sábado, 3 de mayo de 2014

CARTA AL ALCALDE DE GRANADA.ILMO. SR. D. JOSÉ TORRES HURTADO

      Ilustrísimo Sr Alcalde.                                                                                         
       D. José Torres Hurtado
        Plaza del Carmen
                Granada


        
                  Roquetas de Mar, 21 abril de 2014


Ilmo. Sr. Alcalde,

Antes que nada y por doble motivo, quisiera expresarle mis disculpas por mi impertinencia  en manifestarle en la vía pública y tras la procesión del Cristo yacente, en la cercana calle Alhóndiga, mis sentimientos críticos hacia algún comentario,  que he leído en la prensa de sus intenciones de llevar a cabo alguna que otra nueva comunicación entre el cementerio de San José y Plaza Nueva, que atentaría con la geografía de la Alhambra; también por no haberle mostrado de pie mis respetos como máximo dignatario de mi ciudad natal, ya que no esperaba su repentina aparición, pidiéndome una concreción a mis expresiones, hecho éste que me mostró la gallardía de su persona.

No quiero justificar este repentino desahogo mío por la bilis que acumulo frente a la oligarquía política de derechas e izquierdas, como a la banca, culpables del estado ruinoso que padecemos el noventa y cinco por ciento de los ciudadanos de este país, mientras esos dos estados tienen a buen recaudo sus emolumentos y su jubilación, asunto éste que ahora no viene al caso.

“La Alhambra no se toca”   

Por que es lo único que nos queda de nuestro pasado, lo que hace a la ciudad singular y diferente, ya que vd. y sus antecesores, desde aquel nefasto derribo del Arco de las Cucharas, sólo han llevado a cabo una operación de destrucción.

¿Acaso el hormigón y vidrio de la vía de circunvalación, atentando contra la Vega de Granada, es algo original?
¿Acaso el skyline de nuestra ciudad, contemplado desde Armilla es hoy el mismo, cuando sólo hay centros comerciales, que además han ensombrecido el comercio minorista, y anodinos edificios?
¿Quién autorizó el “cubo” de la extinta Caja de Ahorros de Granada y Monte de Piedad, de cuya pérdida también debería clamar el granaíno y exigir responsabilidades penales?
¿En qué estado se encuentra el Albayzín?
¿Ha paseado vd. por mi amada calle de Niños Luchando, Santa Paula y alrededores de san Juan de Dios, repletas sus fachadas de graffittis y suciedad?
¿Sabe que la calle de Niños Luchando se identificaba con un bajo relieve de dos niños peleando en la fachada de una casa de tipo corrala, hoy desaparecida en mor del ladrillo, cuándo lo repondrá?
¿Qué ha pasado con la placa que estaba en el convento de las Siervas de María, informando de la muerte de un estudiante?
¿Cuándo la gobernanza de Granada tendrá la valentía de derribar el adefesio del inmueble del Santander tras la estatua de Colón y los reyes Católicos y recuperar ese espacio para la ciudad?       
¿Cuándo se levantará una estatua en honor de Don Luis Seco de Lucena, que él y su Defensor de Granada, sentaron los cimientos y la visión de lo que la Alhambra podría suponer para las arcas de la ciudad que le acogió, amén de su enorme labor periodística y de su desinteresada labor humana cuando el gran terremoto.
¿Cómo es posible que vd. nombrara granadino ilustre al hijo de dos hermanos abogados que con sus firmas en el Gobierno Civil,  entonces en la calle Duquesa, sembraron de muerte nuestra ciudad aquel aciago año 36 y se alzaron contra el voto del pueblo?

