domingo, 3 de julio de 2011

INSÓLITA GRANADA

DE MI INSÓLITA GRANADA


De las muchas sorpresas que Granada siempre depara, sobre todo a cuantos hace tiempo nos tuvimos que alejar de su solar o por su escasa notoriedad las vemos y pasan desapercibidas a nuestros ojos y nuestro entendimiento, me ha sorprendido la modestia de un monolito en una recondita plaza del Realejo, que bien merecería un mayor cuidado y que su abandono muestran en qué estado se encuentra algunos de nuestros monumentos y en particular nuestro teatro.

Delante de la Casa de los Tiros, aquella casa donde jugara nuestra paisana y posterior Emperatriz, la bella Eugenia de Montijo y que un preclaro e ilustrado alcalde, D. Antonio Gallego Burín supo conservar para la ciudad y hoy es un modesto museo de nuestras costumbres, con algún insólito cuadro y hermosos “barros” como uno de los mejores retratos hechos a Angel Ganivet, con uno de los artesonados más bellos que se pueda contemplar sobre nuestros personajes históricos, está la plaza del padre Suárez, en cuyo centro un monolito se levanta en memoria del más famoso de nuestros actores del siglo XVIII, el eximio Isidoro Máiquez que retrató Goya y que en el teatro del Príncipe y en el de los Caños del Peral, hoy Teatro Real, de Madrid, como en los numerosos teatros y corrales de comedias supo interpretar como nadie las obras de Shakespeare, Calderón de la Barca, Quintana o Cervantes.

También lo inmortalizó Galdós en alguna de sus obras, luchó contra Napoleón y defendió el liberalismo, motivo por el que sería desterrado y moriría en Granada.

En la base de este monumento uno puede leer con sorpresa que se erigió gracias a los desvelos del también famoso actor Don Julián Romea, su esposa y su hermano.

La sencillez de este recuerdo de estos generosos artistas, también me traen a la memoria la pérdida de aquellos teatros de mi Granada que han desaparecido y la poca relevancia que hoy día tiene el teatro en Granada, tras la desaparición del teatro Cervantes en la Plaza del Campillo donde hoy se levanta un anodino y horrible edificio. O qué fue de aquel cine Olimpia en la Gran Vía, desde cuyos balcones laterales entre la algarabía infantil, me pude colar para ver mi primer película de piratas. Y el Regio, el Goya…O aquel de la Plaza de Martínez Campos que pisó por primera vez Federico y que tras un incendio terminara convirtiéndose en una colmena de ladrillos para humanos.

Y para cuando el derribo del cochambroso edificio del banco Santander dosel del monumento a Colón.

Cuánta ilustración, cuánta fraternidad y qué cantidad de nuestra memoria va siendo sepultada o desconocida por el abandono y por la especulación que tanto daño ha hecho a Granada.

Cuándo llegará por esta Granada el arcángel con su espada flamígera que aplaste con su bota a tanto desalmado que sepulta la belleza y la historia de nuestra Patria

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