sábado, 19 de septiembre de 2026

ÉMILE VERHAEREN, EN CONTES DE MINUIT, Y UN RECUERDO Y SEMBLANZA DE BÉCQUER, AMBOS DE ANCESTROS BELGAS

 


                      ÉMILE VERHAEREN. CONTES DE MINUIT Y BÉCQUER

Tras leer Contes de Minuit del poeta belga, en lengua francesa, Émile Verhaeren (Sint-Amands, Flandes, Bélgica, 1856-Ruan, Francia, 1916), trae al lector de inmediato a la memoria la lectura de las Rimas y Leyendas de Gustavo Adolfo Bécquer (Sevilla, 1836-Madrid, 1870), por lo que trataremos de acercar a estos dos poetas que, por lo menos, tuvieron común sus profundas raíces flamencas familiares, la religión y de una manera particular la observación de la vida y su propio entorno geográfico y social.

Émile Verhaeren, ciertamente que es un poeta en el que la prosa rimada domina la liturgia de la poesía en sí y muestra un sentimiento optimista de la vida, también en Les Ailes rouges de la Guerre (sobre la primera Guerra mundial) como el avance y el progreso que, en su joven nación, Bélgica,  acababa de independizarse en 1830, sin que por ello en su visión no decaiga  el cuadro de la vida y los hechos que ha conocido desde niño en ese ambiente de abundantes ríos y una tierra plana, enormemente fructífera y de una burguesía opulenta, como de tierras grasas y de generosos frutos, que conservan la religión católica como una importante posesión, que los españoles con los Tercios de Flandes y Juan de Austria, como el Duque de Alba, trataron de conservar para los belgas frente al avance luterano y, posterior, flujo calvinista.

Contes de minuit, o Cuentos de medianoche, cuenta con tres títulos y tres historias: Conte gras, Cuento graso o feraz, que sucede a Ernest Vincks en Amberes, quien disfruta de una casa repleta de pinturas que le recuerdan siempre su vida de glotonería, por lo que de ella no acostumbra a salir, aunque un cuadro de un Cristo flaco y raquítico, en una dependencia vecina, enfrentado al salón de su lujuriosa vida, sus pinturas murales terminan por derretirse y caerle encima a Vincks una grasa que todo lo envuelve. Decidido a poner fin a esta angustia y convencido que las francachelas de sus techos y sus kermesses  flamencas poco se entienden con ese Cristo enjuto, que termina por arrojarlo del salón, romper la tela y, convencerse que la delgadez de aquel Cristo nunca sería compatible con las carnes de las criaturas de los techos y paredes del salón junto a la variedad de comistrajes mostrados en el salón, volviendo todo a su anterior tranquilidad. Noél en Flandre (Navidad en Flandes) veinticuatro de diciembre en Flandes, donde todos y cada uno de aquellos pueblos consideran que San José, la Virgen y el Niño Jesús, encuentran su belén por estas tierras nevadas y frías, justo a partir de las doce de la noche, en que cada año la fiesta de la natividad se hacía realidad. À l’Éden (En el Edén). Terminada la función teatral en el Edén, y desalojada la concurrencia, el teatro, repentinamente, vuelve a tomar vida con los acróbatas fantasmales, con músicas y malabaristas espectrales, en un aquelarre de breve duración y que, finalmente, hizo que todos los intervinientes volvieran a sus nichos y que por los pasillos el doctor Vellini y su entorno le siguieran respetuosamente en la oscuridad.

Tras los Cuentos de Medianoche, escribirá cuentos cortos, llamados Autres Nouvelles. Con historias como una Venus que nace del fuego y en una modesta fundición, Visite à fonderie d’art. Le sigue: Noël en Flandre (Navidad en Flandes) y después Noël flamand (Navidad flamenca) son el relato de la fuerza de la Navidad y la creencia católica en los Países Bajos, que un día defendieron los españoles en pro de sus habitantes belgas, donde el día de la Epifanía, un pobre Toone Vinck, junto a un famélico asno que desde la lejana España, y por diversas manos, había sido regalado a un mendigo de esos pueblos del norte flamenco, quienes de costumbre organizaban cantos, vestimenta y fiesta para recordar la llegada de los Reyes Magos, en un teatro que a él le reportará grandes ganancias y sueños de riquezas futuras que, sin embargo, tras esa noche en la que él y su familia pervirtieron el ancestral y humilde fiesta, recogiendo grandes dádivas, encuentran a la mañana siguiente al borrico muerto, por lo que, como el cuento de la lechera, todos sus sueños se desvanecieron después del desfile por las calles de los distintos pueblos flamencos y la estrella que ondeaba una de sus hijas, mientras en todos y cada uno de esos pueblos se disputaban a quien el honor de albergar el nacimiento. Atrás quedó el saludo deToone y su felicitación:    Nieuwe jaarke zoeten,

