AL DÍA SIGUIENTE DE LA
CONQUISTA, DE JUAN MIGUEL ZUNZUNEGUI
Sumido en el olvido ya el
concepto de raza y con visos de que
también desaparezca ese otro de nuestra razón de ser entre España y América,
ayer las Indias, por una corriente de izquierdas o populista trasnochada,
analfabeta y destructora de su propio YO,
presente en ambos hemisferios en estos últimos años, como es el de la HISPANIDAD, la Providencia nos ha
deparado, o quizás sea la Virgen de Guadalupe, que un mejicano, un oriundo de
la Nueva España, hoy llamada México, Juan Miguel Zunzunegui, sea el mejor y mayor defensor de ese legado
español en América, como de ese mestizaje que los españoles llevamos a cabo al
descubrir un nuevo mundo, como en todas las expediciones de colonización que,
desde los Reyes Católicos, España emprendió a lo largo de su historia.
Cierto es que, en esa ignorancia
a ambos lados del océano, se ha pretendido denigrar la portentosa obra de
colonización llevada a cabo por España, como tan cierto es que, en el caso de
la Nueva España, ahora México, la cooperación necesaria de gran parte de sus
pobladores: tlaxaltecas, otomíes, nahuas y totonacas, entre otros, frente al
opresor mexica de la estirpe de Moctezuma, sirvió para que esos cuatrocientos
españoles fueran capaces de conquistar un reino de dos millones de habitantes,
con sede en Tenochtitlán, sobre el infecto lago Texcoco, donde iban a parar
todos los desechos humanos de esas tribus de la edad de piedra, en cuya cumbre
de las pirámides extraían el corazón de sus víctimas y se comían la carne de
los sacrificados, en honor de la variedad de dioses que entonces veneraban.
En Al día siguiente de la
conquista, el brillante intelectual mejicano e hispanista Zunzunegui, va
mostrando cual fue el resultado de esas fusión entre los pobladores del Méjico
del descubrimiento español, como de la labor conjunta, en la que Hernán Cortés
fue el iniciador y padre de esa futura e incipiente nación, cuyo territorio
alcanzaba hasta California, Texas y alguna zona más de los actuales EEUU,
llegando por el sur a Guatemala, fomentando la creación de hospitales,
universidades y ciudades, en las que pervive la toponimia y arquitectura
peninsular, mayormente andaluza y canaria, además de llevar a aquellas tierras,
todo el saber que España había amasado desde el paso de los siglos y la visita
de tantos pueblos, tanto de centro Europa como de Oriente, especialmente de
Griegos y Romanos, en leyes y organización política donde también los frailes y
la Iglesia católica, con la voluntad de otorgarles la misma oportunidad de
conocimiento y religiosidad, implantaron en ese nuevo continente lo que ellos
entendían que era lo mejor y la mejor asimilación.
Brillantísima, lúcida enseñanza y repaso histórico a unos
acontecimientos que debieran honrarnos a todos, los de aquí y los de allá, que aún siguen apoyándose en la falacia del libro
de Bartolomé de las Casas, Brevísima,
en vez de hacerlo con lo escrito por Toribio Benavente, apodado por los indios Motolinía, como por los enemigos de
España: Inglaterra y Francia, decididos a romper una hegemonía que la Hispanidad, es decir los pueblos del
nuevo mundo y España, debiéramos aprovechar en beneficio propio y de la
humanidad.

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