tangarof, a orillas del mar Azov en el Imperio ruso, en 1860, y murió en 1904, en un balneario en Badenweiler, en el Imperio alemán, tratándose de la tuberculosis que un paciente suyo le transmitió, en su siempre azarosa vida como médico, uno se enfrenta a, quizás, menos reconocido de sus libros y, también, a la mejor descripción geográfica que se pueda hacer de la estepa rusa, con su cruda naturaleza y los hombres y mujeres que en ella habitan, abrigados en sus modestas isbas, repletas de iconostasios, y una vida que sumerge a sus habitantes en una casi edad media, en la que la servidumbre es casi esclava y los señores, cual caciques hispanos, poseen inmensas extensiones de tierra y bosques, en todo un viaje transportando sobre carretelas  centeno y arrastradas por caballos, la cosecha que tratan de vender y gracias a cuyos kópecks podrán pasar el invierno y, muchos de estos padrecitos, emborracharse con vodka. En estas carretas también viaja el niño Egórushka, huérfano, de doce años de edad, al cuidado de su tío, uno de los terratenientes responsable del transporte, y que dejará interno a su sobrino en una escuela donde ha de formarse.

Es pues un viaje, donde el narrador, Chéjov, nos muestra a esa muchedumbre de las estepas: comerciantes, campesinos, huertanos, posaderos, sus símbolos, sus miedos, su perversión, a la vez que también desfilan las aves, árboles y plantas de esta abigarrada fauna, como de las inclemencias del tiempo.

En mi vida, que para nada es una autobiografía del autor, sí está presente la cruda realidad de esa Rusia en la que la miseria es omnipresente y donde las clases, según su poder económico o estatus social, pretenden seguir rigiendo los destinos de la sociedad campesina, donde también la mezquindad, las artimañas son patrimonio de estos campesinos, a veces ladrones y truhanes, como también los dirigentes administrativos, que tratan de sisar en la paga al campesino o en una obra para la iglesia.

La soledad, en un entorno en el que el padre, arquitecto, no acepta que su hijo siga su trayectoria, para la que el mismo padre no tiene ningún talento; la concusión en la línea férrea que se instala en las cercanías Dubechnia, el desamparo de una población miserable, en definitiva son el caldo de cultivo apropiado para que pronto llegue la revolución y esa sociedad analfabeta, con enormes diferencias sociales, dentro de un entorno geográfico duro, pero generoso, aunque esta sea la visión de quien esto firma, que disfruta con la lectura de unos personajes con vivencias personales muy profundas, bastante estoicas y muy a menudo atávicas.

Es pues una enorme carga de realismo y naturalismo, como en toda la obra escrita para el teatro y que tanto éxito le produjo, La Estepa y Mi vida, seguramente no tan deslumbrantes como su Tío Vania, Las tres hermanas o El jardín de los cerezos, pero de una obra literaria equilibrada en su afán de describir el entorno, de manera brillante, y a las personas, en su marco íntimo y antropológico.

LES FLAMANDES, POÈSIES D'ÉMILE VERHAEREN EN HOMMAGE À SON TERROIR

 


              ÉMILE VERHAEREN. LES FLAMANDES, POÈSIES

Il est pas fort connu le poéte belge Émile Verhaeren (Sint-Amands, Belgique, 1855-Rouen, France, 1916), hors des écoles en langue francaise et de préférence en Belgique, peut-être parce que sa poésie n’aucun mistère, non plus de symbolisme et qu’elle va droit au but, c’est à dire te montrer, à toi qui lit ses poèmes, que son objectif sont les paroles, les mots qui pourront te montrer la beauté de ce que son auteur apercoit, et, comme dans ce petit livre de poche, dessiner par son texte,  un beau cadre ou une vraie définition de ce qu’il voit, certainement par l’emploi et la maîtrise de la langue francaise.

Dans les Flamandes, chaque chapître, chaque page, chaque objet, chaque personne ou situation apercue, sont comme une parfaite photographie ou bien un tableau d’une kermesse flamande ou d’une peinture des grands maîtres de la peinture des Pays Bas, comme dans Memling ou Breugel le vieux.

C’est vrai que la lumière et les alentours vont marquer la disposition psycologique du poète, par conséquent Émile a été forcement attiré par le paysage de son plat pays, de la la belle description des potagers, une ferme, les vaches, les vieilles, les amours des gars ou des flamandes dans les toiles de Rubens: parfaites, bien blanches, de seins luxurieux  et de chairs attrayantes et goulues, tout à fait different à un poète comme Lorca qui, dans toute son oeuvre poétique, aura toujours besoin de symboles, non seulement par les impositions réligieuses espagnoles, mais aussi par un terroir accidenté, où tout est caché: une rivière, un pré, une fleur, un chemin ou une fôret ombrageux de peuplieurs, parmi l’eau passe comme une couleuvre et hue, tandis qu’au loing un palais est plein de crénaux et de mystères.

