LAS ÚLTIMAS BANDERAS, DE ANGEL Mª
DE LERA, PREMIO PLANETA 1967
Cuando en Democracia un gobierno
socialista, presidido por un siniestro y mentiroso compulsivo como Pedro
Sánchez Castejón, en febrero de 2026 desclasifica los documentos de una noche
amarga para esa democracia que daba sus primeros balbuceos en España, depuesto
el golpe de Estado de Tejero por el entonces rey don Juan Carlos I y con
continuos intentos de este Gobierno para poner un bozal a la prensa crítica con la corrupción y fechorías como lo
acontecida en Adamuz, con 46 fallecidos en accidente ferroviario, y termino la
lectura de este libro, me llama la atención que pudiera publicarse en tiempos
del régimen de Franco, cierto es que yo era aún muy joven y residía en el
extranjero, por lo que el discurrir político de entonces también me estaba
vedado y por tanto poco o nada podía saber yo del grado de libertad y
adoctrinamiento del españolito de entonces, también mis abuelos y mis padres
quisieron hacer borrón y cuenta nueva, corriendo un tupido velo de aquellos
aciagos años, tanto por lo que padecieron, en mayor o menor medida unos y
otros, como por su apuesta para que nada tan espantoso y horrible entre hermanos
pudiera volverse a reproducir, por lo que poco o nada nos contaron y lo que
hemos aprendido sobre la Guerra Civil ya se lo debemos a los historiadores y
obras como la de este escritor que hiciera la carrera de derecho por libre en
la Universidad de Granada.
Digo cuanto antecede porque Las
últimas banderas, del premiado y muy difundido libro de Angel Mª de Lera
(1912-1984), es la obra de alguien que nos muestra una de las horas más amargas
y tristes del sueño de un republicano español, rodeado en Madrid por las
fuerzas del Caudillo, con los frentes de guerra detenidos en la misma Ciudad
Universitaria, a unos pasos de Argüelles, la calle Princesa o la misma Plaza de
España y la Gran Vía, también la vida penosa de los madrileños, con escasos
medios para alimentarse, a no ser las llamadas “píldoras del doctor Negrín”,
como llamaron a las lentejas los madrileños y teniendo que terminar sufriendo
un golpe interno dado por Casado y el consejo de Besteiro frente a los
comunistas, en la semana llamada del “duro”, mientras Negrín trataba de que la defensa no
decayera en el Centro y en la “posición Yuste” tenía un avión preparado para su huida.
Federico Olivares, un joven
maestro ascendido a capitán del ejército Popular, convencido republicano por
ese anhelo que muchos españoles tuvieron de regenerar la política y cambiar las
estructuras anquilosadas del viejo régimen que implantara Cánovas del Castillo,
bastante degeneradas ahora, es el actor primordial de esta tragedia incivil en
un Madrid asediado y abandonado por la República un siete de noviembre de 1936,
camino de Valencia, siguiendo el eslogan de No
pasarán que tan valiente y certeramente cumplieron los madrileños sin que
las fuerzas sublevadas pudieran franquear, a pesar de los bombardeos que
sufrían y la presencia de la quinta
columna entre sus muros.
Aunque ya en abril,
repentinamente, tras la derrota de las fuerzas comunistas enfrentadas al
coronel Casado, que había derrocado al Gobierno republicano del socialista
Negrín, en una conjura de republicanos y socialistas decididos a alcanzar la
paz con Franco, las calles se irán llenando paulatinamente de banderas bicolor,
blancas con el aspa y rojo y negras, con el yugo y las flechas, como la lenta y
cautelosa entrada de las fuerzas nacionales
con los Regulares al frente, mientras los milicianos deponían las armas y
se aprestaban a deambular por un pasillo
largo y oscuro, como será la rehabilitación de combatientes y simpatizantes
republicanos, como fin de la novela y presagio de lo que le va a suceder a
muchos españoles, entre ellos al mismo Angel Mª de Lera que estuvo encarcelado
por dos veces, hasta 1944 y después en el año 1947.
Novela ésta que, a diferencia de
las que precedieron en años anteriores, que hablaban desde la perspectiva del
vencedor de la Guerra Civil, ahora lo hace desde el vencido, el oprimido y
derrotado, siempre desde una perspectiva humana, nada heroica, pero fiel al
dolor y sufrimiento de quienes se vieron forzados, les pilló casualmente en ese
bando o, simplemente, les movió la defensa de sus ideales republicanos.
En el libro, su autor hará
incursiones sobre el pasado, los antecedentes de esta guerra, pero siempre
desde una visión sentimental, en ocasiones nostálgica, pero siempre muy
sensible de las personas y los sentimientos, para volver la narración al tiempo
que en Madrid le toca vivir transitando entre escombros y una guerra que desde
el principio ya parecía perdida.

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