lunes, 1 de febrero de 2010

DEL AYER Y DEL HOY DE ESPAÑA





DEL AYER Y DEL HOY DE ESPAÑA, DE CLAUDIO SANCHEZ ALBORNOZ



ANTECEDENTES

Desde que en los Diarios de Azaña descubrí nuestra gran tragedia civil, cada día que puedo añado a mi bibliografía, aquellos libros y autores que me hablen de ese pasado, como también conocer un poco más sobre nuestra historia. En esta ocasión el libro que he tenido oportunidad de leer, Del ayer y del hoy de España, publicado en 1980 por la editorial Planeta, escrito por el historiador y medievalista Don Claudio Sánchez Albornoz , divide en tres apartados su modo de vindicar ese pasado antiguo y lo que debe ser nuestro porvenir.
Las tres divisiones: En torno a algunos problemas del pasado español, Pantallazos sobre hombres, cosas y cuestiones del ayer de España y Reflexiones acerca del hoy y del futuro de mi Patria, muestran la gran pasión de este hombre por su amada España, el gran dominio del castellano y su enorme memoria para recordar hechos de nuestra historia.

Don Claudio Sánchez Albornoz nace en Madrid en 1893 y es enterrado en el claustro de la catedral de Avila, en 1984. Historiador, Ministro en la IIª República, embajador en Lisboa en el 36, Presidente en el exilio durante muchos años de esa misma República, amante de la ciudad que le forjó en sus primeros años, la misma que Santa Teresa de Jesús, residió mientras la dictadura de Franco en Argentina y, sobre todo y antes que nada, un eterno enamorado de su España.

En la primera parte del citado libro, relativa al pasado español, hace hincapié en nuestro marco común con los hechos, la sociedad y la vida de la Roma que en diez años conquistó la Galia y que necesitó cien años para la romanización de Hispania, siendo sus ciudades desde el Rín al Tíber como desde el Tajo al Poo, de semejante trazado, iguales instituciones, teatros, dioses, ropas, inquietudes, placeres, incluso una misma lengua, el latín

Siguió la invasión de los bárbaros, que en París se regía bajo los merovingios, en Toledo por los godos y en Pavía, los lombardos. Subsisten los monumentos antes levantados, pero ya nada queda de la unidad allá los Pirineos y solevantan iglesias y palacios a imitación de Roma.
En vez de facies rasuradas predomina la barba, Júpiter, Victoria o Minerva son sustituidos por el Buen Pastor, la Cruz y Santa María.
El latín se corrompe y los problemas materiales empiezan a tener signo distinto.

En el siglo X, el agro se puebla de monasterios y castillos, se rompen los viejos estados bajo la crisis feudal. El monje y el señor dominan el mundo en occidente. Los caminos dejan de ser seguros, apenas hay comercio. El mundo vive en tinieblas.
Solo una minoría refugiada en los claustros lee, pero son libros litúrgicos y sagrados, el Viejo el Nuevo Testamento, las obras de los Santos Padres, los comentarios del Apocalipsis de San Juan.

En España, sin embargo, ha entrado el Islam, llamado por la facción vencida en una contienda civil. Tariq ha proclamado en Toledo al califa de Damasco y España cae en poder del invasor muslim, aunque su avance es detenido en Poitiers y no logran pasar los Pirineos.
Llegan los sirios, nuevas batallas tribales. Nueva dinastía.
Los hispanos en parte fieles a Cristo, en parte conversos de Islam, se enfrentan con los dominadores que los Omeyas rigen.

Tras varias décadas de esfuerzos Ab al-Rahman III pacifica Al-Andalus, como los musulmanes llaman a Hispania.
Los cristianos que han logrado resistir en las montañas del Norte, allá por Covadonga, aprovechando los problemas del sur islámico, a principios del siglo X, alcanzan el Duero. Duelos continuos durante más de cien años.

En la España islámica se cultivan las letras, las artes y las ciencias. Florece la industria y el comercio. Córdoba, su capital, es la más populosa y bella de Occidente. Allende los Pirineos la sociedad se feudaliza.

Los cristianos en su continuo batallar frente al invasor, ganan Toledo, donde conviven cristianos, moros y judíos. El paralelismo con las ciudades romanizadas de las Galias, Italia e Hispania, se ha roto.

