martes, 26 de mayo de 2026

AL DÍA SIGUIENTE DE LA CONQUISTA, LA VERDAD SOBRE LA CONQUISTA ESPAÑOLA EN AMÉRICA

 


AL DÍA SIGUIENTE DE LA CONQUISTA, DE JUAN MIGUEL ZUNZUNEGUI

Sumido en el olvido ya el concepto de raza y con visos de que también desaparezca ese otro de nuestra razón de ser entre España y América, ayer las Indias, por una corriente de izquierdas o populista trasnochada, analfabeta y destructora de su propio YO, presente en ambos hemisferios en estos últimos años, como es el de la HISPANIDAD, la Providencia nos ha deparado, o quizás sea la Virgen de Guadalupe, que un mejicano, un oriundo de la Nueva España, hoy llamada México, Juan Miguel Zunzunegui,  sea el mejor y mayor defensor de ese legado español en América, como de ese mestizaje que los españoles llevamos a cabo al descubrir un nuevo mundo, como en todas las expediciones de colonización que, desde los Reyes Católicos, España emprendió a lo largo de su historia.

Cierto es que, en esa ignorancia a ambos lados del océano, se ha pretendido denigrar la portentosa obra de colonización llevada a cabo por España, como tan cierto es que, en el caso de la Nueva España, ahora México, la cooperación necesaria de gran parte de sus pobladores: tlaxaltecas, otomíes, nahuas y totonacas, entre otros, frente al opresor mexica de la estirpe de Moctezuma, sirvió para que esos cuatrocientos españoles fueran capaces de conquistar un reino de dos millones de habitantes, con sede en Tenochtitlán, sobre el infecto lago Texcoco, donde iban a parar todos los desechos humanos de esas tribus de la edad de piedra, en cuya cumbre de las pirámides extraían el corazón de sus víctimas y se comían la carne de los sacrificados, en honor de la variedad de dioses que entonces veneraban.

En Al día siguiente de la conquista, el brillante intelectual mejicano e hispanista Zunzunegui, va mostrando cual fue el resultado de esas fusión entre los pobladores del Méjico del descubrimiento español, como de la labor conjunta, en la que Hernán Cortés fue el iniciador y padre de esa futura e incipiente nación, cuyo territorio alcanzaba hasta California, Texas y alguna zona más de los actuales EEUU, llegando por el sur a Guatemala, fomentando la creación de hospitales, universidades y ciudades, en las que pervive la toponimia y arquitectura peninsular, mayormente andaluza y canaria, además de llevar a aquellas tierras, todo el saber que España había amasado desde el paso de los siglos y la visita de tantos pueblos, tanto de centro Europa como de Oriente, especialmente de Griegos y Romanos, en leyes y organización política donde también los frailes y la Iglesia católica, con la voluntad de otorgarles la misma oportunidad de conocimiento y religiosidad, implantaron en ese nuevo continente lo que ellos entendían que era lo mejor y la mejor asimilación.

Brillantísima, lúcida  enseñanza y repaso histórico a unos acontecimientos que debieran honrarnos a todos, los de aquí y los de allá, que  aún siguen apoyándose en la falacia del libro de Bartolomé de las Casas, Brevísima, en vez de hacerlo con lo escrito por Toribio Benavente, apodado por los indios Motolinía, como por los enemigos de España: Inglaterra y Francia, decididos a romper una hegemonía que la Hispanidad, es decir los pueblos del nuevo mundo y España, debiéramos aprovechar en beneficio propio y de la humanidad.

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