MIEDO, OLVIDO Y FANTASÍA, EDICIÓN DE MARTA OSORIO SOBRE LA GIGANTESCA INVESTIGACIÓN DE AGUSTÍN PENÓN
Cuando cada día que pasa se va
apagando el eco del cataclismo que en Granada, allá por el año 1936, un 20 de
julio, iniciara una de las mayores
atrocidades humanas, que tuvo como víctima más notoria e inocente al poeta y
dramaturgo granadino, famoso ya entonces mundialmente, Federico García Lorca, y
que, desgraciadamente, muchos de los testigos se han ido, tal es el caso de mis
abuelos, padres, algunos tíos, conocidos de ellos como la “Chachica” y su
hermana Antonia de Chauchina; el mismo don Antonio, con aquel ojo derecho
vaciado, su sombrero y su eterno traje gris, propietario de un molino de aceite
en Víznar y del edificio de Niños Luchando 18, con su Mercedes, que a primera hora de la mañana, a diario recibía de mi abuelo los dos diarios de Granada y los
pormenores de conversaciones de mayores entorno a la mesa de camilla de mis
abuelos paternos. Los mismos vecinos, aquellos tallistas de ideas progresistas;
las enlutadas vecinas parientes de Milesio, el amigo de la infancia de mi
padre, quien en la azotea veía cómo los “chatos” bombardeaban Granada. Cuando
aquella Rosita, maestra de escuela, y los parientes de Iznalloz y las cercanías
del pantano Cubillas, en la feraz vega de Granada, traían a mis abuelos, ahora
supongo que en agradecimiento por acogerlos en aquellas horas graves, los
frutos de ese campo en la posguerra y que ya no queda nadie a quien preguntarle
por aquellos asesinos o esos inocentes, el enorme trabajo realizado en los años
1955 y 1956 del “americano” Agustín Penón, me parece portentoso y digno de que
el generoso admirador de Lorca, ya en sus primeras lecturas de Barcelona,
tengan por parte de Marta Osorio (seudónimo), el agradecimiento de quien en el
siglo XXI, heredero de aquellos hombres y mujeres que cerraron sus mentes y su
boca para olvidar tan enorme monstruosidad en Granada, nos desvele lo que, al
menos con el gran poeta Federico, hicieron, sin que aún quede claro el por qué,
quién dio la orden y dónde fue enterrado.
Antes de Agustín Penón, el mismo
Gerald Brenam inició las
investigaciones, también el hisanista francés Couffón, pero es Agustín Penón,
quien de manera obsesiva, sin descanso y sin tasar gasto, ni esfuerzo, quien
realizó buena parte de la investigación que luego Ian Gibsón sabrá aprovechar.
Marta Osorio, brillantemente nos
va desvelando los apuntes, las entrevistas y las notas, como el tiempo que
empleó Agustín Penón en un momento difícil, veinte años después del comienzo de
la Guerra Civil, cuando asesinos como Nestares, los tres hermanos Jiménez de
Parga, que en el Gobierno Civil asesoraban al gobernador civil José Valdés
Guzmán, comandante del ejército y “camisa vieja” de Falange, como máxima
autoridad. El teniente coronel Velasco, de la Guardia Civil; Ramón Ruíz Alonso,
el obrero “amaestrado”, o el mismo Queipo de Llano en Sevilla, suegro del
presidente de la República don Niceto Alcalá Zamora, seguían muchos de ellos
vivos, disfrutando de un bienestar que a otros de sus paisanos les negaron,
simplemente por pensar de otra forma.
Esa investigación que Penón
realiza, cuando la miseria y el hambre en Granada es vergonzosa, sustentada por
los mismos EEUU que soportan a un dictador, a cambio de bases militares en España
y dádivas que los españoles pagamos muy caro, se hace con el terror que aún
sufre la ciudadanía, pues te podías cruzar por la calle con quien años antes te
había detenido o era uno de los asesinos de muchos de nuestros paisanos
granadinos, mientras a éstas familias, no sólo se les había arrancado a ese
familiar, a quien habían torturado, vejado y asesinado, sino que se les
quitaban hasta los muebles y se les dejaba en la misma miseria.
