domingo, 14 de junio de 2026

DEL DECORO Y EL SERVICIO A LOS DEMÁS: PASTEUR Y CAJAL FRENTE A ZAPATERO Y PEDRO SÁNCHEZ

 




                              DEL DECORO Y EL SERVICIO A LOS DEMÁS

Quien fuera Presidente del Gobierno español, el socialista Rodríguez Zapatero (1960), supuestamente el actual director de orquesta de las políticas de su compañero Pedro Sánchez  (1972), donde la corrupción y la mentira ocupan todos los registros que manejan estos dos siniestros personajes, muestran el deterioro de la sociedad española y, quizás, de buena parte de nuestros dirigentes políticos contemporáneos, sobre todo si se les compara con los hechos de hombres de la talla de Louis Pasteur y de nuestro Cajal.

Los dos políticos españoles nacieron a la sombra del bienestar económico y social en España de los años 60 y 70, como también por la pertenencia de sus antepasados a una categoría social que hacía posible que no tuvieran que trabajar tempranamente y se dedicaran al estudio, aunque ambos nada brillantes fueron y pronto dentro del espectro político trataron de crecer y alcanzar la cúspide del PSOE.

Sin embargo, si los comparamos con Pasteur y el mismo Santiago Ramón y Cajal, pronto nos damos cuenta que aunque los hombres se hacen en cualquier parte y toda religión nace de la estrechez y casi todas se corrompen con la abundancia, lo sucedido en Rodríguez  Zapatero y sus joyas y mordidas, con la ocultación de su enorme fortuna y el modo putrefacto en el que Pedro Sánchez fue ayudado por su suegro para alcanzar la secretaría del PSOE, tras un pucherazo, es fiel reflejo de esa conducta corrupta tras no tener unos cimientos de esfuerzo y búsqueda de la verdad, como sí le ocurrió a Pasteur y Cajal, que además para nada fueron estudiantes brillantes, y nunca se propusieron ganar trofeos, ni contar con notas sobresalientes, sólo perseguían la Verdad y la Belleza.

Si comparamos esta búsqueda de la Verdad y la Belleza por parte de Pasteur y Cajal, frente a las ansias de poder y riqueza de Zapatero y Sánchez, nos percatamos que  nunca éstos dos políticos han tenido vocación de servicio, ni aspiraron jamás a adquirir elementos que contribuyeran en una mayor justicia y reparto de bienes, ellos dos no se sacian con lo que ya les otorga el pueblo español, sin embargo Pasteur y Cajal siempre fueron ávidos por adquirir nuevos conocimientos, por compartir cada uno de sus descubrimientos con quienes tenían en su proximidad, como hiciera Arquímedes desnudo por la ciudad proclamando su descubrimiento. En el caso de Zapatero y Sánchez, la misma negociación con ETA está aún oculta y el pueblo español todavía no sabe a qué acuerdos llegó Rodríguez Zapatero con la banda terrorista, o Sánchez con el golpista Puigdemont. Qué decir de la entrega del Sahara a Marruecos sin que todavía el pueblo español sepa la razón de ese viraje por parte de Pedro Sánchez.

Otro valor más de un investigador como Pasteur era su constante búsqueda de los orígenes de la vida, sin que por ello su fe católica se quebrantara. Era un fervoroso y sencillo practicante, como le enseñó su madre, una obrera acomodada de una pequeña ciudad de provincias. Si ahora lo comparamos con estos dos socialistas, ambos son ateos, pero se pegarán al Papa León XIV en su visita a Barcelona para aparecer en la foto, aunque ni siquiera se dignaran darle el pésame a los familiares de las 64 víctimas del tren de Adamuz, en el que su Gobierno es el máximo responsable por su descontrol en la revisión del trayecto ferroviario y su mantenimiento.

Ambos, Cajal y Pasteur, nunca fueron impedidos por su fe, ni tuvieron prejuicios para su pensamiento científico, no obstante, Rodríguez Zapatero y Pedro Sánchez, siempre mostraron una enorme inquina frente a la Iglesia católica, sobre todo en lo que se refiere al aborto y a la eutanasia.

Pasteur y Cajal, por medio de sus desvelos y constante trabajo e investigación, salvaron a millones de seres humanos, además de conformarse con una vida humilde. Santiago Ramón y Cajal vivió siempre en el número 64 de la calle Alfonso XII de Madrid, siendo premio Nóbel, que no pudo obtener Louis Pasteur por no existir en su época. Si ahora vemos qué bienes poseen Pedro Sánchez Castejón y José Luis Rodríguez Zapatero, con muertos a sus espaldas y una polarización política,  amén de un estercolero en el que han convertido la democracia española, será fácil colegir que bien nos merecería a los españoles admirar a hombres como Louis Pasteur y don Santiago Ramón y Cajal, antes que a estos dos personajes socialistas del período más negro de la Democracia de España.

 


      LA BODA DE CHON RECALDE, DE GONZALO TORRENTE BALLESTER

Posiblemente no sea la mejor novela escrita por este brillante autor español, Gonzalo Torrente Ballester (1910-1999), aunque en su dedicatoria, a su nieto Matthew, a los pescadores gallegos y a Fernando Lara Bosch (1957-1995), in memoriam, se apresuró a relatar la vida de las humildes aldeas gallegas, en su lucha con el mar y la tierra, como la enorme presencia de la Armada española en el Ferrol y por sus costas, que, por tanto, junto a las personas de su dedicatoria, merecían un claro homenaje y constancia escrita de su presencia y su lucha, donde las costumbres sencillas, los habituales rituales religiosos y el matrimonio centran el relato.

De cualquier manera, como toda su obra, los habitantes, las personas de esa verde y siempre húmeda campiña, a la vera del océano, en su humilde deambular, en sus sencillas y humanas aspiraciones, son los protagonistas de este librito, en el que final y felizmente dos personajes encuentran la felicidad con su boda, el comerciante, Regino Sanz, dueño de una tienda de efectos navales y manco, por lo que no había podido alcanzar su sueño de ser marino, ahora, ya veterano,  estaba delante del altar para darle el “sí quiero” a una de las hijas menos agraciadas del capitán de navío Recalde, que había sido fusilada por no oponerse a la República y orden del Consejo de Guerra.

El relato principia en Villarreal de la Mar y va navegando como las mismas notas de los movimientos sinfónicos de Gustav Mahler, en un adagio por el que discurren las palabras castellanas como olas que suavemente golpean el casco de los bous y veleros en el que las velas de pronto parecen desplegarse,  suavemente, in crescendo, mientras los cabos golpean ligeramente la arboladura.

Bonita y pausada historia, donde la prosa, la imaginación y el siempre latente paisaje marítimo próximo al Finisterre,  que bien conociera Torrente Ballester logran que el lector sueñe con meigas en una saudade de olas, naufragios, combates navales y una mar donde el sol acostumbra allí a terminar su eterno periplo.

