IBN AL-AHMAR, DE BÁRBARA BOLOIX
GALLARDO
Bárbara Boloix Gallardo,
profesora en la Universidad de Granada y eminente conocedora del árabe, ha
buceado en la vida y reinado del primer sultán de Granada y fundador de la
dinastía nazarí, Ibn Al-Ahmar (1195-1273) que vio la luz en Arjona (Jaén), plasmando
ese enorme conocimiento en un libro, donde nos mostrará los distintos avatares
de este agricultor y defensor de la frontera que, en tiempos de Taifas, se hará
con el gobierno de lo que queda del Andalus tras la derrota de los Almohades en
la batalla de las Navas de Tolosa (1212) y después de que su primera capital la
fijara en Jaén, en el castillo de Santa Catalina, terminó fijando su residencia
personal y de gobierno en Granada, siendo la cumbre de la Sabika la que acogerá
su esfuerzo para defenderse y consolidar su reino, entonces muy vinculado a Fernando
III (El Santo), a quien le pagaba cada año parias
o un estipendio, conforme al acuerdo de paz de veinte años firmado, que a
ambos les compromete en la defensa y soporte mutuo. Tanto es así que Al-Ahmar
acudirá con sus huestes a atacar Sevilla, que será tomada por el rey
castellano, en 1248, y a su regreso a Granada, con un tanto de amargura por
haber intervenido en la derrota de sus hermanos musulmanes sevillanos, bordar
en su escudo de la Alhambra: Wa la galiba
illa-llah o sólo Dios es el vencedor.
La medina y alcazaba de Málaga
estaban en manos de un familiar de Al-Ahmar, pariente de su esposa, de los Banu
Asquilula, quienes le ayudaron en la conquista del poder y que esperaban estar
a la misma altura que los Nasr.
Tiene que combatir al emir de
Murcia, que antes de su llegada a Granada, era el todopoderoso dueño de Al
Andalus y que terminará entregando su ciudad a los castellanos, mientras que
Al-Ahmar, con una política inteligente de enorme entendimiento con el rey
castellano que sede en Toledo y, ahora en Sevilla, Fernando III, el Santo, a
pesar de que con su hijo y descendiente, Alfonso X, el Sabio, no mantendrá la
misma buena relación y tratos, por lo que las incursiones de los castellanos
llegarán incluso a presentarse no lejos de las murallas de Granada, aunque se
retiran.
Tratará de apoderarse de Ceuta,
donde fracasa su intento naval, ya que era el puerto por excelencia del tráfico
entre la península y Africa, siendo derrotado por los Meriníes de Fez que, sin
embargo tendrán con el reino de Granada, posteriormente, una buena relación.
Acogerá en Granada a los disidentes
de Alfonso X, pocos años antes de su muerte, que tiene lugar un mes de enero,
cuando cae de su caballo y a la edad de 80 años, sin que padeciera como muchos
de sus descendientes la muerte por disputas del poder.
Su hijo Mohammed II será quien le
suceda, después de que dos de sus otros hijos fallecieran, sin que el libro nos
diga cómo ni por qué, Faray y Yusuf, murieron.
Ibn Al-Jatib será quien haga la
mejor crónica de este reino y Bárbara Boloix la que nos muestre su portentosa
maestría del árabe y la gran documentación que emplea para relatarnos lo que
fue la vida y obra de este primer fundador de la casa Nazarí de Granada.

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