martes, 10 de febrero de 2026

 


PREMIOS PLANETA 1955-1958, EMILIO ROMERO, EN LA PAZ EMPIEZA NUNCA

Allá por el año 1957, España trataba de salir tibiamente de la ruina que supuso la Guerra Civil y del aislamiento al que había sido sometido el régimen de Franco por los vencedores de la Segunda Guerra Mundial.  Crecían los natalicios, la economía empezaba a desperezarse y pronto Eisenhower rendiría visita en Madrid al Generalísimo, en 1959, antes  el rey Saud, de Arabia Saudita, se aprestaba a viajar a Madrid, mientras Inglaterra declaraba su voluntad de poner Gaza bajo el control de la O.N.U. e Israel mostraba su oposición a que Egipto controlara la franja de Gaza. España, dos años antes, ya había sido felizmente admitida como miembro. Se iban a inaugurar las obras del ferrocarril Madrid Galicia, por Orense y Vigo. Dos obras de Unamuno estaban en el índice de libros prohibidos. Meliá expresaba su decidida apuesta por el turismo. Mientras tanto, en Granada el diario Ideal se vendía al precio de una peseta, el señor arzobispo había bendecido la inauguración del Nevada Palace, ante más de dos mil doscientos invitados y Franco, portando un cirio,  había estado presente delante del altar levantado en el Triunfo en el congreso eucarístico,  con la presencia de más de cuarenta prelados y millares de congresistas, muchos de ellos venidos de otros lugares de España y a Miguel Ríos se le prohibía cantar.

En el número 18 de la calle de Niños Luchando de Granada, a escasos metros de la Universidad que fundara Carlos V, en casa del carpintero Francisco Orero Montoro y María Aguado Moreno, vecinos de las monjas de clausura  de la Encarnación y de la Siervas de María, de la Colegiata, del convento de Santa Paula y el Colegio Mayor de san Bartolomé y Santiago,  cerca de la academia Isidoriana , compartían,  en el cada vez más reducido espacio, apresuradamente unido,  un joven matrimonio, Fernando y Maruja,  con sus cuatro hijos, Fernando, Rosa María, Blanca y Conchi, que como gotas de agua cada año habían venido al mundo, impregnados en ese hogar del olor de la madera y el continuo  ras-ras de la sierra y el cepillo o el suave siseo del  escoplo y el formón, mientras las virutas tapizaban el suelo del taller, a la vez que las voces de los carpinteros, ebanistas y escuálidos clientes, dispuestos siempre a recomponer el apolillado y desvencijado mobiliario y las nuevas escribanías,  pagando poco, o fiado, desfilaban por el patio columnado y el umbral de un porche de bellos azulejos valencianos en busca del maestro.

Era pues una época de esperanza hacia el porvenir, tras la larga noche oscura y de penurias que desde el 36 hasta el año 1945 padecieron los españoles, cuyos disidentes o  republicanos empezaban a salir de las cárceles y de la reeducación, además de un hervidero de familias numerosas en búsqueda de nuevas oportunidades, a veces dentro y, a menudo, en la emigración, válvula ésta que contribuiría a sostener la economía española con el envío de las remesas de los emigrados y evitar las tensiones sociales que ello podría haberle ocasionado al régimen de Franco.

Hecho este largo exordio, nos adentraremos ahora en el premio en sí, el Planeta, que ideara el avispado sevillano José Manuel Lara, emigrado a Barcelona y que supo ver la necesidad cultural, libresca en su caso, de esta nueva sociedad española que podía distraer alguna peseta para adquirir la prensa o un libro, por lo que para ayudar en la difusión de sus publicaciones, en 1952 su editorial  ya había empezado a organizar unos premios. En este año 1957 se otorgaron en Madrid, en los bellos salones del Hotel Palace, y según cuentan, el jurado no tuvo fácil entregar el trofeo, que le sería otorgado al ya consagrado periodista y director  don Emilio Romero (1917-2003), un falangista enormemente comprometido con la apertura del régimen, columnista y famoso director de diarios como la Mañana, Información y Pueblo, al frente del cual estuvo más de veinte años y con una difusión envidiada.

En cuanto a su libro, cuyo título ya adolece de una correcta sintaxis, que sin embargo, La paz empieza nunca, tiene el acierto de ser todavía, en el siglo XXI, un titular muy certero y, posiblemente, una realidad cuando los ecos de la contienda fratricida aún permanecen vivos en la mente de los mismos que vivieron a la sombra de Franco, especialmente sus más relevantes dirigentes socialistas, caso de Rodríguez Zapatero y Pedro Sánchez Castejón.

En esta obra, galardonada con el premio Planeta, Emilio Romero, que ya cuenta con cuarenta años, presenta a un paisano cualquiera, que apellida López, para que sea el protagonista y quien nos relate, tras una primer  invocación hecha  a un texto de Ángel Ganivet, un desesperanzado escritor sobre el devenir de  España, lo que  considere que pasa veinte años después del final de la guerra de 1936, y su conveniencia de recordarlo y del por qué se produjo esa sangrienta confrontación entre hermanos, además de presentar la razón de que se encendiera la mecha que desembocó en una conflagración fratricida, cuando  su autor cree que la convivencia de unos españoles con otros no funcionaba, “Aquí no nos podíamos ver la mitad de la otra mitad. No nos aguantábamos”.

Que le caben dudas sobre el cambio que piden las naciones democráticas para España, lo refrenda cuando nos dice: A mí me parece que el miedo es importante. Hay que tener miedo siquiera otros veinte años más, a ver si nos da tiempo a arreglar con algún valor las cuentas del todo, y a perder definitivamente el miedo al compatriota. Si perdemos el miedo antes de tiempo, creo que volvemos a tirarnos a la garganta.

Cierto es que tuvieron que transcurrir veintiún  años antes de tener la nueva Constitución democrática, y que Franco hubiera fallecido, por lo que su apelación al miedo se vio superada, aunque si aún estuviera entre nosotros en este año 2026, cuando la izquierda desempolva a Franco y la trasnochada corriente comunista de grupúsculos es proclive a consignas y banderías republicanas retrógradas y cainitas, posiblemente haya que convenir con Emilio Romero que la paz empieza nunca.