 

sábado, 13 de junio de 2026

Ayatolás, Netanyahu y Trump, tres Halcones que nunca alcanzarán la paz

 


                                        LOS AYATOLÁS, NETANYAHU Y TRUMP

Uno creería que cuando Netanyahu y Trump desencadenaron todo un entramado de ataque por aire y por mar contra el régimen de los ayatolás de Irán, el 28 de febrero de 2026, tendrían bien analizados los pros, los contras y la duración del envite, como también la fuerza del enemigo, su resistencia militar y social, pero cuando uno ve que todavía, en este día 13 de junio de 2026, la guerra sigue latente, con la contrariedad suprema de que el estrecho de Ormuz es hoy una baza a favor de los iraníes, con el enorme encarecimiento del crudo para el resto de las economías mundiales, amén del enorme despilfarro de armamento de los EEUU, la pérdida material en los Estados vecinos de Irán y aliados de los yanquis, sin que el objetivo prioritario de hacer cambiar el régimen de los Ayatolás por otro más flexible y menos autocrático o teocrático, casi medieval, se haya conseguido, estimaría que Trump y Netanyahu no tenían bien claro su agresiva respuesta.

No obstante, en este tablero mundial donde lo que las grandes potencias pretenden mostrar su poderío y su hegemonía, también hayan quedado ocultos otros propósitos, quizás dañar la economía China, hoy el posible mayor competidor de los EEUU, pues Rusia en cuanto al petróleo juega en otra liga, particularmente con esos millares de buques que llevan su petróleo a China o a la India, en barcos de conveniencia o burlando cualquier impedimento que Europa les ponga por su guerra contra Ucrania.

Y si los EEUU nada han logrado en Irán, quién ha estado detrás de ese enorme esfuerzo económico, acaso los Halcones de Washington que apuestan por el comercio creciente del armamento no son los verdaderos impulsores de esta guerra, como en el fondo de todas. ¿Por qué esa decidida voluntad de Trump y sus espoliques para que el mundo se rearme? ¿Acaso ya no quedan Palomas en Washington ni en el mundo para que el desarme que otrora se propuso el mundo sea una de las prioridades y esos inmensos recursos financieros se empleen para una mejor redistribución en los países del Tercer Mundo, especialmente en África?

No hay duda que un Estado libre, sea el que sea, la misma Bélgica como España, y el resto de Estados libres de la Unión Europea debieran tener una fuerza militar para disuadir cualquier ataque, ¿pero no se podría llevar a cabo el mismo esfuerzo cultural y de paz para que países como Rusia, Ucrania, Oriente Medio, Palestina e Israel, convivan pacíficamente?

¿Acaso EEUU, China, la Unión Europea, India, Rusia, Israel y todo el Oriente Medio, no pueden hallar un punto común de concordia?

En estas guerras del siglo XXI, donde la IA y los drones han encontrado su mejor campo de batalla, ¿acaso el cambio paradigmático de este nuevo armamento, como el de la bomba atómica como recurso extremo, que nueve países cuentan con ojivas nucleares, no ha cambiado la apuesta armamentística y guerrera, como la inversión económica militar?

Y en este impasse en el que desconocemos claramente qué armamento es el necesario para triunfar sobre el enemigo, o aún no ha sido desarrollado eficientemente por medio de satélites, ni qué ingentes sumas son necesarias para este infernal esfuerzo, no sería mejor apostar por una comunidad humana en el que el respeto a la Verdad, la Belleza, la Cultura y la Educación, como la fraternidad, nos harían a todos más felices y prósperos.

Tras el fracaso del golpe de los EEUU a Irán, que erróneamente creyeron que sería semejante al de Venezuela con Maduro, posiblemente por confiar ciegamente en Netanyahu, quién es aquel que se está “forrando”. Qué empresa yanqui de armamento es la que de verdad es la beneficiada en esta guerra. Qué gana Trump y su familia en esta guerra.

Desde tiempo inmemorial, las guerras que el hombre ha mantenido han sido siempre por el poder, por conseguir nuevos territorios o por alcanzar nuevas o mejores fuentes de energía, las hubo también por implantar una religión, escasamente los poetas y soñadores de la América hispana supieron que detrás de esa liberación Bolivariana, lo que detrás escondía era el poder de los criollos, pues, en el caso de España, pocos fueron esos españoles quienes mandaban en América, eran los mismos nativos, descendientes de ese mestizaje quienes aspiraban a una mayor porción de ese poder, sin que en verdad tuvieran grandes aspiraciones de mejora social, pues ellos mismos provenían del círculo de los poderosos autóctonos.

Volviendo a Extremo Oriente, el miedo y el proselitismo llevado a  cabo entre la población musulmana de Irán por los Ayatolás, como la enorme presencia del Consejo Revolucionario, como en cualquier dictadura las células en el campo,  pueblos y ciudades de los guardianes, hace muy improbable ese cambio repentino y esa Quinta columna que Trump y los suyos esperaban se hubieran levantado en Teherán, Isfahán, Tabriz, Hamadán, facilitando así su conquista.

En conclusión, Trump y sus ejecutivos midieron mal el golpe a Irán, se hicieron demasiado eco de las peticiones de Netanyahu, interesado en destruir a los iraníes, y han fortalecido la paciencia y discreción China, que sigue expandiendo sus tentáculos económicos por todo el orbe.

Por todo ello, acaso no valdría más cambiar de estrategia, buscar aquellos espacios de un mejor conocimiento mutuo, cultural y social. No es fácil, pero demostrado ha quedado que por la fuerza los EEUU nada han conseguido frente a Irán, o al menos una victoria Pírrica, aunque Trump poco sepa quien fuera Pirro y dónde estaba Épiro.

Confiemos que con Cuba, una vez más, Trump no vuelva a sembrar la isla de sangre y ruina, pues bastante hay ya en el Caribe y cambien de táctica, pues los matones ya pasaron a la historia y su mismo compatriota y Papa León XIV, ha dado muestras en sus homilías, discursos y manifestaciones, que puede y debe existir otra forma mejor para resolver los conflictos entre los seres humanos, que no sea el de las bombas y el terror.

lunes, 8 de junio de 2026

EL HEREJE, DE MIGUEL DELIBES. LOS PRIMEROS PASOS PROTESTANTES EN LA ESPAÑA DE CARLOS V

 


                                           El hereje, de Miguel Delibes

Es posible que en España pocos sepan que hubo un momento, aún con la enorme presencia de la Inquisición, en el que algunos de sus pobladores se inclinaban hacia la nueva religión que proponía Lutero, fue un grupo de destacados personajes castellanos, en su mayoría vallisoletanos, quienes se reunían en conventículos para reforzar sus creencias y aunar esfuerzos en su obra proselitista, aunque de manera precavida, pues el Santo Oficio podía detener a quienes hicieran apostasía de la causa Católica, Apostólica y Romana, que en España, tanto a nivel popular como en los órganos cercanos a la Monarquía y la Iglesia, tenían siempre  preeminencia.

