martes, 3 de agosto de 2010

DE LA DERIVA CATALANA Y O DE LA DEUDA DE CATALUÑA...

DE LA DERIVA CATALANA O DE LA DEUDA DE CATALUÑA CON EL RESTO DE ESPAÑA


Sin querer entrar en detalles de los antecedentes históricos de la unidad de España, desde las distintas corrientes y semejanzas de nuestra prehistoria, como más tarde bajo la dirección de Roma o la capitalidad en Tarragona del reino de los godos hispanos, que es fácil encontrar con inusitado detalle y encomiable desvelo histórico en los libros de un republicano español del exilio, el eminente D. Claudio Sánchez Albornoz, como tampoco sería relevante destacar hoy la importancia de destacadas leyes emitidas desde Barcelona por los Reyes Católicos o su nieto, el Emperador Carlos V, desde cuya ciudad dirigieron en su itinerante periplo, el gobierno de España; como tampoco vendría a cuento mencionar el nacimiento de la corriente catalanista allá por el Romanticismo y tras el desastre del 98 y los Juegos florales.



Tampoco sería de buen gusto hoy, comentar que el descubrimiento de América como su colonización, como la magnificencia de lo hispano conquistando imperios, se hizo sobre las espaldas, la sangre y la economía de lo que entonces eran los pecheros y que hoy llamaríamos la clase trabajadora de Castilla la Vieja, Castilla la Nueva y Castilla la Novísima., es decir, Galicia, Asturias, Santander, Guipúzcoa, Vizcaya, Navarra, León, Castilla, La Mancha, Extremadura, Murcia, Valencia, Andalucía y Canarias

Tampoco comparar los seis millones de habitantes de Castilla en 1541 frente a los 300.000 de Cataluña en 1553, o la riqueza de la Granada de entonces con su industria de la seda y lo que hoy acontece, mientras que Cataluña siguió creciendo a la par que los demás pueblos de España se empobrecían.




En este momento, grave para España, cuando cuenta con cerca de cinco millones de personas que carecen de trabajo, en un rincón de nuestra piel de toro, en un rincón pujante, que ha contado siempre con una enorme corriente migratoria de las depauperadas regiones hermanas y con unas inversiones desde antiguo para su crecimiento, mientras Andalucía, Extremadura, Galicia o Castilla, se veían sumidas en la postración y abandono, en Cataluña, se vuelven a oír los cantos de la división, los cantos del separatismo.






Si examináramos el Diario de Sesiones de ambos cuerpos colegisladores, sorprende el que durante un período muy largo todo lo referente a Cataluña ha ocupado el primer lugar en los debates; el resto de España apenas cuenta, que diría el Conde de Romanones y que en este siglo XXI sigue siendo verdad, junto al problema vasco.

De antiguo, el Partido Liberal y el Conservador, establecieron una verdadera puja para ver quien, a fuerza de concesiones, captaría mejor la opinión catalana. Siendo un problema preeminente o esfumándose, según fueran los Gobiernos de la Nación, débiles o fuertes. Igual que sucede ahora ante la debilidad del Gobierno y la mediocridad de la clase dirigente actual del Partido Socialista Obrero Español, atrabiliario o tornadizo según circunstancias.

De este modo ayer y hoy, se ha creado el problema catalán por no haber sabido los Gobiernos mantener a la vez las virtudes cardinales de la justicia en las reivindicaciones regionales, sin requerimientos ajenos, y la fortaleza para conservar incólume la unidad nacional.


En 1915, la falta de visión de Dato como la presión ejercida por los catalanistas, hizo que diéramos la espalda a Francia e Inglaterra durante la Gran Guerra, del 14 al 18, y a pesar de que en las Cortes se opusieron buen número de provincias castellanas, que deseaban estar con sus aliados históricos, sabido es los fuertes lazos entre Castilla e Inglaterra desde antes de la Reina Católica. Mientras tanto Alemania, a pesar de nuestra neutralidad, hundía innumerables mercantes y nos llevaba al aislamiento y la ruina para Levante, mientras la burguesía catalana se enriquecía y se iniciaba en Cataluña el caldo de cultivo para los enfrentamientos entre sindicalistas y patronal, ambos con dotaciones de pistoleros, con dirigentes en ambos bandos de la talla de Companys o Martínez Anido, ¡casi nada!





A Barcelona, también le deberíamos los movimientos revolucionarios y las Juntas Militares de Defensa, hasta conducirnos, en aquella Capitanía, a la Dictadura de Primo de Rivera. Las provocaciones de la Prensa contra los militares, la actitud de catalanistas y el movimiento revolucionario, del que eran directores las personalidades más salientes del republicanismo y del Partido Socialista. Las concomitancias de los catalanistas con algunos de estos elementos, y sobre todo con los militares, señaló el cauce por donde la política española iba a discurrir, salpicando a Madrid, cuyo movimiento fue dominado por la fuerza y sofocado con sangre.







Después de tan trágicos días, un Gobierno llamado de concentración, presidido por García Prieto, daba entrada al predominio de los catalanistas, al mando personalísimo de Cambó. Los otros pueblos de España seguían al margen de los dictados de estos nuevos dirigentes, ya que Cambó no solamente se ocupaba de los menesteres de su cartera y su notable fortuna, sino que intentaba convertirse en el espíritu dirigente de todo el Gobierno, sin perder un solo momento de vista las aspiraciones regionalistas de una gran parte de Cataluña.



