lunes, 30 de marzo de 2026

LA VIRGEN DE LOS DOLORES Y NUESTRO PADRE JESÚS DEL RESCATE, IN MEMORIAM.

 


LA VIRGEN DE LOS DOLORES Y NUESTRO PADRE JESÚS DEL RESCATE

                                                           Dedicado a mi amigo Antonio Uribe Contreras

Corrían los albores de los años sesenta, un martes en la Semana Santa, en la calle de Niños Luchando número 18,  el ajetreo había sido incesante, no sólo en el taller de la carpintería donde el maestro Paco, su hijo, los oficiales y el aprendiz desde el amanecer se aprestaban a llevar a la iglesia de San Antón las herramientas necesarias y últimos detalles para concluir con los arreglos del palio de la Virgen de los Dolores que esa tarde noche  desfilaría por las calles de Granada, a cuya Dolorosa tan devota era la familia Gómez de las Cortinas desde la época de la Guerra Civil española, mientras que don Ramón y Pérez de Herrasti, además de Hermano mayor y gran benefactor, lo era de Nuestro Padre Jesús del Rescate, que desde la iglesia de la Magdalena, sede primigenia de ambas hermandades de Penitencia haría su aparición, un día antes por las calles.

En la casa, mientras tanto, la abuela María y la nuera Maruja, después del cuidadoso planchado, han colgada de una lámpara, la túnica blanca con capillo del mismo color y la cruz de San Andrés bordada en rojo, que vestirá Fernando, el hijo del carpintero, a su lado, la sotana infantil  roja y la sobrepelliz blanca que lucirá el nieto, Fernandito, que él por vez primera, quizás la única, desfile por las calles de Granada, poco consciente a esa edad de que aquel bello rostro de mujer cuyas lágrimas resbalan por su faz, tiene en sus manos los tres clavos de Cristo, le rodea el pelo una hermosa diadema y en el pecho le cuelga el escudo del Tercio de los Requetés, mientras todo el palio y el manto de la Virgen  son de color salmón.

A aquel chiquillo de Niños Luchando, en la procesión,  le hubiera gustado ir vestido de capirote, como los mayores,  o  ser quien ondeara  el incensario y fuera todo el camino envuelto en la nube de humo aromático de la mirra, de sándalo o de palo de santo, como hacía otro monago, pero a él le tocaba llevar dentro de una caja el incienso, que de vez en cuando surtiría al del incensario.

De regreso al templo, tras la larga y cansada caminata, las músicas y las saetas, irrumpen los gritos de ¡Arriba España!, el brazo alzado y la camisa azul, de quienes esperaban en la calle formando semicírculo, un tanto exaltados,  el retorno de la comitiva, luciendo en el pecho las insignias del yugo y las flechas; ponían una nota de zozobra a las monjas capuchinas y a los antiguos Requetés bajo las túnicas, con algún cirio que otro roto, se oían las imprecaciones y blasfemias, mientras los gritos del capataz trataban de que los costaleros guardaran el equilibrio necesario para que ni los candelabros de cola, la peana de la Virgen, las jarras y los varales del palio no sufrieran daño alguno en su entrada a la iglesia, desguarnecida de bancos  a esa hora de medianoche, en semioscuridad, donde un Ave María y aquel Por Dios, por la Patria y el Rey/Lucharon nuestros padres/Por Dios, por la Patria y el Rey/Lucharemos nosotros también, éste sotto voce, entonarían buena parte de los presentes. Entre tanto, tras las rejas las miradas inquietas y expectantes de las monjas del convento, observando angustiadas el bullicio imperante y el codiciado final.

 

Allí quedaría el abuelo, los oficiales carpinteros y el aprendiz que le acompañaron con una escalera a cuestas durante la procesión, cuidando que ninguna rama de un árbol, la esquina de un balcón o el tendido eléctrico suspendido, se interpusiera en el desfile magistral de la Virgen de los Dolores,  de madrugada tenían que apresurarse a desmantelar el palio, que todo el atrezo ornamental volviera a los cofres donde se guardaría hasta otro año y quedara tan solo el esqueleto, como el de aquella ballena del cuento, en la osamenta fría y desnuda del simple entramado de madera.

 

En la memoria de aquel chavea de Niños Luchando,  lejos queda ya ese rezo espontáneo de un Ave María en el vacío y la oscuridad  de la Iglesia de San Antón, que parecía alzarse desde lo más profundo de aquellos hermanos y saltaba quejumbroso a la garganta de cuantos se arremolinaban en torno a la Dolorosa,  que pronto sería despojada apresuradamente  de todo su esplendor y que quizás había podido felizmente, una vez al año, pasear su dolorida mirada por Granada, antes de volver a un rincón desolado y desamparado de donde seguir anhelando volver a vestir sus mejores galas y, de nuevo, año tras año, por Semana Santa, pasearse con sus dolores a cuestas por la mirada de los granadinos de ayer, de hoy y de siempre.

