LOS AHOGADOS MARROQUÍES, A QUIENES NADIE
LES IMPORTÓ SU VIDA
Ciento cuarenta y un marroquíes, o más, ahogados que su Gobierno ni el sultán Mohamed
VI quieren darle sepultura en su suelo.
Ciento cuarenta y un marroquíes ahogados, o más, que su país natal no le ofrecía ninguna
esperanza de futuro.
Ciento cuarenta y un marroquíes ahogados, o más, que nunca sabrán sus familiares y amigos dónde
descansan.
Ciento cuarenta y un marroquíes ahogados, o más, que ya no podrán rebelarse contra el poder
corrupto de Mohamed VI, su camarilla y la gendarmería.
Ciento cuarenta y un marroquíes ahogados, o más, a quienes en España los socialistas, los
comunistas, los populistas y las huestes femeninas no llorarán, pues nunca les
han importado.
Ciento cuarenta y un marroquíes ahogados, o más, que antes de echarse al mar deberían haberse
dirigido contra su rey, sus gobernantes y su policía corruptos, en demanda de
prosperidad y justicia, en vez de gasto en armamento y represión.
Ciento cuarenta y un marroquíes ahogados, o más, que perdieron la vida, sus sueños y el abrazo
de sus padres y descansar en la tierra que les vio nacer.
Ciento cuarenta y un marroquíes ahogados, o más, carne de cañón para que Mohamed VI, Pedro
Sánchez, Rufián y la manada de políticos que han hecho de la política su
trabajo y su pesebre, se sigan enriqueciendo, coloquen a su mujer, al hermano,
la hermana y al amigo, o se llenen los bolsillos con esmeraldas y rubíes, como
Zapatero.
Ciento cuarenta y un marroquíes ahogados, o más, a quienes ni Marruecos ni España les importó
su vida.
Ciento cuarenta y un marroquíes ahogados, o más, que mejor hubieran hecho en seguir pastoreando
cabras por el Atlas, pidiendo en los zocos a los turistas o malviviendo en
Marruecos, mientras se alzan campos de futbol faraónicos y los ingresos
financieros de Mohamed VI y sus fámulos crecen, en Rabat y París.

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