lunes, 20 de junio de 2022

LA NOCHE DE LOS CUCHILLOS LARGOS, DE MAX GALLO

 


LA NOCHE DE LOS CUCHILLOS LARGOS

Este libro del francés Max Gallo, La noche de los cuchillos largos, nos sumerge en aquel sábado 30 de junio de 1934, en la Alemania nazi de Hitler y del mariscal Hindenburg, ya en sus últimos días de vida, cuando el partido nacionalsocialista con la dirección de Hitler, el respaldo de Goering, Himmler, Goebbels y Heynrich, entre las más destacadas figuras de las SS, logran suprimir las vidas de cualquier oponente, aunque fuera de los mismos que iniciaron la andadura de los Nazis en Münich, como es el caso del SA (Secciones de Asalto) Roehm, el invertido líder, único en tutear a Hitler, que perdería su poder, sus prerrogativas y poco después la vida, cuando, pistola en mano, el mismo Hitler entraba en la pensión donde su antiguo amigo y camarada, como dirigente del estado Mayor, era apresado  en la pensión Hanselbauer, en la ciudad de Bad Wiesse, donde había ido a recuperarse de sus afecciones de reuma, sin percatarse que la maquinaria infernal de asesinatos y genocidios, tras el incendio provocado por las fuerzas nazis del Reichstag, o parlamento, que ahora se vería obligado a reunirse en la cercana Opera Kroll, se había desatado.

La famosa Wermarcht, o ejército alemán, venido a menos después del  diktat, o los acuerdos de Versalles tras las guerra del 14-18, y la invasión de la cuenca del Ruhr por parte de Francia, en manos de Van Papen, Von Blomberg y otros dirigentes, terminó sucumbiendo a los designios del Führer, además de aceptar que algunos de sus miembros fueran también purgados en la noche del 30 de junio.

Miles de alemanes, militares, antiguos dirigentes, miembros de las Secciones de Asalto, que entonces podían contar con más de un millón de miembros, con su clásico atuendo militar pardo, colaboradores como Jung de Papen, o simplemente simpatizantes nazis un tanto críticos, o simplemente envidiosos de un vecino, sus allegados vieron como sus restos les eran entregados días después de esa fatal noche en una urna metálica conteniendo sus cenizas. Habían simplemente asesinados despiadadamente, en sus casas, delante de sus familias, o en una zanja, después de una atroz paliza.

El Reich había iniciado la purga de todo disidente, bien con la muerte o bien encerrado en los campos de concentración que en Dachau se empezaban.

 Brillante relato histórico que sólo me hace pensar si la humanidad, si en Europa, al menos, hemos aprendido la lección del poder castrador del nacionalismo.

Es cierto que esa noche de “los cuchillos largos” no fue un hecho improvisado, aunque lo pueda parecer, pues metódicamente Goering, Himmler, el cojo Goebbels y algún que otro secuaz más, amén del empuje definitivo de Adolf Hitler, lo habían ido pergeñando tiempo atrás.  Lo grave y las enseñanzas de esta obra y de esos hechos históricos es cómo el pueblo alemán, desde el obrero de la famosa acería de los Krupp, pasando por la aristocracia de los Hozenhollern, los administrativos en los ministerios de la Unter den Linden, los militares que se colgaban la calavera y la cruz gamada, ya en un noventa por ciento, eran fanáticos del nazismo, como el mismo Van Papen que había estado a punto de perder la vida en esa fatídica noche, como sí dos de sus más próximos colaboradores, y aceptará trabajar para ese régimen despiadado, en Viena o en Ankara.

Felizmente, la valentía de Churchill, el tesón de Roosevelt y una mínima resistencia francesa, por parte del general de Gaulle, ya que otra parte de los franceses estuvieron a favor de los nazis, además de los errores estratégicos en Leningrado, lograron derrotar a la Alemania nazi, la misma que unos años antes despreciaban a los judíos y mostraron el lado más oscuro de un ser humano, con raras excepciones teutonas, por medio del Holocausto.

Pues bien, si ya la humanidad conoció el horror de esa guerra, culminada con la bomba atómica en Hiroshima, fruto todo ello de un nacionalismo absorbente, en el siglo XXI, aún quedan avisperos como en Cataluña, País Vasco, Flandes, Córcega, la Italia del norte, Escocia y regiones alemanas como el Palatinado, Renania, Baviera, hábilmente silenciadas por la Constitución actual alemana, es inconcebible que, en una nación como la española, que como pocas, ha sufrido el terrorismo de separatistas vascos, un gobierno de socialistas, haya aceptado que esos asesinos sean quienes, con su voto en Bildu, respalden y silencien la memoria de tantas víctimas y de tanto dolor humano, material y económico. Hoy también con el nuevo genocida ruso Putin, agrediendo Ucrania.

Es inaudito y de una ignorancia histórica inconcebible, que dirigentes que durante la Segunda República Española vieron como un partido nacionalista, caso del  PNV, en el gobierno, negociaba con el Vaticano, o ya en democracia, su máximo dirigente Arzallus, en la sombra, seguía alentando esos atentados de la Goma 2 y el tiro en la nuca, para ellos obtener ventajas económicas en contra de las regiones españolas más desfavorecidas, caso de Andalucía, Extremadura, Canarias, Murcia y Castilla.

Si Alemania supo aprender de sus errores y fijar en su Constitución normas que hacen imposible ese resurgimiento de los separatistas, en España, un PSOE, o el mismo PP, no hayan sido capaces de hacer lo mismo, para que nunca los separatistas, los asesinos etarras o los traidores de Esquerra Republicana, puedan incomodar la solidaridad y el progreso de los españoles, cualquiera que sea su origen o lugar de residencia.

La Noche de los cuchillos largos es una buena recapitulación sobre un pasado nada lejano y la enseñanza del peligro de los nacionalismos y la cobardía general de la población, que, por desgracia, también hemos conocido en el País Vasco, con su silencio y su forzada complicidad.

Rusia, China, quizás la India, tienen gobiernos donde impera la fuerza, los ejércitos, e incluso la bomba atómica, para amedrentar a la humanidad, mientras sus actuales dirigentes, se comportan del mismo modo que lo hizo Hitler, con el mismo silencio y aprobación de su población. Así les fue y así nos fue a todos.

Por todo ello, este libro de Max gallo, debiera volver a las librerías con más fuerza para que nuestra juventud aprenda lo que sucedió y lo que puede ocurrirnos, si no sabemos ser lo suficientemente críticos contra los nacionalismos locales y los nacionalismos de las grandes potencias.

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