domingo, 5 de enero de 2014
CASTILLA, VÍCTIMA DE ESPAÑA Y CATALUÑA
Determinados políticos, para sobrevibir en el cargo, son capaces de traducir las emociones que experimentan en un artificio literario. Otros, por el contrario, crean primero el artificio y luego buscan la realidad a la que se ajusta. En este juego, Castilla ha tenido la desgracia de ver como su sello no contaba para nada, mientras sus élites intelectuales, sin embargo, se llenaban la boca con su nombre o se volcaban en la solidaridad y prosperidad de Cataluña y el País Vasco. De esta forma, Avila, Segovia, Salamanca, Soria, Albacete, Ciudad Real, Cuenca, Toledo, Palencia, Zamora, León, Los Monegros, e incluso pueblos de Granada, Extremadura o la profunda Galicia, observaban una sangría demográfica, nulas inversiones del exterior, al igual que una tasa de natalidad muy inferior a la del resto de la Nación. Así sus páramos quedarían abandonados y su tierra yerma a falta de brazos y bestias que hollaran su planicie. En algunos pueblos con carretera de tierra, escasa electrificación y menguada asistencia médica. EL ejemplo más duro, penoso y lacerante, fueron Las Hurdes en Extremadura, donde siete mil almas vivían como trogloditas, en condiciones que el doctor Marañón consideró sangrantes, mientras España intentaba llevar la modernidad al Maghreb, en la visita que girarían en 1927 y el incipiente cineasta Luis Buñuel rodaría el documental Tierra sin pan, para vergúenza de aquella España y como úlcera que hoy nos debe seguir mostrando los desatinos de nuestros políticos y el abandono en que se postergó a Castilla. Mientras esto sucedía y cuando Franco volviera a visitar esta paupérrima comarca, allá por 1954, poco se había mejorado la situación humana de estos pobladores castellanos, mo así en Cataluña, a cuyos aristócratas caso de la familia Güel, Cambó o el propietario de La Vanguardia, todo eran medios para impulsar sus negocios a costa de esa Castilla abandonada. ¿Y cuál ha sido la respuesta de la Cataluña progresista? Por desgracia, nula. Su misión es voltear las campanas del campanario local, abrigarse con la senyera y señalar a España como la culpable de sus desgracias. ¿Acaso tan trágicas como las de esas Hurdes? ¿Y dónde está la inteligentzia, las élites progresistas que tengan la valentía de mirar más allá de su horioznte linguistico, como otrora hicieran los castellanos cuando fueron a Barcelona para estimular el renacimineto y florecimiento de esa cultura, hermana y fraterna para los españoles? Tampoco existe, a no ser algún director teatral, que se ha visto obligado al exilio, ya que sus máximos exponentes hoy día corren tras un balón. Son los Pique, Xavi (de padres almerienses) Guardiola, Laporta y mediocridades semejantes, que lo más profundo que han conocido es una pelota y las ingentes monedas que llenan su bolsa. O acaso, la publicidad de la TV3 y de los diarios afines, que acallan cualquier crítica y que han dejado de ser medios al servicio de esa comunidad, para pasar a servir de estilete y escudo de los independentistas catalanes, pasando al ostracismo toda aquella otra noticia que tengan sesgos fraternos con el resto de los otros ciudadanos. Joaquín Xirau, filósofo y profesor, diría que "el catalanismo, mal comprendido y hostilizado, puede ser la grieta de un derrumbamiento final. Puede ser y ha querido ser siempre, en el alma de los mejores, un proyecto de reconstrucción del cuerpo viviente y del alma de España" Yo apelo a esos jóvenes que hoy se forman en los Institutos y Universidades de Cataluña, para que derriben fronteras y sean capaces de enfrentarse a la competencia de fuera y a la solidaridad y fraternidad que antes otros pueblos y, sobre manera Castilla, con sus escasas fuerzas, le entregaron, para que con igual generosidad, hoy ellos logren contribuir en la reparación de los daños y el abandono en que entre todos hemos sumido a los pobladores de Castilla. Castilla la Vieja, Castilla la Nueva y Castilla la Novísima, en cuyos términos abarcan desde Finisterre, pasando por la Meseta, los confines extremeños y las fragosidades andaluzas. En esta obra, si Cataluña se convence que está su solar y su campo de acción, sin lugar a dudas alcanzará la grandeza a la que aspira y que por la mezquindad de sus actuales representantes políticos, hoy es mirada con desdén por todos los españoles y buena parte de los europeos libres.
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