Pronto hará su presentación López, la historia grandiosa y emocionante de una generación española que lo echó todo a rodar un día con la ilusión de poner este pueblo –amargado por su decadencia, su atraso, su hambre y sus odios- otra vez en pie.

Donde se dice quién es López, su autor sitúa su origen en el pueblo del Viso del Marqués de Santa Cruz, en mitad de la Mancha, la tierra del Quijote por excelencia, frontera con el Despeñaperros y la siempre luminosa y fecunda Andalucía, en una humilde vivienda a unos pasos del famoso palacio que allí levantara el vencedor de Lepanto, el gran estratega marino y capitán general del Mar Océano al servicio de la Corona hispana, el granadino don Álvaro de Bazán y Guzmán, donde comienza su enseñanza y conoce su primer  amor, Paula la Perindola.  Es hijo de una viuda, Nicanora la Flauta, de escaso patrimonio, pero muy hábil para tasar joyas y objetos de valor, muy religiosa y de agraciada figura, por lo que siempre tuvo a su alrededor quienes la pretendieran. La Patria, pues estaba en cada pueblo, que era el mundo conocido, ya que los desplazamientos eran siempre a los alrededores, a pesar de que el tren pasara no lejos y Madrid siempre estuviera en mente de todo aquel que ansiaba un porvenir mejor y conocer más ancho mundo.

Tras abandonar las clases nocturnas de don Rufo, por edad, López se marcha a Madrid, ya que la mayoría de los chicos de su entorno a poco que enreciaban, salían a trabajar al campo o a otros oficios y las chicas no salían de casa o iban a servir por toda la comarca y hasta más lejos, aunque más de la mitad de la población de el Viso no sabían leer.

En cuanto llega a Madrid, a una pensión, en la calle de San Vicente y al precio de cuatro pesetas, de las muchas donde solían cobijarse todos aquellos que llegaban a la capital de España, es el día 14 de abril de 1931 y se acaba de implantar la República. La algarabía callejera todo lo inunda, cantando la Marsellesa y el Himno de Riego, éste  último con una letrilla anticlerical; cubiertos con gorros frigios y portando banderas tricolores, insultando ferozmente a la familia real y a los políticos monárquicos.

Se empezaron a quemar iglesias y conventos, mientras frailes y curas tenían que ocultarse. No se concebía la Monarquía sin aristócratas y terratenientes, ni aparecía la República sin sectarismo y sin Comuna, nos dirá su autor, mientras la Guardia Civil era acusada de defender el orden burgués, que esta guardia no había creado ese orden y que siempre tuvieron el encargo de defender el orden constituido, cualquiera que fuese, aunque éste fuera malo.

La República abrió la mano de las libertades populares, y se fueron haciendo los amos de la calle distintos alborotadores y disconformes, por distintas disconformidades y problemas.

Aun cuando López mantiene una relación epistolar con la Perindola y en vacaciones las pasó con ella y su padre en Alicante, la situación social general es de continuos enfrentamientos callejeros, como Castilblanco, la Villa de don Fadrique y Casas Viejas, hasta alcanzar el mayor paroxismo en 1934, con la revolución de Asturias y la insurrección catalana, tras el cuartelazo fracasado de Sanjurjo en 1932. El general Batet rindió a los catalanes poniéndoles los cañones en las mismas barbas; el general López Ochoa y el teniente coronel Yagüe, éste con las tropas africanas, pacificaron Asturias –donde los revolucionarios habían hecho matanzas de frailes y de adversarios políticos- y desde Madrid dirigía toda la defensa del Poder constituido el general Franco.

Lo que irá induciendo a grandes masas de jóvenes a inscribirse en la recién creada Falange, pues una enorme corriente de la ciudadanía creía que la República que se había proclamado el 14 de abril de 1931 la habían traído los republicanos anticlericales de toda la vida, los radicales, los socialistas, los masones, los extremistas obreros y el sentimiento antimonárquico de los españoles.

En la calle aparecía una fuerza juvenil nueva que no estaba adscrita a los grupos monárquicos ni a las fuerzas conservadoras de Gil Robles ni nada conocido, y tenía como cabezas visibles a José Antonio Primo de Rivera, hijo del dictador general don Miguel Primo de Rivera;  al aviador Ruíz de Alda, que cruzó el Atlántico en los últimos años de la Monarquía en el hidroavión Plus Ultra, asombrando bastante al mundo; a Ramiro Ledesma Ramos, un oficial de Correos, socialista nacional que había fundado la revista La Conquista del Estado en 1931; constituían esta fuerza abogados, escritores, poetas, marqueses, ex comunistas, ex anarquistas, estudiantes y campesinos. Una fuerza política extraña y electrizante, nos dirá don Emilio Romero en boca de López. (Acaso no nos recuerdan estos hechos pasados a lo que en este 2026 viene sucediendo: un Gobierno socialcomunista , un partido Popular que no termina de dejar claro cuál es su apuesta de progreso, justicia e igualdad para todos los españoles, a cuya sombra Vox sigue creciendo, mientras los grupúsculos de izquierda unidos al PSOE sufren el mismo varapalo, y la gran mayoría de la ciudadanía española observa con angustia el fortalecimiento de los separatistas y los etarras, gracias también al blanqueo llevado a cabo por los socialistas necesitados de sus votos para seguir gobernando, con dramáticas incidencias en los transportes y la imposibilidad de emanciparse de los jóvenes,  la carestía de la vida y la dificultad para  encontrar vivienda, amén de una inmigración descontrolada, entre una vergonzosa corrupción y la falta de Presupuesto General, entre otras muchas lacras de un gobierno perverso y mentiroso).

Yo estaba orgulloso de ser español. Me parecía que nuestra historia, en lo anecdótico, en lo particular, estaba llena de cosas grandiosas y de cosas abominables, porque éramos un pueblo muy sanguíneo y muy removido; pero en lo general, por lo que habíamos acumulado alrededor del Mediterráneo, y por lo que habíamos aportado a los otros mares y a las tierras de estos mares, éramos uno de los pueblos más serios del mundo.

