PREMIOS PLANETA 1955-1958, FERNANDO BERMÚDEZ DE CASTRO,
PASOS SIN HUELLAS.
Cierto es que no es un libro que dejará mucha huella, ni por
su contenido literario ni por el mensaje que en esta obra se inserta, que no es
otra cosa que una casi autobiografía de su autor, por medio de su alter ego
gallego Martin, que pasa ocho meses en Londres para perfeccionar el inglés,
además de conocimientos en economía y que nos descubre sus amistades,
particularmente un panameño que fuera diplomático y que ejerce de samaritano de
cuantos hispanos llegan por las costas de la vieja Albión, otro español,
Antonio, sufriendo una depresión y que terminará suicidándose, y la búsqueda de
la amistad y los amores, primero con una noruega que estaba comprometida con
Pelaez, un naranjero valenciano, y, finalmente, con una francesa, Hugette de
Guenard, en un tiempo de diversiones, risas y francachelas, que, sin embargo,
en las últimas líneas de la novela, terminan en tragedia, con la muerte
repentina, por accidente de moto y ya en París, de su gran amor, poco antes de
volver a encontrarse ellos dos para anunciar su próxima boda.
Según parece, el premio concedido a Fernando Bermúdez de
Castro, fue motivo de controversia entre el jurado que se lo otorgaba, que para
este abogado y escritor español (1923-1999), huérfano de madre muy temprano, sin
embargo, no le sirvió de estímulo para profundizar más literariamente, pues
pronto se retiró de la vida pública y
ya, en vida, nada más publicó, cuando por esos años la editorial Planeta y,
quizás la misma sociedad española, se inclinaban más por obras que tuvieran que
ver con las fuerzas victoriosas del régimen y no, como en esta novela, una vida
disipada y de nula enseñanza de progreso, narraciones éstas que hasta los años
sesenta, incluso posteriormente, ya con la progresiva aparición de historias
sobre los desterrados de la Guerra Civil, irán apareciendo en la escena
literaria.
Libro pues de entretenimiento, con la representación de unos
hijos de burgueses cuya única preocupación es el amor, de temple lúbrico y con
unos medios que, desgraciadamente en España, pocos estudiantes podían alcanzar
por la precariedad reinante, a no ser hijos de familias adineradas y
estudiando, como en el caso de Martín, en el extranjero.

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