En los tres tomos de la Historia de los Judíos de España y Portugal, que publicara por primera vez en 1875 el brillante polígrafo JOSE AMADOR DE LOS RÍOS, se tiene la oportunidad de descubrir uno de los más brillantes trabajos que se hayan podido realizar sobre la grey hebrea en el solar hispano, desde su llegada tras la destrucción del Templo de Jerusalem y la diáspora que con su espada ordenara Tito, como los distintos avatares y las convulsiones que ora en la opulencia, próximos de los reyes y magnates tanto cristianos como musulmanes, como en en el despojo de sus aljamas, desde los berébres, almorávides y almohades como bajo las predicaciones y sermones de eclesiásticos, con la virulencia de las turbas de la calle o de los cruzados transpirenaícos, ensangrentaron y nunca fueron capaces de laminar por completo la reciedumbre, como la supervivencia del pueblo de Jehudá
Tanto en el reino zirí, bajo el gobierno de Samuel Ibn Nagrela, el Nagid, allá por 1030, como Samuel ha-Leví bajo el reinado de Pedro I, que levantara en Toledo hermosas sinagogas, como la del Tránsito, los hijos de Israël en la península ibérica detentaron con los almojarifazgos, el poder de las haciendas de los reyes y el punto culminante de su notoriedad como de riqueza.
Por esa cercanía a los monarcas, la fuerza de sus convicciones talmúdicas, su ciencia y, a pesar de las cartas-puebla, que les otorgaron libertades y comercio, nunca lograron afianzar sus relaciones con los cristianos, que en diversas ocasiones vieron como eran pasados a cuchillo o incendiadas sus moradas, sin que hubiera excepción alguna desde Sevilla, Granada, Córdoba, Lisboa, Valencia, Zaragoza, Barcelona, Mallorca, Pamplona, Vitoria o Gerona, lo mismo que en aquellos pueblos de larga estancia tales como Lucena, Setubal, Tafalla, Cervera, Agramunt, Santa Coloma, Tudela, entre otros.
De nada serviría la ayuda económica que siempre prestaron a los reyes las juderías. El 31 de marzo de 1492, Fernando II e Isabel I, los Reyes Católicos, en su edicto dictaminaban la expulsión de los reinos de Castilla y Aragón, como años más tarde de Portugal, de todos los que se siguieran proclamando como judíos y para la buena observancia de esta Ley, como la vigilancia de los conversos, era instaurada la Inquisición, que en veinticinco años, desde 1481 que se erige en Sevilla el Tribunal de la Fe hasta 1525, habían ajusticiado devorados por las llamas doscientas treinta y cuatro mil quinientas personas, doscientas seis mil quinientos veintiseis a pública penitencia, con la pérdida de haciendas y deshonra.
Frente a los Torquemada, Diego Deza, Rodríguez Lucero, con inusitada saña de inquisidores, hubo grandes defensores de la caridad cristiana, como de la humanidad, a costa de sus propios sufrimientos y la malquerencia del mismo Santo Oficio, tales como fray Hernando de Talavera o Bartolomé Carranza, que en sus propias personas o en familiares próximos intentaron también destruir.
Los mismos conversos, se destacaron en su odio frente a sus antiguos hermanos de ley mosáica, que, sin embargo, de poco les sirvió ya que la fievre desatada con la Inquisición no tuvo reparos en deslindar de entre los cristianos lindos aquellos de vieja estirpe, que nada tuvieran que ver con los marranos o nuevos cristianos que según el vulgo seguía cultivando bajo el anonimato la religión de sus antepasados y el dictado de sus rabinos.
En mantas hasta el siglo XIX, en las iglesias hispanas, se expusieron en hojas públicas los nombres de aquellos que podían ser conversos, sin que de nada les hubiera servido su apostasía y la deshonra a la memoria de sus antepasados judíos.
Si enorme fue el daño económico que sufrió la España que nacía al amparo de quel reinado, tras el edicto de expulsión en 1492, tapado por el descubrimiento de un nuevo continente y el éxito en la conquista y expulsión de los moros de Granada, tras ochocientos años de dominio, no es menos el sufrimiento que la grey mosáica tuvo que padecer, los contumaces que prefirieron abandonar su patria, pero conservar su religión, a los que prefirieron convertirse al cristianismo y abjurar de sus c
domingo, 24 de abril de 2011
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