sábado, 7 de febrero de 2026

Un breve repaso de la vida de Ibn Al-Ahmar, fundador de la dinastía granadina nazarí

 


IBN AL-AHMAR, DE BÁRBARA BOLOIX GALLARDO

Bárbara Boloix Gallardo, profesora en la Universidad de Granada y eminente conocedora del árabe, ha buceado en la vida y reinado del primer sultán de Granada y fundador de la dinastía nazarí, Ibn Al-Ahmar (1195-1273) que vio la luz en Arjona (Jaén), plasmando ese enorme conocimiento en un libro, donde nos mostrará los distintos avatares de este agricultor y defensor de la frontera que, en tiempos de Taifas, se hará con el gobierno de lo que queda del Andalus tras la derrota de los Almohades en la batalla de las Navas de Tolosa (1212) y después de que su primera capital la fijara en Jaén, en el castillo de Santa Catalina, terminó fijando su residencia personal y de gobierno en Granada, siendo la cumbre de la Sabika la que acogerá su esfuerzo para defenderse y consolidar su reino, entonces muy vinculado a Fernando III (El Santo), a quien le pagaba cada año parias o un estipendio, conforme al acuerdo de paz de veinte años firmado, que a ambos les compromete en la defensa y soporte mutuo. Tanto es así que Al-Ahmar acudirá con sus huestes a atacar Sevilla, que será tomada por el rey castellano, en 1248, y a su regreso a Granada, con un tanto de amargura por haber intervenido en la derrota de sus hermanos musulmanes sevillanos, bordar en su escudo de la Alhambra: Wa la galiba illa-llah o sólo Dios es el vencedor.

La medina y alcazaba de Málaga estaban en manos de un familiar de Al-Ahmar, pariente de su esposa, de los Banu Asquilula, quienes le ayudaron en la conquista del poder y que esperaban estar a la misma altura que los Nasr.

Tiene que combatir al emir de Murcia, que antes de su llegada a Granada, era el todopoderoso dueño de Al Andalus y que terminará entregando su ciudad a los castellanos, mientras que Al-Ahmar, con una política inteligente de enorme entendimiento con el rey castellano que sede en Toledo y, ahora en Sevilla, Fernando III, el Santo, a pesar de que con su hijo y descendiente, Alfonso X, el Sabio, no mantendrá la misma buena relación y tratos, por lo que las incursiones de los castellanos llegarán incluso a presentarse no lejos de las murallas de Granada, aunque se retiran.

Tratará de apoderarse de Ceuta, donde fracasa su intento naval, ya que era el puerto por excelencia del tráfico entre la península y Africa, siendo derrotado por los Meriníes de Fez que, sin embargo tendrán con el reino de Granada, posteriormente, una buena relación.

Acogerá en Granada a los disidentes de Alfonso X, pocos años antes de su muerte, que tiene lugar un mes de enero, cuando cae de su caballo y a la edad de 80 años, sin que padeciera como muchos de sus descendientes la muerte por disputas del poder.

Su hijo Mohammed II será quien le suceda, después de que dos de sus otros hijos fallecieran, sin que el libro nos diga cómo ni por qué, Faray y Yusuf, murieron.

Ibn Al-Jatib será quien haga la mejor crónica de este reino y Bárbara Boloix la que nos muestre su portentosa maestría del árabe y la gran documentación que emplea para relatarnos lo que fue la vida y obra de este primer fundador de la casa Nazarí de Granada.

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