MANUEL FERRAND BONILLA,CON LA NOCHE A CUESTAS, PREMIO PLANETA 1968
Un escritor sevillano (1925-1985),
periodista e ilustrador, licenciado en filosofía y letras, será en el año 1968
quien, con su novela Con la noche a cuestas, quien obtenga el premio que el
señor Lara otorga por medio de su editorial Planeta.
Obra sencilla, en la que Tirso,
el guarda de una obra en estructura, y Castro, un gallego que trabaja como
sereno por ese barrio nuevo de Sevilla, suelen encontrarse por la noche para
vencer la soledad de un Tirso que había abandonado su pueblo y su familia,
donde el amor con su esposa, por su frigidez, le habían impulsado a sumergirse,
a pesar de su juventud, en una vida aburrida y sin la libertad que su entorno
natal siempre le ofreció. Castro, el gallego, gusta de ser sereno, pues de este
modo puede conocer los intríngulis del barrio por donde cuida que todo discurra
en paz, a pesar de su edad, una ligera cojera, y su mujer que, aunque no le ha
podido dar descendencia, lleva un kiosco con muy buenos ingresos y le pide que
abandone ese trabajo y pueda estar de noche en su casa.
El hallazgo de un cartera con
doce mil pesetas en su interior y el sello A. C., al lado de la valla de la
obra, en el barrro, sumergen a Tirso en profundas cavilaciones por quedársela o
devolverla, ¿pero a quién?
En la pensión donde reside de
día, Tirso ha contado a Remedios, la sirvienta, y de la que se siente atraído, el
hallazgo de la cartera y la invita a que venga por la caseta de obra, a pesar
de su novio, para pasar la noche con él.
Días más tarde un motorista se
presentará en la noche al guarda, declarando que había perdido una cartera y
dando detalles convincentes de que pudiera pertenecerle, por lo que esa pequeña
fortuna, en esa época, Tirso la devuelve a quien parece ser su propietario, con
la anuencia del mismo Castro, presente junto a un amigo portero de un edificio
cercano.
Un ruido extraño le hace a Tirso
subir las escaleras de la obra, en la que los ladrillos empiezan ya a
sobreponerse sobre el hormigón, cuando ve a Remedios que se acerca. Para su
sorpresa, ella viene a devolverle la cartera, que al parecer le había sido
tomada por su novio, a quien ella le había contado la historia de Tirso, cuando
el edificio en un trueno se derrumba y, atraído por el ruido, Castro, el
sereno, ve con asombro como su amigo Tirso pide ayuda y trata de sacar de entre
los escombros el brazo de una mujer.
Castro, el sereno, el transeúnte nocturno,
el servicial amigo del guarda y de los porteros del nuevo barrio, a pesar de
las presiones de la esposa, sigue sin decidirse en abandonar su puesto y
retirarse, mientras que Tirso, dado de alta del hospital y de regreso a su pueblo, es reemplazado por un nuevo
guarda quien, de repente, declarará a Castro haber encontrad una cartera con
doce mil pesetas en su interior, entre los restos de la obra caída aún
presentes.
Sencilla novela, sin grandes
alardes literarios, ni recursos dramáticos, con la puesta en escena de humildes
personajes que ven cómo se va transformando la ciudad y el humilde discurrir de
dos hombres, poco dados a grandes pasiones ni reflexiones filosóficas en ese acontecer nocturno de sus vidas.

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