DEL DECORO Y EL SERVICIO A LOS DEMÁS
Quien fuera Presidente del Gobierno español, el socialista
Rodríguez Zapatero (1960), supuestamente el actual director de orquesta de las
políticas de su compañero Pedro Sánchez
(1972), donde la corrupción y la mentira ocupan todos los registros que
manejan estos dos siniestros personajes, muestran el deterioro de la sociedad
española y, quizás, de buena parte de nuestros dirigentes políticos
contemporáneos, sobre todo si se les compara con los hechos de hombres de la
talla de Louis Pasteur y de nuestro Cajal.
Los dos políticos españoles nacieron a la sombra del bienestar
económico y social en España de los años 60 y 70, como también por la
pertenencia de sus antepasados a una categoría social que hacía posible que no
tuvieran que trabajar tempranamente y se dedicaran al estudio, aunque ambos
nada brillantes fueron y pronto dentro del espectro político trataron de crecer
y alcanzar la cúspide del PSOE.
Sin embargo, si los comparamos con Pasteur y el mismo Santiago
Ramón y Cajal, pronto nos damos cuenta que aunque los hombres se hacen en
cualquier parte y toda religión nace de la estrechez y casi todas se corrompen
con la abundancia, lo sucedido en Rodríguez Zapatero y sus joyas y mordidas, con la ocultación de su enorme
fortuna y el modo putrefacto en el que Pedro Sánchez fue ayudado por su suegro
para alcanzar la secretaría del PSOE, tras un pucherazo, es fiel reflejo de esa
conducta corrupta tras no tener unos cimientos de esfuerzo y búsqueda de la
verdad, como sí le ocurrió a Pasteur y Cajal, que además para nada fueron
estudiantes brillantes, y nunca se propusieron ganar trofeos, ni contar con
notas sobresalientes, sólo perseguían la Verdad y la Belleza.
Si comparamos esta búsqueda de la Verdad y la Belleza por
parte de Pasteur y Cajal, frente a las ansias de poder y riqueza de Zapatero y
Sánchez, nos percatamos que nunca éstos dos políticos han tenido vocación de servicio, ni aspiraron jamás a adquirir elementos que contribuyeran en una mayor justicia y reparto de
bienes, ellos dos no se sacian con lo que ya les otorga el pueblo español, sin
embargo Pasteur y Cajal siempre fueron ávidos por adquirir nuevos
conocimientos, por compartir cada uno de sus descubrimientos con quienes tenían
en su proximidad, como hiciera Arquímedes desnudo por la ciudad proclamando su
descubrimiento. En el caso de Zapatero y Sánchez, la misma negociación con ETA
está aún oculta y el pueblo español todavía no sabe a qué acuerdos llegó
Rodríguez Zapatero con la banda terrorista, o Sánchez con el golpista
Puigdemont. Qué decir de la entrega del Sahara a Marruecos sin que todavía el pueblo español sepa la razón de ese viraje por parte de Pedro Sánchez.
Otro valor más de un investigador como Pasteur era su
constante búsqueda de los orígenes de la vida, sin que por ello su fe católica
se quebrantara. Era un fervoroso y sencillo practicante, como le enseñó su
madre, una obrera acomodada de una pequeña ciudad de provincias. Si ahora lo
comparamos con estos dos socialistas, ambos son ateos, pero se pegarán al Papa
León XIV en su visita a Barcelona para aparecer en la foto, aunque ni siquiera
se dignaran darle el pésame a los familiares de las 64 víctimas del tren de Adamuz,
en el que su Gobierno es el máximo responsable por su descontrol en la revisión
del trayecto ferroviario y su mantenimiento.
Ambos, Cajal y Pasteur, nunca fueron impedidos por su fe, ni
tuvieron prejuicios para su pensamiento científico, no obstante, Rodríguez
Zapatero y Pedro Sánchez, siempre mostraron una enorme inquina frente a la
Iglesia católica, sobre todo en lo que se refiere al aborto y a la eutanasia.
Pasteur y Cajal, por medio de sus desvelos y constante
trabajo e investigación, salvaron a millones de seres humanos, además de conformarse
con una vida humilde. Santiago Ramón y Cajal vivió siempre en el número 64 de
la calle Alfonso XII de Madrid, siendo premio Nóbel, que no pudo obtener Louis
Pasteur por no existir en su época. Si ahora vemos qué bienes poseen Pedro
Sánchez Castejón y José Luis Rodríguez Zapatero, con muertos a sus espaldas y
una polarización política, amén de un
estercolero en el que han convertido la democracia española, será fácil colegir
que bien nos merecería a los españoles admirar a hombres como Louis Pasteur y
don Santiago Ramón y Cajal, antes que a estos dos personajes socialistas del
período más negro de la Democracia de España.



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