 

Si la Virgen de los Dolores fue la predilecta de la rama matriarcal de los Contreras  Pérez de Herrasti y Gómez De las Cortinas, Nuestro Padre Jesús del Rescate, lo fue de don Ramón Contreras y Pérez de Herrasti y de Francisca Pérez de Herrasti, quienes hicieron grandes desembolsos en el broche, sedas y túnica bordada en oro que visten la imagen de un Cristo apresado por las manos,  que ya sabe que está próximo su final en esta tierra.

 

Por la orilla del Darro, a los pies de la Alhambra y la Torre la Vela, en ese pasillo por donde el aire parece arrastrar los transparentes copos de nieve de las cumbres de la Sierra y hacerse presente cada año por estas fechas,  cual  diablillo encantado, de madrugada, de regreso a Niños Luchando, por calle Alhóndiga, Placeta de la Trinidad, calle Silencio, Escuelas, Plaza de la Universidad y Plaza de la Encarnación, el frío y la humedad parecen llenar el espacio y el trasunto de los pasos como el silencio de padre e hijo, quien cada uno de los dos ya en la memoria albergarán posiblemente para siempre, desde esa madrugá, uno de sus últimos paseos solitarios por aquella adormecida y trágica Granada a la que pronto tendrían que decirle adiós para… casi siempre.

 


En este año 2026, el Señor del Rescate y la Virgen de los Dolores, el uno desde la iglesia de la Magdalena y la Virgen desde San Pedro y San Pablo, su tercer nuevo hogar, a los pies de los baluartes de la Alhambra y en la ribera del aurífero Darro, habrán desfilado por las calles de Granada un Lunes santo, una vez más aquel chiquillo de Niños Luchando se habrá quedado con las ganas de verlos pasear por su ciudad natal, aunque en su mente sigue latente, cuando sus sienes blanquean y el Ocaso parece vislumbrarse en el horizonte, aquel martes en el que fue testigo y actor privilegiado de la majestuosa obra teatral y espiritual que Granada, cada primavera, suele alumbrar, cuando el arte, el fervor, la pasión y la esperanza, toman posesión de las calles de Granada y un viento frío la envuelve como un sudario, aunque hoy el jolgorio, el folclore y las lámparas de los móviles, las mismas redes sociales,  se apoderen de un pasado de recogimiento y sueños infantiles ya lejanos.

 

 

 

lunes, 16 de marzo de 2026

ANTONIO GALA, DEDICADO A TOBÍAS, UN LIBRO DE ENORMES ENSEÑANZAS.

 


                                            DEDICADO A TOBÍAS, DE ANTONIO GALA

Allá por 1988, el celebérrimo escritor, poeta, dramaturgo y columnista en la prensa del momento, como partícipe frecuente en tertulias de radio y televisión, mientras gobernaba el PSOE con la decidida voluntad de cambio y transformación de España por parte del dúo Felipe González y Alfonso Guerra, el cordobés y profundamente andaluz,  Antonio Gala (Brazatortas (CR) 1930-Córdoba 2023),  publicaba su libro Dedicado a Tobías, todo un compendio de aforismos que a modo de artículos breves dirige a un, supuesto, sobrino a quien él mismo le ha impuesto ese nombre de Tobías, que nacido en Córdoba e hijo de española y padre americano, su madre le pide que le escriba algo para que su hijo, allá en América, nunca olvide sus raíces andaluzas y españolas.

Como gran maestro en filosofía y en metáforas, paisano y alumno aventajado también de Séneca, Antonio Gala irá mostrando a Tobías una parte de esa infancia del escritor, a la vez que da su opinión sobre hechos que se suceden en esa época de la publicación de este libro, como es el ingreso de España en la OTAN, solicitado a los españoles mediante referéndum, a lo que expresamente Antonio Gala fue un contumaz opositor. También se declara no haber intervenido nunca en política activa: Lo mío es otra cosa. En política yo, como en los toros, aplaudo o silbo.

Dentro del seno de una familia burguesa con servicio y hogar espacioso, su padre fue un acrisolado médico, y bastante religioso, por parte materna, los Gala estaban bien acomodados y  con una óptima y pulcra formación académica, aunque él se manifieste algo díscolo y singular entre sus otros hermanos, pero siempre un gran observador, enormemente sensible y un precoz lector, entusiasta de Rilke.