Cierto es que tras la pérdida de Cuba, también querían irse Cataluña, Vizcaya y Galicia, y al final, todas las regiones por contagio aludiendo a no sé que de sus respectivas personalidades, como si alguna vez hubieran sido algo de puertas afuera, cuando todas reunidas es lo que había constituido eso que el mundo conoce como español. Es decir: querían dar la marcha atrás. Frente a incorporación, desintegración.

En lo relativo a la sociedad, el tal López y esa generación joven, en su gran mayoría se consideraban solidarios, socialistas sin partido, patriotas con vocación universalista y sin aspiraciones épicas, respetando a la religión católica y devotos de las enseñanzas antiguas.

A todos estos que pensaban así, empezaron a llamarlos fascistas puros (Del mismo modo que hoy el Gobierno de Sánchez y su camarilla llaman a los opositores y críticos de sus tropelías, nada nuevo, pues).

Por lo expuesto anteriormente, López, descuidando un tanto sus estudios y la esperanza de su madre que opositara, termina afiliándose a Falange, además de enamorarse de Lucía, la hija del portero del edificio donde está su pensión, que terminará falleciendo en 1934 tras una hemoptisis, de acudir frecuentemente a las tertulias de los cafés y de rodearse de amigos con las mismas inquietudes políticas que él, cuando los atentados se sucedían y su círculo y él mismo, en la primavera del 36, se dedicaban a dar golpes de fuerza, en represalia a los que también daban los obreros organizados en sindicatos y partidos políticos.

Con el asesinato del político de la oposición Calvo Sotelo, por parte de las fuerzas del orden, en este caso la recién creada Guardia de Asalto, donde figuraban el capitán Condés y el teniente Moreno, autores del hecho material entre su domicilio y las Ventas, se desataron todas las furias y la espoleta para que el 17 de julio gran parte del ejército se sublevara. En Madrid, su íntimo amigo Jorge alcanzará el Cuartel de la Montaña, a donde López y algunos de sus amigos falangistas no lograron sumarse y no tardarían en ser delatados y apresados.

Entregado por Micaela, la fámula de la pensión, que noviaba con Román el jefe de la banda,  perteneciente a la checa de Porras en Pozuelo, en el interior de un convento de frailes, tras el interrogatorio, al anochecer, en las cunetas de los arrabales, eran conducidos por milicianos para ser fusilados, momento este, no lejos del Manzanares, que logrará evadirse, tras saltar el muro que lo separaba del río, huyendo perseguido por un miliciano, que había perdido su fusil en la persecución, y a quien López, con sus manos, terminará ahogando después de una feroz lucha. Exhausto tras la pelea, la carrera y un tiro en el hombro, se despierta en una casa humilde, donde una mujer, Pura, le está limpiando la herida y le alimentará, a pesar de que es pareja de un miliciano y que él, una vez vuelto en sí, no dude en confesarle que es un activista de Falange, pero su juventud y el recuerdo de un primer amor de Pura, de rasgos parecidos a los de López, le salvarán la vida, a pesar de la oposición de su compañero.

Conocedor de las disputas de la pareja en el tálamo por su causa, que podían terminar en su entrega,  y decidido a unirse a los sublevados que se asoman ya por las crestas de la sierra de Guadarrama, convencerá a Pura y Pedro, el compañero y miliciano, para formar parte de su grupo y desdecirse de su afiliación y creencias fascistas.

En la ciudad, mientras tanto, las célebres” brigadas del Amanecer” , de García Atadell, tenebrosas cuadrillas de bandidos nocturnos que se llevaban a las checas millares de fugitivos, joyas, vajillas y todo lo valioso que les viniera a mano.

En Europa, Hitler había triunfado democráticamente y recibido el apoyo entusiasta de las masas, aunque su socialismo y su discurso de recuperar para los alemanes la hegemonía de antaño, terminaría convirtiéndose en una locura desenfrenada y con dos claros enemigos: Gran  Bretaña y los judíos. En Italia, Benito Mussolini, con su sueño de un nuevo César, era el nuevo dux o líder del pueblo. En Rusia, Stalin, un frío, implacable, calculador y táctico comunista, dirigía a los soviéticos.

Comunismo y fascismo eran los dos únicos  movimientos enfrentados. El fascismo tomaba un aire nacional. Hitler y Mussolini eran ideológicamente socialistas, pero al tiempo, como ciudadanos de Alemania y de Italia, respectivamente, afirmaban razones nacionales ulceradas.

Mientras el comunismo arrancaba del proletariado, el fascismo lo hacía de las clases medias. Eran las dos clases empobrecidas por la oligarquía territorial y por la plutocracia industrial. El comunismo, por reclutarse en las capas sociales más bajas y más desesperadas, tenía un idealismo más materialista, más fanático e implacable. El fascismo retenía el idealismo religioso, el freno moral y el refinamiento cultural. El comunismo eligió al fascismo como enemigo más odiado, en lugar de elegir a la oligarquía de la tierra, de la Banca o de la industria, que era todo el antiguo régimen. Al lado de los comunistas se agrupaban republicanos burgueses, viejos liberales, progresistas agnósticos, separatistas y oligarcas industriales. Al lado de los falangistas estaban monárquicos de las varias dinastías pretendientes, republicanos moderados, aristócratas, terratenientes, banqueros y todo el núcleo miitar iniciador y propulsor del Alzamiento.

Las clases altas, las clases medias y un porcentaje de clases populares estaban con el Alzamiento militar; un gran porcentaje de clases populares y otro pequeño de clases medias estaban con la República.

López que ya ha logrado unirse a los sublevados, tras una fortuita estratagema cuando tuvieron la fortuna de apresar a unos soldados del bando contrario, y seguirá combatiendo, ahora con los “nacionales” y frente a los que antes fueron sus compañeros, los milicianos de la República, tanto en el frente de Brunete, como en Teruel y en la misma orilla del Ebro, enfrentado a grandes líderes obreros ahora en el ejército popular, caso de Líster, Juan Modesto, El Campesino y generales como Saravia, Hidalgo de Cisneros o Vicente Rojo, seguirá hablándonos del ambiente social de esos tiempos y su punto de vista sobre los hechos y sucesos, aunque hoy sería muy discutible.

