viernes, 15 de mayo de 2026

ISABEL, CAMISA VIEJA, DE FERNANDO VIZCAÍNO CASAS

 


       ISABEL, CAMISA VIEJA, DE FERNANDO VIZCAÍNO CASAS

Allá por los años 70 y 80, del pasado siglo XX, el escritor Fernando Vizcaíno Casas (1926-2003), valenciano, probablemente muy proclive al entonces régimen político, como al destape que en todos los órdenes tenía lugar entonces en España,  alcanzó gran notoriedad con sus libros y sus obras de teatro, lo que le llevó a tener una gran presencia en la radio y prensa, pues su simpatía y sus divertidas anécdotas le permitían tener innumerables seguidores, si a eso se le añade que su obra siempre contaba con un venero de mordacidad y velada crítica, fuera a quien fuera, también copiosa y constante, el éxito y la fácil venta de sus trabajos eran cosa sabida.

En Isabel, camisa vieja, publicado en 1987, por la editorial Planeta, bajo el paraguas de una inteligente serie como fue Memoria de la Historia, el lector consta ya en el título, la habilidad de su autor para, uniendo los símbolos de los Reyes católicos, el yugo y las flechas, que también lo fueron de Falange y a posteriori del mismo Franco, atraer al lector veterano, que conoció a los portadores de esas camisas azules por las calles de España, con ese otro en el que el desarrollismo español empieza a superar su subdesarrollo, también sus atávicas costumbres y a desvanecerse gradualmente de la  veneración que el pueblo profesó hacia los dos pilares que habían regido el gobierno de España tras la incivil guerra: la Iglesia y el Ejército.

En este libro de bolsillo, el autor nos va relatando la vida y hechos más relevantes de una gran reina, una gran gobernadora, una fiel esposa y una atenta madre, también muy proclive a encadenar su descendencia a los destinos de España, siempre con la búsqueda de aliados para poder defenderse de la inquina de la vecina Francia, su enemigo más controvertido, sobre todo en Francia, en Borgoña y en el Rosellón.

Sobre Isabel la Católica se han escrito ríos de tinta, unos adversos y otros laudatorios, cierto es que logró la unidad de España, creó la Santa Hermandad para que existiera una policía que cuidara de la libertad de comercio y seguridad en los caminos, y terminó impulsando el descubrimiento de América, siempre decidida a que aquellos hombres también estaban bajo su protección y las mismas leyes que regían para todos los españoles, otra cosa es que en las Encomiendas no siempre los colonizadores respetaran el codicilio de Isabel la católica.

Tuvo grandes pérdidas, que fueron minando su salud y su corazón, como fue la muerte del heredero Juan de Aragón (1478-1497), casado con Margarita de Austria, que falleció prematuramente, también la de su nieto Miguel, a los dos años y que lo llevó con ella a la corte de Granada, a la muerte de su madre e hija de la reina, Isabel de Aragón (1470-1498) y por último, sus desencuentros con su hija Juan I de Castilla (1479-1555), mientras tuvo la suerte de no conocer el sufrimiento que padeció Catalina de Aragón (1485-1536), casada el rey de Inglaterra, Enrique VIII.

Aun cuando en su época trató de que el respeto a la institución vaticana fuera la norma, como de que el catolicismo fuera la única religión que se profesara en España y sus colonias, como una cadena que uniera a todos sus súbditos, creyó oportuno para estos fines, como para evitar posibles aliados de sus enemigos en la otra orilla mediterránea, expulsar a los judíos en 1492 y tratar, por medio de su confesor personal, fray Hernando de Talavera, de que los moriscos se bautizaran o de lo contrario también ser expulsados, lo que con el tiempo, y en este siglo XXI, está claro que no fue uno de sus aciertos, pero la Historia hay que situarla en el momento de los hechos, a posteriori la cultura, los cambios habidos y lo que el discurrir del tiempo nos ha enseñado, cueste trabajo entenderlo hoy.

Que Granada fue una de sus principales pasiones, no cabe duda, pues en su testamento bien claro dejó que es en esta ciudad y frente a la Alhambra donde quiso tener su última morada eterna, que desbarataría su nieto, alzando una Capilla Real en honor de sus abuelos y padres, en esta Granada tan soñada por Isabel la Católica.

Isabel la Católica, nace en Madrigal de las Altas Torres, un 22 de abril de 1451, se casó con Fernando de Aragón, también conocido como Rey católico, el 19 de octubre de 1489, que por ser primos segundos necesitaron una bula papal para el matrimonio, y fallece en Medina del Campo, a los 53 años de edad, un 26 de noviembre de 1404. Reinará desde 1474 hasta 1504, durante 30 años. Tiene 5 hijos: Isabel de Aragón, Juan de Aragón, Juana I de Castilla, María de Aragón y Catalina de Aragón.

Supo rodearse de hombres preclaros y de una gran capitán, como Gonzalo Fernández de Córdoba, además de tener una gran fe en Dios y un enorme deseo de justicia, por lo que sigue siendo causa de beatificación y santidad.

 

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