lunes, 26 de agosto de 2024

Otra visión de Azaña: Azaña reformista

 AZAÑA REFORMISTA



 

Que don Manuel Azaña Díaz, aquel burgués alcalaíno, aquel secretario y posteriormente presidente del Ateneo de Madrid, el impulsor con su cuñado Cipriano Rivas Chérif de la revista la Pluma o el director de revistas culturales, el escritor de la obra teatral La Corona o El jardín de los Fraíles, La Velada de Benicarló y sus Memorias, el repentino republicano frente a la afrenta hecha por Alfonso XIII y Primo de Rivera, fue un entusiasta reformista de las arcaicas instituciones políticas españolas que, tras la puesta en marcha de un nuevo régimen por parte de Cánovas del Castillo, artífice de la Restauración monárquica en la persona de Alfonso XII, es una realidad, sobre todo cuando uno lee sus escritos del año 1918, como Tesis Reformistas, en cuyo tercer apartado nos dirá:

 

Entre una monarquía con programa social y una República que deje subsistente la propiedad actual, opto por la primera.

 

Y, en el apartado siguiente, el número cuatro, se plantea varias hipótesis, para concluir su planteamiento reformista de diciembre de 1918.

 

La monarquía puede democratizarse

La República por sí sola nada resuelve

La monarquía puede tener programa social, etc.

 

Estas tres hipótesis, estos tres anhelos, sin embargo, Alfonso XIII, como los dirigentes políticos que medraban a su alrededor, fueron incapaces de verlo. Más aún, en Barcelona, la élite catalana que animó al dictador para su asalto al poder y a Alfonso XIII con su silencio atronador otorgarle la venia, desataron en hombres liberales como Azaña, en intelectuales, en militares y en políticos en ciernes, su apuesta por la república, a pesar de no convencerles y no ser ellos tampoco republicanos en ese momento, en el momento en el que el Parlamento era desahuciado.

 





Este movimiento contra Alfonso XIII y la dictadura de Primo de Rivera, sin embargo en el PSOE, por parte de su fundador, el abuelo Pablo Iglesias Posse y el mismo Largo Caballero, como una ocasión para crecer y formar parte de las instituciones, acudiendo a la llamada del General, convencidos de imponerse sobre los demás movimientos sindicalistas como la misma CNT y de que ellos eran un movimiento de obreros y sin claras ideas de la conformación de un Estado, por lo que nunca fueron tampoco convencidos republicanos, pues estaban más proclives a los movimientos y directrices de los Comintern, del que años después renegarían y empezaría el viraje hacia la socialdemocracia de Willy Brandt, aunque esto ya es otra historia.

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