Nunca las revoluciones de los pobres se han propuesto establecer la equidad, sino imponer un relevo en el disfrute de la riqueza. Como a este relevo se oponían los ricos, no quedaba otro remedio que matarlos.

Ávila, Salamanca, Valladolid y Burgos, son las pequeñas capitales castellanas por donde se fueron estableciendo, paulatinamente, la sede y administración del ejército sublevado, por donde López pasará hasta convertirse en alférez y ser condecorado por Franco en un asalto a las posiciones clave de la sierra de Pándols, en un gesto valiente y heroíco.

En el Viso del Marqués, nos dirá, apenas hubo violencias, a pesar de que en Santa Cruz de Mudela y Valdepeñas fueron horribles,  y Nicanora la Flauta, su madre, informada cuando fue apresado por la banda del Porras, creyó que había muerto y se encerró y enlutó, mientras su novia Paula la Perindola, en “la Casa de las Fuentes”, requisada para acoger supuestos enfermos, terminará encamándose con Clodo, un zafio, mujeriego y bandido allí oculto.

Victorioso el ejército nacional, al que López había pertenecido y de regreso a Madrid, se reencontrará y consolará a la que fuera novia de su amigo Jorge, Carmina, a la que le promete casarse cuando regrese de Alemania, a donde piensa acudir para aliarse y seguir combatiendo  el comunismo ruso, después de que un buen día, el ministro Ramón Serrano Súñer, tras  el estallido de la segunda guerra mundial, desde el balcón de la sede de Falange en la calle Alcalá de Madrid, ante millares de jóvenes españoles, declaró que Rusia era culpable y una inmediata recluta de falangistas se puso en marcha voluntariamente para acudir al frente ruso como la División Azul, donde dejarían la vida muchos de ellos o terminarían cautivos en campos de concentración, los famosos gulags.

Carmina y él se casarán y empezará para López su vida de burgués empleado en el Ayuntamiento, con la llegada de dos hijos, sus tertulias en la cafetería Zahara en la Gran Vía, con el recuerdo presente de los compañeros que quedaron enterrados en las estepas rusas, las tertulias sobre el toreo de Manolete, el fútbol, la escasez, el fraude, la especulación y los dueños del haiga que hacen muestras de su escandalosa ostentación.

Políticamente, el General Franco presidía un Régimen constituido por los tres grandes grupos políticos que se sumaron al Alzamiento: los monárquicos –con sus varias tendencias dinásticas, la derecha católica o Democracia cristiana y la Falange. Existía una unidad teórica o sobre el papel agrupada en torno al prestigio imponente de Franco, pero prácticamente se advertían las viejas fronteras de los grupos, en una España aislada políticamente. Mientras los vencedores de la guerra colgaban en Nüremberg a los vencidos.

López nos describe la situación social de esa España, sujeta a la improvisación, la austeridad, la prostitución,  el hambre, el estraperlo y el mercado negro para sobrevivir, mientras los propietarios rurales habían vuelto a sus fincas  y trataban con insolencia a los desgraciados que sobrevivieron a la guerra, tras la imponente manifestación en la Plaza de Oriente, un 9 de diciembre de 1946, que aclamaba a Franco, asediado desde Nueva York por las naciones vencedoras que querían un cambio para el Régimen de Franco, al que don Juan, el hijo heredero de Alfonso XIII, declaró en Lausanne en 1945, que estaba inspirado en los sistemas totalitarios de los países del Eje, y que el Caudillo debía de marcharse, añadiendo: “No incito a nadie a la rebelión, pero quiero recordar a aquellos que apoyan al actual sistema político, la inmensa responsabilidad que contraen contribuyendo a prolongar una situación que conduce inevitablemente al país a una catástrofe”.

La guerra civil tenía que ser sólo el sacrificio para haber podido llegar al entendimiento; su resultado no podía ser una bandera para que los vencedores la restregaran todos los días por los morros de los vencidos, ni para que los derrotados estuvieran en la obligación de esperar el momento de la venganza.

El Madrid donde López fija su residencia, tiene ahora dos hijos y también acoge a su madre, ve a unos habitantes que tratan de recuperarse, disfrutar de un domingo en el campo, las vacaciones subidos al tren botijo que les conduce a las playas de san Juan en Alicante o celebran un nuevo año brindando con champán y tomando las doce uvas entre amigos y vecinos, mientras el reloj de la Puerta del Sol da las doce campanadas.

Estos pobladores quisieron meter mano en una España atrasada, empobrecida, comida de envidia (porque estaba todo mal repartido)estructurado en castas, y hasta donde era indecente y famoso que los poetas y los maestros –la gran aristocracia del espíritu- fueran unos muertos de hambre.

El maquis, aquellos españoles exiliados y dispuestos a formar guerrillas en España para derribar a Franco, empezaron su acción a través de los Pirineos, por lo que el Régimen puso en marcha su contraofensiva, tanto policial como de espionaje y militar, para lo que contaban con furcias que desde la lujosa cafetería Pidoux, en el centro de Madrid, ofrecían información a Gobernación, o eran utilizadas para la diversión de los visitantes exteriores, principalmente árabes y empresarios americanos, entre las que López, contratado para infiltrarse en el maquis, descubrirá a la que fuera su novia en El Viso, la Pildoain , empleada de Charo la Pava, la celestina y empresaria que contrataba mujeres para extranjeros. .

Tras su bautismo de sangre en el maquis, en la cordillera cantábrica, donde también se ve forzado a matar a un guardia civil para no delatarse en su impostura, en un alijo de armas, cuando éstas van a ser entregadas a las distintas guerrillas reunidas en Asturias, logra entregarlos, a pesar de que Dóriga, el maquis que facilitó su entrada y que conoció en la cárcel buscando ganarse su confianza, logra eludir el cerco policial y se presenta en Madrid para asesinar a Laura, la primer novia de López y que se dedicaba a denunciar y facilitar la quema de los guerrilleros.

Vuelve a su casa, con Carmina que le esperaba, a sus rutinas habituales, a su tertulia del Zahara y a su propósito de que lo que tenemos que responder es de lo que hagamos y no de lo que recordemos. Para hacer cosas que dejen en buen lugar a nuestro pueblo, ahora que queremos ir hacia arriba, la paz empieza nunca.

