LOS GOZOS Y LAS SOMBRAS, DE GONZALO
TORRENTE BALLESTER
Dentro del portentoso catálogo de
novelas brillantes que escribiera el gran y laureado escritor español don
Gonzalo Torrente Ballester (1910-1999), desde su galaica tierra de nieblas
insondables, meigas desfilando ante los pazos y olas majestuosas que se
estrellaban en Finisterre, de recios marineros y humildes embarcaciones de
pesca, quizás se lleve la palma la trilogía de Los gozos y las sombras,
que terminará escribiendo su primer volumen en 1956, con el título de El señor llega y la dedicatoria a quien más dolor me causa, su esposa
que se encontraba enferma y que pocos años después fallecería.
En su libro de El señor llega, inicio
de la trilogía, es el relato que el autor hace sobre el escenario de una
pequeña aldea gallega al borde del mar, como la presentación pública de los
principales protagonistas de tan magna obra, la antigua familia noble de los
Churruchaos, de cabellos coloraos y pronunciada nariz venidos a menos, particularmente
de doña Mariana, conocida como La vieja y su sobrino Carlos Deza, que después de doctorarse en
psicología, a las órdenes de Freud en Viena, estudiar antes en Berlín, decide
regresar a su pueblo natal de Pueblanueva del Conde, aunque decidido a no
quedarse allí por mucho tiempo, enfrentados con los Salgado, en la persona de
Cayetano, propietario de un astillero y el don Juan de los contornos, capaz de
atraer a una casada como deshonrar el virgo de una jovencita, además de actuar
en el pueblo como un cacique y con un complejo de Edipo hacia su madre. Todo
ello por los chismes del pueblo, de los
amores y rivalidad económica entre ambas grandes familias.
En este escenario de disputas
medievales, con un Carlos Deza que pretende desentenderse de la violencia
soterrada existente entre los Salgado y los Deza, mujeres como Rosario, la
amante de Cayetano, luego de Carlos, las hermanas de Juan, amigo de Carlos y
con ideas anarquistas y defensor de los marineros; Clara, de actitudes
liberales y siempre señalada por el populacho como prostituta, aunque no fuese
verdad, Inés, de ferviente religiosidad; los frailes y, entre ellos, Eugenio,
antiguo pintor en París, se llevará a cabo el entramado de esta historia, donde
la palabra y el pensamiento alcanzan la cumbre, con apariciones notables de los
miembros del casino, como el boticario, el juez y el maestro, y algún indiano, también de un pretendido loco, el relojero
Paquito, que acogerá en su pazo Carlos.
Entre el viento, la pertinaz
lluvia, el orballo, la miseria
general y en tiempos de la República
española, aunque en esta novela como en toda la trilogía, apenas se haga
patente la situación parlamentaria y gubernamental, el lector participará de la
incertidumbre humana por la vida, el amor y la atracción física, como la
humildad y pobreza de una tierra y un océano indómito.
Donde da la vuelta el aire, terminada de escribir cuatro años más
tarde, el segundo libro, la presencia del pueblo de Pueblanueva, los unos por seguir pescando en los viejos
barcos propiedad de doña Mariana, la Vieja, con el aliento de Juan y del dueño
del bar, el Cubano, con sus antiguos
recuerdos de la Isla caribeña y con su pata de palo, frente a los “esclavizados” operarios del
astillero de Cayetano Salgado, la obra cobra un mayor interés por la presencia
del demonio, la fe religiosa y los
valores humanos, en los que, los marineros a punto de perder su medio de vida
ante una enorme galerna, evitando la pérdida del Mariana II en la misma bocana
del puerto, ven como su dueña se interesa por ellos, sigue pagando las nóminas
a pesar de las pérdidas y la ruinosa pesca, y termina cambiando su declaración
de herencia poco antes de fallecer, sin que queden claras sus andanzas
juveniles como su primer amor y el hijo, de padre desconocido, que tuviera,
motivo de comentarios, chismes y particular manera de sostener su prestigio, su
dignidad y el enorme patrimonio económico de la Vieja.
