martes, 25 de marzo de 2014

EL PROBLEMA ESPAÑOL

EL PROBLEMA ESPAÑOL, A LA LUZ DE LA SITUACIÓN EN MARZO DE 2014 Y LA VISIÓN DE AZAÑA UN 4 DE FEBRERO DE 1911
 
Fue en la Casa del Pueblo de Alcalá de Henares, un 4 febrero de 1911, a la edad de 21 años, cuando su preclaro vecino, hijo de notarios y en el seno de familia acomodada económicamente, invitado por un amigo socialista, daría aquel día su primer discurso. Era quien luego llegaría a alcanzar la más alta magistratura del país, como Presidente de la Segunda República de España, después de su paso como ministro de la Guerra y posteriormente de Gobierno, tras la dimisión de Alcalá Zamora.
Versaba su conferencia sobre el Problema Español, el mismo que preocupaba al incipiente filósofo Ortega y Gasset, al igual que hoy nos sigue preocupando a todos y que, siguiendo los pasos de aquella manifestación, intento ahora analizar qué no ha cambiado, a pesar del tiempo transcurrido, y de los propósitos de aquel neófito político.
En el exordio de esta conferencia, manifiesta que pertenece a una generación que llegaba en ese momento a la vida pública y que se seguía sintiendo indignada por las desigualdades de España.
En los siguientes párrafos, hablará del estado moral de la nación. “Nos horroriza el pasado, nos avergüenza el presente, no queremos ni debemos perder la esperanza en el porvenir”…”Hay una patria que redimir y rehacer por la cultura, por la justicia y por la libertad” y sigue diciendo: “En el mundo civilizado todo está en crisis; los dogmas religiosos…; la organización económica, es condenada en nombre de un principio más alto, que no puede sancionar la aspereza y brutalidad del régimen capitalista”. “La humanidad misérrima, dolorida, pide con voz que ya es terrible, una urgente y decisiva mejora de su condición”. “España padece en lo económico, anemia secular, producida por falta de explotación de sus recursos naturales, por la mala gerencia de los que explotan, por la codicia ininteligente de su régimen fiscal, fundado en el aplastamiento del más débil, que se refleja en la pobreza de todos y en la sangría irrestañable de la emigración”.
Me voy a detener aquí, al objeto de repasar los parecidos que aún imperan en España. También a nosotros, hoy, nos horroriza el presente, ya que estamos sumidos en una violenta crisis económica que sólo padecen las clases medias y las más pobres, que se asienta sobre una oligarquía de políticos profesionales corruptos y una banca, así como Empresas del Ibex y otros truts que manejan las decisiones políticas contrarias a la igualdad de todos: sociedad del bienestar desmantelada, así como el acceso a la universidad o a la igualdad entre todos. Esto hoy día se hace imposible para una gran mayoría. Crecen los bancos de alimentos. Aumenta la emigración de españoles. Paro cercano a los seis millones. Impuestos agobiantes. Desigualdad administrativa según regiones. Desequilibrios regionales. Y así podría seguir enumerando las muchas lacras que no hemos logrado superar para una mayor igualdad entre todos los españoles, tal y como ansiaban el joven Azaña.
En lo moral padecemos un absoluto y universal desconocimiento de los deberes de cada uno para sí mismo y los demás, lo cual origina la capacidad egoísta en los de arriba”.
Acaso esto no lo hemos conocido por los casos Gürtel, Bárcenas, Camps, familia Pujol Ferrusola, asunto Liceo, “tres percent” que dijera Maragall. Sobres para incentivar a los dirigentes políticos. Políticos que hacen carrera profesional en su organización. Emolumentos y jubilación para políticos muy lejos de lo que reciben los trabajadores españoles. Aquí también hemos retrocedido y hemos vuelto a las mismas prácticas caciquiles de antaño, que tampoco excluyen al partido socialista.
Y, por último, como causa y efecto a un mismo tiempo, expresión la más humillante de nuestro estado, una ignorancia e incultura espesísimas, que alcanza a todos, que se refleja en las conversaciones, en los modales, con los libros, en los periódicos, en los discurso y hasta en los juegos y distracciones”
Si vemos las televisiones, el informe Pisa, las encuestas a nuestros jóvenes, los botellones, el vandalismo en las manifestaciones de indignados, nos damos cuenta que bien poco hemos mejorado. Ahora el “prime time” de la televisión está en las disputas entre partidarios de un club de fútbol o en las intimidades que “venden” en buena parte de las cadenas televisivas bellas mujeres a cual más “recauchutada”, o seudo  periodistas, que hacen de una tertulia, todo un foro de chismes y de algarabía. Si además a alguna política de nuevo cuño, miembro de la Junta de Andalucía, aunque ella dijera “miembra”,  que en esto si hemos mejorado porque ellas ya frecuentan los escaños y están presentes con justicia en todos los estamentos del Estado,  “los almeriense y las almeriensas”, en un afán igualitario torpe y contra los usos correctos de la real Academia de la Lengua Española, a buen seguro que, como entonces, poco habremos progresado.
