domingo, 1 de marzo de 2026

 


MANUEL FERRAND BONILLA,CON  LA NOCHE A CUESTAS, PREMIO PLANETA 1968

Un escritor sevillano (1925-1985), periodista e ilustrador, licenciado en filosofía y letras, será en el año 1968 quien, con su novela Con la noche a cuestas, quien obtenga el premio que el señor Lara otorga por medio de su editorial Planeta.

Obra sencilla, en la que Tirso, el guarda de una obra en estructura, y Castro, un gallego que trabaja como sereno por ese barrio nuevo de Sevilla, suelen encontrarse por la noche para vencer la soledad de un Tirso que había abandonado su pueblo y su familia, donde el amor con su esposa, por su frigidez, le habían impulsado a sumergirse, a pesar de su juventud, en una vida aburrida y sin la libertad que su entorno natal siempre le ofreció. Castro, el gallego, gusta de ser sereno, pues de este modo puede conocer los intríngulis del barrio por donde cuida que todo discurra en paz, a pesar de su edad, una ligera cojera, y su mujer que, aunque no le ha podido dar descendencia, lleva un kiosco con muy buenos ingresos y le pide que abandone ese trabajo y pueda estar de noche en su casa.

El hallazgo de un cartera con doce mil pesetas en su interior y el sello A. C., al lado de la valla de la obra, en el barrro, sumergen a Tirso en profundas cavilaciones por quedársela o devolverla, ¿pero a quién?

En la pensión donde reside de día, Tirso ha contado a Remedios, la sirvienta, y de la que se siente atraído, el hallazgo de la cartera y la invita a que venga por la caseta de obra, a pesar de su novio, para pasar la noche con él.

Días más tarde un motorista se presentará en la noche al guarda, declarando que había perdido una cartera y dando detalles convincentes de que pudiera pertenecerle, por lo que esa pequeña fortuna, en esa época, Tirso la devuelve a quien parece ser su propietario, con la anuencia del mismo Castro, presente junto a un amigo portero de un edificio cercano.

Un ruido extraño le hace a Tirso subir las escaleras de la obra, en la que los ladrillos empiezan ya a sobreponerse sobre el hormigón, cuando ve a Remedios que se acerca. Para su sorpresa, ella viene a devolverle la cartera, que al parecer le había sido tomada por su novio, a quien ella le había contado la historia de Tirso, cuando el edificio en un trueno se derrumba y, atraído por el ruido, Castro, el sereno, ve con asombro como su amigo Tirso pide ayuda y trata de sacar de entre los escombros el brazo de una mujer.

Castro, el sereno, el transeúnte nocturno, el servicial amigo del guarda y de los porteros del nuevo barrio, a pesar de las presiones de la esposa, sigue sin decidirse en abandonar su puesto y retirarse, mientras que Tirso, dado de alta del hospital y de regreso  a su pueblo, es reemplazado por un nuevo guarda quien, de repente, declarará a Castro haber encontrad una cartera con doce mil pesetas en su interior, entre los restos de la obra caída aún presentes.

Sencilla novela, sin grandes alardes literarios, ni recursos dramáticos, con la puesta en escena de humildes personajes que ven cómo se va transformando la ciudad y el humilde discurrir de dos hombres, poco dados a grandes pasiones ni reflexiones filosóficas  en ese acontecer nocturno de sus vidas.

 

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