                             Ons verken heef vier voeten;

                              Vier voeten en eene steert,

                               Is dat geene wafel weert?

                       

Le travailler étrange, el autor se convierte en el directo testigo y narrador de un trabajador de ideas extrañas, transformarse en uno más de las figuras del carrillón que se asoman a la plaza desde el reloj de la iglesia. En el funebre attelage (Fúnebre carreta, en el pueblo de Opdorp, où les pompes fúnebres étaient riches, lors de la foire du village, una carreta llevará la muerte entre sus vecinos, recuerdo que nunca se extinguirá. En el incendio o L’incendie, la iglesia se quema y su párroco no muestra preocupación alguna, ni quiere que se le moleste, salvo cuando toda ella es arrasada, el sacerdote se dirigió al tabernáculo, cubierto de sus hábitos dorados, contento de decir la misa y que la misa se celebrara como siempre, una vez recuperadas las sagradas formas. À la recherche de son âme (En busca de su alma) Tielbeek Bruidschap se percata que ha perdido su alma y que debe buscarla por todas parte para así bien morir, ayudado de los consejos del cura del pueblo y después de recorrer todo el Escalda, donde iba a pescar, en mitad del río le volvió a aparecer. Proficiat!

En la buena muerte, La bonne mort, la historia es bastante cruda y muestra de la soledad y la antipatía mutua de dos hermanos tras la muerte del padre, quienes terminan, el uno al otro, envenenándose para acabar con el suplicio de vivir bajo el mismo hogar familiar. En las tres amigas (Les trois amies) es la historia de tres amigas, ya mayores, que estuvieron enamoradas del mismo chico, pero que nunca se atrevieron a manifestar su amor y que, ya en la vejez, se percatan cómo perdieron la ocasión y que las tres tenían el mismo sueño. La villa close, (Mansión cerrada) donde las dos hijas de un terrateniente protegidas en exceso, que la envidia ciudadana y el tiempo sirvieron de chismorreo para considerar al padre incestuoso, cuando no era cierto, y a las jóvenes, por ello, muertas solas, a pesar de su belleza y la riqueza que poseían. Atteindre cent ans (Alcanzar cien años), en el aniversario de las bodas de plata de uno de sus hijos, la abuela, a falta de dos años para ser centenaria, con perfecta salud y memoria, celebra anticipadamente que ella también podrá festejar pronto su aniversario, lo que, desgraciadamente, no podrá ser así, pues fallecerá en ese día festivo y con ese sueño de cumpleaños propio y de un siglo de vida.

En Un réveil (un despertar) es la historia de una pesadilla y en Le plus précieux des cinq sens (El más valioso de los cinco sentidos) de cómo un hombre se vacía los ojos tratando desentir lo mismo que el ciego que debajo de su ventana cantaba.

En su viaje a España, en compañía del pintor Regoyos, a la revista a la que acostumbraba a enviar sus relatos, Verhaeren ideará Un soir (Una noche) sobre miedos injustificados por encontrarse solo en una posada de San Sebastián. Les arènes de Haro (El coso de Haro) donde un Tancredo hace frente a un toro, vestido totalmente de blanco y sin moverse y en Á Saint Sébastien (A San Sebastián), la historia más trágica, el torero, que comparte estancia con Émile y Regoyos, en compañía de su esposa, es lanceado por el toro de esa corrida y fallece, rumor de muerte que a través de las calles llegará a la pensión donde esposa y huésped, Vicenta, rezaban ante un crucifijo, el mismo que la ya viuda embadurnará de la sangre del toro y que Vicenta, la dueña de la pensión y fuertemente devota, limpiará con sus lágrimas.

