jueves, 9 de abril de 2026

HA ESTALLADO LA PAZ, DE JOSÉ Mª GIRONELLA. Un libro sobre la verdadera memoria de nuestro pasado más reciente.

 


HA ESTALLADO LA PAZ, DE JOSÉ Mª GIRONELLA

Allá por los años 60, del siglo XX, el escritor ampurdanés José Mª Gironella (1917-2003), testigo directo de la IIª República española, como también interviniente en la Guerra Civil, pretendió emular a Benito Pérez Galdós con los Episodios Nacionales, ahora con el drama de nuestra contienda militar, ciertamente con menor bagaje literario que el canario, pero eso sí, con un una brillante trilogía sobre un trágico momento de la historia de España, que aún hoy, en el siglo XXI, sigue muy presente y que, algunos políticos de izquierdas, aunque corruptos, quieren seguir manteniendo viva la disputa entre dos frentes, los vencidos y los vencedores, como si aquel enfrentamiento entre hermanos no hubiera sido ya enterrado y sólo sirviera a historiadores y la paz, piedad y perdón que en su último discurso como Jefe de Estado, en Barcelona, pidiera Azaña, no se quisiera observar en aras a una convivencia fraterna, cuya batalla perdieron ambos bandos, pues causó ruina, atraso y cuarenta años de dictadura.

Alrededor de la familia Alvear: Matías y Carmen Elgazu,  y en el marco geográfico de la ciudad de Gerona, Gironella, ya en su novela precedente: Un millón de muertos, y ahora en Ha estallado la paz, nos enseña cuanto aconteció en esa España,  en esta última obra, para la que empleó tres años,  desde el mismo instante que el Generalísimo, en su último bando manuscrito del 1º de Abril de 1939, desde Burgos, anunciara: En el día de hoy cautivo y desarmado el Ejército Rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado, los acontecimientos más notables que desde entonces hasta el 12 de abril de 1941, tuvieron lugar, donde la presencia de la Iglesia católica, el ejército y la Falange, están muy presentes, también algunos de aquellos dirigentes republicanos que se exiliaron en Francia o que, tras la toma de París por los nazis, terminaron instalándose en Londres y en Nueva York, otros, los comunistas, emigrados a Moscú y obligados a formarse como soviéticos, y los más, la ingente masa de desafortunados, tendidos sobre la arena en los campos de concentració que los franceses levantaron en las playas de Argelès o Saint-Cyprien, una muchedumbre republicana famélica, comida por los piojos, rodeada de alambre espino, custodiada por soldados senegaleses, que a razón de 400 diarios, empezarían a volver a cruzar la frontera, decididos a acabar con su infierno, su derrota y su suerte,  y a que las fuerzas de Franco, en la frontera, dispusieran de ellos.

Cierto es que los nuevos dirigentes gerundenses  suelen ser forasteros, unos deseando regresar a sus ciudades de origen, como el Gobernador Militar y su esposa, ambos santanderinos, otros descubriendo que en Gerona existían muchas oportunidades para emprender negocios, en esa nueva España que había que reconstruir apresuradamente, que precisaba de la cartilla de racionamiento o que llevaba a cabo exámenes patrióticos fáciles,  para que se obtuvieran los títulos necesarios en aquellos universitarios que habían tenido que interrumpir sus estudios.

Aquellos que estuvieron comprometidos con el bando nacional y pudieron huir a Francia, o participaron con Falange y los Requetés, también en el ejército,  durante la guerra, ahora ostentaban el poder, tal era el caso de Mateo Santos, Jefe Provincial  de FET y de las Jons, que se casará con Pilar Alvear, hermana del malogrado César, seminarista que en la novela precedente fuera asesinado por los milicianos y cuya identificación se verá obligado a hacer su hermano Ignacio, tendido en la entrada del camposanto a los pies de Montilivi, y tras el día de la Victoria, superado el examen patriótico, nuevo abogado.

