sábado, 19 de septiembre de 2026

ÉMILE VERHAEREN, EN CONTES DE MINUIT, Y UN RECUERDO Y SEMBLANZA DE BÉCQUER, AMBOS DE ANCESTROS BELGAS

 


                      ÉMILE VERHAEREN. CONTES DE MINUIT Y BÉCQUER

Tras leer Contes de Minuit del poeta belga, en lengua francesa, Émile Verhaeren (Sint-Amands, Flandes, Bélgica, 1856-Ruan, Francia, 1916), trae al lector de inmediato a la memoria la lectura de las Rimas y Leyendas de Gustavo Adolfo Bécquer (Sevilla, 1836-Madrid, 1870), por lo que trataremos de acercar a estos dos poetas que, por lo menos, tuvieron común sus profundas raíces flamencas familiares, la religión y de una manera particular la observación de la vida y su propio entorno geográfico y social.

Émile Verhaeren, ciertamente que es un poeta en el que la prosa rimada domina la liturgia de la poesía en sí y muestra un sentimiento optimista de la vida, también en Les Ailes rouges de la Guerre (sobre la primera Guerra mundial) como el avance y el progreso que, en su joven nación, Bélgica,  acababa de independizarse en 1830, sin que por ello en su visión no decaiga  el cuadro de la vida y los hechos que ha conocido desde niño en ese ambiente de abundantes ríos y una tierra plana, enormemente fructífera y de una burguesía opulenta, como de tierras grasas y de generosos frutos, que conservan la religión católica como una importante posesión, que los españoles con los Tercios de Flandes y Juan de Austria, como el Duque de Alba, trataron de conservar para los belgas frente al avance luterano y, posterior, flujo calvinista.

Contes de minuit, o Cuentos de medianoche, cuenta con tres títulos y tres historias: Conte gras, Cuento graso o feraz, que sucede a Ernest Vincks en Amberes, quien disfruta de una casa repleta de pinturas que le recuerdan siempre su vida de glotonería, por lo que de ella no acostumbra a salir, aunque un cuadro de un Cristo flaco y raquítico, en una dependencia vecina, enfrentado al salón de su lujuriosa vida, sus pinturas murales terminan por derretirse y caerle encima a Vincks una grasa que todo lo envuelve. Decidido a poner fin a esta angustia y convencido que las francachelas de sus techos y sus kermesses  flamencas poco se entienden con ese Cristo enjuto, que termina por arrojarlo del salón, romper la tela y, convencerse que la delgadez de aquel Cristo nunca sería compatible con las carnes de las criaturas de los techos y paredes del salón junto a la variedad de comistrajes mostrados en el salón, volviendo todo a su anterior tranquilidad. Noél en Flandre (Navidad en Flandes) veinticuatro de diciembre en Flandes, donde todos y cada uno de aquellos pueblos consideran que San José, la Virgen y el Niño Jesús, encuentran su belén por estas tierras nevadas y frías, justo a partir de las doce de la noche, en que cada año la fiesta de la natividad se hacía realidad. À l’Éden (En el Edén). Terminada la función teatral en el Edén, y desalojada la concurrencia, el teatro, repentinamente, vuelve a tomar vida con los acróbatas fantasmales, con músicas y malabaristas espectrales, en un aquelarre de breve duración y que, finalmente, hizo que todos los intervinientes volvieran a sus nichos y que por los pasillos el doctor Vellini y su entorno le siguieran respetuosamente en la oscuridad.

Tras los Cuentos de Medianoche, escribirá cuentos cortos, llamados Autres Nouvelles. Con historias como una Venus que nace del fuego y en una modesta fundición, Visite à fonderie d’art. Le sigue: Noël en Flandre (Navidad en Flandes) y después Noël flamand (Navidad flamenca) son el relato de la fuerza de la Navidad y la creencia católica en los Países Bajos, que un día defendieron los españoles en pro de sus habitantes belgas, donde el día de la Epifanía, un pobre Toone Vinck, junto a un famélico asno que desde la lejana España, y por diversas manos, había sido regalado a un mendigo de esos pueblos del norte flamenco, quienes de costumbre organizaban cantos, vestimenta y fiesta para recordar la llegada de los Reyes Magos, en un teatro que a él le reportará grandes ganancias y sueños de riquezas futuras que, sin embargo, tras esa noche en la que él y su familia pervirtieron el ancestral y humilde fiesta, recogiendo grandes dádivas, encuentran a la mañana siguiente al borrico muerto, por lo que, como el cuento de la lechera, todos sus sueños se desvanecieron después del desfile por las calles de los distintos pueblos flamencos y la estrella que ondeaba una de sus hijas, mientras en todos y cada uno de esos pueblos se disputaban a quien el honor de albergar el nacimiento. Atrás quedó el saludo deToone y su felicitación:    Nieuwe jaarke zoeten,

                             Ons verken heef vier voeten;

                              Vier voeten en eene steert,

                               Is dat geene wafel weert?