Es en la Finis Terrae, donde vinieron a poblar o guerrear desde los más diversos confines de Norte y Sur, donde el hallazgo del Apóstol Santiago en Compostela, vindicará la bandera de la cristiandad española frente al Islam

GALICIA
En Galicia, el pueblo antes a la defensiva durante muchos miles de años desde la edad de piedra, con una población cuyo origen encontramos en Iliria, el valle del Danubio, Grecia, cercano oriente, cruzando el Pirineo o desembarcando en el sureste almeriense, tras el mito jacobeo, se convierte en refugio de los refugiados, también de emeritenses, conimbrenses, godos y toledanos que al amparo de sus montañas y ríos escaparon a la invasión sarracena

Hombres como Gelmírez, el conde de Gondomar o Feijoo, entre otros, destacaron por su cultura y sus raíces gallegas

La Terra de foris, como llamaban a las llanuras castellano-leonesas fue el lugar de la gran aventura pobladora galaica como también lo hacían en Portugal, hasta Oporto en 868 y Coimbra en 878

Entre el Duero y la cordillera central se unieron y mezclaron con cántabros, asturianos, vascos, mozárabes andaluces y toledanos, también con los godos refugiados en el norte.
Los mismos descendientes que siglos más tarde colonizarían América.
Desde aquí los gallegos alcanzarán Toledo, incluso Granada o Murcia

Por Al-Himyarí sabemos que San Fernando en 1248 vació Sevilla de mahometanos y la fue poblando por gallegos, castellanos y genoveses..

Galicia prolongó históricamente las tradiciones sociales y jurídicas del mundo antiguo, aunque los siervos, colonos, libertos, patrocinadores, tributarios, pronto pudieron escapar al yugo señorial y acudir a poblar en la Terra de foris, ya que la marcha al sur les hacía libres y los convertía en libres propietarios.
Desde entonces, con el dominio desde antiguo de la navegación y una vez conocida la existencia de tierra más allá de sus costas, fertilizan las nuevas tierras de América, a la par con el sentimiento muy gallego y muy español, sintiendo la tierra lejana y amada con saudade y con pasión y sintiéndola dentro de la España de todos.

CASTILLA EN EL CAMINO DE LA UNIDAD DE ESPAÑA
Mientras en las Galias los carolingios rehacen la unidad de los territorios antes invadidos por godos, borgoñones, alamanes, francos salios y ripuarios, al sur de los Pirineos, en el siglo VIII, se inicia el fraccionamiento y la atomización de Hispania.

Los reinecillos y condados que surgen al norte nacen y median inconexos con frecuentes hostilidad de los unos para con sus vecinos.
Aprovechando las disidencias internas de Al-Andalus, en los siglo IX y X, desde Asturias se inicia el avance y repoblación hasta el Duero, frenados inicialmente por el genio guerrero de Almanzor, en el silo XI, las revoluciones cordobesas y el florecimiento de los reinos de taifas y la división en el reino cristiano, logran la mayor atomización conocida en España a la muerte de Fernando I.

Hay reyes en Galicia, León, Castilla, Navarra y Aragón; Condes de Pallars, Solsona, Cerdaña, Rosellón, Ampurias, Besalú, Barcelona; taifas en Zaragoza, Lérida, Albarracín, Valencia, Denia, Murcia, Lorca, Almería, Granada, Córdoba, Sevilla, Badajoz y Toledo.
Desaparece el concepto unitario confirmado por San Isidoro como ruina efectiva de la Hispania romana y de la Hispania gótica, quedando solo en el magín de los cronistas cristianos del reinote Asturias de fines del siglo IX y en la pretensión frustrada de Alfonso VI y de Jaime el Conquistador, éste en el siglo XIII

No existió solidaridad entre los estados y pueblos españoles en el siglo de las taifas y su influencia fue inferior en los movimientos políticos a la que hubo en los estados europeos del siglo XIX la idea de Europa.