En conclusión, este libro premiado con el Planeta del año 1957 hace un repaso sobre los acontecimientos previos a la Guerra Civil, a los acontecimientos bélicos, como también al desenlace del maquis, de un hombre que, aunque militó en Falange, entró en este movimiento juvenil animado por la voluntad del cambio en una España, cuya historia y pasado es grandioso, pero que se hundía en la miseria y el atraso.

Su lectura, ahora en este siglo XXI y en el año 2026, cuando en España un gobierno socialista tiene actitudes y modos autocráticos, cada día que pasa tiene menor respaldo social y se sigue sosteniendo en el poder gracias al voto de separatistas y del partido que fundara el grupo terrorista ETA, Bildu, como al chantaje permanente del mismo PSC y el PNV, llegando hasta negar su voto al Secretario General del PSOE, un venerable líder socialista y ex Presidente de Gobierno como Felipe González, tras casos vergonzosos de corrupción y un grave accidente ferroviario de la línea Ave en Adamuz, con 47 fallecidos, junto al paulatino crecimiento de un partido de la extrema derecha como Vox y la disposición de la izquierda para unirse en un reaparecido Frente Popular, de tan amargo recuerdo para los españoles, sirve para concienciarnos que en España, una vez más, volvemos a cometer iguales equivocaciones que antaño y caer en los mismos errores de una época luctuosa y funesta, que creíamos superada y olvidada, pero cuyo fantasma parece reaparecer por las mismas fuerzas contendientes que en el 31 tampoco supieron entenderse ni guiar al país en los mejores derroteros.

 

 

 

 

 


PREMIOS PLANETA 1955-1958, ANTONIO PRIETO (1955), TRES PISADAS DE HOMBRE.

En tierras sudamericanas, cercanas al río Amazonas, en Colombia, Brasil y Venezuela, tres hombres, tres aventureros, traficantes de esmeraldas,  exponen en este libro su vida: son Gad, el primer narrador, despreciable ser humano, mujeriego y sin compasión, capaz de matar por el simple placer; Juan, un español, ex futbolista retirado por una lesión y abandonado por su mujer, obtuso y con reflejos de dignidad; y Luigi, un italiano, que combatió a Mussolini y el cerebro de esta banda,  con un amor en Venezuela que anhela recuperar.

Los tres buscan el dinero para esa independencia necesaria en su futuro, aunque viven en medio de la selva, que Luigi conoce muy bien sus entresijos, además de manejarse con el idioma de los nativos y haber trabajado antes en la serinja, la extracción del caucho de los árboles en esas tierras inhóspitas, donde las mujeres sólo están al servicio y para distracción del hombre.

Cada uno de los tres, hará su propio relato, por lo que ellos tres vuelven a encontrarlos el lector como frente a un espejo, en un modo literario que parece debió darse por esa época, ya que también Carmen Kurtz lo  empleará como una herramienta literaria,  casi parecida a ésta  en su obra premiada dos años después.

El libro tiene un propósito poderosamente humano, mostrándonos las virtudes y defectos que acompañan al hombre, sobre todo a aquel que se ve en la selva y en tierras inhóspitas, a pesar de que cada uno de ellos también carga con su pasado y como hubiera dicho el gran filósofo español Ortega y Gasset, es resultado de sus circunstancias, muy negativas las de un Gad que en su más tierna infancia ya era abandonado; un Juan que conoció el éxito, la fama y el aplauso, que se vino estrepitosamente abajo en cuanto sufrió una lesión y se vio abandonado por la mujer que siempre amará; y Luigi, un italiano que tuvo que huir de su tierra, bien instruido, amante de la lectura y celoso de su silencio y que nadie pueda leer su más íntimo razonamiento.

Obtenidas las esmeraldas y pagado el alto precio exigido por Luigi a un comerciante local, hábil en el tráfico comercial y enriquecido, todo acabará con la traición de Gad, que pierde la vida a manos de Luigi; el probable regreso de Juan a España, ante su incapacidad para aclimatarse en este clima y en estas tierras salvajes, mientras el italiano, deseoso de alcanzar  su El Dorado en una mujer que conoció en Venezuela, por los innumerables meandros del río Amazonas, tratará de llegar, sorteando los diversos peligros que envuelve la selva y terminará también sucumbiendo.

Entretenido libro de aventuras, con tres narradores que muestran su interior al lector, en ese enfrentamiento entre los tres socios y en esa lucha por sobrevivir y hacerse ricos, dejando en tierra su huella y sus pisadas, donde el cieno y la vegetación se apodera de todo y entierra el paso del hombre.

 

sábado, 7 de febrero de 2026

Un breve repaso de la vida de Ibn Al-Ahmar, fundador de la dinastía granadina nazarí

 


IBN AL-AHMAR, DE BÁRBARA BOLOIX GALLARDO

Bárbara Boloix Gallardo, profesora en la Universidad de Granada y eminente conocedora del árabe, ha buceado en la vida y reinado del primer sultán de Granada y fundador de la dinastía nazarí, Ibn Al-Ahmar (1195-1273) que vio la luz en Arjona (Jaén), plasmando ese enorme conocimiento en un libro, donde nos mostrará los distintos avatares de este agricultor y defensor de la frontera que, en tiempos de Taifas, se hará con el gobierno de lo que queda del Andalus tras la derrota de los Almohades en la batalla de las Navas de Tolosa (1212) y después de que su primera capital la fijara en Jaén, en el castillo de Santa Catalina, terminó fijando su residencia personal y de gobierno en Granada, siendo la cumbre de la Sabika la que acogerá su esfuerzo para defenderse y consolidar su reino, entonces muy vinculado a Fernando III (El Santo), a quien le pagaba cada año parias o un estipendio, conforme al acuerdo de paz de veinte años firmado, que a ambos les compromete en la defensa y soporte mutuo. Tanto es así que Al-Ahmar acudirá con sus huestes a atacar Sevilla, que será tomada por el rey castellano, en 1248, y a su regreso a Granada, con un tanto de amargura por haber intervenido en la derrota de sus hermanos musulmanes sevillanos, bordar en su escudo de la Alhambra: Wa la galiba illa-llah o sólo Dios es el vencedor.

