ASESINATO EN EL COMITÉ CENTRAL,
DE MANUEL VÁZQUEZ MONTALBÁN
Allá por el año 1981, quien fuera
miembro del PCE y escritor catalán, mezcla de esa herencia que la mayoría de
catalanes llevan en sus genes, por la pujante inmigración que allí acudió en
masa en diferentes épocas, y que los mismos catalanes llamaron despectivamente charnegos, Manuel Vázquez Montalbán
(1939-2003), escribió y publicó una de sus mejores novelas protagonizada por el
detective Pepe Carvalho, su soñado alter ego, la que tituló Asesinato en el Comité Central, donde
un detective privado con oficina en Barcelona, es contratado para que en Madrid
resuelva el caso del asesinato del Secretario General del Partido, en el
momento de un comité y, en los segundos que transcurrieron de un apagón
eléctrico en la sala, poco después de que el PCE fuera reconocido en la
incipiente democracia española que arrancó tras la muerte del Caudillo Franco,
cuando todos los testimonios y los hechos apuntaban a que hubiera sido un
compañero presente en ese mismo evento, ya que nadie pudo salir de la sala
alquilada en un hotel del centro de la capital de reino.
Por ese discurrir madrileño,
Carvalho nos mostrará los entresijos y vericuetos de esos años en la política
española, particularmente en la capital de España, con frecuentes comparaciones
con su Barcelona, también con su dominio gastronómico, donde las viejas huestes
comunistas, ayer en el exilio y formando parte del maquis para derrotar el
régimen franquista, deben adaptarse a las nuevas corrientes de esa apertura
democrática, como a las luchas internas de poder, cuando sus dirigentes, como
el caso del asesinado Garrido, como el nuevo responsable del PCE, Santos,
tienen por obsesión su partido y su formación intelectual marxista, hecho éste
que le conducirá a un amago de suicidio, frustrado gracias a la rápida intervención
de Carvalho, tras descubrir que el asesino era uno de los más estrechos
colaboradores de Santos, Julve, formado y “criado” por el mismo Santos.
Como se desenvolvían esos
partidos de izquierdas, especialmente el Partido Comunista, con posibles guiños
en el personaje al entonces Secretario general, Santiago Carrillo, “que parecía sacarse los cigarros encendidos
del bolsillo de la chaqueta”, como la abnegada labor de sus afiliados, caso
de Carmela, sosteniendo su hogar, las tareas domésticas, como la asistencia
como chófer al camarada Carvalho, quien en su mocedad militó en el PSUC
(`Partido Socialista Unificado de Cataluña) y que en 1987 se integró en el PCE,
habiendo sido fundado en 1936, también formando parte de la policía los mismos
personajes que en tiempos de Franco reprimían con dureza y crueldad a los
opositores, caso del mismo Carvalho, ahora aceptando las leyes de la nueva
Constitución, son otros de los recuerdos de esa transformación democrática, de
esa evolución económica que nos muestra el autor a través de Madrid y de los
interrogatorios e indagaciones para encontrar al culpable, que fuerzas
extranjeras pretenden que la verdad salga a la luz del modo que a ellos les
convenga.
En este espejo de ver ese pasado,
nada lejano, y lo que en el siglo XXI y en el año 2026 los españoles
constatamos: accidente ferroviario en Adamuz, amnistía a golpistas catalanes,
mentiras permanente del Presidente del Gobierno socialista, Pedro Sánchez
Castejón, corrupción flagrante en el PSOE, de la esposa del presidente, de su
hermano, del número Dos del Gobierno y del socialismo, y una dependencia
ministerial gracias al voto y el chantaje de los separatistas catalanes y
vascos, con deliberada pérdida de justicia e igualdad para todos los españoles,
el lector de esta novela, no sólo disfruta del modo en que Carvalho investiga,
sino que también siente dolor de cómo los partidos de izquierdas en España han
perdido su esencia y se han convertido en formaciones que dan empleo y cobijo a
trepas y siniestros personajes sin ningún principio ni valores por una España
más próspera y democrática, con tal de ellos seguir en el poder y manejando el
cotarro, amén de la protección que la Justicia les otorga y los guardaespaldas
que los tienen cobijados.
El ayer nada lejano y casi “pueril”
de un viejo partido siempre dispuesto a la lucha y la desintegración a la que
hoy se han visto abocados esos partidos y ese Comité Central de un PCE que
perdió su esencia y hoy ya es une épave
de un ayer esperanzado.
Cierta preeminencia de un buen
saber vivir y comer en Barcelona, frente al Madrid de esos años del albor de la
democracia, según su autor, que como también hoy sabemos, las taimadas luchas
separatistas, el mirarse el ombligo, su desprecio al forastero, particularmente
a quien su raíz es el español y su procedencia castellana, andaluza o gallega,
que se ha ido diluyendo y que, de resucitar el bueno de Vázquez Montalbán, se
vería obligado a sonrojarse y reconocer que Cataluña es hoy un páramo del
analfabetismo cultural, la envidia y el retroceso cultural.

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