jueves, 20 de junio de 2024

 




EL ÚLTIMO CASO DE DRURY LANE Y LOS CUATRO JOHNS, DE ELLERY QUEEN Y LA GENTE DE SMILEY, DE JOHN LE CARRÉ

En la Gran Vía de Granada me he dado de bruces con una librería de segunda mano, donde por 12 euros puedes adquirir 5 libros a tu antojo, hecho éste insólito, que espero que dure, pues me cuesta trabajo entender cómo sostienen la carga de este tipo de comercio, cuando vemos, desgraciadamente, que las librerías de nuestras ciudades cierran una tras otra, y sólo se expanden las grandes multinacionales, de nombres difíciles de pronunciar y radicadas en centros comerciales con toda una parafernalia de oferta a menudo en otros campos que el libro y más en el terreno de la electrónica.

Dicho cuanto antecede, tres de esos libros adquiridos frente al bellísimo palacio de los Müller, que fuera  sede del gobierno civil y de los “grises” en mi época juvenil, son sobre los que quisiera hacer un breve relato y tienen la misma razón de ser, magníficas obras policíacas editadas en los años ochenta, del ya lejano siglo XX –¡quién lo diría¡,- aunque los tres autores, pues Ellery Queen es un seudónimo que oculta a dos primos judíos neoyorquinos Frederic Danae y Manfred B. Lee, tienen un modo diferente de atraparnos en su red de misterio e investigación.

Mientras que John le Carré te hace disfrutar sobre aquellos momentos trágicos de la guerra fría entre la URSS y Occidente, con el Muro de Berlín de por medio, con un protagonista bien claro como es George Smiley y la gente del MI1, o Inteligencia Militar británica, con la presencia de Whitehall y del Circus, o los centros de gobierno y del espionaje británico, con el siempre  latente recuerdo de la desafección y traición de uno de sus principales dirigentes, que se pasó al bando del KGB soviético, el famoso agente Kim Philby, John le Carré con su sosías literario ahora tratan de devolverle el golpe a los rusos, que conseguirá felizmente tras los momentos de tensión antes de entregarse y superar las barreras de los Vopos, el responsable de Karla, una célula soviética secreta del KGB que, gracias a la debilidad humana de su responsable, que se habían ocupado de la disidencia y la emigración de los soviéticos en occidente, particularmente de aquellos residentes en París y Londres, como es el caso del general Vladimir y de la simple carta de Ostrakova, una emigrada, viuda de un desertor y disidente asesinado, con una hija que tuviera que abandonar en Moscú, Aleandra, a la que los rusos pretenden diseñarle una identidad para poderla introducir en Occidente y que, se ha convertido en la debilidad de la corriente Karla del KGB, un tanto apartada de los exigentes controles del espionaje ruso.

Asesinatos, persecuciones, pistas, viajes, vigilancia, escondites, agentes, seguimiento, investigación, contraespionaje, correos que van de Londres a Hamburgo, suspense y toda la intriga de una época que quizás, ahora con otros títulos y medios más tecnológicos o por medio del ciberespacio, la Rusia de Putin, la Corea del Norte del dictador Kim Jong-un, el servicio chino de espionaje Guoanbu, con más de cien mil empleados en la actualidad, Marruecos con Pegasus e Israel con el Mossad, los restos de la CIA y el FBI, precisarían de un gran autor como el ya desparecido John le Carré para desvelarnos lo que sucede en este mundo al borde de una guerra mundial y con la perenne presencia del amor, como atracción fatal o un ser del que es difícil olvidar, como es el caso de la misma de Ann, la esposa de George Smiley, que sin embargo se entregó al traidor Bill Haydon, que oculta en esta obra a Kim Philby,  entre otras aventuras que la ausencia y la agitada vida del famoso agente británico Smiley,  llevan a una mujer a hallar en otros encuentros el calor ausente y a poner unos gramos de humildad y fracaso en los, sin embargo, contundentes éxitos de Smiley.

Con Ellery Queen, en cualquiera de sus obras, el protagonista es la misma intriga, que la pone en manos del lector para ver si es capaz de desvelar el resultado, hallar al culpable o desentrañar la historia.

En el último caso de Drury Lane, un modesto sobre entregado al inspector Thumm, antiguo empleado policial en Nueva York, por un extraño barbado y el Museo Británico de la ciudad de los rascacielos, como dos hermanos gemelos británicos, pero de diferente contextura moral e intelectual, la bibliofilia y unos bibliófilos, William Shakespeare y las claves 3HS wM, que visto del revés también puede tener significado distinto, son entre lo más destacado de los elementos que aparecen en el rompecabezas de esta obra policíaca o detestivesca, donde cuando ya resulta claro la razón de los robos de una publicación de Shakespeare impresa por Jaggard, con sólo tres únicas publicaciones, así como el culpable, el último giro, la última pirueta de la novela, nos pone frente al amigo de los Thumm, al intelectual, al sabio Drury Lane, como culpable, aunque, eso sí, por mor a defender el último escrito hallado del ilustre dramaturgo, poeta y actor inglés, el bardo de Avón, en disputa con Hamnet Sedlar.

En el caso de los Cuatro Johns, Ellery Queen, de nuevo un enrevesado entramado, esta vez como escenario San Francisco y la universidad de Berkely, como los protagonistas jóvenes estudiantes y Mervin Gray como actor principal y ayudante de cátedra, muy a su pesar, junto a jóvenes y bellas mujeres, de amores indecisos, junto a cuatro Johns: Boce, un contable; Viviano, fotógrafo; Thompson, casado y con 2 hijos, que oculta, bibliotecario; Pilgrim, subalterno de la biblioteca; todos ellos enamorados de la preciosa Mary Hazelwood, que desaparece un viernes tras una discusión con su hermana Susie y una llamada telefónica que escucha Harriet en la que pide a John que venga a por ella.

Inesperadamente, después de ver desaparecido su Chevrolet, Mervin Grey se lo reencuentra en el aparcamiento de los apartamentos de Yerba Buena Jardín, aunque con la sorpresa que en el cofre está doblada y bien muerta Mary. Se deshace del cuerpo de la codiciada Mary, para que no puedan culparle a él y con ánimo de no perder su carrera futura de catedrático en Berkely,  inicia, por su cuenta la investigación para hallar el culpable según los datos facilitados por Harriet Brill, preguntando a cada uno de los cuatro John por el empleo de su tiempo de ese viernes de la desaparición de Mary.

Cuando la misma hermana de Mary, Susie, mediante diferentes anónimos trata de inculpar a Mervin Gray y todo parece conducir a él como asesino, en el postre giro de la novela, queda Harriet Brill descubierta y entregada a la policía como culpable de ese crimen.

No son tanto los intervinientes los grandes protagonistas en la escena de la obra de Ellery Queen, a mi modo de ver, es ese entramado que el autor, o más propiamente dicho los dos amanuenses, con su enorme caudal intelectual, quienes dan vida a los libros, más bien lo enrevesado de la trama, las numerosas situaciones y la variedad de actores, a veces desviando la atención, quienes enredan el ovillo para que, en el último cohete, descubrirnos al culpable, aunque las pistas elaboradas y el camino trazado pudiera habernos llevado a otro destinatario.

De todas formas, tres brillantes novelas y dos autores exquisitos de una literatura sencilla y de enorme entretenimiento, nada exentos de una carga histórica y de una enorme sabiduría como de valor literario.

 

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario