sábado, 23 de mayo de 2026

 


               MONSTRUOS DE COVADONGA, DE CARLOS CARO

Cierto es que estamos hechos de estereotipos y cuando por el paseo central de la Carrera de la Virgen, en Granada, durante la Feria del libro de este 2026, desde una de las primeras  casetas, a unos pasos de la Fuente de las Granadas,  sentía que me asaltaba un joven de brazo derecho tatuado y que inquiría mi opinión sobre Asturias, si la conocía, me resultó un tanto extraño y que se dirigía a mí el clásico comercial, dispuesto a vender su mercancía, por lo que me dejé atrapar en su red por no estropear su natural disposición vendedora, cuando resultó ser el autor del libro que allí tenían expuesto, a saber: Monstruos de Covadonga, pues era el mismo escritor novel quien lo promocionaba, como aquellos novilleros de mi infancia pidiendo una oportunidad en las puertas de la Plaza de Toros, en la Avenida de los Andaluces, y tras una breve sinopsis de que versaba sobre una aventura detectivesca acaecida en Asturias, más concretamente a los pies del templo de Covadonga, en el concejo de Cangas de Onís, ideada por un granadino, decidí su compra, pues estimulaba a su creador, y bien sabía yo por mi libro de Azaña lo difícil que es ponerlo al alcance del lector, me resultaba extraño que un granadino se hubiera inspirado por aquellos lejanos, montuosos lares, de nuestra Reconquista.

Una vez que he podido leerlo, debo confesar que me ha sorprendido gratamente, es ameno, sin grandes alardes literarios, muy cinematográfico, con ese ir y venir de los años, o feedback que dicen emplear los anglosajones, un tanto sorprendente por introducir como colaborador necesario en los crímenes de unas chicas, pues los hay, al sacerdote que custodia la Basílica de Covadonga, y el eterno móvil criminal del sexo, el poder y el dinero, como la víctima propiciatoria para que sea fácil cargarle el muerto, nunca mejor dicho, de los asesinatos y el eterno reloj del tiempo, que a pesar de los años, termina desvelando secretos que parecían estar bien guardados, como la necesaria corrupción del inspector con mando en plaza.

Muy bien editado el libro, por lo que es de esperar que Editorial y Autor vuelvan a trabajar juntos, la una haciendo un óptimo trabajo de maquetación e impresión, el escritor, produciendo una nueva novela, quizás más cercana, en marco geográfico como La Alpujarra, que también da mucho juego por su aislamiento, lo inhóspito y sus antiguas leyendas o los mismos jardines de la Alhambra, por donde, según Washington Irving, todavía, en las noches de los Difuntos, los duendes se pasean por el palacio  de Dar al Horra o el mismo Carmen de los Catalanes, y qué decir de la Puerta de Siete Suelos, en cuyas profundidades los soldados moros siguen haciendo guardia de los tesoros allí escondidos.

Enhorabuena al autor, Carlos Caro y mucho ánimo para un nuevo trabajo, nunca fácil cuando uno ve el borrador de la primer página y en la mente está pergeñado completamente el libro.

miércoles, 20 de mayo de 2026

GRANADA C.F Y SUS JUVENILES

 


SEMIFINAL JUVENILES, COPA DE ESPAÑA, REAL MADRID-GRANADA, C.F.



Cuando en los vestuarios los chaveas del Juvenil del Granada C.F ya se aprestan a calentar y dar sus primeros pasos en su sueño de ser profesionales del fútbol, a poco que les sonría la fortuna, sean constantes, perseveren y nunca olviden sus raíces y quienes tantos desvelos tuvieron por ellos: padres, abuelos, tíos, entrenadores, compañeros, masajista, utileros,  delegados y desinteresados directivos, dentro de la humildad necesaria para triunfar, quien tuvo esos mismos sueños y no tanta fortuna, pero siempre la misma pasión que los miles de aficionados que llenaban cada domingo las gradas del mágico estadio de los Cármenes, con el dosel de la cárcel, de tan infaustos recuerdos para los granadinos y el horizonte de la Sierra Nevada, en un skyline, que dirían hoy estos mismo jóvenes, único en el mundo, quisiera desearles mucha suerte en este enfrentamiento con el todo poderoso Real Madrid, y que el recuerdo de quienes les precedieron, algunas de cuyas fotos siguen en nuestra memoria y la hemeroteca del diario Ideal, les sirva de acicate y de empuje cuando les falten las fuerzas.



Semifinalista, es decir entre los 4 mejores juveniles de España, es también una medalla para esa cantera, siempre prolija en Granada, desde tiempo de penurias y campos de tierra, donde salieron figuras como Barrachina, Santos, Angulo y tantos otros, como una muestra de que algo falla cuando no logran servir de banderín de enganche en un Granada, C.F., también una una oscura mancha en una directiva incapaz de retener ese talento formado en la cantera granadina, donde desde que mi padre me catara la alineación del Granada, con los Trompi, González y una larga estela de granadinos, siempre hubo buenas remesas de jóvenes granadinos en el filial del Recreativo (vestido siempre de azul y blanco) y poco después en el mismo Granada, C.F., donde fueron entrenadores hombres de la talla de Heriberto Herrera, Miguel Muñoz, Arsenio y una larga lista.



Por tanto, el problema, como el de la ciudad, siempre con mediocres alcaldes, es de la Dirección, incapaz de encontrar directivos que sepan conducir al club de futbol de la Alhambra a primera división y consolidarlo, amén de una buena economía y la oportuna retención del talento local.

Por todo ello, felicitémonos todos que en Granada, la semilla de aquellos Requena o Sueza, hoy siga brotando en animosos futbolistas a los que se les haya imbuido ese sentimiento de pertenencia a un Granada C.F. histórico y en una ciudad envidiada por todos. Cualquiera que sea el resultado, pues el fútbol no deja de ser un juego, darles ya la enhorabuena y animarles a seguir creciendo y luciendo la camisola y el escudo representativo del Granada, C.F.



Y sin que se pierda aquella pasión, cuando un fraile tuvo que saltar al terreno de juego de Los Cármenes para poner paz entre los jugadores.



 


                                CAMPO DEL MORO, DE MAX AUB

A veces, las novelas de Max Aub no son fáciles de seguir, pues el diálogo entre los intervinientes es continuo, a menudo con la prosapia propia del lugar o del personaje, y tienen un carácter avanzado en el que, como en una feria enloquecida, los protagonistas son todos y, el hecho primordial que su autor quiere insertar,  el momento histórico, casi pasa desapercibido. Fiel ejemplo de cuanto declaro antes, es esta novela que nos lleva a los críticos años del fin de la Guerra Civil en la zona Centro, pero lo que la hace más verídica, es que ha de ver con los siete días en los que el partido comunista se enfrenta al decidido golpe de estado dado por el coronel Casado, con la connivencia de Julián Besteiro, prestigioso político socialista; el general Miaja, que ya tuvo que hacer frente en el 36 al abandono del gobierno republicano de la capital camino de Valencia, para defender Madrid; Wenceslao Carrillo, también del PSOE y padre de Santiago Carrillo (PCE); y el sindicalista J. González Marín (CNT), integrando el Consejo Nacional de Defensa, un 5 de marzo de 1939, decididos a que no haya más derramamiento de sangre, cuando ya antes Azaña había presentado su dimisión como Presidente de la República, tras entrar en Francia desde la Vajol, y que, al día siguiente, 6 de marzo de 1939, lo que quedaba del reducido Gobierno de Negrín, tomara un avión militar en la posición Yuste, desde el aeródromo de Monovar, la ciudad natal de Azorín, y volaran hacia el exilio en Toulouse, Francia, no lejos del casi medio millón de exiliados que ya poblaban los campos de concentración de Argèles y Saint Cyprien, rodeados de gendarmes senegaleses y alambre.

En esta huida de Negrín, en el mismo avión viajan Julio Alvarez del Vayo, (Ministro de Estado); Pedro Prat Gaballi; Mariano Ansó (Ministro de Justicia) y Wenceslao Roces (Subsecretario de Instrucción Pública).

Pero no son los políticos ni los militares, ni tampoco los milicianos, los actores principales de esta novela, son distintos españoles que por diversas circunstancias o por su convencida fe en la República, también en hombres como Azaña, viven la penuria, el hambre en la ciudad de Madrid destruida. Son Vicente Dalmases, Lola, su amante; la mecanógrafa del Ayuntamiento, Rafael Vila, el llamado Pirandello, entre otros, aunque en verdad, como en la calle Valverde, es el latido de la ciudad de Madrid lo que está presente en la memoria de su autor, también la amargura de una nueva disputa entre los mismos hombres y mujeres que defienden una ciudad sitiada como  Madrid, mientras el amor también sigue su curso y se presenta entre las desvencijadas casas y la eterna cartilla de racionamiento, la falta de víveres y las ansias de un final que parece no llegar nunca.

Con la última desbandada, decidido a llegar a Valencia, para despedirse de su esposa Asunción y sus dos hijos, Vicente, ya sobre el camión que avanza hacia Tarancón, se convence que no puede ir sin despedirse de su gran amor, Lola, la hija del Espiritista, la mujer que le estuvo buscando mientras estuvo encerrado por comunista, la mujer que en Madrid se le entregó y que se jugó la vida por él. Desciende en Motilla del Palancar y regresa apresuradamente, en otro camión, esta vez en la cabina, entre el chófer y un guardia de asalto. Corre a la calle de Luchana y sube de dos en dos las escaleras que lo conducen a la puerta del piso entreabierta, donde el viejo, completamente borracho, de rodillas al verle entrar, le grita -¡Has vuelto! ¡Has vuelto!

Del dintel de la entrada de su cuarto  cuelga el cuerpo de Lola.

El 13 de marzo de 1939, habiendo dejado atrás la Plaza de la Alegría –la de Manuel Becerra- ya por Ventas, el desvencijado carromato que lleva el cadáver de Lola, tirado por el jaco matalón, junto al cochero Bernardino Ureña, Rosa María Laínez, Manuela y Mercedes, decididas a darle sepultura a la amiga, reciben un obús de lleno, esparciendo los cuerpos, en tanto que el caballo durante un cuarto de hora corre por el campo desierto pateando sus tripas.

De esta cruel manera, Max Aub, termina su novela, en la que el Madrid omnipresente, en sus últimos días de guerra entre hermanos, se convierte en despojos, traicionado por los unos, abandonado por los otros y dispuesto a ser conquistado de nuevo, aunque en la memoria del escritor siguen golpeando los recuerdos de unas gentes humildes, las que siempre son derrotadas y las que siempre viven con el miedo ancestral, sin que la extremaunción alivie su últimos parpadeos ni la resurrección de la carne y la oración les conceda la paz que tanto ansiaron.

Desde el Campo del Moro, a los pies del Palacio Real, o lo que fuera el Alcázar, con la sierra del Guadarrama de un lado, la Casa de Campo del otro y la Almudena a la espalda, no lejos de la Opera y de la Puerta del Sol, donde confluyen todos los caminos de España, todo el oleaje de ese pueblo español dispuesto a dejar la vida por su independencia y su libertad.

 

 

 

domingo, 17 de mayo de 2026

Diecisiete partidos políticos concursando en Andalucía, en la provincia de Almería.

 


ELECCIONES AL PARLAMENTO DE ANDALUCÍA, MAYO 2026

A la hora que tecleo esta nota, que cojo la pluma como dijera un antiguo, más allá del mediodía del 17 de mayo 2026, cuando en las urnas pueden haber depositado su voto un 15% de los electores andaluces, difícil es saber quién será el ganador, a pesar de todos los vaticinios y las encuestas, pero sí se demuestra, por las papeletas depositadas en los colegios electorales de Almería, que la individualidad como la atracción ciudadana por presidir algo está muy presente, cuando son 17 los partidos que quisieran alcanzar un escaño en el palacio de San Telmo en Sevilla.

Y quien esto firma se pregunta, qué atractivo tiene, qué se gana, acaso no sería más válido integrar otras fuerzas y, por tanto, concurrir menos grupos que no puedan dispersar el voto, amén de poner esa energía en un partido que fuera más sólido. O quizás el miedo venga de la poca participación en la estructura de los partidos que comandan la intención mayoritaria del votante, por lo que esos voluntariosos ciudadanos de esas 17 listas creen que si, les suena la flauta, podrán posar su digno trasero en el Parlamento de Andalucía.

La variedad de partidos que en Almería se presentan podríamos clasificarlos en este orden, según las siglas, pues ni en prensa ni en los medios, ni en redes, o mítines, pocos serán quienes conozcan realmente su programa, salvo vivir de la política, que queda meridianamente claro, en tan egregios y seguro desinteresados aspirantes (sic)…:

PARTIDO

EXTREMA DERECHA

DERECHA

CENTRO

IZQUIERDA

EXTREMA IZQUIERDA

REGIONALISTA O LOCALISTA

LUNÁTICO

PP

 

X

X

 

 

 

 

PSOE

 

 

 

X

X

 

 

VOX

X

 

 

 

 

 

 

PorA

 

 

 

 

X

 

 

PCPA

 

 

 

 

X

 

 

IPAL

 

 

 

 

 

X

 

ADELANTE ANDALUCIA

 

 

 

 

X

 

 

ANDALUCISTAS-PA

 

 

 

 

 

X

 

NA

 

 

 

 

X

 

 

IZAR

 

 

 

 

 

X

 

ALM

 

 

 

 

 

X

 

PARTIDO AUTÓNOMOS

 

 

 

 

 

 

X

FE de las JONS

X

 

 

 

 

 

 

ESCAÑOS EN BLANCO

 

 

 

 

 

 

X

MUNDO+JUSTO

 

 

 

 

 

 

X

SALF

 

 

 

 

 

 

X

PACMA

 

 

 

 

 

 

X

 

Sería hipócrita si a todos les deseara la misma suerte, sobre todo cuando este gasto de impresión de papeletas y trabajo añadido lo pagamos todos nosotros, cierto es que, dentro de la libertad de expresión, tendría que existir una fórmula democrática que limitara el número de partidos que se presentan a los comicios, que quizás exissta y que desconozco, pues la mayoría ni tienen gran cosa que ofrecer, ni tampoco respaldo alguno, además de una carencia de ideas y de proyecto general que nada aportan de nuevo, por lo que es de esperar que quienes concitan una mejor organización, pruebas de un trabajo ya iniciado en pro de todos y una voluntad de prosperidad y justicia sin excepción generalizada, sean quienes sigan gobernando en Andalucía y, con su ejemplo, ser la piedra de bóveda para que en el Gobierno de España,  pronto los españoles también podamos ejercer el voto y regenerar lo que hoy es una cloaca, en unas elecciones generales que todos deseamos ya. Mientras esto sucede, celebremos éstas en Andalucía y que el Ganador no se duerma en los laureles y siga la senda emprendida. Mientras tanto, ¡Viva Andalucía!

viernes, 15 de mayo de 2026

ISABEL, CAMISA VIEJA, DE FERNANDO VIZCAÍNO CASAS

 


       ISABEL, CAMISA VIEJA, DE FERNANDO VIZCAÍNO CASAS

Allá por los años 70 y 80, del pasado siglo XX, el escritor Fernando Vizcaíno Casas (1926-2003), valenciano, probablemente muy proclive al entonces régimen político, como al destape que en todos los órdenes tenía lugar entonces en España,  alcanzó gran notoriedad con sus libros y sus obras de teatro, lo que le llevó a tener una gran presencia en la radio y prensa, pues su simpatía y sus divertidas anécdotas le permitían tener innumerables seguidores, si a eso se le añade que su obra siempre contaba con un venero de mordacidad y velada crítica, fuera a quien fuera, también copiosa y constante, el éxito y la fácil venta de sus trabajos eran cosa sabida.

En Isabel, camisa vieja, publicado en 1987, por la editorial Planeta, bajo el paraguas de una inteligente serie como fue Memoria de la Historia, el lector consta ya en el título, la habilidad de su autor para, uniendo los símbolos de los Reyes católicos, el yugo y las flechas, que también lo fueron de Falange y a posteriori del mismo Franco, atraer al lector veterano, que conoció a los portadores de esas camisas azules por las calles de España, con ese otro en el que el desarrollismo español empieza a superar su subdesarrollo, también sus atávicas costumbres y a desvanecerse gradualmente de la  veneración que el pueblo profesó hacia los dos pilares que habían regido el gobierno de España tras la incivil guerra: la Iglesia y el Ejército.

En este libro de bolsillo, el autor nos va relatando la vida y hechos más relevantes de una gran reina, una gran gobernadora, una fiel esposa y una atenta madre, también muy proclive a encadenar su descendencia a los destinos de España, siempre con la búsqueda de aliados para poder defenderse de la inquina de la vecina Francia, su enemigo más controvertido, sobre todo en Francia, en Borgoña y en el Rosellón.

Sobre Isabel la Católica se han escrito ríos de tinta, unos adversos y otros laudatorios, cierto es que logró la unidad de España, creó la Santa Hermandad para que existiera una policía que cuidara de la libertad de comercio y seguridad en los caminos, y terminó impulsando el descubrimiento de América, siempre decidida a que aquellos hombres también estaban bajo su protección y las mismas leyes que regían para todos los españoles, otra cosa es que en las Encomiendas no siempre los colonizadores respetaran el codicilio de Isabel la católica.

Tuvo grandes pérdidas, que fueron minando su salud y su corazón, como fue la muerte del heredero Juan de Aragón (1478-1497), casado con Margarita de Austria, que falleció prematuramente, también la de su nieto Miguel, a los dos años y que lo llevó con ella a la corte de Granada, a la muerte de su madre e hija de la reina, Isabel de Aragón (1470-1498) y por último, sus desencuentros con su hija Juan I de Castilla (1479-1555), mientras tuvo la suerte de no conocer el sufrimiento que padeció Catalina de Aragón (1485-1536), casada el rey de Inglaterra, Enrique VIII.

Aun cuando en su época trató de que el respeto a la institución vaticana fuera la norma, como de que el catolicismo fuera la única religión que se profesara en España y sus colonias, como una cadena que uniera a todos sus súbditos, creyó oportuno para estos fines, como para evitar posibles aliados de sus enemigos en la otra orilla mediterránea, expulsar a los judíos en 1492 y tratar, por medio de su confesor personal, fray Hernando de Talavera, de que los moriscos se bautizaran o de lo contrario también ser expulsados, lo que con el tiempo, y en este siglo XXI, está claro que no fue uno de sus aciertos, pero la Historia hay que situarla en el momento de los hechos, a posteriori la cultura, los cambios habidos y lo que el discurrir del tiempo nos ha enseñado, cueste trabajo entenderlo hoy.

Que Granada fue una de sus principales pasiones, no cabe duda, pues en su testamento bien claro dejó que es en esta ciudad y frente a la Alhambra donde quiso tener su última morada eterna, que desbarataría su nieto, alzando una Capilla Real en honor de sus abuelos y padres, en esta Granada tan soñada por Isabel la Católica.

Isabel la Católica, nace en Madrigal de las Altas Torres, un 22 de abril de 1451, se casó con Fernando de Aragón, también conocido como Rey católico, el 19 de octubre de 1489, que por ser primos segundos necesitaron una bula papal para el matrimonio, y fallece en Medina del Campo, a los 53 años de edad, un 26 de noviembre de 1404. Reinará desde 1474 hasta 1504, durante 30 años. Tiene 5 hijos: Isabel de Aragón, Juan de Aragón, Juana I de Castilla, María de Aragón y Catalina de Aragón.

Supo rodearse de hombres preclaros y de una gran capitán, como Gonzalo Fernández de Córdoba, además de tener una gran fe en Dios y un enorme deseo de justicia, por lo que sigue siendo causa de beatificación y santidad.

 

martes, 5 de mayo de 2026

 


CRÓNICA DEL REY PASMADO, DE GONZALO TORRENTE BALLESTER

Si leer unas simples cuartillas, o un panfleto publicitario, es siempre un grato pasatiempos, cuando se tiene la fortuna de encontrarse con una novela escrita por el que fuera académico de la lengua española, también premiado con el Cervantes (1985) o el Premio Príncipe de Asturias (1982) y el mismo Premio Planeta (1982), el español don Gonzalo Torrente Ballester, nacido en El Ferrol en 1910 y fallecido en Salamanca en 1999, con su obra Crónica de un rey pasmado, el lector tiene la gran suerte de oír la voz susurrante y de las meigas de los pazos gallegos, pero en un castellano o español ilustre, cargado de voces arcaicas y de una síntesis de la que sentirse orgulloso y privilegiado por pertenecer a esa humanidad capaz de solazarse en vocablos de lejanas resonancias preñadas de tantos influjos, como de hermosos relatos antiguos, en los que una simple historia, de un tiempo añejo, en la que a un rey hispano entonces imperial, se le prohibía yacer con su esposa cuando le apeteciera, como también de verla desnuda, mientras la Iglesia imponía su mandato por medio de la Santa Inquisición, con clérigos como Villaescusa decididos a castigos ejemplares, procesiones de rogativas y actos de fe, mientras el Valido de turno, obligado a confesar sus íntimas pasiones, espera que la Carrera de Indias llegue a Cádiz a tiempo de volver a llenar las arcas del reino y que, en Flandes, los tercios hayan sido capaces de vencer a los rebeldes flamencos, mientras en la misma Villa y corte, la inseguridad y la miseria del populacho sean el escarnecido contraste de una Nación cuyas armas se sostienen por el crédito de los banqueros genoveses.

Aunque a la bella Marfisa, la meretriz que hizo posible que el rey quedara pasmado ante el cuerpo de una mujer, e hiciera patente en todos los mentideros y cenáculos que aspiraba a ver desnuda a su mujer,  no le quede claro si el conde Peña Andrada, que facilitará su huida y su salvación con su doncella, Lucrecia, hacia Roma, para seguir ejerciendo el mismo y viejo  oficio, era quizás un diablo, con quien también gozó antes el Gran Inquisidor, el relato discurre con esa languidez y prosapia de las grandes obras literarias, en el que la narración se convierte en un elixir por el que discurre la historia de una España cuyos oropeles se desvanecen, mientras el padre Rivadesella, agustino, o el padre Almeida, jesuita, o la misma Abadesa, desfilen por los lóbregos pasillos de palacio o los húmedos del convento de San Plácido, sin que todavía sus élites políticas y religiosas se pongan de acuerdo en el sexo de los ángeles, menos pues en el disfrute de la sensualidad y el sexo entre hombre y mujer.