Aunque a Tobías le pide que arroje el libro, trazado para él como una guía de vida, entiendo que es de gran utilidad, a pesar de que, como futurólogo, en algunos casos acierte con el devenir que anuncia y en otros, no sea del todo como preconiza, que conocemos hoy por el paso del tiempo y lo acontecido.

Se enternece describiéndonos a sus perros: Zegrí, Zahira y la posterior llegada de Zagal, como el modo de su génesis, todos ellos de raza teckel, que junto a sus más de trescientos bastones, que empezó a usar tras su operación a vida o muerte de duodeno, sirven para mostrarnos a un escritor necesitado de la compañía del “mejor amigo del hombre”, el perro, a quien él como el granadino Francisco Ayala, se recrean con sus mascotas como si fueran seres humanos, a los que tan solo les falte el habla.

En su artículo sobre La Paz, en este 2026 tan demandado por todo aquel ser humano que no busque como Trump y sus correveidiles más cercanos un negocio con la guerra contra Irán, le dirá a Tobías, como a los halcones yanquís: La paz es el más antiguo sueño de los hombres: un sueño del que se despierta cada mañana para encontrar sangre a su alrededor. Y añadirá luego, Son los Estados salvajes,  que se retuercen contra los mismos que los eligieron, insensibles ante las mortandades de sus propios ciudadanos, ante las protestas de vivos y de muertos. Son los Estados mantenidos por la incercia de la batalla en una carrera imparable…El pan nos sabe a sangre; nos estamos devorando, antropófagos,  unos a otros; nuestro bienestar y nuestro ocio se construyen sobre los huesos de otros hombres…Y los grandes Estados continuarán tramando sus conjuras –fabricar armas, venderlas, usarlas, perfeccionarlas- para que los creamos necesarios. Odiadlos, Tobías, odiadlos.

Seguramente que ni a Putin, Netanyahu, Hamás, los ayatolás, Donald Trump, el mismo Otegui y su banda de asesinos hoy en Bildu, como los Boko Haram y tantos asesinos sueltos por el mundo, estas líneas que anteceden nada les habrán gustado, aunque a buen seguro que las madres de esos combatientes, que los vuelven a ver regresar a su tierra dentro de un féretro o recibir una carta desde un frente de guerra, aunque con noticias esperanzadoras, a ellas, bien que firmarían lo dicho por el maestro don Antonio Gala, en este inciso que hago en ese odio que todo ser humano debiera tener siempre por las contiendas bélicas, sean donde sean y se vistan del ropaje que uno de esos oligarcas o plutócratas pretendan presentárnoslas, o aquel jefe de la banda terrorista de ETA, que lo llamaba “liberación”,  y que hoy el siniestro Zapatero y el cubiletero Pedro Sánchez, han blanqueado para poder seguir gobernando con el voto de esta banda de separatistas y asesinos vascos.

En su “Welcome to Spain”, que aspira a hablarle a Tobías sobre España, nos recuerda que somos un país en el que es frecuente el desacuerdo, como también que sólo estuvimos todos de acuerdo un Dos de Mayo de 1808 para expulsar a los franceses. Y digno de resaltar serían las líneas que siguen: No nos hemos metido en la sangre la certeza de que la patria no es una cosa engolada, cuartelera y póstuma, sino diaria, confortadora y compartida; mucho más un concepto por el que se vive que por el que se muere. Y sigue: la Historia de España es la de una interminable falta de respeto mutuo y una educación pésima. Por eso la convivencia ha sido belicosa.

En el capítulo llamado Censo Familiar, nos recuerda a cuantos nacimos a final de los años cincuenta, del pasado siglo, y en la vecina Granada, que como en su acogedora Córdoba, el pueblo además de usar refranes a troche y moche, que denostaba el Quijote cuando Sancho no paraba de emplearlos, sin ton ni son, también en la conversación empleábamos a personajes que nunca conocimos, pero que, al parecer, el acervo popular sí debió de saber más de ellos, hé aquí algunos de los que nos menciona Gala:

Pateta es el demonio, que se lleva a la gente cuando muere, o Pedro Botero.

Eres más listo que Lepe, Lepijo y su hijo, o Cardona.

Más listo que Merlín, o ni más tonto que Pichote, o que Abundio, o que la tía Joaquina, que no sabe si se mea o se orina, o más feo que Picio; de la vejez Matusalem o Maricastaña; de la desgracia, el Pupas, que se cayó de espaldas y se partió la picha; de no ver, pepe Leches; del valor, el Guerra; del egoísmo, Juan Palomo, el de “yo me lo guiso, yo me lo como; de la vulgaridad, donde va Vicente, donde va la gente. Y así otro buen número de anécdotas que forman parte de la lengua y la chufla española.

