jueves, 25 de junio de 2026

Los gozos y las sombras, de Gonzalo Torrente Ballester. El amor y la libertad humana en la finis terra.

 


             LOS GOZOS Y LAS SOMBRAS, DE GONZALO TORRENTE BALLESTER

Dentro del portentoso catálogo de novelas brillantes que escribiera el gran y laureado escritor español don Gonzalo Torrente Ballester (1910-1999),  desde su galaica tierra de nieblas insondables, meigas desfilando ante los pazos y olas majestuosas que se estrellaban en Finisterre, de recios marineros y humildes embarcaciones de pesca, quizás se lleve la palma la trilogía de Los gozos y las sombras, que terminará escribiendo su primer volumen en 1956, con el título de El señor llega y la dedicatoria a quien más dolor me causa, su esposa que se encontraba enferma y que pocos años después fallecería.

En su libro de El señor llega, inicio de la trilogía, es el relato que el autor hace sobre el escenario de una pequeña aldea gallega al borde del mar, como la presentación pública de los principales protagonistas de tan magna  obra, la antigua familia noble de los Churruchaos, de cabellos coloraos y pronunciada nariz venidos a menos, particularmente de doña Mariana, conocida como La vieja y su sobrino  Carlos Deza, que después de doctorarse en psicología, a las órdenes de Freud en Viena, estudiar antes en Berlín, decide regresar a su pueblo natal de Pueblanueva del Conde, aunque decidido a no quedarse allí por mucho tiempo, enfrentados con los Salgado, en la persona de Cayetano, propietario de un astillero y el don Juan de los contornos, capaz de atraer a una casada como deshonrar el virgo de una jovencita, además de actuar en el pueblo como un cacique y con un complejo de Edipo hacia su madre. Todo ello por los chismes del pueblo,  de los amores y rivalidad económica entre ambas grandes familias.

En este escenario de disputas medievales, con un Carlos Deza que pretende desentenderse de la violencia soterrada existente entre los Salgado y los Deza, mujeres como Rosario, la amante de Cayetano, luego de Carlos, las hermanas de Juan, amigo de Carlos y con ideas anarquistas y defensor de los marineros; Clara, de actitudes liberales y siempre señalada por el populacho como prostituta, aunque no fuese verdad, Inés, de ferviente religiosidad; los frailes y, entre ellos, Eugenio, antiguo pintor en París, se llevará a cabo el entramado de esta historia, donde la palabra y el pensamiento alcanzan la cumbre, con apariciones notables de los miembros del casino, como el boticario, el juez y el maestro, y algún indiano,  también de un pretendido loco, el relojero Paquito, que acogerá en su pazo Carlos.

Entre el viento, la pertinaz lluvia, el orballo, la miseria general y en tiempos de la República española, aunque en esta novela como en toda la trilogía, apenas se haga patente la situación parlamentaria y gubernamental, el lector participará de la incertidumbre humana por la vida, el amor y la atracción física, como la humildad y pobreza de una tierra y un océano indómito.

Donde da la vuelta el aire, terminada de escribir cuatro años más tarde, el segundo libro, la presencia del pueblo de Pueblanueva,  los unos por seguir pescando en los viejos barcos propiedad de doña Mariana, la Vieja, con el aliento de Juan y del dueño del bar, el Cubano, con sus antiguos recuerdos de la Isla caribeña y con su pata de palo,  frente a los “esclavizados” operarios del astillero de Cayetano Salgado, la obra cobra un mayor interés por la presencia del demonio, la fe religiosa y los valores humanos, en los que, los marineros a punto de perder su medio de vida ante una enorme galerna, evitando la pérdida del Mariana II en la misma bocana del puerto, ven como su dueña se interesa por ellos, sigue pagando las nóminas a pesar de las pérdidas y la ruinosa pesca, y termina cambiando su declaración de herencia poco antes de fallecer, sin que queden claras sus andanzas juveniles como su primer amor y el hijo, de padre desconocido, que tuviera, motivo de comentarios, chismes y particular manera de sostener su prestigio, su dignidad y el enorme patrimonio económico de la Vieja.