Conquistada Toledo, Alfonso VI sueña conquistar España entera, pero fracasa con la derrota de Zalaca y la unión de Al-Andalus entero bajo el señorío del sultán Yusuf ibn Tasufin

En los siglos IX, X y XI, Castilla empieza a tomar claro protagonismo y ascenso. El conde Sancho Garcés interviene en las revueltas cordobesas, saquea Córdoba y redondea sus fronteras.
En 1035 un rey de Castilla se casa con la hermana única del rey de León. En 1037 Fernando I vence en Támara a su cuñado Bermuda III y un descendiente de Fernán González ocupa el solio de Ramiro II, su señor, rey de León y vencedor de Abderramán III en Simancas, Osma y Talavera, además de tomar Magerit, Madrid,. A la muerte de Fernando en 1065 su primogénito no hereda el reino leonés sino la Corona de Castilla. La monarquía asturiana ha quedado inmersa tras León, en el reino de Castilla, habiendo impuesto su poder en León, Galicia y Navarra.

La muerte de Sancho II en Zamora, malogra el dinamismo de Castilla y detiene su marcha triunfal.

De nuevo vence León y el Cid que encarna la protesta de Castilla es desterrado y le acompañan al exilio la simpatía y las lanzas de los más valorosos castellanos. “¡Dios que buen vasallo, si hobiese buen señor!”, exclaman las gentes a su paso por Burgos.

Cien años viven juntos León y Castilla. Durante esa centuria ceden los enconos, menguan las diferencias y se acentúan las coincidencias entre los dos reinos hermanos. La segregación de Portugal debilita a León, convierte a Galicia en una región demasiado lejana del centro político de la monarquía leonesa y acrece su relación con Castilla, mientras ésta seguirá su movimiento ascensional.
Castilla se arroga la dirección de la cristiandad peninsular. Vencen a los musulmanes en la batalla de las Navas de Tolosa, para poco después, Fernando III, hijo de doña Berenguela, heredar de su padre el reino de León y unirse definitivamente los dos pueblos hermanos y émulos.

El siglo XIII es del gran reino castellano, que se extiende del Cantábrico al Mediterráneo.

Fernán González con su separación del León retrógrado, se convirtió en el yunque activo forjador de la nacionalidad hispana posterior, fomentando los municipios libres, alcanzando una democracia rural de labradores y soldados.
La gran Castilla del siglo XIII en su avance hacia el Estrecho, logra la reconquista de las tierras musulmanas del sur y favorece el enlace de los cuatro reinos de España, conquistando tierras al moro y uniendo los pueblos cristianos.

Los clérigos eruditos del tiempo de Alfonso II movieron al rey Casto a restaurar la tradición gótica en la Iglesia y en el Estado, surgiendo la idea de la reconquista del solar del reino hispanogodo.

En Castilla es clara la conciencia de la unidad de los reinos cristianos para proseguir la lucha contra los musulmanes.

El matrimonio de la reina de Castilla, doña Urraca y del rey de Aragón, Alfonso I, hecho para oponer resistencia al avance almorávide, originó grandes luchas civiles entre gallegos, leoneses, aragoneses y navarros, aunque la nobleza de esos reinos y Castilla siguieron batiéndose durante muchos años , poniendo en riesgo la Reconquista, el pueblo castellano y los Concejos de entre Duero y Tajo, realizaron gloriosas campañas frente a los almorávides y almohades, durante la menor edad de Alfonso VIII, cuando los nobles castellanos eran más celosos de sus privilegios y riquezas que los intereses del Estado.

Empresas populares en las sierras de Gredos, Guadarrama, Somosierra. Destacando en concejo de Avila, que con Sancho Ximeno a su cabeza, asolaban las tierras de Sevilla.

Esos Concejos entre Duero y Tajo sacrificaron su sangre y su plata para reconquistar Alarcos y Las navas en córdoba, Salado, en Sevilla y en Granada.

LA COLONIZACION MOZARABE NO ARABIZÓ EL ASTURORUM REGNUM
Migraciones y colonizaciones desde la prehistoria han llenado las páginas de la historia española. No sólo Galicia desde mediados del siglo IX ha sido colonizada y colonizadora, las masas mozárabes que abandonaban la España musulmana, que procedían de Al-Andalus, es decir de la España dominada políticamente por los conquistadores musulmanes, no estuvieron arabizados y permanecieron fieles a la doble tradición religiosa y cultural de la Hispania milenaria, anterior a Tariq y a Muza (711-714)

Fueron pocos los orientales llegados a la Península y lenta y escasa la islamización de la zona ganad por las armas.

