lunes, 16 de marzo de 2026

ANTONIO GALA, DEDICADO A TOBÍAS, UN LIBRO DE ENORMES ENSEÑANZAS.

 


                                            DEDICADO A TOBÍAS, DE ANTONIO GALA

Allá por 1988, el celebérrimo escritor, poeta, dramaturgo y columnista en la prensa del momento, como partícipe frecuente en tertulias de radio y televisión, mientras gobernaba el PSOE con la decidida voluntad de cambio y transformación de España por parte del dúo Felipe González y Alfonso Guerra, el cordobés y profundamente andaluz,  Antonio Gala (Brazatortas (CR) 1930-Córdoba 2023),  publicaba su libro Dedicado a Tobías, todo un compendio de aforismos que a modo de artículos breves dirige a un, supuesto, sobrino a quien él mismo le ha impuesto ese nombre de Tobías, que nacido en Córdoba e hijo de española y padre americano, su madre le pide que le escriba algo para que su hijo, allá en América, nunca olvide sus raíces andaluzas y españolas.

Como gran maestro en filosofía y en metáforas, paisano y alumno aventajado también de Séneca, Antonio Gala irá mostrando a Tobías una parte de esa infancia del escritor, a la vez que da su opinión sobre hechos que se suceden en esa época de la publicación de este libro, como es el ingreso de España en la OTAN, solicitado a los españoles mediante referéndum, a lo que expresamente Antonio Gala fue un contumaz opositor. También se declara no haber intervenido nunca en política activa: Lo mío es otra cosa. En política yo, como en los toros, aplaudo o silbo.

Dentro del seno de una familia burguesa con servicio y hogar espacioso, su padre fue un acrisolado médico, y bastante religioso, por parte materna, los Gala estaban bien acomodados y  con una óptima y pulcra formación académica, aunque él se manifieste algo díscolo y singular entre sus otros hermanos, pero siempre un gran observador, enormemente sensible y un precoz lector, entusiasta de Rilke.

Aunque a Tobías le pide que arroje el libro, trazado para él como una guía de vida, entiendo que es de gran utilidad, a pesar de que, como futurólogo, en algunos casos acierte con el devenir que anuncia y en otros, no sea del todo como preconiza, que conocemos hoy por el paso del tiempo y lo acontecido.

Se enternece describiéndonos a sus perros: Zegrí, Zahira y la posterior llegada de Zagal, como el modo de su génesis, todos ellos de raza teckel, que junto a sus más de trescientos bastones, que empezó a usar tras su operación a vida o muerte de duodeno, sirven para mostrarnos a un escritor necesitado de la compañía del “mejor amigo del hombre”, el perro, a quien él como el granadino Francisco Ayala, se recrean con sus mascotas como si fueran seres humanos, a los que tan solo les falte el habla.

En su artículo sobre La Paz, en este 2026 tan demandado por todo aquel ser humano que no busque como Trump y sus correveidiles más cercanos un negocio con la guerra contra Irán, le dirá a Tobías, como a los halcones yanquís: La paz es el más antiguo sueño de los hombres: un sueño del que se despierta cada mañana para encontrar sangre a su alrededor. Y añadirá luego, Son los Estados salvajes,  que se retuercen contra los mismos que los eligieron, insensibles ante las mortandades de sus propios ciudadanos, ante las protestas de vivos y de muertos. Son los Estados mantenidos por la incercia de la batalla en una carrera imparable…El pan nos sabe a sangre; nos estamos devorando, antropófagos,  unos a otros; nuestro bienestar y nuestro ocio se construyen sobre los huesos de otros hombres…Y los grandes Estados continuarán tramando sus conjuras –fabricar armas, venderlas, usarlas, perfeccionarlas- para que los creamos necesarios. Odiadlos, Tobías, odiadlos.

Seguramente que ni a Putin, Netanyahu, Hamás, los ayatolás, Donald Trump, el mismo Otegui y su banda de asesinos hoy en Bildu, como los Boko Haram y tantos asesinos sueltos por el mundo, estas líneas que anteceden nada les habrán gustado, aunque a buen seguro que las madres de esos combatientes, que los vuelven a ver regresar a su tierra dentro de un féretro o recibir una carta desde un frente de guerra, aunque con noticias esperanzadoras, a ellas, bien que firmarían lo dicho por el maestro don Antonio Gala, en este inciso que hago en ese odio que todo ser humano debiera tener siempre por las contiendas bélicas, sean donde sean y se vistan del ropaje que uno de esos oligarcas o plutócratas pretendan presentárnoslas, o aquel jefe de la banda terrorista de ETA, que lo llamaba “liberación”,  y que hoy el siniestro Zapatero y el cubiletero Pedro Sánchez, han blanqueado para poder seguir gobernando con el voto de esta banda de separatistas y asesinos vascos.

En su “Welcome to Spain”, que aspira a hablarle a Tobías sobre España, nos recuerda que somos un país en el que es frecuente el desacuerdo, como también que sólo estuvimos todos de acuerdo un Dos de Mayo de 1808 para expulsar a los franceses. Y digno de resaltar serían las líneas que siguen: No nos hemos metido en la sangre la certeza de que la patria no es una cosa engolada, cuartelera y póstuma, sino diaria, confortadora y compartida; mucho más un concepto por el que se vive que por el que se muere. Y sigue: la Historia de España es la de una interminable falta de respeto mutuo y una educación pésima. Por eso la convivencia ha sido belicosa.

En el capítulo llamado Censo Familiar, nos recuerda a cuantos nacimos a final de los años cincuenta, del pasado siglo, y en la vecina Granada, que como en su acogedora Córdoba, el pueblo además de usar refranes a troche y moche, que denostaba el Quijote cuando Sancho no paraba de emplearlos, sin ton ni son, también en la conversación empleábamos a personajes que nunca conocimos, pero que, al parecer, el acervo popular sí debió de saber más de ellos, hé aquí algunos de los que nos menciona Gala:

Pateta es el demonio, que se lleva a la gente cuando muere, o Pedro Botero.

Eres más listo que Lepe, Lepijo y su hijo, o Cardona.

Más listo que Merlín, o ni más tonto que Pichote, o que Abundio, o que la tía Joaquina, que no sabe si se mea o se orina, o más feo que Picio; de la vejez Matusalem o Maricastaña; de la desgracia, el Pupas, que se cayó de espaldas y se partió la picha; de no ver, pepe Leches; del valor, el Guerra; del egoísmo, Juan Palomo, el de “yo me lo guiso, yo me lo como; de la vulgaridad, donde va Vicente, donde va la gente. Y así otro buen número de anécdotas que forman parte de la lengua y la chufla española.

 

Trata pues de guiar a Tobías sobre esa suerte que tiene de mezclar en su sangre la de ambos océanos y de hacer memoria de la vida del autor, un portentoso seguidor de su admirado Séneca que, para desgracia de los españoles nos dejó en 2023, pero que su obra literaria, de teatro y de artículos, es profunda, amena y didáctica, como este libro dedicado a Tobías, o remembranza de su misma vida y deseos.

 

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