Todo esta historia tiene lugar en el siglo XVI, en el reinado de Carlos V y también al poco de tomar el testigo de su padre, por parte de su sucesor Felipe II, lo que permitirá al gran escritor español Miguel Delibes (1920-2010) construir una atractiva novela  que, además obtendrá el premio Nacional de Narrativa 1999, está inserta en esa época y en esa geografía de Valladolid, su páramo y los pueblos vecinos.

El principal protagonista, sobre el que gira todo el relato, es Cipriano Salcedo, hijo de don Bernardo, un rico hacendado dedicado a la venta de pieles en Flandes, lo que sabremos por medio del primer capítulo: Los primeros años, donde conocemos la estirpe de don Bernardo, su hermano Ignacio, un relevante oidor en la Chancillería de Valladolid, sus negocios y la tardía llegada del infante Cipriano, como también la pérdida de su madre, poco después del alumbramiento,  y el odio que le generará al padre, por creerlo culpable de la muerte de la esposa.

Fechas en las que los castellanos se alzan contra el Rey, en lo que se llamó el Levantamiento de las Comunidades, hastiados de las enormes prerrogativas que ostentaban los flamencos que acompañaban al monarca.

Para alimentar a Cipriano, don Bernardo contratará en el páramo a Minervina, una joven de dieciséis años que acaba de perder a su hijo y en sus pechos tiene aún  leche bastante para ahora alimentar al huérfano de madre,  Cipriano, ambos apartados del discurrir del hogar del comerciante Salcedo, en la segunda planta, donde el niño y la nodriza se pasan los días juntos, sin que en el amo y padre despierte algún sentimiento. El cariño entre el chiquillo y la nodriza suplirá las pérdidas que ambos habían tenido y, mutuamente, sellarán un amor superior al materno-filial.

Tras las primeras oraciones que le enseña Minervina, don Bernardo se percata que ha de contratar a un perceptor, que será don Álvaro Cabeza de Vaca, y poco después será ingresado Cipriano interno en el Hospital de los Niños Expósitos, pagando otras cinco plazas y con el auxilio de su hermano Ignacio, abogado en la Real Chancillería, y directivo de la Cofradía de San José y de Nuestra Señora de la O, regidores de esta institución de beneficencia, centro afamado por el alto nivel de su profesorado.

Son fechas en las que el pensamiento de Erasmo de Rotterdam está muy presente, razón de una gran Conferencia en Valladolid a la que acuden miles de clérigos  que, sin embargo,  no podrá celebrarse por la llegada de la peste, momento en que, para protegerlo,  Cipriano es acogido en la casa de su tío Ignacio, que cuenta con una biblioteca con más de 500 libros, que el sobrino empezará a desflorar.

Ya con 14 años, Cipriano se volverá a encontrar con Minervina, con la que se abrazó íntimamente.

Descubiertos desnudos  por la esposa de su tío, Minervina será expulsada del servicio de don Bernardo, donde seguía trabajando.

Doctorado en Leyes, Cipriano tratará infructuosamente  de buscar por todas partes a Minervina, ya que su amor por ella no se ha desvanecido.

Cipriano es nombrado doctor, y  empieza a distraerse con el negocio del padre y a viajar por las distintas tierras de su propiedad y comercio, por lo que conoce a Segundo Cendón y a su hija Teodomira, apodada la Reina del Páramo,  por lo bien que esquila a las ovejas, con la que terminará casándose, a pesar de que no sienta un gran amor por ella y sí una fuerte pasión por la abundancia de “carne” de la que es portadora la moza del páramo, cuyo único deseo es quedarse embarazada.

A mediados del siglo XVI, la Corte española instala su capital en Valladolid.

En el segundo capítulo, Cipriano inicia su enorme atracción por hallar la verdad en la religión que profesa, ha viajado a Alemania, sus negocios le van muy bien, cuando Carlos V muere, apenado de no haber dado muerte a Lutero en Worms y exigiendo a su hijo Felipe II que castigue a los herejes.

Su relación matrimonial es infecunda y este hecho le causa grandes tormentos y disputas con su esposa Teo, tanto es así que terminará ella perdiendo la cabeza y encerrada en un manicomio, mientras él ya llevaba tiempo teniendo conventículos con hombres de la talla del Doktor Cazalla, doña Leonor de Vivero, madre del Doktor, Carlos de Seso y un buen número de adictos a la lectura de libros prohibidos y a las enseñanzas que les remite el sucesor de Lutero, Felipe Melenchton.

En un descuido de uno de los “hermanos” de esta secta que se reúnen semanalmente en conventículo, , que es denunciado a la Inquisición, Cipriano tratará de escapar, a través de Navarra y por el mismo lugar y la misma persona con quien tiempo antes había logrado cruzar la frontera para llegar a Alemania.  Huyendo en cuanto le llegan noticias del primer apresamiento en Pedrosa, camino de la frontera, pero ya en el paso que otrora usara para entrar en Francia, por Navarra, era apresado. Conducido devuelta hacia Valladolid, junto a otros relapsos, por las fuerzas del Santo Oficio, comprobarán  en cada pueblo por el que pasaban, que eran objeto del escarnio público, incluso de intentos de linchamiento, difíciles de contener por la fuerza pública, sobre todo por tierras navarras.

En el tercer capítulo, el del auto de fe, es la progresiva caída del grupo de disidentes católicos, que habían abrasado el protestantismo, en su primer célula castellana, que se irán delatando entre ellos mismos y apresados, en cárceles ocultas, donde sufrirán todo tipo de estragos para denunciar a sus cofrades o abandonar esta corriente herética, a lo que siempre se opondrá Cipriano, no así el resto de sus compañeros, excepción hecha de Beatriz, por lo que todos terminarán en la hoguera y ajusticiados a garrote.

Veinte serían las víctimas: los Cazalla y los restos de doña Leonor de Vivero, fray Domingo García, tres mujeres de la villa de Pedrosa, el bachiller Herrezuelo, el fámulo Juan Sánchez.

En una última confesión podían cambiar la suerte de la sentencia, la hoguera por el garrote. El cadáver de doña Leonor  de Vivero, fue desenterrado, ya que ella estaba muerta y enterrada,  y el solar de su casa sembrado de sal para escarmiento de las generaciones futuras.

En su encierro, Cipriano Salcedo, y a través de las notas que le pasaba un ayudante del carcelero, a cambio de la moneda correspondiente, se enamorará de la joven Ana Enríquez, que quisiera que se confesara para eludir la condena, y que ya él conocía de los últimos conventículos, aunque quedará libre tras una pena leve, “pues era demasiado hermosa para quemarla”, dirá él al conocer la noticia de la sentencia de liberación de ella.