Los mozárabes fueron poco contagiados de orientalismo, fieles a la fe y a la cultura de sus antepasados.
A la zona leonesa los mozárabes llevaron los antropónimos y topónimos, algunos nombres de objetos, trajes y mercaderías de estirpe arábiga y poco más.

El medievalista Millares logra probar el origen cordobés de los más remotos ejemplos de cursiva libraria visigótica, escritos por los mozárabes y el influjo casi nulo de la España musulmana en el surgir de la vida, de las instituciones y de la cultura del reino astur-leonés.

El descubrimiento de las jarchas vino a corroborar en el origen hispano de ciertas formas literarias de las letras arábigo-hispanas.

En la España musulmana perduraron las huellas de abolengo romano o visigodo, del cursus publicus o servicio de postas, heredado de Roma por los visigodos, como vestigios e influencias en la curia de los jueces de Córdoba del Fuero Juzgo.

Los hispanos musulmanes de Al-Andalus conservaron la institución de patrocinio personal o benefactoría o behetría, en árabe istina

También conservaron sistemas de arrendamientos ajenos a la tradición muslim. Perduró el contrato ad-partiarem y en el siglo X quedaban explotaciones agrarias de remota tradición que agrupaban millares de labriegos de condición servil. Los musulmanes conservaron fielmente la tradición hispano-romana de abolengo mediterráneo.

La economía dineraria florece, el tráfico en sus costas no hallan paralelo posible en el reino astur-leonés ni en los reinecillos pirenaícos.

Los conquistadores orientales fueron una minoría reducida que se mezcló rápidamente con los peninsulares y fue por ellos absorbida muy temprano, además de venir ya influenciados por la tradición romano-mediterránea común a los hispanos, pocas novedades pudieron aportar, ya que el califato cordobés se asentó en las tierras menos germanizadas y más romanizadas de Iberia, siendo rural la Europa cristiana, mientras que el Imperio musulmán heredó la cultura y la vida de la antigüedad.

La letra cursiva visigoda, a pesar de sus semejanzas con la libraria mozárabe, surgió y vivió en Asturias con independencia de todo contacto con el sur y los mozárabes, por lo que poco pudieron aportar de nuevo amén de ser guardadores de la tradición hispano-visigoda.
Tampoco modificaron la lengua, ya que era fraterna del gallego-portugués, según demuestran Ribera y Menendez Pidal.

El estado hispano-árabe respetó en Toledo, en el siglo XI, el Fuero Juzgo.

La cultura surgió de los cenobios, sin raíces orientales y de fundamentos isidorianos o hispoano-godos.

La riada migratoria mozárabe sí influyó en la arquitectura y la pintura.

Mal pudieron difundir el léxico arábigo en el Norte, cuando en las calles de Córdoba, en las mezquitas e incluso en el palacio califal, aún se usaba el romance andaluz decenios después de la huida de los mozárabes a reinos cristianos. Tampoco utilizaron el turbante, n i rigió para ellos el derecho musulmán que se recibía de oriente, ni existía todavía una cultura musulmana digna de consideración

Iª parte
EN TORNO A LAS CAUSAS DE NUESTRA DECADENCIA
Sánchez Albornoz hace referencia a sus diferencias con Francisco Ayala, Américo Castro e incluso con Ortega y Gasset, al cual admira.
“Las naciones son hoy corazas estrechas para la vida de los pueblos que han de verterse sin remedio antes o después en grupos humanos de radio más amplio”
Estas palabras animan el sentimiento europeo, a la vez que admira y comprende el daño que hicieron a España los hombres del 98, a quienes les tocó presenciar el desastre colonia, ya que nuestra decadencia se fue consumando en la segunda mitad del siglo XVII (Felipe IV y Carlos II).

