jueves, 27 de agosto de 2026

 


                           STEFAN ZWEIG, DE EL LIBRO DE AYER

Si alguien hubiera querido buscar al mejor adalid de Europa, en su vertiente fraterna y literaria, probablemente Stefan Zweig, el austrohúngaro y nacido en Viena en 1881, se habría colgado la medalla de oro, pues toda su obra es un canto a la cultura y la defensa de los valores de los autores y artistas europeos, como también la monografía de grandes personajes históricos.

En El libro de ayer, al parecer publicado póstumamente, cuando en su exilio en Persépolis (Brasil), él y su mujer Lotte ya se abandonaban a los barbitúricos para poner fin a una vida sin patria y sin esperanza; con un todopoderoso Hitler asesinando a los judíos, con artes inimaginables y tras los muros de campos de concentración de exterminio, allá por 1942, y poniendo en llamas toda Europa, con la ayuda de su partido el nacionalsocialismo,  hallamos el relato de la vida de éste vienés, de raíces judías, hijo de un adinerado fabricante de tejidos y de una madre hija de banqueros italianos, que pronto pudo alcanzar cuanto deseaba y también escribir y viajar, mientras en alemán redactaba su prolífica obra, no sin absorber en sus viajes, mayormente a París y Bruselas, las enseñanzas de los más relevantes escritores, pensadores, escultores y pintores del momento: Romain Rolland, Stappen , Verhaeren, Khnopff, Rops, Constantin Meunier, Minne, Van der Velde, Maeterlinck, Eekhoud, Lemonnier, Crommelynck, James Ensor, Frans Masereel, …y sin dejar de tener amistad con sus contemporáneos alemanes y austriacos, Rilke y Freud, entre otro, también con músicos de la talla de Richard Strauss, para quien escribirá un libreto y que tras el estreno en Dresde, sería prohibido como todos los libros de Zweig y de todo aquel que tuviera sangre judía en la Alemania dominada por el nacionalsocialismo.

Pronto visitará la India, en 1912 y la ciudad de Nueva York, en 1913, para establecerse poco después en Salzburgo, 1913, desde donde tendrá que marchar al exilio en el momento que Hitler alcanza el poder.

Fue un mitómano, traductor, poeta, escritor y experto coleccionista de partituras musicales de Beethoven, como de borradores de primeros libros de grandes autores, también amigo de lo más egregio de esa época, particularmente entre los años 1920 y 1930, fecha del apogeo de sus libros, traducidos a todos los idiomas imaginables y de una popularidad y venta sin parangón.

Gracias a esas fuentes y a esa relación amistosa con los grandes personajes de la Europa central, sin nunca comprometerse en política, ni siquiera ir a votar, logró tener siempre  una envidiable información previa sobre los acontecimientos futuros y cual Casandra moderna, sufría en sus carnes lo que se veía venir, sin por ello poderlo adelantar a sus amigos, pues lo tacharían de negativo y pesimista.

Aun  cuando terminó sus estudios de Filosofía en la universidad de Viena, sin lugar a dudas ayudado ya por su fama, sus primeras publicaciones y la condescendencia de los catedráticos, dio una gran importancia al axioma del filósofo americano Emerson, según el cual los buenos libros reemplazan a la mejor universidad, sobre todo para él a quien la escuela ya solo nos aburría y fastidiaba, nos dirá en el capítulo dedicado a su paso por la universidad.

Su relato es también el del imperio austrohúngaro y su desgarro, en un momento en el que: “Se creía en el “progreso” más que en la Biblia, y su evangelio parecía irrefutablemente probado por los nuevos milagros de la ciencia y la técnica que aparecían a diario”

Nos dirá también que: “Creían de verdad que los límites de las divergencias entre las naciones y las religiones se irían diluyendo poco a poco en un humanismo común, y que con ello la humanidad entera obtendría la paz y la seguridad”. Por desgracia, aquel mundo de la seguridad fue un castillo de naipes, pues dos guerras cruentas arrasaron el suelo europeo, de 1914 a 1918, bajo el caudillismo de Guillermo II, emperador alemán y rey de Prusia, auxiliado por el siniestro Ludendorff, que pedían al pueblo alemán que lucharan hasta la última gota de sangre, la misma que ellos no sacrificaron y que en su derrota, se exiliaban, el primero en Holanda, tras su abdicación forzosa en 1918, y el militar, huyendo a Suecia, para años más tarde aliarse con Hitler.