Hecho este humilde esbozo del singular libro de Verhaeren contando breves historias, de profundo sentido social y religioso, propio de su raigambre flamenca y católica, con el poeta español del modernismo, Gustavo Adolfo Bécquer (Sevilla1836-Madrid, 1870), nos tomaremos la libertad de buscar algunos paralelismos, aunque sólo sea porque ambos portan en sus genes un pasado profundamente flamenco, ya que los antepasados de Bécquer, allá por el siglo XVI, cuando los Tercios de Flandes estaban presentes en Flandes, sus ancestros vinieron a establecerse en Sevilla.

Si Bélgica es ahora una joven nación, acaba de independizarse de Holanda el año 1830, España es muy antigua y todavía un imperio, aunque decadente. En aquel norte los ferrocarriles y la implantación de nuevas y potentes industrias es todo un aliento positivo que influye en ese essor o auge de la nueva monarquía, dispuesta incluso a convertirse en un estado colonial. Desfilan con ese propósito político Leopoldo I (1831-1865), Leopoldo II (1865-1909) y Alberto I (1909-1934), siendo frontera de dos potencias, un tanto mal avenidas entre sí, como Prusia y Francia. El imperio alemán no se unificará hasta el año 1871, ya muerto Bécquer.

Mientras eso acontece en Bélgica, España sigue teniendo posesiones en ultramar, cuenta con una economía fuertemente rural y en política el liberalismo es predominante, en una cultura tradicionalista y enormemente influenciada por la Iglesia, por lo que las luchas políticas y la inestabilidad gubernamental son constantes, además de intervenciones militares en Marruecos (año 1859) y en el Pacífico (1862-1866), en una frecuente agitación revolucionaria, a pesar de la Regencia de Serrano, la Monarquía de Amadeo, la Primera República  y la restauración borbónica con Alfonso XII (1857-1885).

Toda esa inestabilidad social y política la sufrirá Gustavo Adolfo y su hermano Valeriano, pintor, al que estuvo siempre muy unido el escritor, en el que predomina el romanticismo de Larra, Espronceda, Duque de Rivas y Zorrilla, a quienes la tuberculosis acecha, haciendo muy inestable la economía de sus vidas.

A pesar de todo ello, Gustavo Adolfo escribirá rimas y leyendas que, tras su muerte y el trabajo para dar a conocer su obra de sus amigos, muestran la gran maestría de su inventiva, su prosa y su poesía, de una riqueza y sinfonía que, ciertamente solo en el Sur podía adquirirse y que la misma naturaleza le reconoció, cuando el mismo día de su muerte, en Madrid, un eclipse de sol quiso amortajar la luz y apagarse para tan gran poeta.

Diecinueve años separan al sevillano del flamenco, que desconocemos si tuvo noticia alguna del español, quien en sus leyendas del Monte de las ánimas, con ese enamorado que se va al monte y entre lobos buscar la guirnalda perdida de su amada; Maese Pérez el organista, que en un modesto convento sevillano, ciego, es capaz, en la misa del Gallo o de Nochebuena, sacar a un viejo órgano sones celestiales y en El rayo de luna, por la medieval Soria, entre sus calles y puentes, creer encontrar la belleza de una mujer, cuando sólo era un rayo de luna, que le devolverá la cordura, sumido como estaba en la locura.

De su poesía, queda para la historia y el arte:

¿Qué es poesía?, dices mientras clavas

 en mi pupila azul.

¡Qué es poesía! ¿Y tú me lo preguntas?

Poesía…eres tú

 

Volverán las oscuras golondrinas

de tu balcón sus nidos a colgar

y otra vez con el ala a sus cristales

Jugando llamarán.

 

Una mujer me ha envenenado el alma

otra mujer me ha envenenado el cuerpo.

Ninguna de las dos vino a buscarme;

yo de ninguna de las dos me acuerdo,

 

Dos grandes poetas a quienes, en una época cercana, gritaron con letras amargas y sonoras por una humanidad más fraterna, el belga, y con el “corazón partío”, como la copla, el español, por el amor de una mujer y la belleza.

 

Uno y otro, sin embargo, conservan en su obra el atavismo de sus antepasados y el acervo de una cultura, que con la espada y la cruz, alcanzo Le plat pays y las dunas del Mar del Norte desde una Sevilla abierta a Oriente y Occidente.

 

 

 

 

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