El collar de la paloma, de Ibn Hazm.
Este original título encierra una bellísima obra poética, escrita en el siglo X por un español de Al-Andalus Originario de su capital, la que fuera del reino muslim, la histórica Córdoba que antes habían ocupado los romanos y que contó entre sus hijos con el filósofo del Imperio, Séneca, como también destacados prohombres de la Roma antigua.
Ibn Hazn, (994, Córdoba-1064 Montíjar, Huelva) cuya familia oriunda de Huelva se trasladó a la corte cordobesa, una vez que se hubieran convertido al Islam, tuvo en su padre un eficiente ministro del Califa cordobés de la época, viviendo en palacio hasta que las disputas civiles terminaron por conquistar el feudo de la media luna y convertirse la España árabe en distintos reinos de taifas, en cuyas principales coras se establecieron los reyezuelos que las iban a gobernar hasta que gradualmente, después del pago de parias a los reinos cristianos, terminaran sucumbiendo ante el avance cristiano de la otra España surgida en el Norte.
El Collar de la paloma que he tenido la fortuna de encontrar en mis pesquisas por los antiguos libreros del barrio de las letras de Madrid, editado por Alianza Editorial e impreso en 1997, cuenta con la versión e introducción al castellano del eminente arabista Emilio García Gómez, un prólogo y álbum de María Jesús Viguera Molins y también un brillante prólogo, como todo lo que escribe, del filósofo español D. José Ortega y Gasset.
Del prólogo de Ortega y Gasset, que escribiera en la primera edición, allá por los años 50, cabría resaltar cómo destaca a Ibn Hazm como un árabe de aquella España medieval dividida en dos campos con distintos usos, pero disfrutando de un mismo solar y con una ascendencia romana en ambos, muy mediterránea en el caso del sur y germana en el caso del norte, pero ambas con la misma inyección vital de la Roma de los césares.
No obstante, para nuestro afamado filósofo, el Corán habría apergaminado las almas y resecado a los pueblos de Oriente, ya que mientras los árabes absorben inmediatamente las ciencias helénicas, permanecen impermeables a la poesía antigua, mientras los pueblos europeos hacen estrictamente lo contrario.
Es seguro que este aserto lo refrendaría aún más si viviera o si hubiera conocido los atentados del 11 M o la destrucción de las Torres gemelas en Nueva York o las luchas que en Afganistán sostiene el mundo occidental frente a una arcaica religión, que en su intento de penetrar en Europa sigue siendo partidaria de sus atavismos y de mantener a la mujer como un objeto manejado por los designios del varón: burka, velo, matrimonio concertado, lapidación, etc, etc.
Es pues inseparable en la Edad Media europea la civilización islámica, ya que conviven de manera positiva y negativa a la vez, el cristianismo e islamismo sobre un área común impregnada por la cultura grecorromana.
Nuestros antepasados germanos y árabes se dedicaron a imitar a griegos y romanos, adaptando en la administración, en el derecho, en la concepción del Estado, en ciencia, en poesía, con la salvedad antes expresada. También en la religión, el islamismo es una imitación del cristianismo adaptado o censurado para el uso de sus creadores en el desierto. También el cristianismo de los godos y/o de nuestros antepasados germanos era un remedo de los padres de la Iglesia.
Después de tan brillante prólogo, de la presentación de la vida del muladí Ibn Hazm, como de su peregrinar por la España de los reinos de taifas, en Játiva, después de huir de la prisión del reyezuelo almeriense Jairán, escribirá a los 34 años de edad, unas hermosas páginas en prosa sobre el amor, salpicadas de versos y con una emoción diferente a como los beduinos, tribus que dominaron Arabia y que más puro fue su esencial arabismo.
En todo el libro, que llama risala o mensaje, dividido en treinta capítulos, versando diez sobre los fundamentos del amor, mientras que los restantes lo hacen sobre las señales del amor; sobre los que se enamoran en sueños; los que se enamoran de una pintura del objeto amado; del que se enamora por una sola mirada; sobre el amor fruto de la convivencia; sobre las alusiones verbales; sobre las señas hechas con los ojos; sobre la correspondencia amorosa ; sobre el mensajero, queda patente su españolía, la fuerza de sus sentimientos, las descripciones eróticas, de cariz homosexual en algunos pasajes, como el de la atracción por lo bello. También la relevancia de la mirada de la mujer, que en otras regiones muslimes queda anulada. Valgan como muestra los siguientes ejemplos:
“¡Vete en mal hora perla de la China!
Me basta a mí con mi rubí de España”
“Yo soy el sol que brilla en el cielo de las ciencias;
mas mi defecto es que mi Oriente es el Occidente”
En este verso señala las diferencias de su mentalidad con la de las clases dominantes orientadas a conservar las tradiciones y dirección primera de su caminar desde Arabia hasta la España de los godos, que conquistaron a partir del año 711
“Yo soy de una tierra dura y pedregosa,
Reacia e insumisa a toda vegetación”
En este verso para hablar de la dureza del suelo almeriense, cuando un supuesto censor le reprocha haberse enamorado de alguien por haber visto solamente la belleza de su rostro (¡como lo harán hoy con las que llevan el burka!), le replica: “No sabes que soy zahirí y que tengo que atenerme a lo que está a la vista, hasta que no lo desvirtúe una prueba”
También es muy sorprende el modo en que expresa su amor a un amigo, quien le manda una carta desde Almería y que será motivo de la creación de este libro, el Collar de la paloma. Con dicho amigo, habían escapado de la barbarie de los Berebéres que arrasaron Córdoba y que originaron su destierro.
