CARTA A STEFAN ZWEIG, CON MOMENTOS ESTELARES DE LA HUMANIDAD.
Mi muy admirado Stefan Zweig,
Con
música de fondo de Händel, una de sus catorce
miniaturas históricas de su libro Momentos
estelares de la humanidad, que por no tener, quien esto firma suficiente
nivel musical poco puedo decirle, me tomo la libertad de dirigirme al maestro
escritor, enseñante y biógrafo, desconocedor de sus señas eternas, aunque a no
dudar mucho y, seguro después de pasar por el purgatorio, como mandan los
cánones cristianos por haber interrumpido su vida y la de su segunda esposa en Petrópolis
(Brasil), ya está sentado a la vera del Creador, quien le habrá perdonado todos
su pecados y el de dejarnos huérfanos de nuevas obras, quizás por su cobardía y
el miedo a que el siniestro caporal alemán Hitler doblegara la voluntad y
libertad del mundo entero.
Yendo
directamente al grano, como le gusta a vd. llevar a cabo en sus libros, de manera
a que el lector no se pierda y pase las páginas de sus libros con fruición y
entretenimiento, debo confesarle que me he quedado muy perplejo y, a no dudar,
muy molesto, con quienes son objeto de su “catorce miniaturas históricas”, no
ya por la elección que vd. hace, sino por su manifiesto encono con todo cuanto
sea español, amén de ensalzar extraordinariamente cuanto sea anglosajón.
Como
primer momento estelar, para vd., es el descubrimiento
del océano Pacífico o del Sur, su nombre primigenio. No es Colón, no es
Hernán Cortés, que con 500 españoles es capaz de poner orden entre las
innumerables tribus mejicanas, entre las que los aztecas eran los más crueles,
extraían el corazón de sus víctimas desde la cumbre de sus pirámides y se
alimentaban con la carne de los cuerpos de esos desgraciados. Tampoco que los Reyes
Católicos apostaran por ese viaje, en barcos casi de cáscara de nuez, llevando
a una nueva tierra la cultura europea, de la que tanto vd. se enorgullece y,
con el oro que encontraron, hacer catedrales insuperables, hospitales, ciudades
y universidades en la misma Mesoamérica.
“Unos cuantos adornos que ha cambiado o
robado a los indígenas…Toda la porquería y escoria de España flota hacia Palos
y Cádiz. Redomados ladrones, salteadores de caminos, delincuentes que buscan un
oficio más rentable en el país del oro, deudores que quieren escapar de sus
acreedores, mariodos de sus esposas pendencieras, todos los fracasados y
desesperados, los marcados a fuego y buscados por los alguaciles se apuntan a
la flota, una banda locamente arremolinada de existencias arruinadas, decididos
a hacerse ricos de golpe, y dispuestos para ello a cualquier violencia y a
cualquier crimen…En pocos años, habrán erradicado a toda la población, o se
pasan el día en las tabernas.” Esta
es la clase de tropa que lleva con él Vasco Núñez de Balboa, según un judío, a
quien posiblemente la expulsión de los Sefardíes aún resuene en su memoria, a
pesar de ser vd. asquenazi, muy a menudo enfrentados a los sefarditas.
Y
el colofón en el que vd. logra superar la leyenda
negra que los Orange y los ingleses, y los calvinistas, nos endosaron, es
muy duro de leer para un español, aun estemos hoy en el siglo XXI y la historia
empieza a hacernos justicia levemente, su saña alcanza notas superiores a las
que el mismo Händel pone en su Messiah, a saber: …”organizan allí para empezar la habitual matanza entre los naticos y,
como entre lo robado también se encuentra oro, los desesperados deciden fundar
una colonia allí, y en señal de piadosa gratitud llaman a la nueva ciudad Santa
María de la Antigua del Darién”.
No
quiero seguir escribiendo más ejemplos, pues sus perlas son todas de este
tenor, nada bueno hemos hecho los españoles descubriendo América, llevando
caballos, ganado, mezclándonos con los nativos, permitiendo que sigan hablando
su lengua propia, incluso los Franciscanos escribiendo en Nahuatl, uniendo los
pueblos que en las Indias estaban todos desunidos, con herramientas y una vida
casi prehistórica, trayendo a Europa alimentos y medios para la gran
transformación que poco después impulsará el continente europeo, en su afán de
prosperidad, nuevos descubrimientos y nuevos avances en todos los órdenes. La unión
de Europa, América y Asia, por medio del Galeón de Filipinas, tampoco le ha
debido a vd. un mínimo de respeto o que el real
de a ocho fuera la moneda por excelencia para ese tráfico terrenal.
