Carta a los Reyes Magos de
2020, Gaspar, Melchor y Baltazar
En esta hora que os aprestáis
a desfilar por las calles de nuestras ciudades y pueblos, quien esto firma, ya
abuelo, aunque joven, y que un día en la plaza Birrambla os hiciera entrega, un
día de lluvia que conserva aún en su
memoria como si fuera ayer, de su
primera misiva cargada de sueños y juegos, os quisiera volver a hacer nuevas
peticiones, quizás ya no tan inocentes como por el pasado, pero tan cargadas de
esperanzas como las de aquel chiquillo que no levantaba tres palmos del suelo.
Ante todo, que cada Seis de
enero, cada fiesta de la Epifanía, a mi familia, a cuantos me rodean, los
colmes del espíritu de aquel niño, hijo de Dios, naciendo en un humilde
pesebre, para que nunca olviden que el amor es más importante que aquellos
regalos que destinabais a un príncipe: Oro, Incienso y Mirra, pues la rueda de
la fortuna es tan esquiva como las aspas
de los molinos que creyó el Quijote eran
gigantes , movidas por el aire, no así el amor que siempre llena nuestro
corazón y de quien amamos.
Y cuando en mi país, en Las
Cortes, quieren dilucidar a quien ungir
su gobernanza, después de mentiras y el apoyo de todo aquel que quiere destruir
la tierra de mis antepasados como de
cuantos hasta ayer mataban a niños con la Goma-2, enterraban en un zulo a un
ser vivo o extorsionaban en provecho propio, algún sabio pueda frenar a tiempo
tamaño dislate.
Y si algún vate, algún
plumilla de nuevo cuño, algún julandrón, algún limpialevitas, algún meapilas,
algún alumno aventajado de colegios de pago, quisiera ahora que cambiara mis pasiones,
soslayara mis sentimientos o que acallara mi voz para, como mi abuelo Sáez,
expresar admiración y piropear el paso
garboso de una bella mujer ; quedarme,
como mi padre, ronco con mi Granada C.F
, mi Real o mi Selección; cuando con Granada, de Agustín Lara, allá donde lo escuche,
las lágrimas siempre afloran; discúlpenme sus Señorías de Oriente si los considero unos apollardaos, unos
soplapollas, unos farfollas, enhoclaos y que ni pollas en vinagre han recibido
el duende que a cuantos nacemos en Granada nos encadena para la eternidad a sus
piedras y el son de sus campanas, por lo que para ellos, el moro musa les otorgue una mijilla de la
malafollá que nos caracteriza desde la cuna.
Por todo ello, yo esté donde
esté, vaya donde vaya, pise cuantos callos se encuentren a mi paso, gritaré en
la Toma, en Bruselas o en Nueva York, ¡¡¡Viva Graná!!!, Viva España y Viva la
madre que me parió!, pues en mis venas corre la sangre de Cristianos, Judíos y
Musulmanes y tuve la fortuna de nacer, un caluroso agosto, en el hogar de un modesto carpintero, calle de Niños Luchando, ¡casi ná!.
Por todo ello, Reyes Magos,
que en España siempre reine la paz y la esperanza de un futuro más fraterno
para todos y cada uno de sus pobladores, con ello también se habrán alcanzado
mis sueños y satisfecho mis encargos.
Un Mirlo Blanco
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