ENTRE TODOS LA MATARON Y ELLA SOLA SE
MURIÓ, CEVISAMA.
Aunque era una muerte anunciada
largo tiempo ha, ni azulejeros ni políticos, de cualquier signo y pelaje,
pusieron remedio. Los egregios industriales, ya convertidos en multinacionales,
con su soberbia y arrogancia por bandera, quisieron sacar provecho inmediato de
las grandes inversiones acometidas en sus lujosas y despampanantes
exposiciones, y que el grueso de la tarta siempre estuviera entre sus fauces,
dejando sin visibilidad a aquellos pequeños fabricantes para quienes Cevisama
era su anhelado escaparate y primordial lugar anual de encuentro con su
clientela, fueran nacionales o del exterior. Cierto es que el gasto por m2 para
exponer en Valencia cada año alcanzaba una progresión geométrica, a la vez que
la reserva en hoteles y restaurantes, por lo que la gallina de los huevos de
oro parecía agotar su puesta y la tolerancia de compradores y vendedores daba
signos de hartazgo.
Valencia, particularmente por
Benimamet, el río humano de fabricantes y comerciantes no volverá a inundar ya
por febrero sus angostas calles, tampoco
la hostelería, los taxis, el transporte público y la dolce vita nocturna alcanzarán el regocijo y mostrarán la cara
amable y comercial de la siempre deslumbrante ciudad del Turia, que como un
trueno gordo se expandía a la sombra de la Feria Internacional de Muestras del Azulejo Español, en la ciudad
que un aciago día incivil fuera la
capital de España y en cuyas Torres de Quart tuvieron cobijo las grandiosas
obras de El Prado.
Mientras tanto, en mi memoria
quedará aquel modesto stand esquinado de Porcelanosa, que iniciaba su andadura
con azulejos de pasta blanca en 10x20, y que en su primera aparición ya uno
podía augurarle un gran éxito, como así sería. Años más tarde, otras Fábricas que trataban de seguir esa estela llevaban a
Ferran Adriá, también a celebridades de la alta costura y el deporte, o se
mostraban los nuevos avances en monococción, (superada la bicocción) porcelánicos, pulidos, grandes formatos y la puesta en escena de nuevas
y vigorosas industrias radicadas en el entorno de Castellón, incluso de China o
Turquía. Progresivamente, Cevisama ya nada tenía que envidiar a la Feria de Bolonia y cada año la carrera
para presentar algo nuevo o sorprender al cliente era un reto más que anunciaba la gran prosperidad y pujanza
que la industria azulejera alcanzaría allá por los años 90 y
2.000.
Europa nos había abierto sus
puertas, competíamos de tú a tú con los italianos, nuestros grandes rivales, en
diseño y manufacturación, y el Gobierno
de Felipe González se había lanzado a
impulsar el comercio exterior y la vivienda, en una carrera vertiginosa que
parecía no tener fin.
En el año 1975, el miedo y un incierto
cambio de Régimen para España llenaron
la fosa de la Feria Internacional de la Construcción en la Casa de Campo en
Madrid, que quedó enterrada para siempre, como también los esfuerzos de
regeneración de Azulejera Granadina, con su singular y bien labrado stand.
Posiblemente, en este 2026, la historia se repita para otra pequeña industria de la comarca de la Plana y, como no, para la
misma Cevisama, enterrada por Tirios y Troyanos, los unos por su escasa visión
de futuro, los otros por su egoísmo congénito y, los más, por su inoperancia,
incompetencia e ignorancia, cuando se
avecina un nuevo cambio de régimen político, esta vez felizmente en Democracia,
pero cimentado sobre la corrupción de un Gobierno putrefacto sostenido por las
taifas separatistas y unos empresarios y un plantel obrero carentes de visión
general de futuro, de grandeza de Estado y de solidaridad nacional.
Huérfanos quedan muchos
emprendedores que esperaban Cevisama como agua de mayo para exhibir su sueño
hecho azulejo, también el polvero
andaluz que desde su remota tienda o desde un intrincado pueblo manchego, entre
otros, sabían que en esa feria de muestras podrían cerrar sus tratos
comerciales, o aquel muniqués que podría además saborear una paella en la Malvarrosa
y llevarse para su Bavaria natal los preciados azulejos Made in Spain.
Sepultada pues queda CEVISAMA, ya que entre todos la mataron y ella sola se murió.
P.S.: Habrá quien me replique con
la reciente transformación social y económica,
las redes sociales, las nuevas
tecnologías, internet, la IA, la proliferación de centrales de compras, el
mejor aprovechamiento del tiempo y de recursos escasos, quizás en que todo este
escrito rezuma nostalgia y unos años
juveniles ya lejanos, hasta quien me
hable de las enseñanzas de las escuelas de negocios, y no podré negarle su
carga de razón, pero convendrán conmigo que algo más podría haberse hecho,
sobre todo cuando en Alemania e Italia sobreviven otras ferias de corte
semejante, que cuentan con listas de espera de medio mundo, mientras que en la ciudad de Valencia, y España, hemos perdido una caja de resonancia envidiable,
como también las modestas fábricas y el pequeño distribuidor su lugar de puesta
al día por excelencia.
Los peces que ayer porfiaban en
una charca hoy son tiburones y nadan en un océano donde la ley del más fuerte
es la que impera, sin memoria ni pasado, donde el dios Neptuno tampoco sabe
hacer justicia y su tritón está forjado por el oro que en las Indias nace
honrado y viene a morir en España.
Fernando Orero Sáez de Tejada.
23 de febrero de 2026.

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