En
La conquista de Bizancio, con Mehmet
a la cabeza, ya tenemos al héroe con un solo propósito en su mente desde muy
joven, conquistar Bizancio e imponer la ley de Mahoma, por lo Kerkaporta, la
puerta olvidada, será el medio para terminar derrotando al Basileus y arrojar
la cruz de la cumbre de Santa Sofía, además de cerrar el comercio para los
navíos de occidente en su navegación hacia Asia, de ahí la nueva ruta de
portugueses y españoles y, sin lugar a dudas, impulsara la aventura de las
Indias.
Händel
será su tercer ejemplo, aunque nos lo saltamos, pues no hace justicia a
Beethoven, Mozart, Tchaikovsky, que en su concierto para violín y orquesta op.
35 es sublime, y quizás lo premie vd. por residir en Inglaterra.
La Marsellesa, esa letra y y ese canto
que pronto inundarán los campos y las gargantas de quienes claman por la
libertad, vienen de una revolución, y se enfrentan al invasor germano, con la
historia de Rouget de Lisle, es una muestra más de su amistad con los franceses
y sus largas estancias en París.
Le
sigue la batalla de Waterloo, y un cierto sentimiento de pérdida en esa
derrota, cuando bien es sabido que este Corso era un “pirata” e incendió toda
Europa, poniendo al frente de cada nueva conquista a sus parientes y quien, por
la mediocridad de Grouchy, el general prusiano Von Blücher, a quén el francés
perseguía, llegó a tiempo para dar el último golpe, mientras las fuerzas de
Wellington parecían desfallecer. Una vez más, una proclama elogiosa hacia un
ejército que, en España robó, quemó e incendió cuanto estaba a su alcance, que,
sin embargo, merece para vd. un momento destacado en el discurrir humano.
En
la elegía de Marienbad, Goethe, el
gran poeta en lengua alemana, de la que vd. es un brillante experto, es el
elegido, para nada le oímos hablar de Shakespeare y de Cervantes o Quevedo, ni
tampoco de Proust, Balzac, Verne y Victor Hugo, que por su gran amistad con los
literatos franceses bien debía conocer y, seguramente, están a la altura del
hijo de Fráncfort.
En
El descubrimiento de El Dorado, (1834) los españoles volvemos a ser masacrados y
despreciados por vd., sin que destaque que ya Méjico era independiente de la
Corona de España desde septiembre de 1821. Repentinamente en California se
encuentra oro al alcance de cualquiera, ..desorden
español, incrementado por la ausencia de toda autoridad, revueltas, falta de animales
de trabajo y de personas, falta de energía emprendedora”. Y su remate y
desprecio hacia lo español es diáfano: “Por
fin, los Estados Unidos arranca la abandonada colonia de las manos de México.
Ahora todo está asegurado y a salvo”. Se había dado el pistoletazo al Golden rush y a la pérdida de más del
50% del territorio que España le había entregado a los mejicanos, donde estaba
la mayor concentración de recursos minerales y petróleo, y que por las guerras
civiles de los criollos mejicanos, la avaricia de los colonos europeos que por
miles abarrotaban los barcos camino de Nueva York y en carretas hacia el Oeste,
éstos rezando, bondadosos, sin afán de lucro, solo de encontrar un lugar donde
vivir, mayormente de religión protestante, decididos a exterminar a cualquier
nativo que se les ponga delante, sí merecen que vd. oculte su depravación y la
segregación de la que fueran víctimas los negros en los EEUU hasta el año 1956.
Esto no merece su denuncia, Stefan?
Un instante heroico, Dostoievski, en San
Petersburgo, plaza Semenovsk, 22 de diciembre de 1849, frente al pelotón que va
a fusilarle, siente que le quitan la venda de los ojos y le desatan las manos de
sus ligaduras atadas a un poste, donde unos instantes antes iba a ser fusilado
y que el Zar Nicolás I ha considerado mejor amnistiarle.
Cyrus
W. Field, un empedernido inversor americano decidido a que de Europa a América
llegue la palabra a través del océano, con sus varios fracasos, a través de los
nuevos telégrafos que se extienden ya por las planicies, montes y calles de
Europa.
Tolstóy
en sus últimos días y en su huida hacia
Dios, un relato de los últimos acontecimientos de la vida del gran autor
ruso, la disputa familiar y su declarada adscripción a la no violencia, viniera
de donde viniera y fuera hecha por quien fuera hecha, como su gran amor a la
humanidad.
La lucha por el Polo Sur, la tragedia vivida
por el inglés Scott, en esa continua búsqueda de nuevos territorios, ahora los
polos, como ayer hicieran los españoles y portugueses, que sin embargo es un
canto a la voluntad humana y a la fe británica.