Como no hay ideal nacional, vivimos en castas: unas odian, otras temen; unas devoran su furia, otras explotan a los furiosos, y así estamos arma al brazo, esperando la hora de destrozarnos. Nadie cree posible que su derecho se respete y nadie se cree obligado a cumplir con su deber; las leyes son cosas de juego y el fabricarlas una diversión”
Esto que entonces expresaba Azaña, si hoy supiera lo que los catalanistas hacen con las leyes que entre todos nos hemos otorgado, sin recordar lo que a él le harían pasar los Casanova, Aguirre, Tarradellas, Companys y buena parte de los miembros de Esquerra catalana, él, al igugarínal que nosotros, convendríamos que es cierto que no existe una IDEA NACIONAL, como la que llevó a cabo el recientemente fallecido don Adolfo Suárez, y que los objetivos comunes pasan por la mezquindad local y las políticas de campanario y de falta de solidaridad nacional, como de justicia y apoyo al más débil.
Cuando prosigue hablando de “que son nuestras costumbres electorales. Ayer como hoy, convendríamos que “el sudor nacional sirve para sostener los vicios y las lujosas vanidades de unos pocos privilegiados. Y nuestros partidos no son más que unas cuantas familias que viven acampadas sobre el país, presidiendo una orgía, transmitiéndose de nulidad en nulidad los grandes puestos, con una impudicia execrable, que toman en boca los nombres de patria, justicia y libertad”
Acaso no nos suena esto para Zapatero, Solbes, Griñán, Chaves, el tripartito catalán, la Generalitad valenciana, dirigentes en Baleares, los Eres en Andalucía, las subvenciones fraudulentas a la UGT, la patronal de empresarios, el caso Urdangarín, Pepiño, etc, etc, etc.
Si las masas populares tienen hoy libertad política, necesitan reivindicar la libertad económica, derrocar el capitalismo, sacudir el yugo del dinero y en lugar de hacerlo así, permiten que en la hora decisiva, el dinero mismo, con su poder desmoralizante, impida que la batalla se libre y se gane”
Seguro es que si la gobernación del país se sigue haciendo desde los despachos de las altas finanzas y la mayoría silenciosa sigue postrada económicamente, o bien procederá a actuaciones vengativas, que ya hemos visto en los telediarios recientemente, o bien seguirá pisoteada por unos pocos, y no habremos mejorado la condición general de esa mayoría.
Azaña aspiraba a cambiar el sistema tributario. A pesar de las reformas realizadas, los más ricos, mediante las SICAV o bien otros artificios, como la ayuda de buenos asesores, eluden el pago al fisco que les debería corresponder.
Queremos variar el sistema tributario, de suerte que quien más tenga pague más; queremos acercar el trabajo al trabajador; que el trabajo sea reproductivo e imposible la vida del parásito, llámese como quiera”.
Hablaba también de no darle la espalda a la política, aunque el desencanto por la frustración que han quebrado los políticos actuales, es difícil de remediar. Decía así:
“No odiéis ni os apartéis de la política, porque sin ella no nos salvaremos. Si política es arte de gobernar a un pueblo, hagamos todos política y cuanta más mejor, porque sólo así podremos gobernarnos a nosotros mismos e impedir que nos desgobiernen otros”
Cuando uno lee este discurso y estas últimas frases, descubre que el entramado de las organizaciones políticas españolas está confeccionado de tal manera que su maraña sólo permita el acceso a la dirección a quienes conforman una personalidad dúctil y acomodaticia a la grey de esa formación, razón por la que, o todos se pliegan a un mismo fin, primordialmente hoy día alcanzar unos buenos réditos económicos y una cómoda posición económica, o son defenestrados.
Entra también a hablar sobre el localismo, tema muy arraigado en España, sobre todo en estos tiempos de autonomías mal entendidas.