La agitación producida en Barcelona por la campaña del catalanismo, las exaltaciones de nacionalistas, españolistas y otros elementos que siempre surgen al margen de toda revuelta, provocaban constantes choques, perturbando la paz de la población. Militares que frecuentemente sentían las ofensas a la Patria; la patronal catalana que había recibido durante la Gran Guerra los más espléndidos beneficios y que no cedía a las aspiraciones sindicalistas, reforzadas por la frecuencia de atentados y la impunidad en que éstos quedaban; la constitución por parte de los patronos de la Federación Patronal, a su frente un exaltado como Miró y Trepat, solo podía exacerbar las pasiones y conducirnos todos a una dictadura, que auspició la burguesía catalana y que contó incluso con el aplauso de los socialistas, quienes no solo lograban el respeto para las Casas del Pueblo en toda España, sino que su máximo dirigente Largo Caballero, era llevado al Consejo de Estado. También la Iglesia mostraba su adhesión al nuevo régimen que nacía en Barcelona.



Con el advenimiento de la IIª República, Azaña, concederá a Cataluña su autonomía, sin que para nada le sirviera tan decidida apuesta, ya que no sólo tuvo frecuentes enfrentamientos con el ex coronel de Caballería, el avui, Maciá, sino que las fuerzas catalanistas, al igual que los políticos del nacionalismo vasco, pondrían todos los obstáculos habidos y por haber para la derrota de esta República por las fuerzas insurgentes. Dramáticas son las palabras de Azaña en sus Diarios como en su libro La Veladá de Benicarló, donde da cuenta del abandono y de la deserción, obstrucción y cobardía de los nacionalistas catalanes y vascos.



Ya con Franco, las inversiones realizadas en Cataluña y País Vasco fueron cuantiosísimas, con el respaldo de los hombres del Opus, oriundos de aquellas latitudes, los López Rodó y López Bravo, entre otros, mientras en la España del interior o en Andalucía sus pueblos eran abandonados en pos de la emigración y en pos de la subsistencia que le era negada en su propia tierra.







Gracias a esta despoblación y a esas corrientes migratorias, Cataluña, en este siglo XXI cuenta al frente de su gobierno autónomo, con el muy reivindicativo cordobés, Sr. Montilla, que desprecia su origen y raíces andaluces, que además es capaz de cercenar la libertad y la cultura de quienes su lengua vernácula es castellana, que como dijera de los socialistas Angel Ganivet, “en el fondo son más que aspirantes a ricos o víctimas de la seducción militar” , y que la burguesía catalana ha encontrado en él un excelente espolique para sus designios de expansión, ya que nunca fueron capaces de solidaridad y les domina el enriquecimiento propio y de sus familiares más cercanos. Pues éstos dos siervos son el reflejo de los sectores sociales de ideas políticas miopes, que raras veces superan el horizonte del terreno o del municipio, no las predisponen a las grandes ambiciones, sin percatarse estos dos “charnegos” que son los testaferros de las oligarquías catalanas, que se aferran a sus privilegios y que siempre han precisado de terceros para enfrentarse antes a las remensas y hoy a los trabajadores. No los soportó Nicolás Salmerón, en los albores de la Mancomunidad, ni tampoco aceptó sus ofrecimientos el mismo Azaña y han encontrado en este despreciable andaluz y en el hijo de un Guardia Civil maño, Carod Rovira, los mejores propagandistas de la división y el desencuentro entre españoles. Si Prim, Pi y Margall o Prat de la Riva, levantaran la cabeza no lo podrían creer.













Y en todo esto, donde quedamos quienes cuando nos arropa nuestra bandera bicolor, cuando bajo el nombre de España comprimimos su cultura, cuando nuestros antepasados han señoreado su nombre por todo el orbe, contribuyendo con su esfuerzo y sacrificio en el avance de la Modernidad, como solo Roma fuera capaz; cuando abrimos nuestros brazos de manera generosa a todos sus pobladores, a pesar de la desigualdad existente, a pesar de cuanto se nos ha desposeído.



Cuánto tiempo vamos a seguir soportando las ofensas a cuantos dieron su vida por la Patria. Cuánto tiempo vamos a seguir aguantando la insolidaridad de una parte de los catalanes. No es hora ya de aprender de nuestro pasado y reivindicar sin complejos la grandeza de España como de hacer todos los esfuerzos posibles en la derrota del catalanismo y de sus secuaces. Por nuestra historia, por la sangre vertida por nuestros antepasados, por el sacrificio de nuestros emigrantes, por el abandono de nuestras comarcas, por cuantos en Cataluña y País Vasco se ven obligados a esconder sus emociones y sus filias españolas ante la agresión constante de los catalanistas, que ayer y hoy quieren seguir despojándonos de nuestra historia común.



No es hora ya de trabajar para conseguir salir de esta crisis y poner nuestras miras en el horizonte de nuestros pueblos hermanos de América, aportando a la humanidad la grandeza de una historia secular que desde el Mediterráneo hemos llevado con nosotros en Europa y por el mundo.





Estos gusanos de nuestra periferia no pueden cercenar una vez más nuestro desarrollo, hay que combatirlos por todos los medios democráticos y de propaganda, ya que su mediocridad y su ambición de campanario nunca serán capaces de alcanzar la grandeza de nuestra historia y la sangre vertida por los españoles, cuyos vestigios con sus claros y sus sombras están presentes en una buena parte de Europa como en todo el continente americano, en Africa y en Oceanía. ¡Cuantas naciones pueden hoy vanagloriarse como nosotros! Aunque sólo sea de de nuestros logros en el siglo XV y XVI. y de nuestro idioma el español, mientras el catalanismo pretende seguir lastrando nuestro porvenir.

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