                       

Le travailler étrange, el autor se convierte en el directo testigo y narrador de un trabajador de ideas extrañas, transformarse en uno más de las figuras del carrillón que se asoman a la plaza desde el reloj de la iglesia. En el funebre attelage (Fúnebre carreta, en el pueblo de Opdorp, où les pompes fúnebres étaient riches, lors de la foire du village, una carreta llevará la muerte entre sus vecinos, recuerdo que nunca se extinguirá. En el incendio o L’incendie, la iglesia se quema y su párroco no muestra preocupación alguna, ni quiere que se le moleste, salvo cuando toda ella es arrasada, el sacerdote se dirigió al tabernáculo, cubierto de sus hábitos dorados, contento de decir la misa y que la misa se celebrara como siempre, una vez recuperadas las sagradas formas. À la recherche de son âme (En busca de su alma) Tielbeek Bruidschap se percata que ha perdido su alma y que debe buscarla por todas parte para así bien morir, ayudado de los consejos del cura del pueblo y después de recorrer todo el Escalda, donde iba a pescar, en mitad del río le volvió a aparecer. Proficiat!

En la buena muerte, La bonne mort, la historia es bastante cruda y muestra de la soledad y la antipatía mutua de dos hermanos tras la muerte del padre, quienes terminan, el uno al otro, envenenándose para acabar con el suplicio de vivir bajo el mismo hogar familiar. En las tres amigas (Les trois amies) es la historia de tres amigas, ya mayores, que estuvieron enamoradas del mismo chico, pero que nunca se atrevieron a manifestar su amor y que, ya en la vejez, se percatan cómo perdieron la ocasión y que las tres tenían el mismo sueño. La villa close, (Mansión cerrada) donde las dos hijas de un terrateniente protegidas en exceso, que la envidia ciudadana y el tiempo sirvieron de chismorreo para considerar al padre incestuoso, cuando no era cierto, y a las jóvenes, por ello, muertas solas, a pesar de su belleza y la riqueza que poseían. Atteindre cent ans (Alcanzar cien años), en el aniversario de las bodas de plata de uno de sus hijos, la abuela, a falta de dos años para ser centenaria, con perfecta salud y memoria, celebra anticipadamente que ella también podrá festejar pronto su aniversario, lo que, desgraciadamente, no podrá ser así, pues fallecerá en ese día festivo y con ese sueño de cumpleaños propio y de un siglo de vida.

En Un réveil (un despertar) es la historia de una pesadilla y en Le plus précieux des cinq sens (El más valioso de los cinco sentidos) de cómo un hombre se vacía los ojos tratando desentir lo mismo que el ciego que debajo de su ventana cantaba.

En su viaje a España, en compañía del pintor Regoyos, a la revista a la que acostumbraba a enviar sus relatos, Verhaeren ideará Un soir (Una noche) sobre miedos injustificados por encontrarse solo en una posada de San Sebastián. Les arènes de Haro (El coso de Haro) donde un Tancredo hace frente a un toro, vestido totalmente de blanco y sin moverse y en Á Saint Sébastien (A San Sebastián), la historia más trágica, el torero, que comparte estancia con Émile y Regoyos, en compañía de su esposa, es lanceado por el toro de esa corrida y fallece, rumor de muerte que a través de las calles llegará a la pensión donde esposa y huésped, Vicenta, rezaban ante un crucifijo, el mismo que la ya viuda embadurnará de la sangre del toro y que Vicenta, la dueña de la pensión y fuertemente devota, limpiará con sus lágrimas.

Hecho este humilde esbozo del singular libro de Verhaeren contando breves historias, de profundo sentido social y religioso, propio de su raigambre flamenca y católica, con el poeta español del modernismo, Gustavo Adolfo Bécquer (Sevilla1836-Madrid, 1870), nos tomaremos la libertad de buscar algunos paralelismos, aunque sólo sea porque ambos portan en sus genes un pasado profundamente flamenco, ya que los antepasados de Bécquer, allá por el siglo XVI, cuando los Tercios de Flandes estaban presentes en Flandes, sus ancestros vinieron a establecerse en Sevilla.

Si Bélgica es ahora una joven nación, acaba de independizarse de Holanda el año 1830, España es muy antigua y todavía un imperio, aunque decadente. En aquel norte los ferrocarriles y la implantación de nuevas y potentes industrias es todo un aliento positivo que influye en ese essor o auge de la nueva monarquía, dispuesta incluso a convertirse en un estado colonial. Desfilan con ese propósito político Leopoldo I (1831-1865), Leopoldo II (1865-1909) y Alberto I (1909-1934), siendo frontera de dos potencias, un tanto mal avenidas entre sí, como Prusia y Francia. El imperio alemán no se unificará hasta el año 1871, ya muerto Bécquer.