 

Trata pues de guiar a Tobías sobre esa suerte que tiene de mezclar en su sangre la de ambos océanos y de hacer memoria de la vida del autor, un portentoso seguidor de su admirado Séneca que, para desgracia de los españoles nos dejó en 2023, pero que su obra literaria, de teatro y de artículos, es profunda, amena y didáctica, como este libro dedicado a Tobías, o remembranza de su misma vida y deseos.

 

viernes, 13 de marzo de 2026

RAMÓN J. SENDER, EN LA VIDA DE IGNACIO MOREL, PREMIO PLANETA 1969

 


RAMÓN J. SENDER, EN LA VIDA DE IGNACIO MOREL, PREMIO PLANETA 1969

Cuando en 1969 el Planeta premiaba al escritor Ramón J. Sender, nacido en Chalanera (Aragón) el año 1901, fallecería en San Diego (EEUU) en 1982, lo hacía en la persona de un exiliado y claro activista republicano, que además de ser el cofundador durante la República de la asociación de Amigos de la Unión Soviética, había participado como soldado y alcanzado el grado de Alférez en la Guerra Civil, también un precoz escritor, pues con 17 años se había iniciado en la literatura y pronto como periodista en el Imparcial, El País, España Nueva y La Tribuna. De él también cabe añadir que su primera esposa y su hermano fueron fusilados por los sublevados en Huesca y Zamora, teniendo que confiar a dos de sus pequeños  hijos tras la frontera, mientras él seguía su decidida apuesta revolucionaria en las filas del ejército Popular.

La historia que nos narra es la vida de Ignacio Morel, un español emigrado a Francia con sus padres, cuando cuenta dos años, y que aún señalado como meteco, como siempre por la perversa sociedad nacionalista  francesa, se considera ciudadano francés, tras ver a su padre muerto en el maquis luchando contra los alemanes y su madre fallecida trabajando en un hospital, y que, a pesar de oír siempre en su hogar sangre, odio y miedo, restos del naufragio de la República española y consecuencias de la guerra civil, se había convertido en profesor de liceo y escritor, tiene treinta años y carece de educación mundana, valga añadir amatoria.

No obstante, se siente atraído por la esposa de un comerciante de telas, Marcelle Saint Julien, que le ha expresado su felicitación por el relato que en público había hecho del cuento Los cuatro enanitos:  una tragedia para marionetas, en la que la niña Güendoline se va a casar con un rico enano, a pesar de la contrariedad e indignación  que le produce a su Doncella, hasta que aparece el apuesto y borracho mecánico John, que ha de arreglar el coche que en la cochera, con sus gases, ha matado a tres enanos bailarines que Güendoline y la Doncella habían escondido, temerosas de los celos del futuro esposo, el enano y rico Nabuco, mientras éste se había ausentado para ultimar la compra de una isla del Caribe como regalo de bodas, y que también matará John, confundido con los otros tres enanos que Güendoline y la Doncella habían tratado de ocultar como uno solo en el circo donde trabajaban. La Doncella y Güendoline se quedarán sin el enano rico, mientras marcan el teléfono de la policía y John no estaba seguro si no le volvería aparecer un enano, ya que el que mató bien le decía que era el millonario Smith, aunque a John le pareciera un truco un enano y rico: - “¿Dónde se ha visto un millonario enano”, mientras se marcha tarareando una polca y cae el telón.

Un viernes venusto, como de costumbre para ir a Paris desde Argenteuil, en la parada de los taxis Ignacio se encuentra a Marcelle, que viaja para ver a su marido enfermo en un hospital, razón por la que desde este momento, apretujados entre los demás viajeros y ella sobre las rodillas de Ignacio, pues entonces los taxis del extra radio parisino no partían hasta no tener completadas las 5 o 6 plazas empezará el idilio amoroso que culmina en la habitación de un hotel donde, una vez concluida la cópula, Ignacio cree que está dormida o desmallada o sufriendo un ataque de catalepsia, aunque en realidad está muerta repentinamente, por lo que huye espantado del hotel Mercure, donde se habían alojado con un nombre supuesto: Monsieur et madame Lambert, y no sabe cómo poder explicar la situación a la policía o al mismo esposo enfermo Monsieur Maisonnave o a los Dubois donde se aloja él.