Seguía el martilleo de los carpinteros, que a pesar de las gruesas paredes de la celda, le llegaba desde la plaza del Mercado, donde se llevaría a cabo la sentencia, con la asistencia del mismo Felipe II y toda su corte. Ya no podía tenerse en pie, pues los distintos tormentos a los que fue sometido terminaron rompiendo físicamente, no así su mente.

Algún día, le musitará al oído su tío, “estas cosas serán consideradas como un atropello contra la libertad que Cristo nos trajo”, tras anunciarle cuál será su condena: la hoguera.

Las campanas de toda la ciudad doblaban al unísono a partir de la una de la madrugada, en toques lentos de agonía. Una vez que cesó su tañido, empezó a oírse el rumor del gentío, los cascos de las caballerías en el empedrado, el rechinar de las ruedas de los carruajes.

A las cuatro de la madrugada entraron a despertarlos. El desayuno fue copioso, aunque Cipriano no probó bocado como seguro no harían ninguno de los reos puestos ya en capilla.

En la cárcel reinaba el desorden. Gentes que entraban y salían, los guardianes repartiendo por las celdas corozas y sambenitos, mientras los familiares de la Inquisición, con sus altos bombines marrones, esperaban en el patio, charlando en corrillos, a que se organizara la procesión.

Minervina volvió a coger el atalaje sobre el que iba Cipriano, que le conduciría al crematorio, entre los abucheos, las lágrimas y el rezo de la enorme muchedumbre.

Mientras crepitaban las maderas y ascendían las llamas que irían abrasando el palo sobre el que estaba atado Cipriano Salcedo, ningún gesto movió su faz ni ni ninguna exclamación brotó de su garganta, salvo su cabeza que se inclinó a un lado y, en pocos minutos, todo su cuerpo era presa del fuego.

En conclusión, tras la lectura de esta bellísima novela, no ya por su rico castellano y el dominio de vocablos hoy un tanto arcaicos, pero de enorme resonancia y razón de ser, al lector  le queda la amargura de que esos antepasados nuestros, de un elevado nivel intelectual, por esa aspiración humana de trillar otros caminos, de seguir otras veredas, terminaron con sus vidas en la hoguera, o ajusticiados por medio del cruel garrote.

Cierto es que fue el Papa quien impuso la Inquisición, cierto es también que fueron los RRCC quienes dieron entrada en su reino a esta policía religiosa que perseguía a todo aquel que discrepara de las normas de la Católica y Romana orden impuesta desde el Vaticano, que en el Concilio de Trento enmendó algunos desmanes de los clérigos de entonces, como que la Contrarreforma aprendió de sus errores y de la separación que llevaron a cabo hombres como Lutero y Calvino, pero es duro constatar que en España, buena parte del progreso que hubiera permitido una mayor liberación religiosa, como una mayor prosperidad y libertad, por culpa de la intransigencia religiosa, particularmente de la Inquisición, nunca pudo liberarse del lastre de un Catolicismo y una Iglesia fuertemente aferrada a la política del Reino, como a la dependencia administrativa de sus jerarcas.

Cabe reseñar que, visto con ojos y enseñanzas del siglo XXI, no es acertado denunciar ese pasado, que también otras grandes naciones padecieron, aunque visto y conocido el sufrimiento de esos compatriotas que aspiraban por otras vías culturales, por otras lecturas y por otras enseñanzas a otra verdad, su sufrimiento, su martirio y su muerte en la hoguera, no dejan de dejar un triste recuerdo y un enorme pesar por quienes tamaña barbarie sufrieron.

Pero todo este camino, de tragedias y hechos notables, es por el que España ha transitado en Europa y en América, gracias al cual la Iglesia católica ha contado recientemente con un Papa de raíz argentina y escuela Jesuítica, Francisco,  y ahora, en 2026, es un norteamericano, muy influido por la cultura que vivió en el Perú, con escuela Agustiniana, León XIV, de apellido Prevost.

 

 

 

domingo, 31 de mayo de 2026

Los Cipreses creen en Dios, una novela para tener bien presente donde nos puede conducir la barbarie y la corrupción.

 


LOS CIPRESES CREEN EN DIOS, DE JOSÉ MARÍA GIRONELLA

Cuando el escritor español ampurdanés,  José María Gironella (1917-2003),  se propuso escribir una trilogía de una parte de la historia de España que le tocó vivir, quizás la más dramática, empezó en el primer libro con un portentoso título: Los Cipreses creen en Dios, cuya obra acabaría de escribir en 1952, que tendrá a todos sus  apareciendo en los restantes libros, a la vez que la ciudad que tan bien él conocía, como es la ciudad de Gerona, aquella que tan arduamente se defendió contra los invasores franceses de Napoleón en 1808 y que, le iba a servir de patrón humano y social, en su aventura de relatarnos lo que él vivió, pues fue partícipe en formaciones tradicionalistas, mientras contaba diecinueve años cuando tuvo comienzo  la Guerra Civil.

El título ya presagiaba la enorme presencia de la Iglesia, como la fuerte oposición que siempre tuvo por su cercanía al poder, sus riquezas y que enfrente, con lo sucedido en Rusia, con la toma del poder por parte de los soviéticos, como después de la Revolución francesa, el pensamiento y la sociedad empezaba a bascular hacia otras nuevas creencias y una mayor liberalidad, como la pausada entrada del comunismo.

La familia Alvear, originarios de Madrid y cuya cabeza de familia era Matías Alvear, por su profesión de telegrafista, había conocido, además de la capital de España por su natalicio, Jaén, Málaga y, ahora a los 45 años, desplazado a telégrafos de Gerona.

Casado con Carmen Elgazu, que cuando le decía loco lo hacía en vascuence, pues era originaria de Bilbao y muy beata, procedía de una familia anticlerical, un tanto anarquista su hermano Santiago, con familiares también residiendo en Burgos, y hacia cuatro años que se alojaban en un piso de la Rambla, a espaldas del río Oñar y antes de que se uniera al Ter. Matías, políticamente, además de muy respetuoso con la enorme devoción de su esposa y de sus suegros y cuñados bilbaínos, era republicano y el más reposado de los otros tres hermanos, totalmente lo contrario del sentimiento de su esposa y de su familia política, también nacionalistas.

La familia Alvear de Gerona contaba con tres hijos, todos ellos nacidos en Málaga: Ignacio, César y Pilar. Cuando les llegó la orden de traslado a Cataluña, Ignacio tenía diez años, nació el 31 de diciembre de 1916, a las doce de la noche; César, ocho años y Pilar, siete.