Mientras eso acontece en Bélgica, España sigue teniendo posesiones en ultramar, cuenta con una economía fuertemente rural y en política el liberalismo es predominante, en una cultura tradicionalista y enormemente influenciada por la Iglesia, por lo que las luchas políticas y la inestabilidad gubernamental son constantes, además de intervenciones militares en Marruecos (año 1859) y en el Pacífico (1862-1866), en una frecuente agitación revolucionaria, a pesar de la Regencia de Serrano, la Monarquía de Amadeo, la Primera República  y la restauración borbónica con Alfonso XII (1857-1885).

Toda esa inestabilidad social y política la sufrirá Gustavo Adolfo y su hermano Valeriano, pintor, al que estuvo siempre muy unido el escritor, en el que predomina el romanticismo de Larra, Espronceda, Duque de Rivas y Zorrilla, a quienes la tuberculosis acecha, haciendo muy inestable la economía de sus vidas.

A pesar de todo ello, Gustavo Adolfo escribirá rimas y leyendas que, tras su muerte y el trabajo para dar a conocer su obra de sus amigos, muestran la gran maestría de su inventiva, su prosa y su poesía, de una riqueza y sinfonía que, ciertamente solo en el Sur podía adquirirse y que la misma naturaleza le reconoció, cuando el mismo día de su muerte, en Madrid, un eclipse de sol quiso amortajar la luz y apagarse para tan gran poeta.

Diecinueve años separan al sevillano del flamenco, que desconocemos si tuvo noticia alguna del español, quien en sus leyendas del Monte de las ánimas, con ese enamorado que se va al monte y entre lobos buscar la guirnalda perdida de su amada; Maese Pérez el organista, que en un modesto convento sevillano, ciego, es capaz, en la misa del Gallo o de Nochebuena, sacar a un viejo órgano sones celestiales y en El rayo de luna, por la medieval Soria, entre sus calles y puentes, creer encontrar la belleza de una mujer, cuando sólo era un rayo de luna, que le devolverá la cordura, sumido como estaba en la locura.

De su poesía, queda para la historia y el arte:

¿Qué es poesía?, dices mientras clavas

 en mi pupila azul.

¡Qué es poesía! ¿Y tú me lo preguntas?

Poesía…eres tú

 

Volverán las oscuras golondrinas

de tu balcón sus nidos a colgar

y otra vez con el ala a sus cristales

Jugando llamarán.

 

Una mujer me ha envenenado el alma

otra mujer me ha envenenado el cuerpo.

Ninguna de las dos vino a buscarme;

yo de ninguna de las dos me acuerdo,

 

Dos grandes poetas a quienes, en una época cercana, gritaron con letras amargas y sonoras por una humanidad más fraterna, el belga, y con el “corazón partío”, como la copla, el español, por el amor de una mujer y la belleza.

 

Uno y otro, sin embargo, conservan en su obra el atavismo de sus antepasados y el acervo de una cultura, que con la espada y la cruz, alcanzo Le plat pays y las dunas del Mar del Norte desde una Sevilla abierta a Oriente y Occidente.

 

 

 

 

domingo, 13 de septiembre de 2026

ANTÓN CHÉJOV, EN LA ESTEPA Y LA VIDA. RUSIA EN LO MÁS PROFUNDO DE SU SER

 


                                    ANTON CHEJOV, EN LA ESTEPA Y MI VIDA

Tanto este libro La estepa y Mi vida, escritos por Antón Páulovich Chéjov, que nació en Tangarof, a orillas del mar Azov en el Imperio ruso, en 1860, y murió en 1904, en un balneario en Badenweiler, en el Imperio alemán, tratándose de la tuberculosis que un paciente suyo le transmitió, en su siempre azarosa vida como médico, uno se enfrenta a, quizás, menos reconocido de sus libros y, también, a la mejor descripción geográfica que se pueda hacer de la estepa rusa, con su cruda naturaleza y los hombres y mujeres que en ella habitan, abrigados en sus modestas isbas, repletas de iconostasios, y una vida que sumerge a sus habitantes en una casi edad media, en la que la servidumbre es casi esclava y los señores, cual caciques hispanos, poseen inmensas extensiones de tierra y bosques, en todo un viaje transportando sobre carretelas  centeno y arrastradas por caballos, la cosecha que tratan de vender y gracias a cuyos kópecks podrán pasar el invierno y, muchos de estos padrecitos, emborracharse con vodka. En estas carretas también viaja el niño Egórushka, huérfano, de doce años de edad, al cuidado de su tío, uno de los terratenientes responsable del transporte, y que dejará interno a su sobrino en una escuela donde ha de formarse.

Es pues un viaje, donde el narrador, Chéjov, nos muestra a esa muchedumbre de las estepas: comerciantes, campesinos, huertanos, posaderos, sus símbolos, sus miedos, su perversión, a la vez que también desfilan las aves, árboles y plantas de esta abigarrada fauna, como de las inclemencias del tiempo.

