DEDICADO A TOBÍAS, DE ANTONIO
GALA
Allá por 1988, el celebérrimo
escritor, poeta, dramaturgo y columnista en la prensa del momento, como
partícipe frecuente en tertulias de radio y televisión, mientras gobernaba el
PSOE con la decidida voluntad de cambio y transformación de España por parte
del dúo Felipe González y Alfonso Guerra, el cordobés y profundamente andaluz, Antonio Gala (Brazatortas (CR) 1930-Córdoba
2023), publicaba su libro Dedicado a
Tobías, todo un compendio de aforismos que a modo de artículos breves dirige a
un, supuesto, sobrino a quien él mismo le ha impuesto ese nombre de Tobías, que
nacido en Córdoba e hijo de española y padre americano, su madre le pide que le
escriba algo para que su hijo, allá en América, nunca olvide sus raíces
andaluzas y españolas.
Como gran maestro en filosofía y
en metáforas, paisano y alumno aventajado también de Séneca, Antonio Gala irá
mostrando a Tobías una parte de esa infancia del escritor, a la vez que da su
opinión sobre hechos que se suceden en esa época de la publicación de este
libro, como es el ingreso de España en la OTAN, solicitado a los españoles
mediante referéndum, a lo que expresamente Antonio Gala fue un contumaz
opositor. También se declara no haber intervenido nunca en política activa: Lo mío es otra cosa. En política yo, como en
los toros, aplaudo o silbo.
Dentro del seno de una familia
burguesa con servicio y hogar espacioso, su padre fue un acrisolado médico, y
bastante religioso, por parte materna, los Gala estaban bien acomodados y con una óptima y pulcra formación académica,
aunque él se manifieste algo díscolo y singular entre sus otros hermanos, pero
siempre un gran observador, enormemente sensible y un precoz lector, entusiasta
de Rilke.
Aunque a Tobías le pide que
arroje el libro, trazado para él como una guía de vida, entiendo que es de gran
utilidad, a pesar de que, como futurólogo, en algunos casos acierte con el
devenir que anuncia y en otros, no sea del todo como preconiza, que conocemos
hoy por el paso del tiempo y lo acontecido.
Se enternece describiéndonos a
sus perros: Zegrí, Zahira y la posterior llegada de Zagal, como el modo de su
génesis, todos ellos de raza teckel, que junto a sus más de trescientos
bastones, que empezó a usar tras su operación a vida o muerte de duodeno,
sirven para mostrarnos a un escritor necesitado de la compañía del “mejor amigo
del hombre”, el perro, a quien él como el granadino Francisco Ayala, se recrean
con sus mascotas como si fueran seres humanos, a los que tan solo les falte el
habla.
En su artículo sobre La Paz, en
este 2026 tan demandado por todo aquel ser humano que no busque como Trump y
sus correveidiles más cercanos un negocio con la guerra contra Irán, le dirá a
Tobías, como a los halcones yanquís: La
paz es el más antiguo sueño de los hombres: un sueño del que se despierta cada
mañana para encontrar sangre a su alrededor. Y añadirá luego, Son los Estados salvajes, que se retuercen contra los mismos que los
eligieron, insensibles ante las mortandades de sus propios ciudadanos, ante las
protestas de vivos y de muertos. Son los Estados mantenidos por la incercia de
la batalla en una carrera imparable…El pan nos sabe a sangre; nos estamos
devorando, antropófagos, unos a otros;
nuestro bienestar y nuestro ocio se construyen sobre los huesos de otros
hombres…Y los grandes Estados continuarán tramando sus conjuras –fabricar armas,
venderlas, usarlas, perfeccionarlas- para que los creamos necesarios. Odiadlos,
Tobías, odiadlos.
Seguramente que ni a Putin, Netanyahu,
Hamás, los ayatolás, Donald Trump, el mismo Otegui y su banda de asesinos hoy
en Bildu, como los Boko Haram y tantos asesinos sueltos por el mundo, estas
líneas que anteceden nada les habrán gustado, aunque a buen seguro que las
madres de esos combatientes, que los vuelven a ver regresar a su tierra dentro
de un féretro o recibir una carta desde un frente de guerra, aunque con
noticias esperanzadoras, a ellas, bien que firmarían lo dicho por el maestro
don Antonio Gala, en este inciso que hago en ese odio que todo ser humano
debiera tener siempre por las contiendas bélicas, sean donde sean y se vistan
del ropaje que uno de esos oligarcas o plutócratas pretendan presentárnoslas, o
aquel jefe de la banda terrorista de ETA, que lo llamaba “liberación”, y que hoy el siniestro Zapatero y el
cubiletero Pedro Sánchez, han blanqueado para poder seguir gobernando con el
voto de esta banda de separatistas y asesinos vascos.
En su “Welcome to Spain”, que aspira a hablarle a Tobías sobre España, nos
recuerda que somos un país en el que es frecuente el desacuerdo, como también
que sólo estuvimos todos de acuerdo un Dos de Mayo de 1808 para expulsar a los
franceses. Y digno de resaltar serían las líneas que siguen: No nos hemos metido en la sangre la certeza
de que la patria no es una cosa engolada, cuartelera y póstuma, sino diaria,
confortadora y compartida; mucho más un concepto por el que se vive que por el
que se muere. Y sigue: la Historia de
España es la de una interminable falta de respeto mutuo y una educación pésima.
Por eso la convivencia ha sido belicosa.
En el capítulo llamado Censo
Familiar, nos recuerda a cuantos nacimos a final de los años cincuenta, del
pasado siglo, y en la vecina Granada, que como en su acogedora Córdoba, el
pueblo además de usar refranes a troche y moche, que denostaba el Quijote
cuando Sancho no paraba de emplearlos, sin ton ni son, también en la
conversación empleábamos a personajes que nunca conocimos, pero que, al
parecer, el acervo popular sí debió de saber más de ellos, hé aquí algunos de
los que nos menciona Gala:
Pateta es el demonio, que se
lleva a la gente cuando muere, o Pedro Botero.
Eres más listo que Lepe, Lepijo y su hijo, o Cardona.
Más listo que Merlín, o ni más tonto que Pichote, o que Abundio, o que la tía
Joaquina, que no sabe si se mea o se orina, o más feo que Picio; de la vejez
Matusalem o Maricastaña; de la desgracia, el Pupas, que se cayó de espaldas y
se partió la picha; de no ver, pepe Leches; del valor, el Guerra; del egoísmo,
Juan Palomo, el de “yo me lo guiso, yo me lo como; de la vulgaridad, donde va
Vicente, donde va la gente. Y así otro buen número de anécdotas que forman
parte de la lengua y la chufla española.
Trata pues de guiar a Tobías
sobre esa suerte que tiene de mezclar en su sangre la de ambos océanos y de
hacer memoria de la vida del autor, un portentoso seguidor de su admirado
Séneca que, para desgracia de los españoles nos dejó en 2023, pero que su obra
literaria, de teatro y de artículos, es profunda, amena y didáctica, como este
libro dedicado a Tobías, o remembranza de su misma vida y deseos.






