LOS DESTERRADOS GRANADINOS CON SU
SENTIMIENTO FRATERNO. FRANCISCO GARCÍA LORCA.
Ahora que en los albores del
siglo XXI España vuelve a ser golpeada, esta vez no ya por una guerra
fratricida, sino por un virus y unos gobernantes europeos, especialmente el español,
que no han sabido hacerle frente con la diligencia que hubiera sido necesaria
para evitar tantos contagios y tan elevado número de muertos, deberíamos tener
siempre presentes las palabras que un granadino universal, alguien a quien la
convulsión enfermiza golpeó con mayor crudeza que con nadie, pues perdió a su
hermano Federico, ya célebre en el mundo de las letras, el teatro, dibujo y la
música, y su cuñado médico, esposo de su hermana Concha y padre de dos
chiquillos, Tica y Manuel, además de verse su familia obligada a exiliarse en
los Estados Unidos y a perder el vasto patrimonio que con denodado esfuerzo e
inteligencia de labrador, había logrado levantar su padre, don Federico García
Rodríguez.
Para celebrar el 12 de octubre,
día de la Hispanidad, allá en su destierro y desde la Universidad de Columbia
en Nueva York, hablará de ese peligro de nacionalismos y de la pérdida de
libertad, que si ayer ya pisotearon las libertades y el progreso, hoy, tras
esta pandemia, si los demócratas no seguimos alerta, los populismo y los nacionalismos,
podrían imponer su ley ante nuestra desidia y abandono.
en ahondar lo que separa y negar lo que une y ha unido en siglos de
labor. Ese es el signo de los tiempos, por desgracia. Lo que ayer no más fue
riqueza y variedad de los distintos modos de ser español, unidos en el carácter
general hispánico, es hoy incomprensión y rencor. Huye la libertad del modo de
ser y se viene a parar en los nacionalismos. Todos se dan la mano: el
nacionalismo falangista o el nacionalismo regionalista; son lo mismo:
vandalismo histórico. Ignorar la peculiaridad es lo mismo que ignorar lo que nos une. La raís de uno y otro
nacionalismo es la misma aunque parezcan disfrazados de signo contrario. Grave
es el momento para España, pero allí no ocurrirá nada que no queramos los
españoles, y yo os invito, con mi voz modestísima, a que no perdáis la
conciencia de nuestra hispanidad, dentro de un mundo libre.
Frases que deberían hacer suyas
quienes hoy se tildan como progresistas y quienes no pueden ni deben bajar la
guardia cuando la amenaza de los separatistas es vehemente y no ceja en su
esfuerzo de romper cualquier lazo con el resto de sus hermanos hispanos.
Ya el poeta, Federico, al
periodista Bagaria, allá por el 36, le diría “no creo en la frontera política”
y si en el abrazo, el mismo que Picasso les daba a cuantos exiliados llegaron a
Francia, o cuando acudía a buscarlos en los innumerables campos de concentración
como los de Argeles, Saint Cyprien, Bam, donde la incuria francesa los trató
peor que a animales, custodiados por senegaleses. El mismo que el mejicano Lázaro Cárdenas, otorgándoles residencia a cuantos españoles quisieran desterrarse, pues para todos ellos, sin excepción, desde los más reconditos lugares de la pampa argentina, hallándose como en su casa por Uruguay, Colombia, Venezuela, Ecuador o la República Dominicana, nunca pudieron olvidar sus raíces españolas y su cultura greco-latina y europea.
Conviene pues, amén de conservar
la memoria de nuestros “desterrados”, seguir su enseñanza, pues a ellos les
costó sangre y ruina, por tanto que su lección no caiga en barbecho y a
nosotros nos sirva para no repetir los errores de antaño en este hogaño.

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