Alejémonos de Roma!”, era el grito que escuchaba Stefan de los primeros movimientos juveniles contra el parlamento y la iglesia católica, sobre todo en Alemania y la teoría racial antisemita que desde los discursos de Hitler en las cervecerías bávaras, se iba expandiendo, cuando corporaciones de estudiantes, los Burschenchaften, con las caras tapadas, borrachos  y brutales, incesantemente provocativos, golpeaban a los estudiantes eslavos, a los judíos, a los católicos o a los italianos, expulsando a los indefensos de la universidad. Era un terror nacionalista que crecía y que él veía crecer desde su casa de Salzburgo, a dos horas y media de Munich, con un arroyo como frontera entre Austria y Alemania.

Buen número de sus compatriotas judíos, como también en Alemania, tratan de integrarse, incluso sepultar su creencia religiosa secular, a pesar de que tras el caso Dreyfuss en París, un hombre como Theodor Herzl se percata de la persecución y el aislamiento permanente que también sufren los asimilados judíos, por lo que crea la corriente sionista y el retorno e inmigración a Palestina de los judíos. Publicará un opúsculo titulado El Estado Judío, donde niega la asimilación y toda esperanza de tolerancia para el pueblo de Judea, y así era necesaria una nueva Patria. Seguiría Karl Krauss, “Una corona para Sión”

Por tanto, se convence que será más fácil reconstruir los hechos de una época que su atmósfera espiritual, pues las luces y sombras ya son permanentes en Europa, que pronto rompería la alegría y el esplendor de esos días de libertad y progreso, pues en Sarajevo, el 28 de junio de 1914, sonaba el disparo que acababa con la vida del aspirante al trono austrohúngaro y de su esposa, Francisco Fernando y Sofía Chotek, era el detonante para la Primera Guerra mundial.

A pesar de la despreocupación general inicial, Stefan se encuentra en un pequeño balneario del Mar del Norte, en Ostende, llamado Le Coq y tras una corriente de asesinatos nacionalistas, entre ellos en Francia  del socialista Jaurès.  Regresa a Viena y forzado a ingresar en el ejército, lo hace como administrativo y bibliotecario, consciente de que la verdadera misión del escritor, consiste en preservar y defender lo que hay de universal en el ser humano, mientras en un bando y en otro se hace presente el odio, éste en un canto de odio a Inglaterra, escrito por Ernst Lissauer, que se canta por todas partes, y el pueblo ignorante trata de suprimir cualquier palabra que pueda mentarles al enemigo, aunque algunas como englishen, en alemán se refiera a angelical y las masas lo borren en su confusión.

Finalizada la guerra y con la miseria, los mutilados, los harapientos, el hambre y las cartillas de racionamiento apoderándose de las calles y el escaso transporte, 1919, 1920 y 1921, serán los años de posguerra más difíciles para Austria, con una inflación y acaparamiento de los escasos víveres, que ahoga a todos, mientras el activo Rathenau, judío y nacido en el seno de la familia que fundara AEG de electricidad,  en la Alemania de Weimar y el año 1922, en Génova y Rapallo, como ministro de Asuntos Exteriores de la Alemania de Weimar, firmaba un acuerdo secreto con Rusia que sacara a Alemania del aislamiento impuesto por el Tratado de Versalles, que serviría para el adiestramiento en Rusia de los soldados alemanes y la fabricación de armamento, del que más tarde Hitler sacaría buen provecho, y también para el exterminio de los judíos. (Las tristes contradicciones humanas y de la historia, un judío como Walther Rathenau poniendo su privilegiada inteligencia al servicio futuro de los nazis y del aniquilamiento de sus hermanos judíos).