Si alguna vez quiere honrar a algún granadino, yo le daré el nombre de un humilde carpintero que, en la antesala de la Guerra Civil,  acogió en el número 18 de la Calle de Niños Luchando a las monjas del vecino Convento de las Siervas de María, o acudía a Don Ramón Contreras, en el palacio de las Columnas, para pedirle su intercesión por un socialista vecino, cuando aquí también se sufría la devastación e incendios de conventos, y que años más tarde, por su maestría y su modestia, fue requerido para arreglar las estancias donde quien sería más adelante coronado como Rey Juan Carlos, vendría a descansar y hacer prosélitos en el vecino palacio de la calle Santa Paula, o acudía por unos míseros chavicos al Convento de San Antón para organizar el trono de la Virgen de los Dolores de los Requetés, sin que por ello en sus postreros días su hijo pudiera abrazarle, por haber tenido que seguir la senda de la emigración a Bélgica.
¿Cuándo la Zapatera, tendrá por mi ciudad el reconocimiento a sus desvelos de libertad para la mujer, que le costaron la vida?
¿Dónde están los talleres municipales de formación y empleo en la artesanía del azulejo, del textil, la ebanistería, el hierro o la confitería, que ayuden en nuestras restauraciones y reduzcan las sangrantes cifras de parados?
¿Qué queda ya de Morales Alguacil, Azulejera Granadina, Fajalauza, Puleva?
¿Por qué Granada tiene que seguir siendo desde tiempo inmemorial lugar de emigración para sus nativos, sin que nadie se rebele, sin que nadie estalle y sin que nada se haga para remediarlo?
¿Por qué tantos mendigos y tanta miseria en mi amada ciudad?
¿Por qué está en tan lamentable estado el que un día fuera uno de los mejores colegios de España, la abadía del Sacromonte, en una ciudad universitaria como la nuestra?
¿Cómo hace vd. para proteger establecimientos de nuestra memoria colectiva: farmacias, tiendas de juguetes, ¡aquel 95 de Birrambla!, o la Librería de Mesones, las carpinteras de la Placeta de la Universidad, o los luthiers en la Cuesta de los Gomérez?
¿Ha llegado vd. hasta la Fuente del Avellano, que ninguna agua derrama, donde hombres ilustres como el autor de Granada la bella, el granadino de la calle Molinos, Angel Ganivet,  soñaron con una España y una Granada próspera?
¿En qué estado está el Cuartel de las Palmas, lugar de vejaciones para algunos coterráneos?
¿Por qué no se ha conservado la Cárcel de Granada, para ilustrar a nuestros hijos y nietos dónde estuvieron encerrados muchos de nuestros conciudadanos por querer libertad y justicia?
¿Por qué no existe una placa donde fue su última morada el cuñado de Federico, también alcalde de Granada, en San Antón?
¿Por qué no se acaba el mezquino museo en honor de García Lorca? Que bien merecía algo más elocuente al tesoro que ha legado para Granada con su obra y su amor por su reino de Granada?
¿En qué estado está la ermita de San Sebastián, lugar donde entregó las llaves de la ciudad Boabdil a los RR CC?
¿Por qué la primer morada que eligió para su descanso eterno la Reina Isabel la Católica, hoy no tiene la enseña nacional ni la de Granada, y se encuentra en el interior de un Parador, a veces convertido en almacén?
¿Cuándo los judíos tendrán también en la Antequeruela, o  frente al convento o Parador de san Francisco,  una Sinagoga, pues primero se llamó Gärnata al Yahud, y sería nuestro abrazo a aquellos hermanos que a pesar de su expulsión, conservaron íntegro de padres a hijos, por los siglos de los siglos, su amor a Sefarad, su amor como súbditos de Granada?
¿Cuándo se podrá visitar la Puerta de los Siete Suelos?
¿Cuándo se reabrirá el Hotel Washington Irving?
¿Cuándo una ruta y unas placas donde se sigan los pasos de la vida de Federico en su Granada?
Aún cuando tristemente ya poco queda de sus vestigios
¿Cuándo entrará en funcionamiento el tranvía o metro que tiene a toda Granada sumida en obras, desde una eternidad?
¿Cuándo condecorará vd. al insigne Ian Gibson, por sus desvelos hacia Granada y su magna obra sobre uno de sus hijos más preclaros, Federico García Lorca?
¿Cuándo un granaíno podrá pasearse sin tanto dispendio económico por su propio paraíso: Alhambra, Catedral, Museos,  calles donde no se puede aparcar o hay cámaras que te multan?

Usted es de Píñar y difícilmente puede comprender lo que siente quien ha tenido la fortuna de ver la luz y correr por el Boquerón, llegar hasta la Estación, la Caleta o los Mondragones, frontera entonces de mi Granada, bajo un sol implacable y el canto de las chicharras en el estío, o la implacable ventisca por Plaza Nueva, en invierno, en los albores de los sesenta; pedir una oblea en las Siervas de María o un mazapán en la Encarnación, oír los cuartos de San Justo y Pastor o las más nobles voces de la Catedral o subir al campanario del convento de sor María Luisa, para divisar todo el verde de Granada, o conocer el interior de los majestuosos cármenes en la calle del Gran Capitán, hoy también tristemente demolidos, mientras los tronantes tranvías parecían monstruos antediluvianos que hacían temblar en su solio al mismo Carlos V, y la “jardinera” de madera, en Triunfo, esperaba a sus pasajeros para llevarlos a los pueblos de Maracena y aledaños, o estrenar ropa nueva  un día de Corpus, posar ante un rey mago en Birrambla o desterniñarse de risa con los chacolines, beber agua en los pilarillos, o comprar tejeringos, …

La política es también el arte de crear y las gentes no se clasifican por edades, sino por opiniones, razón por la que como político quisiera que quien rige los destinos de Granada, fuera un creador de bienestar y progreso general, sin por ello atentar contra valores que forman parte de su ser, y no me valen las acostumbradas excusas entre la Junta y el Municipio, ya que, en el caso de la Alhambra, nosotros sólo somos sus privilegiados custodios, pues ésta es patrimonio de la humanidad, y bien se ha demostrado que nuestros munícipes nada han servido para cuidar de su propios valores, a su deterioro y pérdidas me remito, sin embargo, regir el gobierno de una ciudad tan memorable como la nuestra, debiera exigir a sus gobernantes democráticos, anteponer la historia y la cultura de Granada, frente a tanta especulación e intereses económicos como se ha venido demostrando a lo largo de nuestro pasado, de exigir una rehabilitación pulcra, en cuyo medio,  seguro que los parados encontrarían su sustento y conservaría para todos el legado que  llevamos en el alma, estemos donde estemos, siempre que el duende de Granada nos haya susurrado al oído la canción del agua, del mirto y el surtidor,  en nuestra infancia.

Le queda mucho por hacer y reconozco que tiene una pesada carga y una grave responsabilidad, agradezco se digne leer estas cuartillas y exculpe mi pasión, que es más penosa por estar lejos de mi Patria y verla con añoranza, también confío que ahora haya podido comprender mis palabras de por qué la Alhambra no se debe tocar. Le animo a que conozca Venecia o Florencia, ésta última con una orografía fraterna con Granada, que han sabido conservar su pasado histórico con el comercio y el progreso, sin atentar con su patrimonio artístico, y cuentan con una renta económica de las más elevadas de Europa.

Atentamente,

EL MIRLO BLANCO
FERNANDO ORERO SAEZ DE TEJADA



                                                              


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