En mi vida, que para nada es una autobiografía del autor, sí está presente la cruda realidad de esa Rusia en la que la miseria es omnipresente y donde las clases, según su poder económico o estatus social, pretenden seguir rigiendo los destinos de la sociedad campesina, donde también la mezquindad, las artimañas son patrimonio de estos campesinos, a veces ladrones y truhanes, como también los dirigentes administrativos, que tratan de sisar en la paga al campesino o en una obra para la iglesia.

La soledad, en un entorno en el que el padre, arquitecto, no acepta que su hijo siga su trayectoria, para la que el mismo padre no tiene ningún talento; la concusión en la línea férrea que se instala en las cercanías Dubechnia, el desamparo de una población miserable, en definitiva son el caldo de cultivo apropiado para que pronto llegue la revolución y esa sociedad analfabeta, con enormes diferencias sociales, dentro de un entorno geográfico duro, pero generoso, aunque esta sea la visión de quien esto firma, que disfruta con la lectura de unos personajes con vivencias personales muy profundas, bastante estoicas y muy a menudo atávicas.

Es pues una enorme carga de realismo y naturalismo, como en toda la obra escrita para el teatro y que tanto éxito le produjo, La Estepa y Mi vida, seguramente no tan deslumbrantes como su Tío Vania, Las tres hermanas o El jardín de los cerezos, pero de una obra literaria equilibrada en su afán de describir el entorno, de manera brillante, y a las personas, en su marco íntimo y antropológico.

LES FLAMANDES, POÈSIES D'ÉMILE VERHAEREN EN HOMMAGE À SON TERROIR

 


              ÉMILE VERHAEREN. LES FLAMANDES, POÈSIES

Il est pas fort connu le poéte belge Émile Verhaeren (Sint-Amands, Belgique, 1855-Rouen, France, 1916), hors des écoles en langue francaise et de préférence en Belgique, peut-être parce que sa poésie n’aucun mistère, non plus de symbolisme et qu’elle va droit au but, c’est à dire te montrer, à toi qui lit ses poèmes, que son objectif sont les paroles, les mots qui pourront te montrer la beauté de ce que son auteur apercoit, et, comme dans ce petit livre de poche, dessiner par son texte,  un beau cadre ou une vraie définition de ce qu’il voit, certainement par l’emploi et la maîtrise de la langue francaise.

Dans les Flamandes, chaque chapître, chaque page, chaque objet, chaque personne ou situation apercue, sont comme une parfaite photographie ou bien un tableau d’une kermesse flamande ou d’une peinture des grands maîtres de la peinture des Pays Bas, comme dans Memling ou Breugel le vieux.

C’est vrai que la lumière et les alentours vont marquer la disposition psycologique du poète, par conséquent Émile a été forcement attiré par le paysage de son plat pays, de la la belle description des potagers, une ferme, les vaches, les vieilles, les amours des gars ou des flamandes dans les toiles de Rubens: parfaites, bien blanches, de seins luxurieux  et de chairs attrayantes et goulues, tout à fait different à un poète comme Lorca qui, dans toute son oeuvre poétique, aura toujours besoin de symboles, non seulement par les impositions réligieuses espagnoles, mais aussi par un terroir accidenté, où tout est caché: une rivière, un pré, une fleur, un chemin ou une fôret ombrageux de peuplieurs, parmi l’eau passe comme une couleuvre et hue, tandis qu’au loing un palais est plein de crénaux et de mystères.

Les Flamandes et les poèsies de Verhaeren sont la meilleure manière de laisser pour l’éternité la plus belle image du pays Flamand et une certaine et oculte liaison avec son lointain passé espagnol, écrit en francais.

viernes, 11 de septiembre de 2026

 


       ESPAÑA NEGRA. DARÍO DE REGOYOS Y ÉMILE VERHAEREN

Allá por el año 1888, el pintor español Darío Regoyos Valdés (Ribadesella, Asturias, 1857-1913) y el poeta belga Émile Verhaeren, su amigo, deciden hacer un viaje por la península ibérica, aunque en este libreto Regoyos nos cuente que pasaron más tiempo por el Cantábrico y Zaragoza.

Tras cruzar la frontera con Francia, se detuvieron en San Sebastián y recorrieron un buen puñado de pueblos vascos, donde el arresku, o baile local con un pífano y un tamboril y dos bailarines que en el aire entrecruzan sus piernas, ataviados con alpargatas, atadas a las pantorrillas y éstas vestidas con medias blancas, pantalón negro, apretado algo más abajo de las rodillas, camisa blanca, chaleco negro abierto y coronados con una boina negra, eran la fauna local que animaban las fiestas delante de la iglesia y de las innumerables capillas y de la religiosidad allí presente. Donde el luto y lo negro todo lo ocupaba.

La vestimenta de las mujeres en toda la cornisa cántabra era negra, como también por Aragón y con un aire de entierro y constante presencia de la muerte, a cuyas funerarias gustará visitar Verhaeren, pues se ve sorprendido con la enorme variedad de féretros y el estado de los camposantos, especialmente el de Zaragoza, cuando en Bélgica la muerte era casi tabú.

