domingo, 2 de noviembre de 2014

ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE AZAÑA

CARTA A DON MANUEL AZAÑA, EN EL SETENTA Y CUATRO ANIVERSARIO DE SU MUERTE, UN 3 DE NOVIEMBRE DE 1.940 EN MONTAUBAN, FRANCIA

Excelentísimo Señor Presidente de la Segunda República de España

Quienes le admiramos, quienes pretendemos difundir su obra, quienes hemos sido atrapados por su magisterio, quienes aspiramos a conservar su memoria, quienes lamentamos que vd. descanse en tierra extraña, aún cuando nadie como vos para amar y conocer la cultura francesa, cuyas élites, sin embargo, le dieran la espalda a su sueño republicano, hoy, quien esta carta le dirige, recordando el túmulo donde descansa, de sencillo granito grisáceo y en bronce una modesta cruz, su nombre y apellidos, como su fecha de nacimiento y de óbito; con el modesto dosel de un raquítico ciprés, en el antiguo cementerio de Montauban, cuya cercana brisa marina de su río Tarn, cada noche de los difuntos pasea sus galas de algodón neblinoso sobre el camposanto donde tantos nombres hablaron español.

Hoy, 3 de noviembre de 2014, después de setenta y cuatro años de su desaparición, debo decirle, una vez más, que descanse en paz. Usted gobernó un país de manera honrosa y honorable, donde aún cuando tuviera que salir de él a empellones por una guerra civil y por el levantamiento de los mismos militares y oligarcas que antes le habían jurado fidelidad, sin embargo, vd. y cuantos como vd. siguieron su senda, son los verdaderos vencedores de tan triste contienda.

Aquel que en sus últimos días le gritara ¡Viva Azaña!, allá en el enriscado pueblo de La Bajol, que vd. creyó fuera de su pueblo, Alcalá, era sin embargo uno de mis antepasados, y era de Granada, o acaso era la voz en las entrañas de los hijos  y descendientes de aquellos hombres que estaban dispuestos a dar su vida por su obra, aquella en la que vd. era acogido en Comillas, en Mestalla, en Bilbao o por millares de hombres y mujeres, o cuando en Barcelona, en el mismo balcón de la Generalidad, les gritó a los catalanes ¡Viva España!, y cuantos abarrotaban aquella plaza de vecindad gótica, al unísono corearon ese grito fraterno, que nunca más se volvería a oír en aquel histórico lugar, al contrario, ahora, son gritos por la independencia de Cataluña y por la insolidaridad frente a los demás pueblos hermanos de España.

Nada nuevo bajo el sol, que diría vd. con su proverbial cachaza castellana. Aún cuando nuestros ciudadanos se alimentan mejor y si vd. volviera a pasarles revista, como cuando un invierno lo hacía en su paseo por el  Madrid asediado y bombardeado de entonces, nuestra raza ha mejorado, es también más culta, sin embargo, la corrupción de los políticos ha crecido como el musgo entre los sillares de su venerada y antigua calle La Imagen o entre los soportales de la calle los Libreros o en el solio de la estatua de Cervantes que su padre levantó en Alcalá, poniendo en entredicho los cuarenta años de democracia, nuestra incorporación a la comunidad económica europea y el progreso y la justicia para nuestros conciudadanos.

Vivimos pues una época convulsa, en la que los grandes dirigentes de la Concordia y el entendimiento: de derechas, izquierdas, centro y del nacionalismo, han desaparecido, superados por sus propios y turbios manejos, la edad y la pérdida de valores de la misma sociedad española, más atraídos todos por el “becerro de oro” que por cultivar su espíritu, como por encontrar soluciones al enorme paro que padecemos, sobrepasando los cinco millones de hombres y mujeres, sin que ésta sea la principal prioridad de todos los gobernantes y suene, a lo lejos, la sombría campana del separatismo y el trágico empobrecimiento de buena parte de nuestra clase media, después de haber logrado superar el genocidio al que nos habían llevado un puñado de hijos del País Vasco, bajo las siglas de una banda terrorista,  llamada Eta.

Como verá, si el problema agrario ya no es tal para España, de triste recuerdos para vd. en Casas Viejas, y la Iglesia  ya no cuenta como antaño, no así el independentismo catalán, que desdeña la misma Constitución del 77, y quiere celebrar una mascarada antidemocrática el próximo 9N, con la anuencia de los mismos gobernantes que deben velar por los intereses de todos, sembrando en cada rincón  de España, un sentimiento de desprecio y despecho hacia lo catalán, que me temo, por ambos bandos, será difícil de enderezar.

La economía, la globalización, la inmigración de Africa, las pandemias, las nuevas tecnologías, la serenidad de las fuerzas armadas, la preponderancia del poder financiero, la pujanza de las organizaciones políticas, con cuadros que engrosan sus filas para medrar y vivir holgadamente, no para alcanzar un ideal, son algunos de los acontecimientos que nos ocupan en este día, cuando seguro, en el Olimpo donde su alma sigue escribiendo su obra eterna, conversa,  ya hechas las paces, con Alcalá Zamora, Prieto, Maura, y aquel insigne “ ministro náufrago”,  como con tantos amigos que le acompañan, tales como sus amados Lola y Cipri, o el siempre desnudo, Antonio Machado, que junto a Picasso, Goya y el mismo Velázquez, le escriben y dibujan, bajo los arpegios de la música de Falla, Granados o Albéniz, la esencia del espíritu hispano.

Por mi parte, darle humildemente las gracias por haberme hecho conocer y amar a esa misma España que a vd. le partió el corazón, y a la que supo escribirle el más bello discurso que estadista alguno nunca haya podido idear para sus conciudadanos, aquel de Paz, Piedad, Perdón.

Desde el Sur, un 3 de Noviembre de 2014
El Mirlo Blanco


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