Les Flamandes et les poèsies de Verhaeren sont la meilleure manière de laisser pour l’éternité la plus belle image du pays Flamand et une certaine et oculte liaison avec son lointain passé espagnol, écrit en francais.

viernes, 11 de septiembre de 2026

 


       ESPAÑA NEGRA. DARÍO DE REGOYOS Y ÉMILE VERHAEREN

Allá por el año 1888, el pintor español Darío Regoyos Valdés (Ribadesella, Asturias, 1857-1913) y el poeta belga Émile Verhaeren, su amigo, deciden hacer un viaje por la península ibérica, aunque en este libreto Regoyos nos cuente que pasaron más tiempo por el Cantábrico y Zaragoza.

Tras cruzar la frontera con Francia, se detuvieron en San Sebastián y recorrieron un buen puñado de pueblos vascos, donde el arresku, o baile local con un pífano y un tamboril y dos bailarines que en el aire entrecruzan sus piernas, ataviados con alpargatas, atadas a las pantorrillas y éstas vestidas con medias blancas, pantalón negro, apretado algo más abajo de las rodillas, camisa blanca, chaleco negro abierto y coronados con una boina negra, eran la fauna local que animaban las fiestas delante de la iglesia y de las innumerables capillas y de la religiosidad allí presente. Donde el luto y lo negro todo lo ocupaba.

La vestimenta de las mujeres en toda la cornisa cántabra era negra, como también por Aragón y con un aire de entierro y constante presencia de la muerte, a cuyas funerarias gustará visitar Verhaeren, pues se ve sorprendido con la enorme variedad de féretros y el estado de los camposantos, especialmente el de Zaragoza, cuando en Bélgica la muerte era casi tabú.

Darío Regoyos, además de ilustrar a Verhaeren y no sorprenderse, como sí su amigo, constata que Émile dará el nombre de España negra a cuanto ve: mujeres enlutadas mariscando, viudas de negro rezando, procesiones interminables subiendo a la cumbre del Cabo Machichaco,  donde está la ermita, disciplinantes hasta hacerse sangre en la espalda.

Gitanos, ciegos, matarifes tras una corrida de toros, paseo del viático, día de Difuntos y las piedras del Escorial, o las murallas de Ávila, jesuitas en Tolosa con su teja, y una sociedad cercana al desastre, como así sucedió años después, en 1898, donde los caminos son en su mayoría empedrados, las carretas, las mulas y los bueyes los medios de tiro y la constante manifestación beata, sobre todo en Vascongadas, sin que la fiesta de San Fermín en Pamplona, los toros camino del encierro,  y los chiquillos persiguiéndolos y apedreándolos, anuncien la enorme publicidad y derroteros que otros escritores, esta vez venidos de más allá del “charco”, le darán a Pampelune, nombre que sirve a Verhaeren para unir la luna y Pamplona, mientras Regoyos sigue con sus dibujos en blanco y negro.

Verhaeren no nombrará lo que ve como negativo, en esa España negra, habida la antigüedad de la nación española y los vestigios arquitectónicos e históricos , de un país que también es llamado de “charanga y pandereta”, y que en el Sur es el sol y la luz quien todo lo invade, a donde no llegó a visitar el belga.

A lo largo de su recorrido, contrario al confort de los viajeros anglosajones, ya que Regoyos y Verhaeren prefirieron hospedarse en pensiones de trajinantes y por caminos poco transitados entonces, enviará su periódica crónica en prosa a Bruselas y donde lo macabro era lo que más le atraía, siendo la Sierra del Guadarrama, cubierta de nieve, lo que más le impresionó.

Sin pretenderlo, Verhaeren siente que algo en su interior le une a esa España negra, quizás por el legado católico que los españoles dejaron en Bélgica, desde 1830 ya nación independiente de los calvinistas holandeses; quizás por esas vírgenes y cristos de los templos en Gante, Brujas, Amberes y Bruselas, tan cercanas a las imágenes que uno pueda encontrar en Toledo ; quizás por la religión que logró conservar para ellos esos mismos españoles que siglos pretéritos ocuparon los Países Bajos, gracias a la contumacia de los Tercios de Flandes. Probablemente también, por esos cuadros de El Greco y el silencio y oscuridad de las calles de Sigüenza o el dibujo de Regoyos en la Visita de pésame en un hogar vasco o los Altares de Guipúzcoa, todas las mujeres de negro y en llanto.

En el poeta y en el pintor, el viaje sirvió para refrendar la amistad del belga y el español y añadir un mayor acervo a la grandeza espiritual y artística de ambos: Verhaeren y Regoyos.