Tratando de inculcar vocación por el sacerdocio y aconsejada por Mosén Alberto, relevante autoridad eclesiástica, Carmen Elgazu matriculó a Ignacio en el Seminario como interno, visto el temperamento díscolo del chiquillo.

Los tres años en el Seminario de Ignacio serán un fracaso, por lo que decide finalmente no volver e informar a su padre, su más comprensivo aliado, su nula vocación sacerdotal, que, sin embargo, y sin que nadie le empujara a ello, sí será atendida por César, quien, en lugar del vetusto seminario, entrará en el Collell, institución privada de enseñanza, donde tendría que pagárselo actuando como fámulo, mientras que Ignacio, gracias a un amigo madrileño del padre, y policía, García, se colocaba como botones en el Banco Arús, mientras se producía el advenimiento de la República y, de repente, por todas partes, en Cataluña, se exigía que hablaran en catalán, aunque fueran emigrantes andaluces, murcianos y extremeños, por lo que tuvieron que ir a clases de catalán nocturnas, ya que de lo contrario estaban mal vistos y pronto oirían la voz de Azaña decir: España había dejado de ser católica.

En el primer aniversario de la República, las procesiones fueron suprimidas, en su lugar el Jueves y Viernes santo, se oían himnos, sardanas y remolaban muchas banderas, mientras eran relegadas las funciones religiosas al interior de los templos, en un plano medio clandestino.

Tres cursos de bachiller eran superados por Ignacio a la vez y en septiembre iría a por el cuarto. Mostraba así, a su compañero en el banco y próximo impulsor del partido comunista en Gerona, Cosme Vila, como a Mosén Alberto, que las enseñanzas de los tres años en el Seminario y su estudio particular y en una academia después, le habían ayudado.

Iglesias y conventos, por toda España, fueron pasto de las llamas, sin que la fuerza pública hiciera nada por frenar estos atentados, a poco de implantarse la República, por lo que empezó a cundir el miedo en Gerona, también en el fondo de su ser republicano por parte de Matías Alvear.

En agosto de 1932 se alzaba Sanjurjo contra la República, por lo que los limpiabotas del café Cataluña en Gerona pronto pidieron su cabeza, y en septiembre, Ignacio aprobaba el examen de cuarto de Bachiller y en el Banco era ascendido al puesto de meritorio, con un sueldo de 100 pesetas.

Mientras tanto, los partidos políticos se habían ido alineando y ocupando los mejores locales de la ciudad. Izquierda Republicana, la Liga Catalana, Estat Catalá, la CEDA, Partido Socialista unido a la UGT y la CNT junto a la FAI cobraba auge, a la vez que las Juventudes Libertarias. El partido comunista era embrionario y los monárquicos se reunían en la redacción del periódico Tradicionalista, lugar donde los partidarios de Alfonso XIII hacían buenas migas con los que todavía guardaban la boina roja.

El 15 de septiembre de 1932, en Madrid,  el Estatuto de Cataluña era promulgado y la Ley de Reforma Agraria.

En las elecciones de octubre de 1932, las derechas, con Lerroux a la cabeza del Partido Radical, se imponen, por lo que en Gerona las fuerzas de izquierda y los anarquistas tratan de recomponer su figura y ven, con alarma, que los representantes monárquicos y conservadores se pasean ufanos por la Rambla delante de ellos, a los pies de la Catedral o por el Vía Crucis del Calvario, en la calle Platería y por la plaza principal y volvían las procesiones por Semana Santa.

Los profesores Olga y David, socialistas y de avanzadas ideas pedagógicas, y un tanto denostados por Mosén Alberto, prepararan a Ignacio para el 5º de Bachiller, muestra elocuente de esa acendrada disputa entre las enseñanzas de la Iglesia y las nuevas corrientes.

La sorda diputa política ciudadana alcanzará su primer choque con el incendio de la imprenta donde se editaba El Tradicionalista, organizado por miembros de la CNT-FAI, que conmociona a toda Gerona, instalada en el Hospicio, cuando ya era noticia la fundación de Falange Española e Ignacio Alvear acababa de aprobar el Bachillerato.

La nueva Ley de Contratos de Cultivos hace manifiesto el duro enfrentamiento latente entre la Generalidad y el Gobierno Central.

En Valladolid, un repartidor del periódico socialista Claridad es asesinado por parte de una escuadra falangista.

Empieza a hacerse patente un clima de hostilidad social, con una revolución en ciernes, huelgas frecuentes, incendio de la sede de la CEDA en Gerona, los gritos de ¡Viva Cataluña libre! y la presencia de las 4 barras rojas se hacen presente por todas partes y los masones se van infiltrando en todos los estamentos de la Nación.

En el balcón del Ayuntamiento, por fuerzas catalanistas y socialistas, es proclamado el estado Catalán dentro de la República Federal Española. Era un aciago 6 de octubre de 1934, que en Asturias era la causa de una revolución, en la que los mineros se hicieron fuertes en Oviedo y obligaba todo ello, al Estado, declarar el estado de guerra y la Infantería y la Artillería se ponían en marcha para recomponer el estado de derecho.

Al alba, las radios hablaban de la rendición de la Generalidad a las tropas del general Batet. El alzamiento contra España, en Cataluña, había durado 24 horas y fue conocido como la Revolución de Octubre. Azaña, entonces en la oposición, sería hecho preso por encontrarse en Barcelona, y considerarlo el Gobierno un incitador de la rebelión, cuando fue todo lo contrario, un decidido luchador para evitar este golpe de mano de los catalanistas.

El subdirector del Banco Arús, amigo de Ignacio, cree que la masonería se había infiltrado entre los Generales.

El 21 de febrero de 1936, todos los que fueron presos con motivo de la revolución de Octubre de 1934, fueron liberados.

El hijo del jefe de la Tabacalera en Gerona, Mateo, llega a esa ciudad y será el mejor amigo de Ignacio y el novio de su hermana, Pilar.

Son frecuentes los mítines de los políticos y de la CNT-FAI, con discursos alusivos a la violencia y la confrontación.

Mateo, afiliado a Falange, logra en Gerona que se afilien a su formación chicos de la burguesía: Octavio, Roca, Roselló, Haro, Benito Civil, de distinta extracción social.

En Valladolid, el hijo del comandante en Gerona Martínez de Soria, padre de Marta, que será la novia de Ignacio, es asesinado mientras pegaba carteles de Falange, sin que por ello, su padre, pareciera inmutar su compostura, aunque regresó del entierro con el cabello blanco, mientras Marta se encerraba en su cuarto completamente abatida.

Las elecciones de febrero del 36 son anunciadas y toda la maquinaria política de propaganda se ponía en marcha, mientras saltaba a la prensa el negocio del Straperlo, que hundiría a Lerroux y su formación política.