Darío Regoyos, además de ilustrar a Verhaeren y no sorprenderse, como sí su amigo, constata que Émile dará el nombre de España negra a cuanto ve: mujeres enlutadas mariscando, viudas de negro rezando, procesiones interminables subiendo a la cumbre del Cabo Machichaco,  donde está la ermita, disciplinantes hasta hacerse sangre en la espalda.

Gitanos, ciegos, matarifes tras una corrida de toros, paseo del viático, día de Difuntos y las piedras del Escorial, o las murallas de Ávila, jesuitas en Tolosa con su teja, y una sociedad cercana al desastre, como así sucedió años después, en 1898, donde los caminos son en su mayoría empedrados, las carretas, las mulas y los bueyes los medios de tiro y la constante manifestación beata, sobre todo en Vascongadas, sin que la fiesta de San Fermín en Pamplona, los toros camino del encierro,  y los chiquillos persiguiéndolos y apedreándolos, anuncien la enorme publicidad y derroteros que otros escritores, esta vez venidos de más allá del “charco”, le darán a Pampelune, nombre que sirve a Verhaeren para unir la luna y Pamplona, mientras Regoyos sigue con sus dibujos en blanco y negro.

Verhaeren no nombrará lo que ve como negativo, en esa España negra, habida la antigüedad de la nación española y los vestigios arquitectónicos e históricos , de un país que también es llamado de “charanga y pandereta”, y que en el Sur es el sol y la luz quien todo lo invade, a donde no llegó a visitar el belga.

A lo largo de su recorrido, contrario al confort de los viajeros anglosajones, ya que Regoyos y Verhaeren prefirieron hospedarse en pensiones de trajinantes y por caminos poco transitados entonces, enviará su periódica crónica en prosa a Bruselas y donde lo macabro era lo que más le atraía, siendo la Sierra del Guadarrama, cubierta de nieve, lo que más le impresionó.

Sin pretenderlo, Verhaeren siente que algo en su interior le une a esa España negra, quizás por el legado católico que los españoles dejaron en Bélgica, desde 1830 ya nación independiente de los calvinistas holandeses; quizás por esas vírgenes y cristos de los templos en Gante, Brujas, Amberes y Bruselas, tan cercanas a las imágenes que uno pueda encontrar en Toledo ; quizás por la religión que logró conservar para ellos esos mismos españoles que siglos pretéritos ocuparon los Países Bajos, gracias a la contumacia de los Tercios de Flandes. Probablemente también, por esos cuadros de El Greco y el silencio y oscuridad de las calles de Sigüenza o el dibujo de Regoyos en la Visita de pésame en un hogar vasco o los Altares de Guipúzcoa, todas las mujeres de negro y en llanto.

En el poeta y en el pintor, el viaje sirvió para refrendar la amistad del belga y el español y añadir un mayor acervo a la grandeza espiritual y artística de ambos: Verhaeren y Regoyos.

 

jueves, 10 de septiembre de 2026

FRANCOIS MITTERAND, UN SOCIALISTE ET POLITICIEN DES ANNÉES DE LA VÉRITÉ ET LES VALEURS

 


FRANCOIS MITTERAND, LA PAILLE ET LE GRAIN

Francois Mitterand  (Jarnac, Charente, 1916-Paris, 1966). Politicien francais, du partit socialiste et Présidente de la République dépuis 1981 à 1995, a écrit un livre de poche titré La paille et le grain, édité par Flammarion en 1975,  qui pourrait être ténu comme une biographie, ce que lui même dément dans certaines pages, mais aussi quand on lit ce petit bouquin, qui parfois te parlera de Charles De Gaulle, que en même temps il le féra sur son tour auprès de ses voisins à la Charente, que d’un voyage en Chine, avec les disputes entre Chang Kaï-check et Mao, et l’intransigeance communiste des chinois qui parlaient, naguère, de chasser les Américains du continent asiatique “la queue  entre les jambes” , et maintenant ils acceuillent Nixon, incarnation du capitalisme monopoliste (Si Mao léve sa tête maintenant,  en l’an 2026, que dirait de Xi Jinping et le capitalisme chinois)  ou d’une visite à Tokyo ou à Anouar el  Sadat  en Égypte, sans un ordre précis et mème comme un bric à brac dans un commerce d’occasion, enfin pêle mêle ou comme dans les champs, qu’il aime et a bien connu, la paille et le grain mélangés.

Il s’agit d’un bref récit des ans 1971 jusque l’an 1974, où nous apprenons qu’il a été le ministre et l’ami de Robert Shuman et de Pierre Mendès France, qui furent deux des chefs du gouvernement de la IVe. République à tenter de lui donner un autre style et des nouvelles idées que celles de De Gaulle à son propre gouvernement.

