viernes, 3 de enero de 2020

CARTA A LOS REYES MAGOS DE 2020.


Carta a los Reyes Magos de 2020, Gaspar, Melchor y Baltazar


En esta hora que os aprestáis a desfilar por las calles de nuestras ciudades y pueblos, quien esto firma, ya abuelo, aunque joven, y que un día en la plaza Birrambla os hiciera entrega, un día de lluvia que conserva aún  en su memoria como si fuera ayer,  de su primera misiva cargada de sueños y juegos, os quisiera volver a hacer nuevas peticiones, quizás ya no tan inocentes como por el pasado, pero tan cargadas de esperanzas como las de aquel chiquillo que no levantaba tres palmos del suelo.



Ante todo, que cada Seis de enero, cada fiesta de la Epifanía, a mi familia, a cuantos me rodean, los colmes del espíritu de aquel niño, hijo de Dios, naciendo en un humilde pesebre, para que nunca olviden que el amor es más importante que aquellos regalos que destinabais a un príncipe: Oro, Incienso y Mirra, pues la rueda de la fortuna es tan esquiva  como las aspas de los molinos que creyó el Quijote  eran gigantes , movidas por el aire, no así el amor que siempre llena nuestro corazón y de quien amamos.



Y cuando en mi país, en Las Cortes,  quieren dilucidar a quien ungir su gobernanza, después de mentiras y el apoyo de todo aquel que quiere destruir la tierra de mis antepasados como  de cuantos hasta ayer mataban a niños con la Goma-2, enterraban en un zulo a un ser vivo o extorsionaban en provecho propio, algún sabio pueda frenar a tiempo tamaño dislate.



Y si algún vate, algún plumilla de nuevo cuño, algún julandrón, algún limpialevitas, algún meapilas, algún alumno aventajado de colegios de pago,  quisiera ahora que cambiara mis pasiones, soslayara mis sentimientos o que acallara mi voz para, como mi abuelo Sáez, expresar  admiración y piropear el paso garboso de una bella mujer ;  quedarme, como mi padre,  ronco con mi Granada C.F , mi Real o mi Selección; cuando con Granada, de Agustín Lara, allá donde lo escuche, las lágrimas siempre afloran;  discúlpenme sus Señorías de Oriente si los considero unos apollardaos, unos soplapollas, unos farfollas, enhoclaos y que ni pollas en vinagre han recibido el duende que a cuantos nacemos en Granada nos encadena para la eternidad a sus piedras y el son de sus campanas, por lo que para ellos,  el moro musa les otorgue una mijilla de la malafollá que nos caracteriza desde la cuna.



Por todo ello, yo esté donde esté, vaya donde vaya, pise cuantos callos se encuentren a mi paso, gritaré en la Toma, en Bruselas o en Nueva York, ¡¡¡Viva Graná!!!, Viva España y Viva la madre que me parió!, pues en mis venas corre la sangre de Cristianos, Judíos y Musulmanes y tuve la fortuna de nacer,  un caluroso agosto,  en el hogar de un modesto carpintero, calle de Niños Luchando, ¡casi ná!.



Por todo ello, Reyes Magos, que en España siempre reine la paz y la esperanza de un futuro más fraterno para todos y cada uno de sus pobladores, con ello también se habrán alcanzado mis sueños y satisfecho mis encargos.



Un Mirlo Blanco

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