Este localismo es una inclinación natural, un movimiento instintivo, porque nuestro concejo, nuestro municipio, es la sociedad política más inmediata a nosotros, en cuyo contacto entramos desde luego, cuya corriente tradicional nos envuelve, de ordinario, para toda la vida, y en donde se funden y amasan todas las sugestiones de la vida familiar, de la edad infantil, y donde se sufren las primeras iniciaciones de la existencia. De otra parte, ese localismo es una reminiscencia histórica, un jirón de gloria”. Sigue desarrollando su visión del localismo de manera harto brillante, elocuente e historicista y además señala sus peligros: “Este sentimiento es utilísimo si lo sabemos encauzar, pero tiene dos desviaciones peligrosas. Como se ha perdido el ideal nacional, como los españoles carecemos de un propósito colectivo hacia el cual dirijamos nuestros esfuerzos y que sirva de ligadura entre todos, ese localismo degenera: en  cabilismo  -País Vasco o Cataluña, que digo yo-, en un sentimiento es decir de hostilidad y hosquedad de lugar a lugar, de ciudad a ciudad, de región en región, que se niegan a comprender sus respectivas ideas y aspiraciones particulares haciendo imposible su conciliación superior; o en un tradicionalismo sentimental y huero que vive del recuerdo, del culto a unas cuantas figuras del pasado, artificialmente hechas o contrahechas, y que juzga haber cumplido todos los deberes del hombre y del ciudadano con unas cuantas lápidas conmemorativas y otras tantas lamentaciones por lo que fue y ya no podrá ser.
¿En esto que acabamos de leer no estamos viendo al Sr. Más y a su corte de correveidiles o más bien paniaguados que esperan recoger las migajas en el reparto del poder de su región?
Y sigue con una bellísima metáfora: “yace en el corazón del pueblo ese apego a lo local, como un rescoldo, y sobre él es preciso soplar hasta que alce llama. ¿Para qué? Para hacer del municipio una escuela de ciudadanos.  Proclamada la soberanía de la nación, dentro de ella estamos todos y de ella participamos todos, sin que ningún poder se alce para disputarla. Y prosigue de una bella factura: “Si no sabemos residenciar, si no sabemos proscribir a tantos como, en España, del cargo concejil hicieron granjería, ¿cómo vamos luego a dirigir nuestros golpes a lo alto, contra aquellos que fabrican leyes por subasta del mejor postor, o contra los que van a administrar una provincia con remedio de su bolsillo?
A que te suena esto, a que lo sufres o lo conoces también hoy día. A que lo soportas con tu sudor, con tu ausencia de empleo, con los impuestos locales cada día más abusivos, con quienes son colocados en la administración local por enchufe, o los asesores en las diputaciones provinciales. A que esas palabras de ayer, también las conoces hoy.
El otro instrumento de la transformación que deseamos es el estado mismo, como órgano propugnador y defensor de la cultura y como definidor de derechos. En párrafos que siguen a este manifiesto, se pregunta: “De quién, si no vamos a recibir la justicia? ¿O esperamos. Acaso, que el codicioso, el explotador, el privilegiado renuncien voluntariamente a su privilegio, a su explotación, a su codicia? … No debemos esperarlo, como tampoco debemos esperar que aquellos que encuentran en la improductividad actual del trabajo un medio de enriquecerse, mejoren las condiciones del trabajo mismo, ni que aquellos que encuentran en la ignorancia del pueblo una defensa de sus privilegios más fuerte que los fusiles vayan a propagar una cultura que, por dignificar a los hombres y darles idea del valor de su personalidad, es esencialmente niveladora. Todo esto ha de ser misión del Estado; pero hay que arrancar sus resortes de las manos concupiscentes que lo vienen guiando. Este despojo, esta desposesión, sólo pude hacerse de dos modos: o bien aceptando este nuevo espíritu a fuerza de propaganda, de ejemplaridad y de energía en la lucha, o bien de un modo violento, entre sangre y lágrimas, sin propósito definido y con un incierto mañana.
Así estaba España por aquellos años, que vieron naufragar una monarquía, aparecer una nueva república y forjar una guerra civil. Hoy, en democracia, en estos últimos años, desde la llegada al poder de Zapatero, desgraciadamente, la situación de los españoles se ha ido empobreciendo, al igual que han crecido los conflictos regionales  y con la llegado de Rajoy, la pérdida de posición económica y social de los españoles, ha ido a peor.