El pesimismo tras el desastre colonial del 98 lo invadió todo, incluso a Costa y Unamuno.
Algunos de los intelectuales de entonces solo tuvieron ojos para las lacras y las deformaciones, dando al mundo no la imagen de un pueblo sino la caricatura.
Los tipos sanos de alma y de cuerpo que podrá uno encontrar en todos los rincones de España –marineros vascos, huertanos levantinos, aldeanos castellanos, cortijeros andaluces, obreros madrileños- no merecieron atención y en lugar del campesino castellano lleno de señorío, de orgullosa hospitalaria hidalguía o del labriego andaluz, todo luz, ingenio y sutileza, solo les interesó al hombre malo del campo y de la aldea y retrataron al vano y triste señorito andaluz.
Como si no hubiéramos tenido un panteón de figuras dignas de recuerdo y de grandes servicios a Europa, encarándose con sorna con los más altos valores hispánicos.

Jamás una minoría intelectual ha mostrado con mayor delectación a los extraños las llagas purulentas de su pueblo y hasta las ha abultado y agrandado al publicarlas, con una absoluta inconsciencia del inmenso daño que hacía a su patria.
Guiaba una noble intención a quienes iniciaron el apasionado examen de conciencia nacional. Querían crear un ímpetu de vida y de renovación, aunque fueron más lejos, sumándose la burguesía y llegando finalmente al pueblo.

En esa escuela se formaron generaciones y generaciones de españoles que aceptaron como dogma aquella terrible y corrosiva lección de desdeñoso desprecio por la obra y los valores de su patria, consiguiendo así en vez de un despertar una mayor pesadumbre, avivando los orgullos secesionistas de las minorías directrices de algunas regiones que cargaron cruelmente y sin fundamento sobre Castilla las culpas de la tragedia española.

En esa riada criticista unos pocos hombres se dieron cuenta que tenían que viajar al exterior, observar, estudiar, meditar, lo que les permitió hacerles conocer y estimar su patria e infundirles fe viva en los destinos españoles, siendo determinante en este sentido la Junta para la Ampliación de Estudios, descollando de estos hombres el filósofo Ortega y Gasset.

España había dejado de influir en Europa desde la Paz de Westfalia en 1648, ya que había sucumbido entre sus energías debilitadas en continuas luchas a la gigantesca empresa de mantener su dilatado territorio en Centro Europa, América, Norte de Africa y Oceanía.

Las causas verdaderas de esta crisis, en primer término económica, vinculada con procesos demográficos, sociales y políticos de la España medieval; crisis que no se frenó y que a la postre hizo gravitar sobre los pecheros de Castilla toda la carga fiscal de la política imperial de los Austrias españoles –el oro de América se empleó en parte en pagar la coronación imperial de Carlos V y sus luchas con la liga de Smalkalde- y de España en la lucha cruenta contra Venecia, los Papas, Francia, los turcos, Flandes, Portugal, Inglaterra y los protestantes del centro y norte de Europa y la astucia de los judíos y de los reformados todos de Europa.

“Castilla hubo de sostener la inmensa carga del Imperio hispano (sus aportes fiscales igualaron a las sumas del oro llegado de América). Fue España la que aplastó mi patria regional”, dice Sánchez Albornoz en su “advertencia”.

El enorme drenaje de la economía nacional y la terrible opresión fiscal incidieron en la estrangulación de la incipiente burguesía castellana, interrumpiendo el proceso de la propia formación de la nación hispana.

EL PORQUE DE ESPAÑA UN ENIGMA HISTÓRICO
España viene de muy lejos y desde la Finis Terrae, sus pobladores avanzaron, combatieron y se mezclaron.
Españoles fueron Séneca, Lucano, Quintiliano, Marcial.
Ocho siglos en lucha con el Islam y la conquista de América
La contrarreforma y el barroco.

Nosotros no tuvimos revoluciones políticas. Los ingleses cortaron la cabeza al rey en el siglo XVII y los franceses en el siglo XVIII. Tampoco hubo revoluciones sociales, aunque en ocasiones, como en 1936, fuimos el escenario inicial de un conflicto continental y el enfrentamiento entre el fascismo y la democracia y el comunismo.

