LA NOCHE DE LOS CUCHILLOS LARGOS
Este libro del francés Max Gallo, La noche de los cuchillos
largos, nos sumerge en aquel sábado 30 de junio de 1934, en la Alemania nazi de
Hitler y del mariscal Hindenburg, ya en sus últimos días de vida, cuando el partido
nacionalsocialista con la dirección de Hitler, el respaldo de Goering, Himmler,
Goebbels y Heynrich, entre las más destacadas figuras de las SS, logran
suprimir las vidas de cualquier oponente, aunque fuera de los mismos que
iniciaron la andadura de los Nazis en Münich, como es el caso del SA (Secciones
de Asalto) Roehm, el invertido líder, único en tutear a Hitler, que perdería su
poder, sus prerrogativas y poco después la vida, cuando, pistola en mano, el
mismo Hitler entraba en la pensión donde su antiguo amigo y camarada, como
dirigente del estado Mayor, era apresado
en la pensión Hanselbauer, en la ciudad de Bad Wiesse, donde había ido a
recuperarse de sus afecciones de reuma, sin percatarse que la maquinaria
infernal de asesinatos y genocidios, tras el incendio provocado por las fuerzas
nazis del Reichstag, o parlamento, que ahora se vería obligado a reunirse en la
cercana Opera Kroll, se había desatado.
La famosa Wermarcht, o ejército alemán, venido a menos
después del diktat, o los acuerdos de
Versalles tras las guerra del 14-18, y la invasión de la cuenca del Ruhr por
parte de Francia, en manos de Van Papen, Von Blomberg y otros dirigentes,
terminó sucumbiendo a los designios del Führer, además de aceptar que algunos
de sus miembros fueran también purgados en la noche del 30 de junio.
Miles de alemanes, militares, antiguos dirigentes, miembros
de las Secciones de Asalto, que entonces podían contar con más de un millón de
miembros, con su clásico atuendo militar pardo, colaboradores como Jung de
Papen, o simplemente simpatizantes nazis un tanto críticos, o simplemente
envidiosos de un vecino, sus allegados vieron como sus restos les eran
entregados días después de esa fatal noche en una urna metálica conteniendo sus
cenizas. Habían simplemente asesinados despiadadamente, en sus casas, delante de sus familias, o en una zanja, después de una atroz paliza.
El Reich había iniciado la purga de todo disidente, bien con
la muerte o bien encerrado en los campos de concentración que en Dachau se
empezaban.
Brillante relato
histórico que sólo me hace pensar si la humanidad, si en Europa, al menos,
hemos aprendido la lección del poder castrador del nacionalismo.
Es cierto que esa noche de “los cuchillos largos” no fue un
hecho improvisado, aunque lo pueda parecer, pues metódicamente Goering,
Himmler, el cojo Goebbels y algún que otro secuaz más, amén del empuje
definitivo de Adolf Hitler, lo habían ido pergeñando tiempo atrás. Lo grave y las enseñanzas
de esta obra y de esos hechos históricos es cómo el pueblo alemán, desde el
obrero de la famosa acería de los Krupp, pasando por la aristocracia de los
Hozenhollern, los administrativos en los ministerios de la Unter den Linden,
los militares que se colgaban la calavera y la cruz gamada, ya en un noventa
por ciento, eran fanáticos del nazismo, como el mismo Van Papen que había estado
a punto de perder la vida en esa fatídica noche, como sí dos de sus más
próximos colaboradores, y aceptará trabajar para ese régimen despiadado, en Viena o en Ankara.
Felizmente, la valentía de Churchill, el tesón de Roosevelt
y una mínima resistencia francesa, por parte del general de Gaulle, ya que otra
parte de los franceses estuvieron a favor de los nazis, además de los errores
estratégicos en Leningrado, lograron derrotar a la Alemania nazi, la misma que
unos años antes despreciaban a los judíos y mostraron el lado más oscuro de un
ser humano, con raras excepciones teutonas, por medio del Holocausto.
Pues bien, si ya la humanidad conoció el horror de esa
guerra, culminada con la bomba atómica en Hiroshima, fruto todo ello de un
nacionalismo absorbente, en el siglo XXI, aún quedan avisperos como en
Cataluña, País Vasco, Flandes, Córcega, la Italia del norte, Escocia y regiones
alemanas como el Palatinado, Renania, Baviera, hábilmente silenciadas por la
Constitución actual alemana, es inconcebible que, en una nación como la
española, que como pocas, ha sufrido el terrorismo de separatistas vascos, un
gobierno de socialistas, haya aceptado que esos asesinos sean quienes, con su
voto en Bildu, respalden y silencien la memoria de tantas víctimas y de tanto
dolor humano, material y económico. Hoy también con el nuevo genocida ruso Putin, agrediendo Ucrania.
Es inaudito y de una ignorancia histórica inconcebible, que
dirigentes que durante la Segunda República Española vieron como un partido
nacionalista, caso del PNV, en el gobierno, negociaba con el Vaticano, o ya en
democracia, su máximo dirigente Arzallus, en la sombra, seguía alentando esos
atentados de la Goma 2 y el tiro en la nuca, para ellos obtener ventajas
económicas en contra de las regiones españolas más desfavorecidas, caso de
Andalucía, Extremadura, Canarias, Murcia y Castilla.
Si Alemania supo aprender de sus errores y fijar en su
Constitución normas que hacen imposible ese resurgimiento de los separatistas,
en España, un PSOE, o el mismo PP, no hayan sido capaces de hacer lo mismo,
para que nunca los separatistas, los asesinos etarras o los traidores de
Esquerra Republicana, puedan incomodar la solidaridad y el progreso de los
españoles, cualquiera que sea su origen o lugar de residencia.
La Noche de los cuchillos largos es una buena recapitulación
sobre un pasado nada lejano y la enseñanza del peligro de los nacionalismos y
la cobardía general de la población, que, por desgracia, también hemos conocido
en el País Vasco, con su silencio y su forzada complicidad.
Rusia, China, quizás la India, tienen gobiernos donde impera la fuerza, los ejércitos, e incluso la bomba atómica, para amedrentar a la humanidad, mientras sus actuales dirigentes, se comportan del mismo modo que lo hizo Hitler, con el mismo silencio y aprobación de su población. Así les fue y así nos fue a todos.
Por todo ello, este libro de Max gallo, debiera volver a las librerías con más fuerza para que nuestra juventud aprenda lo que sucedió y lo que puede ocurrirnos, si no sabemos ser lo suficientemente críticos contra los nacionalismos locales y los nacionalismos de las grandes potencias.

No hay comentarios:
Publicar un comentario