En esta segunda novela, el épico
relato hecho sobre la posible pérdida de marineros y la necesidad de la ayuda
que ha de prestarles Cayetano, con el decidido paso dado por la Vieja frente a Cayetano, en sus oficinas, pidiendo la ayuda
de su remolcador, como la descripción de la batalla que han de librar los
marineros para evitar la colisión contra las rocas, es memorable y uno de los
más bellos pasajes de la obra.
El viento ha girado, como también
la situación de Clara que se ha declarado a Carlos, sin que este le preste la
atención a la que ella aspiraba y ha vendido a Cayetano su casa y sus escasas
tierras, levantando una tienda bajo los soportales de la plaza del pueblo y
haciendo posible que Inés y su hermano Juan, con la mitad de lo cobrado por sus
bienes, se marchen a Madrid, donde Inés se terminará casando con un socialista
amigo de su hermano.
Ahora aparece una sobrina de la
Vieja, Germaine, que residía con su padre en París, y decidida a hacer carrera
en la ópera como soprano, por lo que quiere cobrar su parte de la herencia de
la tía Mariana, de la que es el administrador, durante cinco años, Carlos Deza,
según el testamento, aunque existe un codicilo, que nunca llegará a ser
abierto, por temor a que en él se dicte que todo pertenece a Carlos si no se
han cumplido las primeras condiciones impuestas por la Vieja, razón para
aceptar pronto las condiciones de Carlos y marcharse.
De nuevo la codicia humana, en la
persona de Germaine, y la honrada postura de respeto escrupuloso al testamento
de su tía por parte de Carlos Deza, los vaivenes del negocio de la pesca, los
arreglos y pinturas del ábside de la Iglesia de la plata, propiedad de los
Deza, los amores y cuernos puestos por Cayetano en el pueblo, las
conversaciones del casino, llenan las páginas de una novela que, como el
viento, empieza a girar y la presencia de Clara se hace más patente tanto para
Carlos como para Cayetano.
En La pascua triste, la tercer y última novela de esta trilogía de los
Gozos y las sombras, Cayetano termina enamorándose de Clara, que lo rechaza y
la viola, demostrando al pueblo que estaba virgen, contrariamente a lo que de
ella opinaban en el casino y en el pueblo, por lo que Carlos Deza, después de
la pelea que tiene con Cayetano, tras combatir antes con el hermano de Clara, Juan, que había regresado de Madrid con casi
los bolsillos vacíos, terminará vendiendo sus propiedades y marchándose
definitivamente, dejando atrás su pazo como el de la Vieja, en compañía de la
dolorida Clara, que siempre estuvo enamorada de Carlos y a quien el sobrino de
la Vieja por fin expresaba sus ocultos sentimientos de amor por Clara, a pesar
de la violación.
El relojero Paquito intentará
matar a Cayetano, pero ya había sido advertido por el mismo Carlos, mientras en
el casino como en el bar del cubano, tras la quema de la iglesia de los
Churruchaos, por parte de Baldomero el boticario, de la misma forma que en el
resto de España se incendiaban otras por animadversión a la Iglesia y la
ignorancia popular, después de que don Lino el maestro hubiera sido elegido
como diputado en Las Cortes de España, gracias a la mediación de Cayetano, como
todo lo que se hacía en el pueblo.
Bellísima obra de palabras,
razones y conversaciones sobre el más allá, la fe y la voluntad humana, a la
vez que el paisaje gallego, de una elegancia literaria hoy difícil de encontrar
en el páramo de las letras hispanas, del respeto por la gente y un amor de
tintes dramáticos, difícil de entender quizás hoy día, por todo lo cual, merece la pena volver a gozar con lo escrito
por este brillante académico, don Gonzalo Torrente Ballester y disfrutar de
esta singular obra de los Gozos y las sombras.

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