Aparece también la enorme presencia del Frente de Juventudes y el Servicio Social de las chicas, con sus campamentos, desfiles y uniformidad, donde Marta, la novia de Ignacio, es una activa y comprometida militante falangista;  como la incipiente presencia del Opus Dei, como también de los jesuitas, ambas organizaciones católicas con dispares criterios en materia de religión, pero reordenando la vida y siendo parte de los pilares de ese nuevo Estado.

Es una época en la que la gente trata de olvidar apresuradamente cuanto aconteció, a la vez que a los que han desaparecido, que se ven forzados a utilizar el español, a menguar en su folclore regional, ya que el catalán y las antiguas costumbres locales pasan a segundo plano y no suelen estar bien vistas, como uno de los factores que desencadenó la pasada disputa.

Procesiones, rezos asamblearios, como el paulatino regreso de los exiliados, después de que las mujeres buscaran a sus maridos, hermanos, hijos, en la frontera o en la Carbonera de Figueras, anhelando su retorno y siendo posteriormente recluidos para ser interrogados, y tras el aval, de familiares o de  las autoridades franquistas,  autorizaran su vuelta, siempre con la necesidad de un aval o informes de la Iglesia y de los dirigentes para su integración, la recuperación de aquello que se les privó y el recuerdo permanente de aquellos hijos de empresarios o banqueros, como de religiosos, que fueron asesinados, a la vez que la dirección política por parte del Ejército y de los falangistas, con la siempre viva y oculta presencia de algún separatista, como el caso de Jaime, la de una prensa, el Amanecer, a disposición de ese nuevo régimen, además del compromiso de todos por conservar tradiciones religiosas y la veneración a la figura de José Antonio Primo de Rivera, a quien el mismo F.C. Barcelona en pleno, acude al Escorial para depositar un ramo de flores en su tumba, mientras se está construyendo en Cuelgamuros  el Valle de los Caídos, con la cruz más alta del universo católico, a instancias del mismo Francisco Franco.

El repaso a ese tiempo, en la novela, termina cuando Ignacio, ya casado con Pilar y esperando un hijo, tras el discurso de Serrano Súñer en Barcelona: Rusia es culpable, se inscribe en la División Azul, por su compromiso político y a pesar del dolor que causa a su padre y a su esposa, para combatir a los comunistas ruso, a quienes culpan de la guerra de España,  junto a la Wehrmacht alemana.

La novela merecería ser obligatoria su lectura y conocimiento en la enseñanza española, pues nos da a conocer lo que pasó en la posguerra, aunque circunscrito a Gerona, pero en cuanto a la sociedad, con sus avatares humanos: sexuales, sociales, pederastia, religiosos, políticos, periodísticos, seguro que era un fiel reflejo de cuanto aconteció en cualquier otro punto de España, cierto es que tuvo en cuanto se publicó, una gran difusión, aceptación y premios, razón de más para que en este siglo XXI, en el que una nueva confrontación en dos bandos: conservadores y progresistas, se hace más acusado, y que la política parece más un ejercicio de corruptelas que un arte por el bien común, es el espejo que nos debe recordar cual fue el pasado de nuestros abuelos y padres, como la lección necesaria para evitar volver a caer en los mismos errores de nuestros antepasados más cercanos.

Brillante y ameno relato, pues, de un momento difícil para España, que con gran maestría Gironella nos embarca, fiel reflejo de una sociedad que ha vivido un enorme sobresalto vital y que está dispuesta a resurgir, aunque para muchas familias, los muertos, en un bando y en otro, laceren esa prosperidad y esa alegría que se atisba en la voluntad de los supervivientes de superar, en un momento en el que fuera de nuestras fronteras las dudas sobre el avance nazi  en Rusia empiecen a flaquear y el respaldo yanqui a Gran Bretaña, insufle esperanzas a los anglófilos hispanos, de un probable cambio en el discurrir de la Segunda Guerra Mundial, tras Pearl Harbour, cuando en la península ibérica el Régimen se haga fuerte sobre las columnas del Ejército y la Iglesia.

 

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