“Se puede matar a una persona con el gozo sexual unido a una suprema vergüenza”, eran algunas de las preguntas que en su mente se hacía el sábado Ignacio, mientras el sirviente asiático de los Maisonnave, Thuan se ocupaba del niño hidrocéfalo de los anfitriones de la casa y éste empezaba  a temer que ya se hubiera expandido la noticia y el hallazgo de la muerta esposa de Saint-Julien, a quienes sin embargo los periódicos habían empezado a relatar el caso, aunque de la autopsia se sabía que había fallecido de muerte natural.

Entre sus miedos, la vergüenza de no saber cómo afrontar la mirada del esposo Saint-Julien, demandándole una explicación recibe la llamada telefónica de Catherine, la novia de su amigo argelino Darlbeida anunciándole que está encarcelado y que pide verlo.

El domingo Ignacio recibe una nota de la comisaría de policía rogándole que se persone allí. Tras las pesquisas e interrogatorio del comisario, en sala aparte, éste le pregunta sibilina y admirativamente: “cómo lo hizo para que se muriera en plena acción” concsciente de que no era culpable.

-¿Qué le hizo usted a Marcelle, aquí, entre amigos? Que le hiciera el comisario, le seguiría rondando la cabeza, al igual que a Catherine, conocedora de la noticia, por lo que le sugiere que cambie el final de su cuento, a la vez que el tamaño de algunos personajes y en entrevista con el ya viudo Saint-Julien, recuperado de su enfermedad, le mentía sobre lo acontecido, a pesar del acoso que algunas mujeres, como una amiga de Marcelle, Mme Renoir le hiciera, regalándole el libro de las Mil y una noches, cuando él lo único que hizo fue amar y desear a Marcelle.

Siguió corrigiendo los exámenes de Pascua de sus alumnos, seguro de no haber podido conocer el amor y percatarse que uno nunca juega con la vida, que es ella quien juega con nosotros y debemos humildemente aceptarlo.

 

 

 

jueves, 12 de marzo de 2026

 


MARCOS AGUINIS, LA CRUZ INVERTIDA, PREMIO PLANETA 1970

Escritor argentino, nacido el año 1935, médico neurocirujano y psicoanalista, al parecer según la Wikipedia, además de  islamófobo,  judío   y cercano a los dictadores argentinos, fue el primer extranjero que recibió el galardón del premio Planeta, el año 1970, con una novela en la que empleando los títulos de la Biblia en buen número de sus capítulos, va hilvanando una historia donde es retratada la sociedad argentina, probablemente la de toda la misma Hispanoamérica de esa época, con jóvenes estudiantes hijos de elites criollas aspirando a una sociedad más libre y bajo el influjo de lecturas y corrientes liberales y comunistas, con una Iglesia católica enfrentada en su seno con los curas indígenas y universitarios,  apostando por  una evangelización más ejemplar y cercana a las enseñanzas de Jesucristo, frente a un Obispo que aspira a conservar el Evangelio en el aurea de un templo hecho de boato y riquezas, a pesar de la miseria de la mayoría de la población, mientras en medio las fuerzas armadas siguen imponiendo su dictadura y su propuesta de un Estado conservador como corrupto.

Con la retrospectiva del tiempo pasado, es fácil descubrir con este libro, que también en España existía un debate entre las nuevas generaciones y uno de los pilares básicos de la sociedad y del mismo Estado entonces, como era la Iglesia católica, todavía muy presente en las directrices del gobierno público como en el sentir y pensamiento de la sociedad de los años 70, del siglo XX, cuando se atisbaba una incipiente transformación política de Gobierno y un incipiente espíritu de cambio en la España de finales del franquismo.

Es pues un libro de denuncia, mayormente de las bases sobre las que se asentaba el catolicismo y la pastoral de su jerarquía vaticana, representada por el Nuncio que disputa su patronazgo con el sacerdote Torres, quien había completado su formación en el Vaticano y por sedes de la Europa nórdica, y el modesto Buenaventura, humilde cura indiano. También está presente Magdalena, epígono de María de Magdala, que soporta como una santa las perversiones y palizas de su proxeneta, mientras que a los estudiantes no cobra y socorre tras el incendio de la Iglesia, la manifestación estudiantil y la persecución de la policía.

Marcos Aguinis emplea la narración del Evangelio sobre la vida de Jesús y su padecimiento en el Gólgota como de un espejo donde el reino de Dios no parece  haber logrado imponer su doctrina y su ejemplo sobre unos hombres que tampoco han comprendido bien su mensaje de Amor y Fraternidad.