Granada perdió eminencias:
médicos, profesores, escritores, músicos, a manos de ignorantes, zafios y
envidiosos. Granada quedó en manos de los más rastreros, los mismos asesinos o
los delatores, bien para no pagar una deuda o simplemente para apoderarse de
aquellos bienes que en el vecino codiciaban.
Granada, ese 20 de julio de 1936,
se sumió en la noche más oscura, que enterraba a sus élites más destacadas y
generosas o los llevaba al exilio y la emigración para poder sostener sus
familias, a los contemporáneos de ese desastre. Quedaron los que se arrastraron
con enchufes para conseguir un empleo, alcanzar un título universitario, ser
familiares de militares o tener que ingresas en las fuerzas del orden y el
ejército, de lo contrario la penuria y el pluriempleo, sólo podían permitir un
vivir modesto.
La misma aristocracia, se plegó
al Caudillo y aunque siempre le detestaron, les faltó valentía y medraron para
seguir viviendo y conservar su patrimonio histórico, que por mor de su propia
inactividad y falta de valentía, iría menguando.
Granada quedó sumida en la
mediocridad, en el miedo y en el intento más descarnado de olvidar tantas
muertes, tanta quema de libros y tanto enterrar ilusiones, fantasías y
esperanzas de libertad y dignidad.
Hermosísimo libro, donde vemos la
pujanza de esa juventud lorquiana, del café Alameda, de revistas como el gallo
y el Pavo y cómo no, de la fuerza que Granada tiene en la obra de García Lorca,
pues él logra capturar de esos campesinos de Fuentevaqueros y Valderrubio
(Asquerosa), de esos gitanos como los Camborios, de esas disputas por la
tierra, por una linde, por una herencia, la razón de una obra universal, pues
habla al hombre de cualquier punto del planeta.
Este gigante, que tanto tiempo se
intentó ocultar que fuera asesinado y que aún no tenemos respuesta para saber
dónde están sus restos para rendirle la honra y el tributo que merece, es el
hijo más sublime que Granada ha podido alumbrar, razón de las envidias de
tantos pobres de espíritu y la grandeza de este Agustín Penón, como de la misma
Marta Osorio, como la editorial Comares, para darnos este libro que nos
descubre el proceso de investigación y los personajes que conocieron a Federico
y que, algunos no supieron defenderlo, y otros sólo fueron testigos de su
grandeza humana.
A su vuelta de su triunfal gira
por Argentina, éste agnóstico, éste gran descreído, le dirá a su amigo José
Navarro Pardo:
José, ¡tengo que creer! ¡no tengo más remedio que creer…! Un día me
ocurrió algo increíble. Después de bajar del escenario, cuando el teatro se
venía abajo, quise dar gracias a Dios. Allí mismo, en el camerino había un
Cristo. Entonces vi la cara de un español, con el que yo nunca había hablado y
que sabía vivía en Buenos Aires y que estaba en un tremendo apuro económico. Me
quedé asombrado. Yo estaba ganando el dinero a manos llenas… Cuando salí del
teatro comencé a buscarlo por todas partes. Su rostro se me había grabado.
Después de ir y venir de un lado para otro, lo encontré. Y el gran apuro
económico en que estaba se lo resolví. Le dí la mitad de lo que había ganado. Estoy
asustado… el cielo me abruma…
Federico García Lorca sólo quiso
que le amaran, a cambio se entregó sin reparos:
Amor, amor
que está herido.
Herido de amor huido,
Herido,
Muerto de amor…
En Granada, en su Granada, el
poeta más eximio de España,
¿POR QUÉ FUE ASESINADO?
¿QUIÉN LO MATÓ?
¿Dónde ESTÁ ENTERRADO?
Agustín Penón se hacía estas
tres preguntas, que aún en el siglo XXI, los mismos granadinos, después de
tanta cobardía, miedo y oscuridad, tampoco hemos sabido responder.

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