Las derechas van a los comicios fragmentadas, mientras las izquierdas se unen bajo el paraguas del Frente Popular y en el plano internacional Mussolini invade Abisinia, a pesar de las advertencias en contra de la Sociedad de Naciones, organismo presidido por un español liberal.

En las elecciones generales del 16 de febrero de 1936, triunfa la coalición liderada por Azaña, bajo el amparo del Frente Popular.

Mateo reúne a sus siete cofrades en Falange, les entrega una pistola y les avisa que ahora corren peligro y que pronto llegará su hora, pues aunque ellos no estuvieran ni a favor ni en contra del Frente Popular, creían que no serían capaces de enfrentarse a los verdaderos enemigos de España y su integridad territorial.

Ignacio se declara a Marta.

Es detenido José Antonio Primo de Rivera y en Gerona se hace una redada en el domicilio de los reconocidos falangistas, como Mateo.

Companys preside la Generalidad y todos los separatistas exiliados vuelven, pasando la factura correspondiente, mientras agitadores comunistas internacionales llegaban a Barcelona: Losowski, Neumman, Bacine.

Se inicia el control obrero en las Empresas, la obligación de repartir beneficios con los trabajadores, etc., impulsado por la CNT-FAI, en cuya demanda se lleva a cabo una huelga en Gerona.

Atentado en el Museo Diocesano, muere una de las sirvientas de Mosén Alberto.

El partido comunista trata de imponer nuevas normas en Gerona, empezando por cerrar la sede de los partidos de derechas, excepción hecha de la Liga Catalana y propone una huelga general, mientras Mateo se dispone a dar un golpe y mostrar la presencia y disconformidad de Falange.

La comitiva de huelga incendia el Colegio de Hermanos de la Doctrina Cristiana y cae asesinado el hermano Alfredo.

En el Parlamento español, Calvo Sotelo había sido amenazado por la misma Pasionaria.

Mateo seguía escondido en casa del Rubio en Gerona, mientras en la calle se extiende el rumor de un posible levantamiento militar, bajo la égida de Mola, enviado a Pamplona, Goded a Baleares y Franco a Canarias. Sanjurjo seguía exiliado en Portugal.

La mitad de los oficiales en Gerona están decididos a unirse a los sublevados.

Discurso de Calvo Sotelo en el Parlamento señalando el número creciente de víctimas a manos de las izquierdas, amenazando el Presidente del Consejo de Ministros, Casares Quiroga, al mandatario de derechas, respondiéndole de la misma forma que lo hiciera Santo Domingo: “la vida la podréis quitar, pero más no podréis”, mientras en los pasillos de las Cortes la Pasionaria declaraba: “este hombre ha hablado por última vez”. Fue cierto, aunque seguro ninguna responsabilidad directa tuviera la dirigente comunista de Somorrostro, ya que Calvo Sotelo sería asesinado por Guardias de Asalto, los mismos que servían de guardaespaldas a Indalecio Prieto, del PSOE, arrojando su cuerpo asesinado en las puertas del cementerio del Este, donde sería encontrado el 13 de julio de 1936.

El 17 de julio de 1936 llegan las primeras noticias de una probable sublevación en África.

El día siguiente, 18, las radios daban noticias más precisas de ese alzamiento, mientras que en Gerona tenía lugar el día 19, declrándose el Estado de guerra.

Las noticias de combates encarnizados en Madrid y Barcelona, como el enfrentamiento de los fieles a la República y el Frente Popular contra los militares y falangistas.

Goded pronto terminaría rindiéndose en Barcelona y en Madrid, en el Cuartel de la Montaña, el pueblo armado derrotaba al general Fanjul, allí enclaustrado.

En Gerona, el comandante Martínez de Soria tuvo que deponer su actitud alzando una bandera blanca, mientras era detenido por el coronel Muñoz y el General, fieles a la República, conduciendo a los 20 rebeldes a presidio, después de quitarles las insignias, mientras la turba pedía armas y asaltaba los cuarteles en su busca.

Tras estos primeros conatos de la plebe victoriosa, la masa decide asaltar las iglesias de la ciudad. Empezaron incendiándolas, sacar los muertos de sus fosas y exponer sus huesos en la entrada de la iglesia del sagrado Corazón, San Felix, las Escolapias, el convento de las Dominicas.

Los arquitectos Massana y Ribas, son nombrados alcaldes de la ciudad y logran detener a la plebe, decidida ahora a quemar la catedral, que pasaría a ser destinada a museo del pueblo.

No hubo descanso en Gerona, para los 235 sublevados y sus familias, para todo aquel que tuviera las manos finas, llevara pulsera de oro y sombrero.

La autoridad había pasado a manos de partidos políticos y sindicatos, con ideales revolucionarios.

Por la noche, las redadas de la CNT y los comunistas, en los coches requisados, que iban de casa en casa, en busca de civiles considerados fascistas, llevaron el miedo y el terror por toda la ciudad, mientras las puertas del cementerio, dejadas abiertas de par en par, iban recibiendo los cuerpos, ya fríos, de las víctimas.

Unos murieron valientemente, gritando “¡Arriba España!”, otros, con pánico en los ojos. Pensar en la palabra “fascista”, apuntar al corazón o a la cabeza, se hacía tan fácil para los fusileros, y nada más, a la noche siguiente la misma escena, el mismo pavor del apresado, de sus familiares, el mismo frenazo, los mismos culatazos para empujar a la víctima a subir al vehículo que les iba a llevar a la muerte.

Los asesinos siguieron con saña cumpliendo su misión, en cunetas, delante de un árbol, en un bosquecillo o delante de una tapia, enfocados por la resplandeciente luz de los faros de un coche y de un camión.

Ya de mañana., los primeros habitantes con su cántaro de leche o de agua, descubrían con horror el cadáver insepulto al borde del camino o de la carretera, después de haber saqueado los objetos personales de los asesinados.

En este desenfreno infernal, la colonia de emigrados murcianos de los arrabales se hizo presente, despojando también de sus carteras y de los dientes de oro a las víctimas, después de que los coches requisados, con los pistoleros y sus rehenes navegando hacia la muerte, siguieran por la vereda del infierno.

Cierto es que algunas personas se inhibieron, no participaron en la matanza, como se hubiera podido esperar.

Cosme Vila, Casal dirigentes del Partido Comunista y del PSOE, o el Responsable, de la CNT-FAI, seguían creyendo que la cacería humana tendría que durar más noches para castigar a todos los miembros de la CEDA, los Tradicionalistas y de los beatos, curas, frailes  y monjas, aunque sus familiares más cercanos, sus hijas, ya pedían: “basta”, “ya está bien”.

A la mañana siguiente, a eso de las once, los milicianos volvieron a coger los coches, con el mono azul puesto, mientras las mujeres que los acompañaban se apeaban y a cada transeúnte le colgaban una banderita del “Socorro Rojo Internacional” y “Para la Milicia Popular”, recogiendo los donativos, incluso dentro de los confesonarios, ahora enclavados a ambos lados del Puente de Piedra, a modo de garita de arbitrios.