En esta segunda novela, el épico relato hecho sobre la posible pérdida de marineros y la necesidad de la ayuda que ha de prestarles Cayetano, con el decidido paso dado por  la Vieja frente a  Cayetano, en sus oficinas, pidiendo la ayuda de su remolcador, como la descripción de la batalla que han de librar los marineros para evitar la colisión contra las rocas, es memorable y uno de los más bellos pasajes de la obra.

El viento ha girado, como también la situación de Clara que se ha declarado a Carlos, sin que este le preste la atención a la que ella aspiraba y ha vendido a Cayetano su casa y sus escasas tierras, levantando una tienda bajo los soportales de la plaza del pueblo y haciendo posible que Inés y su hermano Juan, con la mitad de lo cobrado por sus bienes, se marchen a Madrid, donde Inés se terminará casando con un socialista amigo de su hermano.

Ahora aparece una sobrina de la Vieja, Germaine, que residía con su padre en París, y decidida a hacer carrera en la ópera como soprano, por lo que quiere cobrar su parte de la herencia de la tía Mariana, de la que es el administrador, durante cinco años, Carlos Deza, según el testamento, aunque existe un codicilo, que nunca llegará a ser abierto, por temor a que en él se dicte que todo pertenece a Carlos si no se han cumplido las primeras condiciones impuestas por la Vieja, razón para aceptar pronto las condiciones de Carlos y marcharse.

De nuevo la codicia humana, en la persona de Germaine, y la honrada postura de respeto escrupuloso al testamento de su tía por parte de Carlos Deza, los vaivenes del negocio de la pesca, los arreglos y pinturas del ábside de la Iglesia de la plata, propiedad de los Deza, los amores y cuernos puestos por Cayetano en el pueblo, las conversaciones del casino, llenan las páginas de una novela que, como el viento, empieza a girar y la presencia de Clara se hace más patente tanto para Carlos como para Cayetano.

En La pascua triste, la tercer y última novela de esta trilogía de los Gozos y las sombras, Cayetano termina enamorándose de Clara, que lo rechaza y la viola, demostrando al pueblo que estaba virgen, contrariamente a lo que de ella opinaban en el casino y en el pueblo, por lo que Carlos Deza, después de la pelea que tiene con Cayetano, tras combatir antes con el hermano de Clara,  Juan, que había regresado de Madrid con casi los bolsillos vacíos, terminará vendiendo sus propiedades y marchándose definitivamente, dejando atrás su pazo como el de la Vieja, en compañía de la dolorida Clara, que siempre estuvo enamorada de Carlos y a quien el sobrino de la Vieja por fin expresaba sus ocultos sentimientos de amor por Clara, a pesar de la violación.

El relojero Paquito intentará matar a Cayetano, pero ya había sido advertido por el mismo Carlos, mientras en el casino como en el bar del cubano, tras la quema de la iglesia de los Churruchaos, por parte de Baldomero el boticario, de la misma forma que en el resto de España se incendiaban otras por animadversión a la Iglesia y la ignorancia popular, después de que don Lino el maestro hubiera sido elegido como diputado en Las Cortes de España, gracias a la mediación de Cayetano, como todo lo que se hacía en el pueblo.

Bellísima obra de palabras, razones y conversaciones sobre el más allá, la fe y la voluntad humana, a la vez que el paisaje gallego, de una elegancia literaria hoy difícil de encontrar en el páramo de las letras hispanas, del respeto por la gente y un amor de tintes dramáticos, difícil de entender quizás hoy día, por todo lo cual,  merece la pena volver a gozar con lo escrito por este brillante académico, don Gonzalo Torrente Ballester y disfrutar de esta singular obra de los Gozos y las sombras.

 

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