jueves, 29 de enero de 2026

MANUEL VÁZQUEZ MONTALBÁN Y EL ASESINATO EN EL COMITÉ CENTRAL

 


ASESINATO EN EL COMITÉ CENTRAL, DE MANUEL VÁZQUEZ MONTALBÁN

 

Allá por el año 1981, quien fuera miembro del PCE y escritor catalán, mezcla de esa herencia que la mayoría de catalanes llevan en sus genes, por la pujante inmigración que allí acudió en masa en diferentes épocas, y que los mismos catalanes llamaron despectivamente charnegos, Manuel Vázquez Montalbán (1939-2003), escribió y publicó una de sus mejores novelas protagonizada por el detective Pepe Carvalho, su soñado alter ego, la que tituló Asesinato en el Comité Central, donde un detective privado con oficina en Barcelona, es contratado para que en Madrid resuelva el caso del asesinato del Secretario General del Partido, en el momento de un comité y, en los segundos que transcurrieron de un apagón eléctrico en la sala, poco después de que el PCE fuera reconocido en la incipiente democracia española que arrancó tras la muerte del Caudillo Franco, cuando todos los testimonios y los hechos apuntaban a que hubiera sido un compañero presente en ese mismo evento, ya que nadie pudo salir de la sala alquilada en un hotel del centro de la capital de reino.

Por ese discurrir madrileño, Carvalho nos mostrará los entresijos y vericuetos de esos años en la política española, particularmente en la capital de España, con frecuentes comparaciones con su Barcelona, también con su dominio gastronómico, donde las viejas huestes comunistas, ayer en el exilio y formando parte del maquis para derrotar el régimen franquista, deben adaptarse a las nuevas corrientes de esa apertura democrática, como a las luchas internas de poder, cuando sus dirigentes, como el caso del asesinado Garrido, como el nuevo responsable del PCE, Santos, tienen por obsesión su partido y su formación intelectual marxista, hecho éste que le conducirá a un amago de suicidio, frustrado gracias a la rápida intervención de Carvalho, tras descubrir que el asesino era uno de los más estrechos colaboradores de Santos, Julve, formado y “criado” por el mismo Santos.

Como se desenvolvían esos partidos de izquierdas, especialmente el Partido Comunista, con posibles guiños en el personaje al entonces Secretario general, Santiago Carrillo, “que parecía sacarse los cigarros encendidos del bolsillo de la chaqueta”, como la abnegada labor de sus afiliados, caso de Carmela, sosteniendo su hogar, las tareas domésticas, como la asistencia como chófer al camarada Carvalho, quien en su mocedad militó en el PSUC (`Partido Socialista Unificado de Cataluña) y que en 1987 se integró en el PCE, habiendo sido fundado en 1936, también formando parte de la policía los mismos personajes que en tiempos de Franco reprimían con dureza y crueldad a los opositores, caso del mismo Carvalho, ahora aceptando las leyes de la nueva Constitución, son otros de los recuerdos de esa transformación democrática, de esa evolución económica que nos muestra el autor a través de Madrid y de los interrogatorios e indagaciones para encontrar al culpable, que fuerzas extranjeras pretenden que la verdad salga a la luz del modo que a ellos les convenga.

En este espejo de ver ese pasado, nada lejano, y lo que en el siglo XXI y en el año 2026 los españoles constatamos: accidente ferroviario en Adamuz, amnistía a golpistas catalanes, mentiras permanente del Presidente del Gobierno socialista, Pedro Sánchez Castejón, corrupción flagrante en el PSOE, de la esposa del presidente, de su hermano, del número Dos del Gobierno y del socialismo, y una dependencia ministerial gracias al voto y el chantaje de los separatistas catalanes y vascos, con deliberada pérdida de justicia e igualdad para todos los españoles, el lector de esta novela, no sólo disfruta del modo en que Carvalho investiga, sino que también siente dolor de cómo los partidos de izquierdas en España han perdido su esencia y se han convertido en formaciones que dan empleo y cobijo a trepas y siniestros personajes sin ningún principio ni valores por una España más próspera y democrática, con tal de ellos seguir en el poder y manejando el cotarro, amén de la protección que la Justicia les otorga y los guardaespaldas que los tienen cobijados.

El ayer nada lejano y casi “pueril” de un viejo partido siempre dispuesto a la lucha y la desintegración a la que hoy se han visto abocados esos partidos y ese Comité Central de un PCE que perdió su esencia y hoy ya es une épave de un ayer esperanzado.

Cierta preeminencia de un buen saber vivir y comer en Barcelona, frente al Madrid de esos años del albor de la democracia, según su autor, que como también hoy sabemos, las taimadas luchas separatistas, el mirarse el ombligo, su desprecio al forastero, particularmente a quien su raíz es el español y su procedencia castellana, andaluza o gallega, que se ha ido diluyendo y que, de resucitar el bueno de Vázquez Montalbán, se vería obligado a sonrojarse y reconocer que Cataluña es hoy un páramo del analfabetismo cultural, la envidia y el retroceso cultural.

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