EL ÚLTIMO CASO DE DRURY LANE Y
LOS CUATRO JOHNS, DE ELLERY QUEEN Y LA GENTE DE SMILEY, DE JOHN LE CARRÉ
En la Gran Vía de Granada me he
dado de bruces con una librería de segunda mano, donde por 12 euros puedes
adquirir 5 libros a tu antojo, hecho éste insólito, que espero que dure, pues
me cuesta trabajo entender cómo sostienen la carga de este tipo de comercio,
cuando vemos, desgraciadamente, que las librerías de nuestras ciudades cierran
una tras otra, y sólo se expanden las grandes multinacionales, de nombres
difíciles de pronunciar y radicadas en centros comerciales con toda una
parafernalia de oferta a menudo en otros campos que el libro y más en el
terreno de la electrónica.
Dicho cuanto antecede, tres de
esos libros adquiridos frente al bellísimo palacio de los Müller, que fuera sede del gobierno civil y de los “grises” en
mi época juvenil, son sobre los que quisiera hacer un breve relato y tienen la
misma razón de ser, magníficas obras policíacas editadas en los años ochenta,
del ya lejano siglo XX –¡quién lo diría¡,- aunque los tres autores, pues Ellery
Queen es un seudónimo que oculta a dos primos judíos neoyorquinos Frederic
Danae y Manfred B. Lee, tienen un modo diferente de atraparnos en su red de
misterio e investigación.
Mientras que John le Carré te
hace disfrutar sobre aquellos momentos trágicos de la guerra fría entre la URSS
y Occidente, con el Muro de Berlín de por medio, con un protagonista bien claro
como es George Smiley y la gente del MI1, o Inteligencia Militar británica, con
la presencia de Whitehall y del Circus, o los centros de gobierno y del
espionaje británico, con el siempre
latente recuerdo de la desafección y traición de uno de sus principales
dirigentes, que se pasó al bando del KGB soviético, el famoso agente Kim
Philby, John le Carré con su sosías literario ahora tratan de devolverle el
golpe a los rusos, que conseguirá felizmente tras los momentos de tensión antes
de entregarse y superar las barreras de los Vopos, el responsable de Karla, una célula soviética secreta del
KGB que, gracias a la debilidad humana de su responsable, que se habían ocupado
de la disidencia y la emigración de los soviéticos en occidente,
particularmente de aquellos residentes en París y Londres, como es el caso del
general Vladimir y de la simple carta de Ostrakova, una emigrada, viuda de un
desertor y disidente asesinado, con una hija que tuviera que abandonar en
Moscú, Aleandra, a la que los rusos pretenden diseñarle una identidad para
poderla introducir en Occidente y que, se ha convertido en la debilidad de la
corriente Karla del KGB, un tanto apartada de los exigentes controles del
espionaje ruso.
Asesinatos, persecuciones,
pistas, viajes, vigilancia, escondites, agentes, seguimiento, investigación, contraespionaje,
correos que van de Londres a Hamburgo, suspense y toda la intriga de una época
que quizás, ahora con otros títulos y medios más tecnológicos o por medio del
ciberespacio, la Rusia de Putin, la Corea del Norte del dictador Kim Jong-un,
el servicio chino de espionaje Guoanbu, con más de cien mil empleados en la
actualidad, Marruecos con Pegasus e Israel con el Mossad, los restos de la CIA
y el FBI, precisarían de un gran autor como el ya desparecido John le Carré
para desvelarnos lo que sucede en este mundo al borde de una guerra mundial y
con la perenne presencia del amor, como atracción fatal o un ser del que es
difícil olvidar, como es el caso de la misma de Ann, la esposa de George
Smiley, que sin embargo se entregó al traidor Bill Haydon, que oculta en esta
obra a Kim Philby, entre otras aventuras
que la ausencia y la agitada vida del famoso agente británico Smiley, llevan a una mujer a hallar en otros
encuentros el calor ausente y a poner unos gramos de humildad y fracaso en los,
sin embargo, contundentes éxitos de Smiley.
Con Ellery Queen, en cualquiera
de sus obras, el protagonista es la misma intriga, que la pone en manos del
lector para ver si es capaz de desvelar el resultado, hallar al culpable o
desentrañar la historia.
En el último caso de Drury Lane,
un modesto sobre entregado al inspector Thumm, antiguo empleado policial en
Nueva York, por un extraño barbado y el Museo Británico de la ciudad de los
rascacielos, como dos hermanos gemelos británicos, pero de diferente contextura
moral e intelectual, la bibliofilia y unos bibliófilos, William Shakespeare y
las claves 3HS wM, que visto del revés también puede tener significado
distinto, son entre lo más destacado de los elementos que aparecen en el
rompecabezas de esta obra policíaca o detestivesca, donde cuando ya resulta claro
la razón de los robos de una publicación de Shakespeare impresa por Jaggard,
con sólo tres únicas publicaciones, así como el culpable, el último giro, la
última pirueta de la novela, nos pone frente al amigo de los Thumm, al
intelectual, al sabio Drury Lane, como culpable, aunque, eso sí, por mor a
defender el último escrito hallado del ilustre dramaturgo, poeta y actor
inglés, el bardo de Avón, en disputa con Hamnet Sedlar.
En el caso de los Cuatro Johns,
Ellery Queen, de nuevo un enrevesado entramado, esta vez como escenario San
Francisco y la universidad de Berkely, como los protagonistas jóvenes
estudiantes y Mervin Gray como actor principal y ayudante de cátedra, muy a su
pesar, junto a jóvenes y bellas mujeres, de amores indecisos, junto a cuatro Johns:
Boce, un contable; Viviano, fotógrafo; Thompson, casado y con 2 hijos, que
oculta, bibliotecario; Pilgrim, subalterno de la biblioteca; todos ellos
enamorados de la preciosa Mary Hazelwood, que desaparece un viernes tras una
discusión con su hermana Susie y una llamada telefónica que escucha Harriet en
la que pide a John que venga a por ella.
Inesperadamente, después de ver
desaparecido su Chevrolet, Mervin Grey se lo reencuentra en el aparcamiento de
los apartamentos de Yerba Buena Jardín, aunque
con la sorpresa que en el cofre está doblada y bien muerta Mary. Se deshace del
cuerpo de la codiciada Mary, para que no puedan culparle a él y con ánimo de no
perder su carrera futura de catedrático en Berkely, inicia, por su cuenta la investigación para
hallar el culpable según los datos facilitados por Harriet Brill, preguntando a
cada uno de los cuatro John por el empleo de su tiempo de ese viernes de la
desaparición de Mary.
Cuando la misma hermana de Mary,
Susie, mediante diferentes anónimos trata de inculpar a Mervin Gray y todo
parece conducir a él como asesino, en el postre giro de la novela, queda
Harriet Brill descubierta y entregada a la policía como culpable de ese crimen.
No son tanto los intervinientes
los grandes protagonistas en la escena de la obra de Ellery Queen, a mi modo de
ver, es ese entramado que el autor, o más propiamente dicho los dos amanuenses,
con su enorme caudal intelectual, quienes dan vida a los libros, más bien lo
enrevesado de la trama, las numerosas situaciones y la variedad de actores, a
veces desviando la atención, quienes enredan el ovillo para que, en el último
cohete, descubrirnos al culpable, aunque las pistas elaboradas y el camino
trazado pudiera habernos llevado a otro destinatario.
De todas formas, tres brillantes novelas y dos autores exquisitos de una literatura sencilla y de enorme entretenimiento, nada exentos de una carga histórica y de una enorme sabiduría como de valor literario.



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