EN MEMORIA DE MI TÍO MANOLO,
MANUEL SAEZ DE TEJADA MARTÍN
Querido tito,
Paqui, tu mujer, quería que te dijera unas palabras de
despedida, pero delante de tu féretro no me fue posible hallar otras mejores
que rezar un Padre Nuestro, y ahora que ya se ha hecho noche, que el azul
inconmensurable de ese cielo de Granada que te decía adiós, con el inigualable
reflejo de la nieve en Sierra Nevada y el vuelo de las golondrinas anunciando
otra nueva primavera, ha quedado lejos, tengo delante de mí la foto del día de
mi boda en la que tu enorme humanidad y simpatía, con un cigarro en la boca,
rompía todos los moldes, como siempre fue tu quehacer en esta tierra, el de una
BUENA Y GRAN PERSONA.
La última vez que hablamos, no
muy lejana, me dijiste que tenías muchas
cosas que contarme de Granada, para ese
libro que yo soñaba escribir, contigo
tristemente se han ido, pues no pudimos vernos, para que con ese gracejo y simpatía tan
granaína me pudieras hacer disfrutar de tu enorme experiencia y vivencias.
Participaste, como nadie, en esa
gran creación empresarial que fue SAEZ DE TEJADA, aceptando en silencio y
respetuosamente tu rol de segundo, con una sonrisa, una palabra amable, un
gesto pacífico y siempre servicial. Bien sabias cuáles eran tus orígenes, de
donde venías y lo que podías dar para contribuir en esa gran empresa que daba
cobijo a la familia y que era una razón de orgullo para los abuelos, tus
padres, que tantas penalidades habían conocido.
Si alguien tenía que lidiar con
los enchapadores que alicataban los edificios de la Redonda, allí estabas tú
con unos y con otros. Eras el introductor de embajadores de cuantos aspiraban a
tener su producto en la compañía. Y así cuantas cosas no has tenido que hacer, tú también, para que ese apellido, saliera del
anonimato y en España y parte del extranjero, fuera conocido como señal de
grandes emprendedores granadinos.
Eras conocido como Manolo Sáez, “el gordo”, el de la frase amable, el gesto
confiado, la bonhomía, eras en suma, el niño grande, al que todos acudían y al que todos nos acercábamos.
Aún joven , tu corazón de tanta
generosidad como derrochabas siempre, no ha aguantado más. Ha dicho basta.
Nadie de cuantos hemos ido a
decirte un último adiós, hemos hecho
balance de qué cargos de Roca Radiadores, o qué directores de Banco estaban
presentes o qué grandes directivos de fábricas y constructoras vinieron a dar
su pésame, que otrora por interés a otros sepelios ya sabes lo pronto que
llegaban, sólo estábamos quienes siempre te quisimos, a quienes tanto cariño nos diste y que tan
desconsolados nos dejas.
Que si los avatares de la vida, a
pesar de tu entrega desde niño, no te hicieron un hombre acaudalado en plata, bien sabes que
podrás aseverar que has dejado una familia muy unida, laboriosa y que
conservarán tu ejemplo mientras vivan. ¡Qué otro mayor patrimonio podían
recibir!
Quien esto firma, tu sobrino
Fernando, hubiera querido hacer un panegírico como aquel para Sánchez Mejías,
pero solo quiero darte las gracias por
la fortuna de haberte conocido y llevar tu misma sangre, lamentar que la
distancia y el tiempo no nos hayan permitido vernos más a menudo, desearte lo
mejor en esa Arcadia en la que pronto habrás llegado y donde a buen seguro eres
otro de los elegidos a la diestra del Creador.
¡D.E.P Tito Manolo!


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