EL NACIONALISMO
El insigne profesor
universitario y excelso alcalde de la
villa y corte de Madrid, don Enrique Tierno Galván, allá por los años ochenta
del pasado siglo, presentaba en la UNED el texto del que extracto algunos pasajes y le añado breves consideraciones mías para examen de todos, hoy que están tan
presentes en nuestro país.
Nacionalismo quiere decir exaltación de las
características de grupo en beneficio de la individualidad. Por
consiguiente, en el fondo de todo nacionalismo hay un individualismo acentuado.
Es más, el nacionalismo es la máxima exaltación de la individualidad.
La evolución del nacionalismo va desde la toma de
la conciencia de grupos históricamente diferenciados, por parte de la minoría
directora, hasta la divulgación de esta conciencia en los estratos más
populares del país. Esto se pudo
constatar en el día de ayer cuando en la cadena humana, algunos eslabones eran
emigrantes subsaharianos, que poco conocen de la historia de Cataluña y a duras
penas hablan la lengua de Josep Plà, en otros casos eran vecinos que no querían
desentonar con su medio, incluso otros eran profesionales o trabajadores que
pretendían conservar la estima de sus clientes o patronos, no digamos ya la
cohorte de funcionarios públicos que pululan a cargo de las entidades
autónomas.
Las etapas de la formación del nacionalismo son
las siguientes: a) Creación de mitos nacionales. En este caso podemos citar a Casanovas que fuera
un jurista español que lo único que hizo fue tomar partido por uno de los
aspirantes al trono hispano contrario al que finalmente consiguió el poder y
como los catalanes nunca han tenido ninguna enseña propia, adoptaron ésta lo
mismo que la que representaba la Corona de Aragón, donde ellos estaban
integrados.. b) Configuración de la historia
del grupo como una historia colectiva en la que se participa y cuyos valores se
comparten por el solo hecho de pertenecer al grupo. Esto se manifiesta en
personas como Carod Rovira, hijo de un guardia civil aragonés, Montilla, nacido
en un pueblo cordobés, y hoy más catalán que las farolas de las Ramblas o de
todos aquellos “charnegos” como eran llamados despreciativamente los emigrantes
a Cataluña, que buscaron rápidamente desterrar su cultura autóctona para
recibir las prebendas del nuevo solar donde llegaban. C) Asociación de las características de grupo a determinados rasgos
antropológicos. Este caso está más presente entre los vascos, sobre todo a
raíz de las enseñanzas de Sabino Arana que recogió el PNV. D) La conversión de los acontecimientos históricos
del grupo en prejuicios individuales. España me roba. Nuestros impuestos
están destinados a sostener los parados extremeños, etc, etc e) Los intereses económicos de la clase
dirigente tienen que coincidir con el resto de las notas que definen el nacionalismo.
De esta forma ellos se apoderan de los recursos, de la economía y nombran a
cuantos les son favorables, nada críticos y le ayudarán en el 3% percent, el
caso Palau, la saga Pujol Ferrusola ,
las comisiones del padre de Mas y un largo etcétera de corrupción. En este sentido la nación se identifica con
el estado burgués y el nacionalismo es esencialmente una ideología burguesa. El
desarrollo y crecimiento de la burguesía fue paralelo a la eliminación del
sentimiento de universalidad que caracterizaba a la minoría directora , y
cruzaban de vez en cuando la frontera durante la Edad Media. La
burguesía substituyó los ideales internacionales por otros nacionales
elaborando una estética de la nación que fue la principal fuente del
nacionalismo. Los burgueses concibieron la nación como una empresa: riqueza en
material humano, riqueza económica, voluntad de conquista y altos intereses. Esto
se vió palpablemente cuando en 1936 mientras los republicanos españoles
defendían la constitución y la libertad, los nacionalistas catalanes se
embarcaron para conquistar Mallorca o unir Valencia a su redil, sin nada
importarles la deflagración de España y lo que a los republicanos se les venía
encima, particularmente en Madrid, que sufriría un asedio continuo, mientras ellos
estaban libres de los bombardeos y sólo al final de la guerra, padecieron algo
y, además obstaculizaron todo lo que les fue posible para el fracaso de la República. Sus
dirigentes, principalmente el presidente de la Generalidad y otros altos
dignatarios, además de saquear las cajas de los bancos, vivían en Perpigan y
cruzaban de vez en cuando la frontera, lejos del estrépito de las bombas y de
la sangre, como del hambre que padecía Madrid. O los fieros gudaris vascos, se
entregaban en el Frente de Hierro sin luchar, mientras los dirigentes del PNV
negociaban con el Vaticano, a espaldas del gobierno legítimo y donde ellos
estaban, en el caso de Leizaola como ministro sin cartera.
La idea que realmente se opone a nacionalismo es
universalismo. Hecho este que,
por desgracia, ni siquiera entiendes las huestes socialistas en Cataluña,
pagadas para su propia holganza, cuyo fiel exponente es el Sr. Montilla o el
hoy Pere Navarro.
Los mitos nacionalistas perfeccionaron la idea de
la “psicología de los pueblos”. Sardana,
escrita por un andaluz, castellet y todo un rosario de detalles que buscan su
distinción. A esta tendencia estética
sostenida en el mercado nacional, es necesario añadir el nacionalismo jurídico
protector de ciertos bienes y privilegios. Yo añadiría el escolar, el
universitario, las asociaciones gremiales, incluso el médico. La
legislación sobre patentes y marcas, y, en general, la nacionalización de la
industria aumentó las consecuencias del nacionalismo.
La fuerza contraria, el internacionalismo, se
apoyaba fundamentalmente en dos hechos: la internacionalización creciente del
capital y el aumento de nivel y comunicación cultural merced a un mercado, cada
vez más extenso, de consumo intelectual. Durante los siglos XIX y parte del XX
las tesis internacionales se consideraron la mejor solución para las tensiones
entre las naciones. Los catalanes
y los vascos de esto ni se enteran ni les importa.

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