El tren sellado, un 9 de abril de 1917,
en el que desde Suiza donde se encontraba exiliado Vladimir Ilich Uliánov, más
conocido como Lenin, se inicia su viaje para ponerse al frente de los soviéticos,
en su destronar a los zares, que los alemanes permiten que pase sin detenerse
por su territorio, deseosos de poner fin a la guerra en la que ya atisban la
derrota, mientras ingleses y franceses se oponen a la revolución del pueblo
ruso. Da comienzo pues la expansión comunista. Quizás aquí si sea un momento
claramente histórico y muy particular.
En
Cicerón, un certero recuerdo a los
principios innegociables de un hombre, que hizo de la defensa de las libertades
su mayor proeza y ejemplo para generaciones venideras. Para grabar en molde son
estas palabras:
“En una sociedad solo puede haber armonía
cuando el individuo , en lugar de obtener ventaja personal de su posición
pública, poner sus intereses privados por detrás de los de la comunidad. Solo
cuando la riqueza no se derrama en lujo y despilfarro, sino que es administrada
y se transforma en cultura intelectual, artística, cuando la aristocracia
renuncia a su arrogancia y la plebe, en vez de dejarse sobornar por los
demagogos y vender el Estado a un partido, reclama su derecho natural, puede
mejorar la sociedad”.
Estas
palabras, de las que estoy completamente de acuerdo con Vd, le vendrían bien a
los dirigentes actuales, como Trump en los EEUU, Pedro Sánchez en España y algún
que otro más que ha hecho de la guerra su principal leitmotiv, como de la
mentira, la inicua expansión y el robo
del petróleo y los territorios, una afrenta permanente a sus vecinos y a la
humanidad. Pues debieran considerar estos magnates y siniestros autócratas, que
“es mejor morir con honor que servir con
vergüenza”.
Con
su última perla, momento estelar o miniatura histórica, también discrepo, pues Woodrow Wilson, presidente de los EEUU
(1913-1921) si ayudó a Europa a concluir su guerra frente a Alemania y apostó
por una paz duradera en las distintas conferencias a las que asistió, en 1918, sin embargo, invadió la ciudad de
Veracruz, Méjico, fue un colonialista en Filipinas, Puerto Rico y Haiti, excluyó a los japoneses
como inmigrantes, hizo de Nicaragua un protectorado (como ahora pretende Trump
con Venezuela y Cuba). Por lo tanto un mal ejemplo.
Los
brillantes calificativos, una vez más y, supongo por ser inglés, país éste que
a vd. le dio un pasaporte cuando era un apátrida, seguro que a él mismo, tan intelectual,
le abochornarían y no hablan nada bien de quien los suscita. “Lleva en sí la estrechez y severidad de
aquellos hombres para los que solo existe una verdad y están seguros de
conocerla (¡que afortunados!). Lleva en la sangre todo el fervor de sus devotos
antepasados escoceses e irlandeses y el celo de la fe calvinista (tampoco
podía faltar el denuesto a los católicos), que
impone al dirigente y al maestro la tarea de salvar a la humanidad pecadora.
(¡Ahí es nada, M. Wilson!)”.
Y
termino, ningún ser humano es perfecto, en su deambular comete muchos errores,
seguro que los españoles, de los que yo me siento enormemente orgulloso y sobre
todo sobre su enorme contribución y sacrificio en el avance y desarrollo de la
humanidad sí que es estelar, también cometimos errores, si vd. hubiera visto
cómo con la bomba atómica los americanos llevaban a Japón la mayor destrucción,
no sé qué diría. También llevamos en nuestra sangre una enorme porción judía,
por cuanto lo que sufrieron en los campos de concentración y su exterminio, a
la mayoría de los españoles, que también lo sufrimos, nos afectó interiormente.
Su
obra, excepción de este libro de Momentos estelares de la humanidad, por su
clara y manifiesta, como errónea, aversión a lo español, es encomiable,
especialmente El mundo de ayer.
Confío
que cuando me llegue la hora, vd. desde el Olimpo de las letras testimoniará en
mi favor y así, poder discursear sobre literatura, biografías y poetas, en mi
obligado paso por el purgatorio para limpiar mi alma de sus pecados, sentados a
los pies del Dios del universo.
Se
despide un humilde admirador y lector de sus libros, que espera un día poderle
mostrar otros momentos estelares de la humanidad, donde a buen seguro
convenimos juntos que los españoles sí merecen un mayor respeto que el otorgado
a algunas de sus expediciones y descubrimientos.
El
Mirlo blanco.