La medina y alcazaba de Málaga estaban en manos de un familiar de Al-Ahmar, pariente de su esposa, de los Banu Asquilula, quienes le ayudaron en la conquista del poder y que esperaban estar a la misma altura que los Nasr.

Tiene que combatir al emir de Murcia, que antes de su llegada a Granada, era el todopoderoso dueño de Al Andalus y que terminará entregando su ciudad a los castellanos, mientras que Al-Ahmar, con una política inteligente de enorme entendimiento con el rey castellano que sede en Toledo y, ahora en Sevilla, Fernando III, el Santo, a pesar de que con su hijo y descendiente, Alfonso X, el Sabio, no mantendrá la misma buena relación y tratos, por lo que las incursiones de los castellanos llegarán incluso a presentarse no lejos de las murallas de Granada, aunque se retiran.

Tratará de apoderarse de Ceuta, donde fracasa su intento naval, ya que era el puerto por excelencia del tráfico entre la península y Africa, siendo derrotado por los Meriníes de Fez que, sin embargo tendrán con el reino de Granada, posteriormente, una buena relación.

Acogerá en Granada a los disidentes de Alfonso X, pocos años antes de su muerte, que tiene lugar un mes de enero, cuando cae de su caballo y a la edad de 80 años, sin que padeciera como muchos de sus descendientes la muerte por disputas del poder.

Su hijo Mohammed II será quien le suceda, después de que dos de sus otros hijos fallecieran, sin que el libro nos diga cómo ni por qué, Faray y Yusuf, murieron.

Ibn Al-Jatib será quien haga la mejor crónica de este reino y Bárbara Boloix la que nos muestre su portentosa maestría del árabe y la gran documentación que emplea para relatarnos lo que fue la vida y obra de este primer fundador de la casa Nazarí de Granada.

miércoles, 4 de febrero de 2026

EL GALGUERO, LA NUEVA APUESTA DEL MINISTRO ESPAÑOL DE TRANSPORTE, ÓSCAR PUENTE

 


EL GALGUERO, LA NUEVA SOLUCIÓN HALLADA POR EL MINISTRO DE TRANSPORTES PARA HACER MÁS SEGURO EL TRÁFICO FERROVIARIO

El accidente ferroviario del AVE, acaecido en las cercanías del pueblo cordobés de Adamuz, el pasado día 18 de enero de 2026, cuando el ínclito y esclarecido Ministro de Transportes y Movilidad sostenible, el pucelano Óscar Puente, días antes manifestaba a los cuatro vientos y a todo el que quisiera oírle, que la seguridad del sistema ferroviario español era de RIESGO CERO y EL MEJOR DE LA HISTORIA, a pesar de las numerosas incidencias y retrasos que venían produciéndose desde que él tomara posesión de su cartera ministerial, haría pensar, ahora que el AVE transita a la velocidad de los primeros trenes por nuestra península, que impulsaran Miguel Biada, Barcelona-Mataró, y el Marqués de Salamanca, la línea Madrid-Aranjuez,  llamado el “tren de la fresa”, en época de Isabel II (¡ya ha llovido!), que el susodicho y peculiar Ministro castellano, exuberante en su buen hablar y mucho mentir, que lo que debiera volver a incorporar a Adif y Renfe, en vez de las amantes de su predecesor Ábalos, debiera ser el galguero, aquel heroico, esforzado y antediluviano empleado humildísimo del ferrocarril, quien con su cuerpo se convertía en un importantísimo instrumento de frenada. ¡Una pieza más del tren, vamos!

Este superviviente de los primeros ferrocarriles, propensos a atentados anarquistas, al menos evitaría más muertes y podría dar aviso de las deformaciones en las vías, evitando así males mayores.

Eso sí, tendría que tener vista de lince y ser fornido, lo que podría convertir a los solicitantes de empleo y ascensos en el PSOE o a los 900.000 inmigrantes en situación irregular que pronto libremente correrán nuestras calles, en eficientes servidores de su empleador.

De este modo, Óscar Puente, el PSOE y el mismo Pedro Sánchez, lograban la total y ansiada seguridad del transporte ferroviario, el pleno empleo y el voto favorable y rehén de esos nuevos afiliados a la S.S. ¡Ahí es nada!

Cierto es que ya no podría presumir el Ministro del ramo y sus satélites, de un AVE que iba a alcanzar próximamente los 350 km/h en el trayecto Madrid-Barcelona, pero al menos, ya no sería señalado culpable de la muerte de un mayor número de compatriotas y reprobado por sus mismos  socios, siempre receptores de buenas dádivas.

En el próximo Consejo de Ministros, con la sala rebosante de espoliques, correveidiles, pesebristas y zopencos, la propuesta del galguero seguro que cuenta con los votos de los comunistas, populistas y, a no dudar, de los mismos socialistas.

Y aun cuando alguno pueda morir aplastado, hasta tanto no haya presupuestos generales para jubilar a los trenes viejos, cualquiera de esos aspirantes al puesto sabrá que sus familiares estarán cubiertos por la S.S,  indemnizados con la misma presteza que los damnificados por el volcán de La Palma, además de tener sus familiares preferencia con la sustitución, una nueva oportunidad para el “efecto llamada” y para que Irene Montero, desde su palacete de Galapagar, vea más fácil el “reemplazo” social de los fachas por gente china, negra, marrona. Y que mejor con el oficio proletario de galgueros, además de asegurar la vida de los viajeros al tren,... paso a paso.

 

¡Acaso con Pedro Sánchez y su camarilla, España no ha tomado conciencia de su atraso!

jueves, 29 de enero de 2026

MANUEL VÁZQUEZ MONTALBÁN Y EL ASESINATO EN EL COMITÉ CENTRAL

 


ASESINATO EN EL COMITÉ CENTRAL, DE MANUEL VÁZQUEZ MONTALBÁN

 

Allá por el año 1981, quien fuera miembro del PCE y escritor catalán, mezcla de esa herencia que la mayoría de catalanes llevan en sus genes, por la pujante inmigración que allí acudió en masa en diferentes épocas, y que los mismos catalanes llamaron despectivamente charnegos, Manuel Vázquez Montalbán (1939-2003), escribió y publicó una de sus mejores novelas protagonizada por el detective Pepe Carvalho, su soñado alter ego, la que tituló Asesinato en el Comité Central, donde un detective privado con oficina en Barcelona, es contratado para que en Madrid resuelva el caso del asesinato del Secretario General del Partido, en el momento de un comité y, en los segundos que transcurrieron de un apagón eléctrico en la sala, poco después de que el PCE fuera reconocido en la incipiente democracia española que arrancó tras la muerte del Caudillo Franco, cuando todos los testimonios y los hechos apuntaban a que hubiera sido un compañero presente en ese mismo evento, ya que nadie pudo salir de la sala alquilada en un hotel del centro de la capital de reino.