 

domingo, 1 de marzo de 2026

 


MANUEL FERRAND BONILLA,CON  LA NOCHE A CUESTAS, PREMIO PLANETA 1968

Un escritor sevillano (1925-1985), periodista e ilustrador, licenciado en filosofía y letras, será en el año 1968 quien, con su novela Con la noche a cuestas, quien obtenga el premio que el señor Lara otorga por medio de su editorial Planeta.

Obra sencilla, en la que Tirso, el guarda de una obra en estructura, y Castro, un gallego que trabaja como sereno por ese barrio nuevo de Sevilla, suelen encontrarse por la noche para vencer la soledad de un Tirso que había abandonado su pueblo y su familia, donde el amor con su esposa, por su frigidez, le habían impulsado a sumergirse, a pesar de su juventud, en una vida aburrida y sin la libertad que su entorno natal siempre le ofreció. Castro, el gallego, gusta de ser sereno, pues de este modo puede conocer los intríngulis del barrio por donde cuida que todo discurra en paz, a pesar de su edad, una ligera cojera, y su mujer que, aunque no le ha podido dar descendencia, lleva un kiosco con muy buenos ingresos y le pide que abandone ese trabajo y pueda estar de noche en su casa.

El hallazgo de un cartera con doce mil pesetas en su interior y el sello A. C., al lado de la valla de la obra, en el barrro, sumergen a Tirso en profundas cavilaciones por quedársela o devolverla, ¿pero a quién?

En la pensión donde reside de día, Tirso ha contado a Remedios, la sirvienta, y de la que se siente atraído, el hallazgo de la cartera y la invita a que venga por la caseta de obra, a pesar de su novio, para pasar la noche con él.

Días más tarde un motorista se presentará en la noche al guarda, declarando que había perdido una cartera y dando detalles convincentes de que pudiera pertenecerle, por lo que esa pequeña fortuna, en esa época, Tirso la devuelve a quien parece ser su propietario, con la anuencia del mismo Castro, presente junto a un amigo portero de un edificio cercano.

Un ruido extraño le hace a Tirso subir las escaleras de la obra, en la que los ladrillos empiezan ya a sobreponerse sobre el hormigón, cuando ve a Remedios que se acerca. Para su sorpresa, ella viene a devolverle la cartera, que al parecer le había sido tomada por su novio, a quien ella le había contado la historia de Tirso, cuando el edificio en un trueno se derrumba y, atraído por el ruido, Castro, el sereno, ve con asombro como su amigo Tirso pide ayuda y trata de sacar de entre los escombros el brazo de una mujer.

Castro, el sereno, el transeúnte nocturno, el servicial amigo del guarda y de los porteros del nuevo barrio, a pesar de las presiones de la esposa, sigue sin decidirse en abandonar su puesto y retirarse, mientras que Tirso, dado de alta del hospital y de regreso  a su pueblo, es reemplazado por un nuevo guarda quien, de repente, declarará a Castro haber encontrad una cartera con doce mil pesetas en su interior, entre los restos de la obra caída aún presentes.

Sencilla novela, sin grandes alardes literarios, ni recursos dramáticos, con la puesta en escena de humildes personajes que ven cómo se va transformando la ciudad y el humilde discurrir de dos hombres, poco dados a grandes pasiones ni reflexiones filosóficas  en ese acontecer nocturno de sus vidas.

 

jueves, 26 de febrero de 2026

LA OTRA CARA DE LA GUERRA CIVIL, POR ÁNGEL MARIA DE LERA

 


LAS ÚLTIMAS BANDERAS, DE ANGEL Mª DE LERA, PREMIO PLANETA 1967

Cuando en Democracia un gobierno socialista, presidido por un siniestro y mentiroso compulsivo como Pedro Sánchez Castejón, en febrero de 2026 desclasifica los documentos de una noche amarga para esa democracia que daba sus primeros balbuceos en España, depuesto el golpe de Estado de Tejero por el entonces rey don Juan Carlos I y con continuos intentos de este Gobierno para poner un bozal a la prensa crítica con la corrupción y fechorías como lo acontecida en Adamuz, con 46 fallecidos en accidente ferroviario, y termino la lectura de este libro, me llama la atención que pudiera publicarse en tiempos del régimen de Franco, cierto es que yo era aún muy joven y residía en el extranjero, por lo que el discurrir político de entonces también me estaba vedado y por tanto poco o nada podía saber yo del grado de libertad y adoctrinamiento del españolito de entonces, también mis abuelos y mis padres quisieron hacer borrón y cuenta nueva, corriendo un tupido velo de aquellos aciagos años, tanto por lo que padecieron, en mayor o menor medida unos y otros, como por su apuesta para que nada tan espantoso y horrible entre hermanos pudiera volverse a reproducir, por lo que poco o nada nos contaron y lo que hemos aprendido sobre la Guerra Civil ya se lo debemos a los historiadores y obras como la de este escritor que hiciera la carrera de derecho por libre en la Universidad de Granada.

