ISABEL, CAMISA VIEJA, DE FERNANDO
VIZCAÍNO CASAS
Allá por los
años 70 y 80, del pasado siglo XX, el escritor Fernando Vizcaíno Casas
(1926-2003), valenciano, probablemente muy proclive al entonces régimen
político, como al destape que en todos los órdenes tenía lugar entonces en
España, alcanzó gran notoriedad con sus
libros y sus obras de teatro, lo que le llevó a tener una gran presencia en la
radio y prensa, pues su simpatía y sus divertidas anécdotas le permitían tener
innumerables seguidores, si a eso se le añade que su obra siempre contaba con
un venero de mordacidad y velada crítica, fuera a quien fuera, también copiosa
y constante, el éxito y la fácil venta de sus trabajos eran cosa sabida.
En Isabel,
camisa vieja, publicado en 1987, por la editorial Planeta, bajo el paraguas de
una inteligente serie como fue Memoria de la Historia, el lector consta ya en
el título, la habilidad de su autor para, uniendo los símbolos de los Reyes
católicos, el yugo y las flechas, que también lo fueron de Falange y a
posteriori del mismo Franco, atraer al lector veterano, que conoció a los
portadores de esas camisas azules por las calles de España, con ese otro en el
que el desarrollismo español empieza a superar su subdesarrollo, también sus atávicas
costumbres y a desvanecerse gradualmente de la
veneración que el pueblo profesó hacia los dos pilares que habían regido
el gobierno de España tras la incivil guerra: la Iglesia y el Ejército.
En este libro
de bolsillo, el autor nos va relatando la vida y hechos más relevantes de una
gran reina, una gran gobernadora, una fiel esposa y una atenta madre, también
muy proclive a encadenar su descendencia a los destinos de España, siempre con
la búsqueda de aliados para poder defenderse de la inquina de la vecina
Francia, su enemigo más controvertido, sobre todo en Francia, en Borgoña y en
el Rosellón.
Sobre Isabel
la Católica se han escrito ríos de tinta, unos adversos y otros laudatorios,
cierto es que logró la unidad de España, creó la Santa Hermandad para que
existiera una policía que cuidara de la libertad de comercio y seguridad en los
caminos, y terminó impulsando el descubrimiento de América, siempre decidida a
que aquellos hombres también estaban bajo su protección y las mismas leyes que
regían para todos los españoles, otra cosa es que en las Encomiendas no siempre
los colonizadores respetaran el codicilio de Isabel la católica.
Tuvo grandes
pérdidas, que fueron minando su salud y su corazón, como fue la muerte del
heredero Juan de Aragón (1478-1497), casado con Margarita de Austria, que
falleció prematuramente, también la de su nieto Miguel, a los dos años y que lo
llevó con ella a la corte de Granada, a la muerte de su madre e hija de la
reina, Isabel de Aragón (1470-1498) y por último, sus desencuentros con su hija
Juan I de Castilla (1479-1555), mientras tuvo la suerte de no conocer el
sufrimiento que padeció Catalina de Aragón (1485-1536), casada el rey de
Inglaterra, Enrique VIII.
Aun cuando en
su época trató de que el respeto a la institución vaticana fuera la norma, como
de que el catolicismo fuera la única religión que se profesara en España y sus
colonias, como una cadena que uniera a todos sus súbditos, creyó oportuno para
estos fines, como para evitar posibles aliados de sus enemigos en la otra
orilla mediterránea, expulsar a los judíos en 1492 y tratar, por medio de su
confesor personal, fray Hernando de Talavera, de que los moriscos se bautizaran
o de lo contrario también ser expulsados, lo que con el tiempo, y en este siglo
XXI, está claro que no fue uno de sus aciertos, pero la Historia hay que
situarla en el momento de los hechos, a posteriori la cultura, los cambios
habidos y lo que el discurrir del tiempo nos ha enseñado, cueste trabajo
entenderlo hoy.
Que Granada
fue una de sus principales pasiones, no cabe duda, pues en su testamento bien
claro dejó que es en esta ciudad y frente a la Alhambra donde quiso tener su
última morada eterna, que desbarataría su nieto, alzando una Capilla Real en
honor de sus abuelos y padres, en esta Granada tan soñada por Isabel la
Católica.
Isabel la
Católica, nace en Madrigal de las Altas Torres, un 22 de abril de 1451, se casó
con Fernando de Aragón, también conocido como Rey católico, el 19 de octubre de
1489, que por ser primos segundos necesitaron una bula papal para el
matrimonio, y fallece en Medina del Campo, a los 53 años de edad, un 26 de
noviembre de 1404. Reinará desde 1474 hasta 1504, durante 30 años. Tiene 5
hijos: Isabel de Aragón, Juan de Aragón, Juana I de Castilla, María de Aragón y
Catalina de Aragón.
Supo rodearse
de hombres preclaros y de una gran capitán, como Gonzalo Fernández de Córdoba,
además de tener una gran fe en Dios y un enorme deseo de justicia, por lo que
sigue siendo causa de beatificación y santidad.

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