Por ese discurrir madrileño, Carvalho nos mostrará los entresijos y vericuetos de esos años en la política española, particularmente en la capital de España, con frecuentes comparaciones con su Barcelona, también con su dominio gastronómico, donde las viejas huestes comunistas, ayer en el exilio y formando parte del maquis para derrotar el régimen franquista, deben adaptarse a las nuevas corrientes de esa apertura democrática, como a las luchas internas de poder, cuando sus dirigentes, como el caso del asesinado Garrido, como el nuevo responsable del PCE, Santos, tienen por obsesión su partido y su formación intelectual marxista, hecho éste que le conducirá a un amago de suicidio, frustrado gracias a la rápida intervención de Carvalho, tras descubrir que el asesino era uno de los más estrechos colaboradores de Santos, Julve, formado y “criado” por el mismo Santos.

Como se desenvolvían esos partidos de izquierdas, especialmente el Partido Comunista, con posibles guiños en el personaje al entonces Secretario general, Santiago Carrillo, “que parecía sacarse los cigarros encendidos del bolsillo de la chaqueta”, como la abnegada labor de sus afiliados, caso de Carmela, sosteniendo su hogar, las tareas domésticas, como la asistencia como chófer al camarada Carvalho, quien en su mocedad militó en el PSUC (`Partido Socialista Unificado de Cataluña) y que en 1987 se integró en el PCE, habiendo sido fundado en 1936, también formando parte de la policía los mismos personajes que en tiempos de Franco reprimían con dureza y crueldad a los opositores, caso del mismo Carvalho, ahora aceptando las leyes de la nueva Constitución, son otros de los recuerdos de esa transformación democrática, de esa evolución económica que nos muestra el autor a través de Madrid y de los interrogatorios e indagaciones para encontrar al culpable, que fuerzas extranjeras pretenden que la verdad salga a la luz del modo que a ellos les convenga.

En este espejo de ver ese pasado, nada lejano, y lo que en el siglo XXI y en el año 2026 los españoles constatamos: accidente ferroviario en Adamuz, amnistía a golpistas catalanes, mentiras permanente del Presidente del Gobierno socialista, Pedro Sánchez Castejón, corrupción flagrante en el PSOE, de la esposa del presidente, de su hermano, del número Dos del Gobierno y del socialismo, y una dependencia ministerial gracias al voto y el chantaje de los separatistas catalanes y vascos, con deliberada pérdida de justicia e igualdad para todos los españoles, el lector de esta novela, no sólo disfruta del modo en que Carvalho investiga, sino que también siente dolor de cómo los partidos de izquierdas en España han perdido su esencia y se han convertido en formaciones que dan empleo y cobijo a trepas y siniestros personajes sin ningún principio ni valores por una España más próspera y democrática, con tal de ellos seguir en el poder y manejando el cotarro, amén de la protección que la Justicia les otorga y los guardaespaldas que los tienen cobijados.

El ayer nada lejano y casi “pueril” de un viejo partido siempre dispuesto a la lucha y la desintegración a la que hoy se han visto abocados esos partidos y ese Comité Central de un PCE que perdió su esencia y hoy ya es une épave de un ayer esperanzado.

Cierta preeminencia de un buen saber vivir y comer en Barcelona, frente al Madrid de esos años del albor de la democracia, según su autor, que como también hoy sabemos, las taimadas luchas separatistas, el mirarse el ombligo, su desprecio al forastero, particularmente a quien su raíz es el español y su procedencia castellana, andaluza o gallega, que se ha ido diluyendo y que, de resucitar el bueno de Vázquez Montalbán, se vería obligado a sonrojarse y reconocer que Cataluña es hoy un páramo del analfabetismo cultural, la envidia y el retroceso cultural.

lunes, 26 de enero de 2026

 


EL YUYU, EL SELU, MARTÍNEZ ARES, EL SHERIF, MANOLÍN SANTANDER, EL BIZCOCHO, CORNEJO, EL PELUCA,…Y TANTOS Y TANTOS POETAS Y MAESTROS CARNAVALEROS, COMO EXCELENTES MÚSICOS.

Cuando llega febrero, muchos andaluces, lejos de la tacita de plata, nos enganchamos, desde tiempos remotos, a la radio o a Canal Sur TV para oír y ver esa increíble oleada de talento literario, musical y de crítica que sobre las tablas del teatro Falla de Cádiz, despliegan con un lujo de atrezo inimaginable, una obra de arte que, como ayer la zarzuela, el concierto de Año Nuevo en Viena o una ópera en el teatro Real de Madrid o en la misma Scala de Milán, el pueblo gaditano y los muchos amantes carnavaleros de España son capaces de desplegar, con un ánimo de divertir, de censurar y, sobre todo, de sacar una sonrisa, aun en momentos críticos y con casos que les sirven para mostrar su preocupación y su denuncia.

En los preliminares de este año 2026 del COAC (Concurso Oficial de Agrupaciones Carnavalescas de Cádiz), ha vuelto el Yuyu  (José Guerrero Roldán) y, desgraciadamente, el Selu (José Luis García Cossío) ha desistido, respondiendo positivamente  a la enorme expectación que siempre estos grandes “tenores” y autores de coplas y de pamplinas del carnaval de Cádiz despiertan, en este caso la agrupación chirigotera del Yuyu con el disfraz de un cardenal en el Vaticano, coronado con un birrete y una muceta roja,   un roquete sacado de una cortina o un mantel, en perfecta sintonía con un físico idóneo para este cargo y con unas cuartetas y estribillo acorde al personaje que se supone se encuentra a punto de nombrar a un nuevo papa, rodeados de dos guardias suizos y el monaguillo que siempre trae recuerdos atávicos a algunos tonsurados.