Quisiera yo, señores, que la invocación de nuestra cualidad de españoles obrase sobre todos como un cáustico; quisiera que fuese para nosotros tan necesario como el aire que respiramos, pertenecer a una patria grande y respetada, grande por su espíritu, respetada por sus justas leyes. Nuestro lema es éste: patria y trabajo. Patria, esto es: el ara a donde podemos llevar la ofrenda de nuestros desvelos, porque sin ella ¿quiné recogerá el fruto del sacrificio? El que no ha visto su sangre reproducida ¿para quién atesora? El que no conoce posteridad ¿para quién se afana? ¿para qué labra su jardín el que no espera ver las flores de primavera?...¿Vamos a consentir siempre que la púrpura cuelgue de hombros infames? ¿Vamos a consentir que la inmensa manada de los vividores, de los advenedizos manchados de cieno usurpe la representación de un pueblo y lo destroce para saciar su codicia? En nuestro museo han entrado unos pícaros y la dalmática espléndida, recamada por una historia ilustre, la van deshilachando para remendarse los calzones?
Aquí podemos poner los nombres y apellidos de cuantos conocemos responsables de esta crisis y de la situación actual de nuestro país.
Y finaliza exaltando el trabajo para redimirse a uno mismo: “la necesidad espiritual de trabajar, es el signo de superioridad más evidente, de fecundidad de la voluntad…redimamos al trabajo de sus actuales cadenas y el trabajo nos engrandecerá, y engrandeceremos a la patria por el reinado de la justicia.
Lástima que esta no sea la prioridad absoluta e inmediata de todo el espectro político actual de nuestro país, como deseaba entonces Azaña.
Por lo leído de aquel discurso primero del joven alcalaíno, observamos que España sigue arrastrando problemas que nuestros políticos no han sabido desterrar, a pesar de nuestra entrada en el Mercado Común, a pesar de nuestra vuelta a las instituciones europeas como anhelaba también Azaña. También tenemos graves problemas con Cataluña y en el País Vasco. En el primero con su afán de independencia y de no respetar las leyes, en el segundo, asesinos integrados en Bildu gobiernan en una ciudad como san Sebastián y tienen un gran protagonismo en la sociedad vasca, la que miraba a otro lado mientras delante de sus casas o en Madrid, sus “cachorros” asesinaban impunemente a inocentes.
Las organizaciones políticas han establecido una oligarquía en las que la crítica, los pareceres diferenciados, son muy difíciles de sostener en su seno, ya que sus directivas impiden el paso de cualquier voz que no sea la que señala el secretario del partido y/o la presidencia.
En las votaciones a los comicios, se eligen listas conformadas desde la cúpula del partido.
En cuanto a la economía: desahucios, paro, sanidad y ayudas a la banca en detrimento de las Pymes y autónomos, a cargo de toda la sociedad española, se hace sin respetar la misma Constitución que ampra al derecho de todo español de una vivienda digna.
En cultura, aún cuando las aulas se han llenado de universitarios, el nivel de éstos deja mucho que desear, sobre todo en conocimientos de Historia, lengua española o geografía, también en cultura general. En Cataluña, para más inri, a cuantos quieren hacerlo en castellano, se les pone toda clase de trabas y se falta a su derecho y a su libertad.
Como estado aconfesional, es curioso que en los desfiles litúrgicos, aún se siguen haciendo con la presencia del clero y la preponderancia de la Iglesia católica, y aunque yo sea católico, me parece no responder al propósito de separación de las confesiones religiosas del ejercicio público del estado.
Por último, la prensa y los medios de divulgación, hoy realizan un gran despliegue en torno “al opio del pueblo” que llamara al fútbol don Alfonso Guerra, relegando la difusión del teatro, la lectura, el cine o toda clase de eventos artísticos, a los que el IVA o el poder económico no permite que exista igualdad y al alcance de todos los bolsillos.
Decir que la banca sigue siendo tan influyente como en el pasado, sería quedarme corto, es quien maneja las políticas, quien sostiene los medios para aupar a quien le conviene o establece los cauces de seguir llevando a cabo, en la sombra, su fuerza en la gobernación del país. Esto lo hace mediante los medios de divulgación, los préstamos a los partidos políticos y la condonación de deudas, así como acuerdos oscuros a familiares y a concejales, mientras que el resto de los ciudadanos se ven obligados a soportar sus prácticas abusivas y desiguales.
Por todo lo expuesto, para nuestra desgracia, los anhelos de Azaña siguen estando vivos y, aún en el siglo XXI, no hemos alcanzado la prosperidad, justicia y libertad que un día el soñara para su Patria.



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