CANDI, PRESIDENTE ETERNO DEL
GRANADA C.F.
En la mañana del dos de
septiembre de 2024, que empezaba algo nublado, ya con breve anuncio del otoño,
que parecía columbrar por las frondosas
nubes sobre la sierra de Gádor, y seguro que allá por la rivera del Dauro sobre
Jesús del Valle, también traerían los
mismos presagios a no dudar, aunque esta vez mi amigo de correrías juveniles y
del Granada C.F, Joaquín Fernández, me anunciaba el fallecimiento del que fuera
presidente del Granada C.F, sin lugar a dudas el mejor presidente que haya
tenido tan señero club de fútbol y me hacía retrotraerme a mi ciudad natal, a
un pasado que se va haciendo más lejano y aquel nombre tan venerado por mi
padre, que siendo yo niño ya lo citaba como uno de los grandes fichajes que
había hecho el club de los Cármenes.
Cándido Gómez Álvarez, de nombre
futbolístico Candi, estampó su firma con el Granada un 30 de agosto de 1948,
fecha histórica, tras haber militado en el At. Bilbao y ser suplente en el
Valladolid, después de que días antes, según cuentan la crónica de Ideal,
Ricardo Martín Campos fuera reelegido por aclamación en junta directiva y que,
por primera vez en su historia, nueve jugadores fueran granadinos, rozando el
ascenso a primera y terminado su andadura copera frente al Barcelona de César
en las Corts.
Si ya como guardameta del Granada
C.F sería recordado por su buen hacer en aquellas entrañables gradas de la
avenida Madrid y los Andaluces, a escasos metros de la plaza de toros, cuyos doseles norte, la garita de la Cárcel, y sur las cumbres nevadas
de la Sierra, siempre quedarán en mi memoria, como también el oleaje humano que
acostumbraba a llenar aquel vetusto graderío, es como presidente del Granada C.F.
que lograría mayor renombre y el aplauso eterno de su afición.
No sé si quién estuvo primero en
su vocación granadina, si su mujer o la misma ciudad que le encadenó, pues él
venía de las lejanas tierras de finis terra y siempre conservó su acento de
saudade.
Cierto es que logró en su mandato
que se hiciera la visera de preferencia, se ampliara el aforo y que se apostara
claramente por la base del fútbol granadino, ocasión que me permitió a mí
alcanzar brevemente el sueño de lucir los colores verticales rojo y blanco, esa
media blanca con vuelta roja y el calzón azul, como llevar en el pecho el
rectilíneo escudo con las siglas del Granada C.F., en los juveniles del
carismático Pedraza y la simiente de mis mejores amigos, los Parra, Prieto,
Sánchez, Alba, Justicia, Fernández y otros tantos con los que compartí
vestuario, campos pedregosos y los “follazas” y sabrosos caracoles del
Albayzín, como los momentos lúdicos de los teenagers de las postrimerías de los
años setenta.
Mientras tanto, el Granada de
Candi, equipo ascensor, como era conocido, pues un tiempo estaba en segunda que
otro en primera, contó en sus filas con una pléyade de jugadores sudamericanos
que hicieron inexpugnable el recinto de los Cármenes y consolidó la enorme
afición que siempre tuvo el Granada C.F., cuando los martes en cualquier
oficina o lugar, de lo único que se hablaba era del Granada y se disputaba por
las crónicas de los partidos.
Su retirada ya me pilló lejos del
fárrago de las mezquindades de la ciudad del chavico y de las envidias propias
de las ciudades pequeñas y entre montañas, quien había expuesto su pecunio y el
patrimonio de su familia por el Granada C.F, y no tuvo la mejor de las
despedidas.
Confiemos que ahora, en el adiós,
prevalezca el recuerdo del señorío de aquel enjuto y siempre trajeado don
Candido, que desde las nieblas galaicas se hiciera granaíno, fue para la gran
mayoría de granadinos, el mejor presidente que tuvo y, quizás, tendrá, el
Granada C.F., por su dedicación, su carisma y su entrega.
Descansa en paz, Presidente!

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