Con nuestro continuo enfrentamiento con el Islam, hemos frenado su paso al resto de Europa y posibilitado el gobierno de Carlomagno

Finaliza esta primera parte con una prédica a la paz

2ª parte
PANTALLAZOS SOBRE HOMBRES, COSAS Y CUESTIONES DEL AYER DE ESPAÑA
Su avanzada edad, su lejanía del suelo patrio y su melancolía, destacan en esta segunda parte en sus “lecturas postrimeras”, destacando cuatro tragedias reales, en la persona de Leovigildo y su padre Hermenegildo, en los albores del cristianismo de Hispalis. La derrota del poeta Al-Mútamid y su cautiverio en África. Don Alfonso y Pedro I, que a la muerte de su rey, ejecuta a Leonor de Gúzman amante de su padre.

La hispana devoción de cuatro reyes catalanes: Pedro II, hijo de Alfonso II, que en Alarcos (1195) se une a Alfonso VIII en las Navas de Tolosa. Jaime I, conquistador de Valencia y las Baleares, ayuda a Alfonso X el sabio, de Castilla, a recuperar Murcia. Pedro III desafió en Burdeos a Carlos de Anjou “porque allí iba a debatirse el honor de España”. Jaime II que aspiró a la unidad semejante cuando los romanos y los godos.

Las “tres vidas de Jorge Manrique”, en su obra, su fama y su aspiración a compartir con el Todopoderoso el descanso eterno, con unos versos que revalidan la importancia de la lengua castellana en el orbe como que en la muerte todos somos iguales. “Que en llegando son iguales / los que ganan el sustento con las manos / y los ricos

La relevancia de Santiago de Compostela allá nuestras fronteras, cuando el general de Gaulle una vez dejado el poder visita la tumba del apóstol o en la recién instaurada democracia, allá por 1976 Giscard d´Estaing hace lo mismo.

Conversando con un valón en su exilio argentino muestra cómo la herencia de Carlos V a pesar de nacer en Gante era más española que la de Felipe II, mitad flamenco y mitad portugués, ya que impuso su idiosincrasia particular, lejana de la imperante en España

La tradición como fuente de la historia a la que le da todo crédito, ya que recuerda cuando su bisabuela le contó la visita que la Inquisición hizo en su casa y el terror que les produjo, cuando lo que vinieron a traerle fueron unas monedas que un antepasado les legaba en su confesión de muerte, la misma moneda que él tuvo muchos años en su despacho y que las hordas fascistas le quitaron cuando abandonó Madrid en el 36.

Otro breve relato, cuando ya gobernaba la República en España y un gobernador quería oponerse a una procesión, la Virgen de las vacas, por el temor de que tenía que salir cerca de la Casa del pueblo socialista, manifestándole el solicitante que los mayores devotos eran socialistas.

En Castilla y España, una vez más vuelve a hablar del gran sacrificio de Castilla por España, ya que tuve que pechar con una enorme y gravosa carga fiscal y humana, que impidió su desarrollo propio, pero que llevó a sus hombres y sus energías en la conquista de tierras lejanas.

La independencia de Argentina es una muestra más de lo mucho que España aportó al Nuevo Continente, su descubrimiento y cultura occidental y el liberalismo que impulsó su independencia, ya que fueron hijos y nietos españoles los que la llevaron a cabo.

América será para España la reserva para la unión de los pueblos que hicieron la Reconquista y que una vez lograda se lanzaron más allá de su horizonte a descubrir y poblar nuevas tierras

3ª parte
REFLEXIONES ACERCA DEL HOY Y DEL FUTURO DE MI PATRIA
Sus “chocheces” como él les llama, su avanzada edad, sus achaques, su soledad y sabedor de que ha tenido una larga vida, muestran aquí su cara más humana, más cercana, menos académica, menos historicista, para centrarse en sus recuerdos, los del Madrid de su juventud con aquellas zarzuelas y revistas en el Teatro Eslava, también el sonido de las campanas de su Avila donde espera ser enterrado y que el monago grite como en su infancia informando cuando tañen quien ha muerto, como hacían antaño.

Relata también un cuento sobre el Guernica de Picasso, cuya obra nada le gusta, pero como español y por su simbolismo espera y desea que las futuras generaciones tengan más comprensión y entendimiento que el que el le profesa a esta obra, que no desea encontrar en el Museo del Prado.

Termina con un canto de amor a España en la esperanza de que nunca más vuelva a haber un enfrentamiento civil e insistiendo en que no se olvide nuestra Guerra Civil, aunque sí se perdonen unos a otros

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