El resto ya todos lo conocemos, Hitler, tras las dos reuniones en Munich con Chamberlain y Daladier, se convencerá que puede agredir fácilmente a sus vecinos, sin que por ello Francia ni Gran Bretaña muevan un dedo, tampoco la URSS; la esperanza unánime de todos los europeos por la paz y el odio atesorado en un derrotado y antiguo soldado de la Wehrmacht de la guerra del catorce, confidente de la policía y frustrado pintor, a quienes las clases dirigentes y económicas alemanas, especialmente la Krupp, los Thyssen, Reimann, Flick, Quandt, Goering y los pequeños burgueses,  pondrían en sus manos los medios financieros para el resurgimiento de Hitler, tras su encarcelamiento por su intento de rebelión en Baviera. Busca su “espacio vital” y el “pangermanismo”, agrediendo e invadiendo cuanto se le antoja y, acuñando la “solución final” para exterminar a los judíos.

De esta autobiografía de Stefan Zweig, en este mundo de ayer que el titula con enorme acierto, muchas son las lecciones que un lector puede extraer, en el aspecto personal el gran epítome no es otro que las últimas palabras de este libro, a saber: “la claridad y la oscuridad, la guerra y la paz, el ascenso y la caída, solo ese ha vivido de verdad. Quizás como el gran poeta Antonio Machado, que el camino se hace al andar, y en  la rueda de la fortuna vital de un ser humano, como también diría Cervantes, la luz y la sombra, el acierto y el fracaso, forman parte de ese caminar del hombre (y mujer que acuñarían hoy los llamados progresistas)

En el aspecto español, la conclusión es su escasa presencia en la Europa de esas dos guerras europeas, quizás por su neutralidad, quizás por su aislamiento, quizás porque veníamos de nuestra tragedia de 1898, y por tanto de su retraimiento y la débil relación intelectual, comercial e industrial más allá de los Pirineos, posiblemente también la poca simpatía que le hemos merecido, bien por la expulsión de los judíos, en 1492, nuestra Guerra Civil, que ninguna observación notable le merece y nuestra ausencia del escenario internacional, a pesar de su amistad con Salvador Dalí.

También en clave española y visto lo que en este siglo XXI sucede, como el reciente asalto fronterizo de Marruecos, en una incipiente “guerra híbrida”, donde los inmigrantes son usados por Marruecos como escudo en su voluntad de anexionarse Ceuta y Melilla, sin que nunca antes hayan sido marroquíes y desde tiempos remotos siempre ciudades españolas, una señal de alarma para España y la muestra más fehaciente del error cometido por los socialistas españoles, principalmente por el Presidente de Gobierno español Pedro Sánchez Castejón, de creer que entregando el Sahara, el régimen alauita, hoy en manos de un monarca como Mohamed VI corrupto y acaparador de palacios, riquezas y una oscura vida sexual, frenaría la inmigración y un discurso de agravios contra Ceuta y Melilla. Todo esto ha fracasado, es una entelequia, por lo que a España no le queda otra que fomentar el levantamiento del Rif, cuya población es muy distinta a la de la vertiente atlántica en relación a Rabat y auspiciar un referéndum por la autonomía y libertad de los Saharauis, a la vez que un mejor entendimiento con Túnez y Argelia, con el respeto correspondiente a los millares de marroquíes residiendo en España. Cierto que Francia será siempre un aliado de Rabat, por lo que nada fácil se podrá andar si no es con la ayuda de la Comunidad Económica europea y de Bruselas, pero una agresión como la llevada a cabo por Marruecos, tras las enseñanzas del libro de Zweig y de las pasadas guerras en Europa como del modo en que se iniciaron, hora es de poner pies en pared a Marruecos para evitar una conflagración que volviera a ensangrentar a dos vecinos.

El nacionalismo, como la inflación y la miseria humana, son el perfecto caldo de cultivo para que los “mesías” de la política, como aquellos Mussolini e Hitler, saquen partido y lancen a las masas a la desesperación, la lucha y el enfrentamiento, razón para frenar cualquier atisbo nacionalista, sea del color que sea, y sí seguir luchando por construir esa unidad europea que tanto anhelaron Jean Monnet, Robert Schuman, Konrad Adenauer, Alcide De Gasperi y Paul-Henri Spaak, superando los conflictos y extrayendo lo mejor de los europeos y aparcando las diferencias.

 

 

 

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