Les disputes avec M. Pompidou, qui suivit à De Gaulle, après le récit  de l’attentat du Petit-Clamart et qui termine sur la démission du Général, qui perd aussi son référendum, après onze années de République gaullienne.

Dans ces pages défilent des personnages comme Valéry Giscard d’Estaing (innoble envers l’Espagne permettant le sanctuaire en France des assasins du térrorisme de ETA), Daladier, La Rocque, Maurras, et aussi son souvenir de l’esprit de beaucoup de francais qui n’aimaient pas l’Allemagne mais admiraient  le IIIe Reich, ils aimaient la France mais pas les francais, ils étaient le résidu d’une société qui hàtait le pas vers sa fin.

Mitterand prendra le maquis et séra fait prisonnier dans un camp à Schaala,  Thuringe,  avec deux cent cinquante prisonniers: intellectuels, prêtres juifs, instituteurs, advocats et républicains espagnols, où tôt ils écouteront la voix de De Gaulle. Voilà poourquoi, moi qui n’ai jamais été gaulliste, j’ai toujours refusé d’être anti.

M. Chaban-Delmas, la Ve. Réoublique, de confession parlementaire. M. Gaston Deferre, Robert Pontillon, Olof Palme, avec un socialisme à la suédoise, très intéressant, mais pas un vrai socialisme d’après les socialistes francais de l’époque, avec Jean-Jacques Servant –Schreiber, Roland Leroy, Jacques Duclos, Bernadette Soubirous.

Il ira aussi a Israel, Egypte, la Galilée, dînant dans un kibboutz avec Igal Allon, le vainqueur de la guerre d’indépendance, connaîtra à Golda Meir, à Moshé Dayan, Pinhas Sapir, Abba Eban, Ben Aharon.

Nous parlera aussi du menteur professionnel  Blum, le qualifiant comme mouchard. (C’est curieux comme en Espagne beaucoup d’espagnols nomment eux aussi le socialiste Pedro Sanchez, non seulement un mouchard, d’après ce qui vient d’arriver à Ceuta, mais aussi un traître envers l’Espagne, plus ou moins comme Blum pour Mitterand).

Nouvelles rencontres avec Michelle Debré, Georges Marchais, Dominique Pado, Gaston Deferre.

C’est donc l’histoire ou l’example de politiciens socialistes qui connaissaient bien Felipe Gonzalez et Alfonso Guerra, d’une taille humaine et politique très différente à ceux de ce siècle XXI, surtout en Espagne où la corruption et les mensonges sont les seuls atouts d’un socialisme en détresse et dans la boue.

La paille et le grain, une fine manière de connaître mieux à Mitterand et les années soixante-dix et un apprentissage et comparaison avec les politiciens actuels, partiulièrement les socialistes espagnols.

sábado, 5 de septiembre de 2026

 

                                                            LA ESPAÑA AMENAZADA

En este siglo XXI en el que dos conflictos internacionales se llevaban la palma, como la guerra de Ucrania y la guerra de Irán, ha entrado en liza la amenaza de Marruecos sobre España, a través de la ciudad española de Ceuta, en una invasión humana de los desarraigados de las calles y plazas de Marruecos como de los malhechores amnistiados por Rabat, llamada eufemísticamente “guerra híbrida”, pues aunque no llevan armas y calzan chanclas y tienen bañador, con ellos traen, en buen número: suciedad, ignorancia del idioma, falta de respeto, violencia, posibles enfermedades, odio por su suerte, ninguna formación, escasa aptitud laboral y, eso sí, mucha juventud y fácil presa para quien sepa adoctrinarlos.

Es claro que el régimen marroquí es un Estado fallido, autocrático, policiaco y corrupto,  y donde las apariencias de organismos supuestamente democráticos no pueden ocultar que el Rey y su corte son quienes ostentan el mayor provecho y los principales beneficiados, cogido por los hilos de Francia y, ahora, del mismo Trump, quienes explotan las riquezas de su subsuelo, particularmente del Sahara, que según la ONU merecería una consulta a sus pobladores,  que aún no se ha hecho.

 En su habitual chantaje a las instituciones europeas, en orden a erigirse en el gendarme que pueda frenar al jihadismo, la inmigración,  y el terrorismo subsahariano y de las mafias de la droga establecidas en Marruecos, sus productos agrícolas son recibidos sin los debidos controles ni las exigencias que son obligatorias en nuestras leyes europeas, se prefiere mirar para otra parte y que paguen el pato los agricultores almerienses y murcianos, sus competidores principales; también se les suelen llenar las arcas para esa vigilancia fronteriza, unas cantidades que suelen ir a la bolsa del sultán, su familia y los consejeros, ministros y generales que le rodean, con subvenciones que también el gobierno socialista español le versa caudalosamente, sin que ninguna de estas fuentes de financiación hayan servido para mejorar la vida de su población joven, decidida en su gran mayoría en abandonar el país, donde ni los muertos en el Mediterráneo de sus compatriotas quieren ser recogidos por estos regidores y que tengan sepultura  en el suelo que les vio nacer.