“Te amo con un amor inalterable,
Mientras tantos amores humanos no son más que espejismos
Te consagro un amor puro y sin mácula:
en mis entrañas está visiblemente grabado y escrito tu cariño.
Si en mi espíritu hubiese otra cosa que tú
la arrancaría y desgarraría con mis propias manos.
No quiero de ti otra cosa que amor;
Fuera de él no te pido nada.
Si lo consigo, la Tierra entera y la Humanidad
serán para mí como motas de polvo y los habitantes del país, insectos.”
Las elegías de Federico García Lorca , más musicales, sin embargo han sentido la misma y honda emoción que la tierra andaluza infirió en estos dos poetas por su origen, los mismos montes, vega, agua y clamor de un pueblo con idéntica cultura
“Cuando me voy de tu lado, mis pasos
Son como los del prisionero que llevan al suplicio.
Al ir a ti, corro como la luna llena
cuando atraviesa los confines del cielo.
Pero , al partir de ti, lo hago con la morosidad
con que se mueven las altas estrellas fijas”
“Me quedé con ella a solas, sin más tercero que el vino,
mientras el ala de la tiniebla nocturna se abría suavemente.
Era una muchacha sin cuya vecindad perdería la vida.
¡Ay de ti! ¿Es que es pecado este anhelo de vivir?
Yo, ella la copa, el vino blanco y la oscuridad
parecíamos tierra, lluvia, perla, oro y azabache”
En Al Andalus, como se puede comprobar, los árabes conocían las virtudes de los caldos de Baco, famosos también en tiempos de la Hispania romana, contrariamente a las mandatos de sus profetas orientales.
Fue contemporáneo del nieto de Almazor, quien en un principio le resultaba odioso, hasta que cuando se conocieron se hicieron íntimos amigos, como lo expresa en este poema:
“Haberlo tratado me lo ganó como hermano
y me ha hecho encontrar un precioso tesoro
Antes aborrecía tenerlo cerca,
y no apetecía que fuera mi amigo.
Era detestado y ahora lo quiero;
de odioso pasó a ser agradable.
Corrí mucho tiempo huyendo de él,
y ahora acudo constantemente a su lado"
También habla del amor que se fortalece con el paso del tiempo.
“El verdadero amor no nace en una hora
ni da fuego su pedernal siempre que quieres,
sino que nace y se propaga despacio,
tras larga compenetración, que lo afianza;
entonces no pueden acercarse a él abandonos ni menguas,
ni pueden alejarse de él firmezas y aumentos.
Confirma esto el que vemos que todo
lo que se forma presto también perece en breve.”
Sobre el paso del tiempo, que no ha de ser desperdiciado, ya que es tan breve para
el amor.
“Aprovecha la ocasión, porque has de saber
que las ocasiones pasan más deprisa que el relámpago.
¡Cuántas cosas que eran ahcederas dejé para más tarde,
y luego, una vez idas, se hicieron nudos en mi garganta!
Date prisa a coger el tesoro que hallaste;
Arrebata la presa como el halcón en acecho”
Igual que Baltasar Gracián con sus aforismos, siete siglos después, Ibn Hazm nos señala
a quien hemos de elegir como amigo.
“Haz amistad con quien quieras, pero evita tres personas: al necio, porque queriendo
serte útil, te perjudicará; al inconstante, porque cuando mayor sea tu confianza en él por
larga y firme amistad que con él tengas, te dejará colgado, y al embustero, porque te
venderá cuando más seguro estés de él y por donde menos lo esperes”
Y concluyo, con unos versos que probablemente sean el sumun de ese canto al amor del
Poeta:
“Desearía rajar mi corazón con un cuchillo
Meterte dentro de él y luego volver a cerrar mi pecho,
Para que estuvieras en él y no habitaras en otro,
hasta el día de la resurrección y del juicio;
para que moraras en él durante mi vida y, a mi muerte,
ocuparas las entretelas de mi corazón en la tiniebla del sepulcro”
Como declara nuestro poeta andalusí cuando dice:
“claramente distingo hasta el rostro de las hormigas,
mientras a ellos se les ocultan los refugios de los elefantes”
Que nuestro nuevos pobladores venidos de la nueva Bereberia, de Centro Europa o de
nuestros pueblos hermanos de América, con sus diversas adscripciones religiosas, nunca
puedan estar ciegos a la historia, al pasado y el futuro que alumbra esta antigua piel de
toro sobre la cual se ha forjado la historia de nuestro pueblo entre cristianos,
musulmanes y judíos, todos ellos, mezcla de pueblos del occidente europeo como del
oriente árabe y del norte beréber.
viernes, 26 de marzo de 2010
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