Las denuncias por parte de las criadas fue otro de los seísmos y del miedo generalizado, pues los milicianos seguían pasando por las calles con detenidos, conducidos hacia el Seminario, convertido en cárcel.

No obstante, en Galicia, Navarra, Andalucía occidental, Castilla, Toledo, Aragón y Mallorca, los rebeldes seguían avanzando y cosechando éxitos militares.

Como cada noche, la ausencia de un familiar convertía a la familia en la desesperación y la angustia, mientras los coches seguían con su acostumbrado y diabólico desfile. El seminarista César no había vuelto a casa y la inquietud y la zozobra hundían a la familia Alvear en el peor de los presagios, a pesar de la protección brindada por el miliciano Dimas.

Dimas y su secretario Agustín, dos milicianos puestos en la casa por el policía García para custodiarlos en su defensa, por la acendrada religiosidad de los Alvear, no tanto del patriarca Matías, llegaron tarde. Cosme Vila, había ordenado al Responsable y a Teo, un furibundo cenetista que había perdido a su hermano en la revolución de Octubre, junto a cincuenta milicianos, acudieron al Collell para acabar con los seminaristas allí encerrados. Conducidos todos ellos a la Biblioteca del centro, el lugar más amplio y despojados los anaqueles de sus venerables libros, se les indicó que tenían que desalojar el Collell y subirse en los tres camiones que les aguardaban. César contaba con dieciséis años, tres meses y diez días, cuando terminó cayendo delante de las tapias del cementerio, acribillado a balazos, mientras los milicianos que les habían conducido a la muerte se saludaban entre ellos: “¡Salud!”, “¡Salud, camaradas!”.

Termina esta primer novela, galardonada con el Premio Nacional de Literatura (1953) que continuará luego con Un millón de muertos (1961) y más tarde  Ha estallado la paz (1966), en unos años que, visto ahora desde la lejanía y teniendo como objeto la Guerra Civil de España, en sus diversas fases: República, Guerra y Aperturismo franquista, parece extraño que se pudieran publicar, quizás contó con la venia de Franco por ser su autor uno de los combatientes en las filas de los Requetés, quizás, también, porque era necesario construir para los españoles un nuevo mundo de prosperidad y libertad, que empezaba a atisbarse, primero en economía y en la pujanza del turismo que llegaba a nuestras costas. O a lo mejor, el Régimen no fue tan censor como se nos ha hecho creer.

Esta novela es fiel reflejo de lo que no sólo pasó en Gerona, también lo que se vivió en toda España, en unos bajo la dirección de camisas azules y caqui, en el otro bando, vestidos de un mono azul proletario, donde la barbarie trató de eliminar al oponente, siempre del signo opuesto, también con la misma saña: en cunetas, delante de las tapias de un cementerio, sacadas las víctimas de la cama o conducidos en tropel: seminaristas del Collell o miles de cautivos de la cárcel Modelo conducidos a Paracuellos del Jarama y Torrejón de Ardoz, en 1936, donde serían asesinados sin misericordia.

Todo esto que sufrieron nuestros abuelos, que algo conocieron nuestros padres, nosotros los nietos, tuvimos la fortuna que nada se nos hablara, se intentaba ocultar, pues seguramente, todos esos antepasados nuestros, decidieron que había que hacer realidad aquella petición de Azaña en su último discurso en Barcelona: paz, piedad, perdón.

España, con el rey Juan Carlos I, la inestimable ayuda de Adolfo Suárez, de la UCD y pronto la llegada al poder del PSOE, con brillantes líderes como Felipe González y Alfonso Guerra, siguió una senda de fortalecer la democracia y seguir avanzando en el Estado de las Autonomías, que también aceptó la propuesta el PP, con Aznar, no así el PSOE, que aprovechando una tragedia como fueron los atentados yihadistas del 11 de marzo de 2004, y con la inesperada toma del poder de un despreciable y mediocre abogado como Rodríguez Zapatero (PSOE), se inició un giro en el que la Memoria Democrática se convertía en una revuelta de los considerados “perdedores” de la guerra, ya fallecidos en su casi absoluta mayoría y en el esfuerzo desmedido por desenterrar el pasado tan cercano, no ya a nivel de historiadores, pero ahora a manos de políticos y con visos de perpetuarse en el poder, ahora con el mantra del “no a la guerra” y de dar cumplida satisfacción a quienes estuvieron del lado de la República o eran claramente separatistas vascos y catalanes.

En esa despreciable apuesta política, en la que volvían a enfrentarse las dos Españas, alzándose un nuevo muro de insolidaridad, tras llevar a España a la casi ruina, negociar con ETA sin que todavía los españoles sepamos a qué acuerdos llegaron los terroristas y Zapatero, después de que Rajoy (PP) recondujera la economía que en tan pésimo estado habían dejado los socialistas, brotó en España un clamor contra el bipartidismo, que se manejaba entre el PP y el PSOE, pero entre cloacas donde la corrupción era una parte del entramado que enriquecía a líderes conservadores y socialistas, razón de que en el último momento, el PNV otorgara los votos necesarios al PSOE de Pedro Sánchez Castejón, en esa nueva apuesta de regenerar la democracia española, que presentaba en las Cortes su principal edecán, Ábalos.

Los casos de corruptelas que la prensa pudo filtrar a la opinión pública, desde el pucherazo de Sánchez en la sede de Ferraz, las mordidas de ministro y Secretario de Organización socialista, Abalos; de su guardaespaldas y hombre para todo: Koldo, seguido después por el nuevo Secretario de Organización socialista: Santos Cerdán; el caso del fiscal García Ortíz; el Tito Berni; los ERES en Andalucía; Jordi Pujol con el tres por ciento en Cataluña y, en estos últimos días, los sucios y oscuros negocios del que fuera Presidente de Gobierno socialista, José Luis Rodriguez Zapatero, vinculado al chavismo venezolano, a traficantes venezolanos, han vuelto a mostrar la debilidad en la que se encuentra la democracia española, por fortuna atada al devenir de Europa, como miembro de la Unión Europea, hacen que este libro, como la misma trilogía de José María Gironella, sean necesarios en los colegios, como en la necesidad que tiene la ciudadanía de no dejarse engañar por estos energúmenos que han logrado alcanzar el poder, gracias al atavismo social español, su proverbial ignorancia y el mercadeo que los socialistas acostumbran a hacer con el voto y los empleos, que acostumbran a otorgar de preferencia a familiares y amigos, convirtiendo hoy el PSOE, que ayer fuera ilustre, en una banda mafiosa que precisa regenerarse si no quiere desaparecer como el PRI mejicano.