Si los EEUU siempre, según nos enseña la historia, han movido el avispero del mundo procurando dotar a sus empresas de ventajas y expectativas industriales y comerciales, para lo que cuentan con la CIA, como brazo armado y financiero en la sombra, como se vio en Chile, colocando a Pinochet y derrocando a Allende, con tal de recuperar el cobre que había sido nacionalizado; en Venezuela han defenestrado al dictador Maduro para colocar a Delcy Rodríguez, quien les ha dado las llaves de los pozos de petróleo, necesarios por si les fallaba lo de Irán, como así ha sido; en Marruecos, sabido es que tienen comprado a Mohamed y su Estado corrupto y policiaco, por los fosfatos y minerales energéticos; y Ucrania, la pobre, está de rodillas condenada a entregar todos sus recursos a los USA para pagarles las migajas que en armamento les entrega Trump, posiblemente en connivencia con Putin, deseoso el yanqui de que esta guerra se prolongue y ambos contendientes se debiliten más. Los muertos y el dolor de las madres, poco importa.


Cómo es posible que un aliado habitual de los USA como España, aunque la misma “marcha verde” fuera aprobada en su momento final por Kissinger, el hombre fuerte de Ford y Nixon, único que podía haber detenido a Mohamed V, ahora vuelve a ser puesta a prueba. La única razón es la enemistad mostrada por Sánchez contra la gerontocracia de Trump, la ausencia de una diplomacia inteligente por parte española, sabedora de la grandeza democrática del pueblo norteamericano, pero de las carencias e ignorancias de sus líderes políticos, como el enorme ego del actual Presidente y su prioritario sentido del negocio. España, por desgracia, sin perder sus valores ancestrales, su pasado, el más fuerte baluarte para la unión de Europa desde Carlos V, solo ha sabido granjearse la enemistad de poderosos enemigos: Israel, Estados Unidos, buen número de Estados centroeuropeos, en el caso de la inmigración indiscriminada, la fría relación con Francia, el escaso respaldo público de Alemania y la habitual indiferencia Británica, siempre atenta a sacar provecho a río revuelto, queda clara por qué España está amenazada, otra vez.

Nada hemos aprendido de aquella depresión que se instauró en España en el año 1898, cuando el almirante Cervera era enviado con la escuadra española sabedor desde su partida de la derrota que le esperaba en Santiago de Cuba y Sagasta nada sabía hacer, mientras los ditirambos de la prensa y el pueblo, se manifestaban en masa contra el maléfico yanqui,  y la frágil María Cristina de Habsburgo-Lorena, regente de una débil España que, desgraciadamente ni supo mover sus cartas diplomáticas con antelación ni granjearse el apoyo de otras potencias, como un castillo de naipes caían los últimos restos del imperio español.

En este 2026, una nueva amenaza se cierne sobre España, de la África vecina, que  desde tiempo inmemorial ya llegaron a nuestras costas,  en el 711, eran pocos sus cabecillas, pero los mal avenidos pobladores de entonces facilitaron el trabajo de las élites guerreras africanas que nos invadían. Varias fueron las invasiones que se sucedieron después y ya, en tiempos modernos, fue al revés, sin que España tuviera en sus gobiernos de entonces una clara voluntad colonial, conocido el desastre del 98, por lo que ya Prim se consagró en Castillejos, junto a las huestes catalanas que comandaba y el cacique Abd el-Krim, líder rifeño, puso en jaque el ejército español, en 1921 tras el desastre de Annual y proclamación de la República del Rif, hasta que en 1925, con el desembarco de Alhucemas, comandado por Primo de Rivera, el ejército español reconquistara el territorio e hiciera la paz.


El Gobierno corrupto de Marruecos y su autócrata rey Mohamed VI (Asesino que lo tilda Rufián), buscando tapar el desarraigo y descontrol del país, reclama las dos ciudades españolas en Africa, Ceuta y Melilla, que desde tiempo inmemorial ya formaban parte de España, ya que Marruecos existe desde que Francia le otorgara su independencia en 1956, uniendo territorios que nunca formaron una unidad, como son los de la ribera atlántica y el Rif, a los que tras la “marcha verde”, 1975, se le entregara a Marruecos la administración del Sahara, de grandes yacimientos minerales y pesqueros.




Y cómo defendernos ahora.


1º.- Dimisión del Gobierno de Sánchez en pleno y nuevas elecciones generales, por su inoperancia, su traición y sus mentiras.