Digo cuanto antecede porque Las últimas banderas, del premiado y muy difundido libro de Angel Mª de Lera (1912-1984), es la obra de alguien que nos muestra una de las horas más amargas y tristes del sueño de un republicano español, rodeado en Madrid por las fuerzas del Caudillo, con los frentes de guerra detenidos en la misma Ciudad Universitaria, a unos pasos de Argüelles, la calle Princesa o la misma Plaza de España y la Gran Vía, también la vida penosa de los madrileños, con escasos medios para alimentarse, a no ser las llamadas “píldoras del doctor Negrín”, como llamaron a las lentejas los madrileños y teniendo que terminar sufriendo un golpe interno dado por Casado y el consejo de Besteiro frente a los comunistas, en la semana llamada del “duro”,  mientras Negrín trataba de que la defensa no decayera en el Centro y en la “posición Yuste” tenía un avión  preparado para su huida.

Federico Olivares, un joven maestro ascendido a capitán del ejército Popular, convencido republicano por ese anhelo que muchos españoles tuvieron de regenerar la política y cambiar las estructuras anquilosadas del viejo régimen que implantara Cánovas del Castillo, bastante degeneradas ahora, es el actor primordial de esta tragedia incivil en un Madrid asediado y abandonado por la República un siete de noviembre de 1936, camino de Valencia, siguiendo el eslogan de No pasarán que tan valiente y certeramente cumplieron los madrileños sin que las fuerzas sublevadas pudieran franquear, a pesar de los bombardeos que sufrían y la presencia de la quinta columna entre sus muros.

Aunque ya en abril, repentinamente, tras la derrota de las fuerzas comunistas enfrentadas al coronel Casado, que había derrocado al Gobierno republicano del socialista Negrín, en una conjura de republicanos y socialistas decididos a alcanzar la paz con Franco, las calles se irán llenando paulatinamente de banderas bicolor, blancas con el aspa y rojo y negras, con el yugo y las flechas, como la lenta y cautelosa entrada de las fuerzas nacionales con los Regulares al frente, mientras los milicianos deponían las armas y se aprestaban a deambular por un pasillo largo y oscuro, como será la rehabilitación de combatientes y simpatizantes republicanos, como fin de la novela y presagio de lo que le va a suceder a muchos españoles, entre ellos al mismo Angel Mª de Lera que estuvo encarcelado por dos veces, hasta 1944 y después en el año 1947.

Novela ésta que, a diferencia de las que precedieron en años anteriores, que hablaban desde la perspectiva del vencedor de la Guerra Civil, ahora lo hace desde el vencido, el oprimido y derrotado, siempre desde una perspectiva humana, nada heroica, pero fiel al dolor y sufrimiento de quienes se vieron forzados, les pilló casualmente en ese bando o, simplemente, les movió la defensa de sus ideales republicanos.

En el libro, su autor hará incursiones sobre el pasado, los antecedentes de esta guerra, pero siempre desde una visión sentimental, en ocasiones nostálgica, pero siempre muy sensible de las personas y los sentimientos, para volver la narración al tiempo que en Madrid le toca vivir transitando entre escombros y una guerra que desde el principio ya parecía perdida.

LA FERIA POR EXCELENCIA DEL AZULEJO ESPAÑOL EN FEBRERO, CEVISAMA, QUE DESAPARECE.

 


      ENTRE TODOS LA MATARON Y ELLA SOLA SE MURIÓ, CEVISAMA.

Aunque era una muerte anunciada largo tiempo ha, ni azulejeros ni políticos, de cualquier signo y pelaje, pusieron remedio. Los egregios industriales, ya convertidos en multinacionales, con su soberbia y arrogancia por bandera, quisieron sacar provecho inmediato de las grandes inversiones acometidas en sus lujosas y despampanantes exposiciones, y que el grueso de la tarta siempre estuviera entre sus fauces, dejando sin visibilidad a aquellos pequeños fabricantes para quienes Cevisama era su anhelado escaparate y primordial lugar anual de encuentro con su clientela, fueran nacionales o del exterior. Cierto es que el gasto por m2 para exponer en Valencia cada año alcanzaba una progresión geométrica, a la vez que la reserva en hoteles y restaurantes, por lo que la gallina de los huevos de oro parecía agotar su puesta y la tolerancia de compradores y vendedores daba signos de hartazgo.