Que el Yuyu es un maestro de la risotada, con un dominio de la escena y de lo que el público quiere para descargar sus simpatías, es una fiel muestra su aparición en los preliminares de este Coac 2026. Tiene un talento innato, como Messi para el fútbol o el mismo Selu. Son personajes dotados de esa herencia gaditana del chisme, de la imaginación y nunca “lacios”, como decimos los granaínos, su aparición sigue siendo una explosión de sonrisa, de alegría y de pasar siempre un momento inolvidable, con esa luz cenital que da entrada a la suprema oscuridad y a los monseñores cardenales en el interior de la Capilla Sixtina para el cónclave, dando paso al corpulento Yuyu, que en la tercer copla rendirá homenaje al Selu, para emocionarlos a ellos y a cuantos tuvimos la fortuna de compartir en Youtube ese momento de reconocimiento y de elegante premio humano, siguiendo después con un repertorio de regocijo y enorme complicidad con el público.

Coros, cuartetos, chirigotas y comparsas, en el teatro Falla de Cádiz, son la esencia de esa herencia gaditana de arte y humor, de música y letras, de reprobaciones y censuras que de padres a hijos y de abuelos a nietos han ido dejando desde que fuera fundada Gades, que los franceses la asediaran sin nunca poner pie allí y que en su puerto vieran salir y llegar las naves que por mares y océanos trajeran y llevaran la sabiduría de un pueblo profundamente andaluz y español.

Caerá el telón del Falla, se vaciará la platea, los palcos y en el gallinero se hará el silencio, se apagarán las luces del proscenio y cerrará en Febrero las puertas del teatro, mientras en cada corazón de los improvisados actores de carnaval, como entre el público que desfila por la Caleta y el Mentidero, la Viña y Puntales, en Cádiz, como junto a lento discurrir del Darro, a los pies de la torre de la Vela en Granada, quedará siempre el recuerdo de esos compases, de esos pasodobles, de ese tres por cuatro, como de las pamplinas que tanto nos hicieron reír y soñar por Carnaval.

domingo, 18 de enero de 2026

JEAN-CHRISTOPHE, UN ROMAN SUR L'AMOUR, L'AMITIÉ ET LA MUSIQUE

 


JEAN-CHRISTOPHE, DE ROMAIN ROLLAND

Dans son permanent succès lors de son oeuvre Jean-Christophe, l’écrivain francais du dix-neuvième et vingtième siècle Romain Rolland, fort connaisseur de la musique, nous promenera dans le nord de l’Europe, entre la France, plutôt Paris,  et l’Allemagne, sauf un bref voyage en Italie et la connaissance d’un nouveau caprice, Grazia, dans lequel l’amour et la recherche du triomphe comme compositeur de lieds, nous montreront l’histoire de la bourgeoisie de cette époque-là, juste avant la Grande Guerre, celle du 14-18, comme au moment de fréquents soulevements du peuple, parmi les barricades, surtout à Paris, dans une desquelles son gran ami Olivier périra.

Jean-Christophe, le roman de Romain Rolland est aussi un livre plein de grandes pensées au sujet de l’amour, de l’amitié et d’une socièté clerical comme d’un libéralisme qui voit un profond changement culturel, avec l’emploi de grands mots et d’une langue francaise méconnue aujourd’hui par l’abondance de mots disparus dans le langage actuel, mais qui montrent la richesse d’une langue et, surtout, son origine latin.

Ce livre est aussi un point de repère pour nous faire connaître aussi les rélations humaines, dans une socièté au bord de l’abîme quand la guerre est aux portes entre la France et l’Allemagne, que, néanmoins la musique, l’amitié et l’amour, pourront mettre un lèger barrage au miliieu. C’est aussi le livre de grandes conversations entre les differents personnages où l’empreinte du chaos et de la délivrance intérieure sont bien présents d’après chacun d’eux, toujours en quête de la vérité

Romain Rolland (1866-1944), qui conquis le prix Nobel de littérature en 1915, fût toujours un passionné pour la musique et la paix, ce qui se montre souvent lors de sa longue vie d’écrivain, mais aussi dans son roman de Jean-Cristophe, encore que sa recherche d’une justice pleine cacha le crime que commis Jean-Christophe lors des manifestations  des rues et peu avant la mort de son ami Olivier, un momento d’exaltation momentané que lui-m^me n’arrivera pas à comprendre la raison qui le traina à tuer un gendarme qui essaiyait de freiner le tumulte et les barricades.

Dans le livre de Jean-Chistophe, plusieurs sont les phrases qui tracent le dessein du fond de son oeuvre et de son projet vital, comme ont pourra reconnaître parmi les different examples ci-dessous, à savoir:

Quisiera ser el sepulcro

Donde a ti te han de enterrar,

Para tenerte en mis brazos

Por toda la eternidad

(Je voudrais être le sépulcre, où on doit t’ensevelir, afin de te tenir dans mes bras, pour toute l’éternité)

 

Pris d’un lied tragique, ou chanson amoureuse et funèbre, copiée de cantares populaires d’Espagne.

 

L’immense effort de sa jeunesse pour prendre possession de soi, les lutter acharnées pour conquerir sur les autres le simple droit de vivre, pour se conquérir sur les autres le simple droit de vivre, pour se conquérir sur les démons de sa race. Même après la victoire, l’obligation de veiller, sans trève sur sa conquête, afin de la défendre contre la victoire mème. La douceur, les épreuves de l’amitité qui rouvre au coeur isolé par la lutte de la grande famille humaine. La plénitude de l’arte, le zénith de la vie.

 

C’est pourtant la vrai raison de la lutte de Jean-Christohphe, probablement aussi de son auteur Romain Rolland, admiré par Sigmund Freud, qui vont être affichées à la fin de son livre et qui montreront le but de son long chemin et d’une vie qui peu à peu s’achève, comme une suite de morts et résurrections.

 

Jean-Christophe meurt, encore qu’il renaît chaque fois qu’un humble lecteur essaye de démêler ses pages et, après son apparition en 1912, lui donner cours en ce nouveau siècle.