2º.- Un Gobierno provisional, hasta la toma de posesión del nuevo presidente de Gobierno,  con el Rey a la cabeza que refrende:

             a.- leyes que expulsen de inmediato a los invasores, grandes y pequeños

            b.- Acuerdo con Túnez y Argelia, ante la oposición de Marruecos, para devolver a los inmigrantes a centros de acogida en Túnez y Argelia costeados por España y la Unión Europea,  donde se estudiaría cada caso personal del inmigrante o su expulsión definitiva de esos centros.

            c.- Acudir al respaldo diplomático y de cualquier medio tecnológico con Alemania, Francia, Italia, China, USA, Japón, Portugal e Hispanoamérica.

            d.- Levantar vallas, espigones y medios suficientes de disuasión efectiva para que no se pueda producir ninguna entrada indeseada en Ceuta o Melilla.

            e.- Estado de alarma, en Ceuta y Melilla,  del ejército, la Armada y las fuerzas del orden, en número y medios bélicos suficientes para repeler cualquier agresión militar o nuevo intento de invasión.

            f.- Los islote de Alhucemas, Perejil, Los Velez, Chafarinas, con medios de defensa militar y respuesta, alojando allí a la Legión.

            g.- El CNI y todos los medios de contraespionaje europeo y aliados trabajar por la sublevación e independencia del Rif y del Sahara, que serviría para que la tensión política estuviera en el interior de Marruecos.

            h.- Oponerse a todos los acuerdos económicos que puedan favorecer a Rabat hasta tanto no se avenga a respetar nuestras fronteras y trabajar por ese control fronterizo que hoy no hacen y el respeto a sus vecinos. Iniciándose en un paulatino boicot de todo cuanto les pueda perjudicar y cuya mano obre en nuestro poder: transporte, gas, comercio, finanzas.

            i.- ordenar una inmigración, preferentemente de nuestros hermanos de Hispanoamérica y cooperar en el desarrollo y mejora de la vida del Africa, donde toda Europa debiera comprometerse a brindarla, siempre a países democráticos

            j.- exigir a Rabat su desmilitarización y esos fondos empleados en su juventud y empleo.

            k.- Lograr que desde Tripoli hasta Nuakchot, sus pobladores se vayan democratizando, cuenten con gobiernos democráticos, no corruptos, y noten que Europa y las democracias occidentales les ayudan directamente en su prosperidad, sin necesidad de embarcarse y caer en manos de mafias que exploten un sueño de alcanzar Europa que puede ser coordinado y fraterno, según las mutuas necesidades de mano de obra y empleo.

            L.- Oposición frontal occidental a gobierno religiosos y con leyes islámicas, apuesta por una sociedad civil donde exista libertad de culto y el islam no sea una tiranía para sus fieles y quienes no profesan su Ley.

¿Sabrá España defenderse o volveremos a caer en una nueva Depresión y un nuevo Desastre por no haber hecho nuestros gobiernos las cosas a tiempo?

           

 

martes, 1 de septiembre de 2026

STEFAN ZWEIG. VEINTICUATRO HORAS EN LA VIDA DE UNA MUJER. O el flechazo.

 


STEFAN ZWEIG. VEINTICUATRO HORAS EN LA VIDA DE UNA MUJER

Stefan Zweig  (Viena, 1881-Petrópolis, Brasil, 1942), publicó en 1927 esta pequeña historia en la que el amor, cual un relámpago, se le aparecen a dos mujeres, Henriette, que con el escritor y su marido empresario lionés y sus dos hijas menores están pasando el verano hospedados en una pequeña pensión de la Riviera, junto a otras dos parejas y una bien atildada señora mayor, británica, llamada Mistress C, quien también le narrará a Stefan su repentina historia de amor, tras la defensa que éste hizo por la huida de Henriette tras un joven huésped italiano que sólo llevaba dos días en aquella pensión.

Al parecer, cuando contaba cuarenta y tres años de edad, era viuda y se encontraba en Montecarlo, mistress C creyó que un joven jugador del casino, en su desesperación por las pérdidas, tenía la intención de suicidarse, por lo que ella trató de ayudarle y, probablemente, terminó enamorándose y, si este jugador se lo hubiera pedido, todo lo habría abandonado por él. Habiéndolo socorrido en dinero y con la promesa solemne de que abandonaría el juego y regresaría a su pueblo en Polonia, tras haber pasado la noche juntos. Sin haberle podido decir adiós en el andén del tren, donde quizás se hubiera arrojado a sus brazos y acompañado donde el jugador hubiera querido, Mistress C, al regreso de la estación, trató de recordar los distintos lugares por los que había paseado con aquel joven, por lo que terminó entrando al casino y, en la misma mesa donde por primera vez vio sus convulsas manos, encontrarlo de nuevo apostando el dinero que ella le había dado para su retorno.

Mistress C descubrió con amargura que aquel por quien todo lo hubiera abandonado, sin embargo solo tenía un amor: el juego.

Años más tarde, en una reunión con embajadores, un polaco le contó la historia de un pariente cercano que se había suicidado. Mistress C ya tenía superado aquel flechazo y esas veinticuatro horas que pudieron hacerle cambiar su tenue paso por la vida, mientras Henriette, en el círculo de los huéspedes de aquella pensión de la Riviera, una pareja de italianos y otra de alemanes, solo merecía su desaprobación y solo la defensa del escritor allí presente.