Valencia, particularmente por Benimamet, el río humano de fabricantes y comerciantes no volverá a inundar ya por febrero sus angostas calles,  tampoco la hostelería, los taxis, el transporte público y la dolce vita nocturna alcanzarán el regocijo y mostrarán la cara amable y comercial de la siempre deslumbrante ciudad del Turia, que como un trueno gordo se expandía a la sombra de la Feria Internacional  de Muestras del Azulejo Español, en la ciudad que un aciago día incivil  fuera la capital de España y en cuyas Torres de Quart tuvieron cobijo las grandiosas obras de El Prado.

Mientras tanto, en mi memoria quedará aquel modesto stand esquinado de Porcelanosa, que iniciaba su andadura con azulejos de pasta blanca en 10x20, y que en su primera aparición ya uno podía augurarle un gran éxito, como así sería. Años más tarde,   otras Fábricas  que trataban de seguir esa estela llevaban a Ferran Adriá, también a celebridades de la alta costura y el deporte, o se mostraban los nuevos avances en monococción, (superada la bicocción) porcelánicos,  pulidos,  grandes formatos y la puesta en escena de nuevas y vigorosas industrias radicadas en el entorno de Castellón, incluso de China o Turquía.  Progresivamente,  Cevisama ya nada tenía que envidiar  a la Feria de Bolonia y cada año la carrera para presentar algo nuevo o sorprender al cliente era un reto más  que anunciaba la gran prosperidad y pujanza que la industria azulejera alcanzaría allá por los años   90 y 2.000. 

Europa nos había abierto sus puertas, competíamos de tú a tú con los italianos, nuestros grandes rivales, en diseño y manufacturación,  y el Gobierno de Felipe González se había lanzado  a impulsar el comercio exterior y la vivienda, en una carrera vertiginosa que parecía no tener fin.

En el año 1975, el miedo y un incierto cambio de Régimen  para España llenaron la fosa de la Feria Internacional de la Construcción en la Casa de Campo en Madrid, que quedó enterrada para siempre, como también los esfuerzos de regeneración de Azulejera Granadina, con su singular y bien labrado stand. Posiblemente, en este 2026, la historia se repita para otra pequeña industria  de la comarca de la Plana y, como no, para la misma Cevisama, enterrada por Tirios y Troyanos, los unos por su escasa visión de futuro, los otros por su egoísmo congénito y, los más, por su inoperancia, incompetencia  e ignorancia, cuando se avecina un nuevo cambio de régimen político, esta vez felizmente en Democracia, pero cimentado sobre la corrupción de un Gobierno putrefacto sostenido por las taifas separatistas y unos empresarios y un plantel obrero carentes de visión general de futuro, de grandeza de Estado y de solidaridad nacional.

Huérfanos quedan muchos emprendedores que esperaban Cevisama como agua de mayo para exhibir su sueño hecho azulejo, también el polvero andaluz que desde su remota tienda o desde un intrincado pueblo manchego, entre otros, sabían que en esa feria de muestras podrían cerrar sus tratos comerciales, o aquel muniqués que podría además saborear una paella en la Malvarrosa y llevarse para su Bavaria natal los preciados azulejos Made in Spain. Sepultada pues queda  CEVISAMA, ya que  entre todos la mataron y ella sola se murió.

 

P.S.: Habrá quien me replique con la reciente transformación social y económica,   las redes sociales, las nuevas tecnologías, internet, la IA, la proliferación de centrales de compras, el mejor aprovechamiento del tiempo y de recursos escasos, quizás en que todo este escrito rezuma  nostalgia y unos años juveniles ya lejanos, hasta quien  me hable de las enseñanzas de las escuelas de negocios, y no podré negarle su carga de razón, pero convendrán conmigo que algo más podría haberse hecho, sobre todo cuando en Alemania e Italia sobreviven otras ferias de corte semejante, que cuentan con listas de espera de medio mundo, mientras  que en la ciudad de Valencia, y España,  hemos  perdido una caja de resonancia envidiable, como también las modestas fábricas y el pequeño distribuidor su lugar de puesta al día por excelencia.

Los peces que ayer porfiaban en una charca hoy son tiburones y nadan en un océano donde la ley del más fuerte es la que impera, sin memoria ni pasado, donde el dios Neptuno tampoco sabe hacer justicia y su tritón está forjado por el oro que en las Indias nace honrado y viene a morir en España.

 

Fernando Orero Sáez de Tejada.

23 de febrero de 2026.