Como los Diarios de Azaña, la trilogía escrita por José María Gironella y, particularmente, la novela Los cipreses creen en Dios, bien merecen su lectura, pues nos advierten del peligro que siempre tiene encima la democracia, sobre todo en España, donde la sangre tan fácil nos hierve.

 

martes, 26 de mayo de 2026

AL DÍA SIGUIENTE DE LA CONQUISTA, LA VERDAD SOBRE LA CONQUISTA ESPAÑOLA EN AMÉRICA

 


AL DÍA SIGUIENTE DE LA CONQUISTA, DE JUAN MIGUEL ZUNZUNEGUI

Sumido en el olvido ya el concepto de raza y con visos de que también desaparezca ese otro de nuestra razón de ser entre España y América, ayer las Indias, por una corriente de izquierdas o populista trasnochada, analfabeta y destructora de su propio YO, presente en ambos hemisferios en estos últimos años, como es el de la HISPANIDAD, la Providencia nos ha deparado, o quizás sea la Virgen de Guadalupe, que un mejicano, un oriundo de la Nueva España, hoy llamada México, Juan Miguel Zunzunegui,  sea el mejor y mayor defensor de ese legado español en América, como de ese mestizaje que los españoles llevamos a cabo al descubrir un nuevo mundo, como en todas las expediciones de colonización que, desde los Reyes Católicos, España emprendió a lo largo de su historia.

Cierto es que, en esa ignorancia a ambos lados del océano, se ha pretendido denigrar la portentosa obra de colonización llevada a cabo por España, como tan cierto es que, en el caso de la Nueva España, ahora México, la cooperación necesaria de gran parte de sus pobladores: tlaxaltecas, otomíes, nahuas y totonacas, entre otros, frente al opresor mexica de la estirpe de Moctezuma, sirvió para que esos cuatrocientos españoles fueran capaces de conquistar un reino de dos millones de habitantes, con sede en Tenochtitlán, sobre el infecto lago Texcoco, donde iban a parar todos los desechos humanos de esas tribus de la edad de piedra, en cuya cumbre de las pirámides extraían el corazón de sus víctimas y se comían la carne de los sacrificados, en honor de la variedad de dioses que entonces veneraban.

En Al día siguiente de la conquista, el brillante intelectual mejicano e hispanista Zunzunegui, va mostrando cual fue el resultado de esas fusión entre los pobladores del Méjico del descubrimiento español, como de la labor conjunta, en la que Hernán Cortés fue el iniciador y padre de esa futura e incipiente nación, cuyo territorio alcanzaba hasta California, Texas y alguna zona más de los actuales EEUU, llegando por el sur a Guatemala, fomentando la creación de hospitales, universidades y ciudades, en las que pervive la toponimia y arquitectura peninsular, mayormente andaluza y canaria, además de llevar a aquellas tierras, todo el saber que España había amasado desde el paso de los siglos y la visita de tantos pueblos, tanto de centro Europa como de Oriente, especialmente de Griegos y Romanos, en leyes y organización política donde también los frailes y la Iglesia católica, con la voluntad de otorgarles la misma oportunidad de conocimiento y religiosidad, implantaron en ese nuevo continente lo que ellos entendían que era lo mejor y la mejor asimilación.

Brillantísima, lúcida  enseñanza y repaso histórico a unos acontecimientos que debieran honrarnos a todos, los de aquí y los de allá, que  aún siguen apoyándose en la falacia del libro de Bartolomé de las Casas, Brevísima, en vez de hacerlo con lo escrito por Toribio Benavente, apodado por los indios Motolinía, como por los enemigos de España: Inglaterra y Francia, decididos a romper una hegemonía que la Hispanidad, es decir los pueblos del nuevo mundo y España, debiéramos aprovechar en beneficio propio y de la humanidad.

sábado, 23 de mayo de 2026

 


               MONSTRUOS DE COVADONGA, DE CARLOS CARO

Cierto es que estamos hechos de estereotipos y cuando por el paseo central de la Carrera de la Virgen, en Granada, durante la Feria del libro de este 2026, desde una de las primeras  casetas, a unos pasos de la Fuente de las Granadas,  sentía que me asaltaba un joven de brazo derecho tatuado y que inquiría mi opinión sobre Asturias, si la conocía, me resultó un tanto extraño y que se dirigía a mí el clásico comercial, dispuesto a vender su mercancía, por lo que me dejé atrapar en su red por no estropear su natural disposición vendedora, cuando resultó ser el autor del libro que allí tenían expuesto, a saber: Monstruos de Covadonga, pues era el mismo escritor novel quien lo promocionaba, como aquellos novilleros de mi infancia pidiendo una oportunidad en las puertas de la Plaza de Toros, en la Avenida de los Andaluces, y tras una breve sinopsis de que versaba sobre una aventura detectivesca acaecida en Asturias, más concretamente a los pies del templo de Covadonga, en el concejo de Cangas de Onís, ideada por un granadino, decidí su compra, pues estimulaba a su creador, y bien sabía yo por mi libro de Azaña lo difícil que es ponerlo al alcance del lector, me resultaba extraño que un granadino se hubiera inspirado por aquellos lejanos, montuosos lares, de nuestra Reconquista.

Una vez que he podido leerlo, debo confesar que me ha sorprendido gratamente, es ameno, sin grandes alardes literarios, muy cinematográfico, con ese ir y venir de los años, o feedback que dicen emplear los anglosajones, un tanto sorprendente por introducir como colaborador necesario en los crímenes de unas chicas, pues los hay, al sacerdote que custodia la Basílica de Covadonga, y el eterno móvil criminal del sexo, el poder y el dinero, como la víctima propiciatoria para que sea fácil cargarle el muerto, nunca mejor dicho, de los asesinatos y el eterno reloj del tiempo, que a pesar de los años, termina desvelando secretos que parecían estar bien guardados, como la necesaria corrupción del inspector con mando en plaza.

Muy bien editado el libro, por lo que es de esperar que Editorial y Autor vuelvan a trabajar juntos, la una haciendo un óptimo trabajo de maquetación e impresión, el escritor, produciendo una nueva novela, quizás más cercana, en marco geográfico como La Alpujarra, que también da mucho juego por su aislamiento, lo inhóspito y sus antiguas leyendas o los mismos jardines de la Alhambra, por donde, según Washington Irving, todavía, en las noches de los Difuntos, los duendes se pasean por el palacio  de Dar al Horra o el mismo Carmen de los Catalanes, y qué decir de la Puerta de Siete Suelos, en cuyas profundidades los soldados moros siguen haciendo guardia de los tesoros allí escondidos.

Enhorabuena al autor, Carlos Caro y mucho ánimo para un nuevo trabajo, nunca fácil cuando uno ve el borrador de la primer página y en la mente está pergeñado completamente el libro.