viernes, 13 de marzo de 2026

RAMÓN J. SENDER, EN LA VIDA DE IGNACIO MOREL, PREMIO PLANETA 1969

 


RAMÓN J. SENDER, EN LA VIDA DE IGNACIO MOREL, PREMIO PLANETA 1969

Cuando en 1969 el Planeta premiaba al escritor Ramón J. Sender, nacido en Chalanera (Aragón) el año 1901, fallecería en San Diego (EEUU) en 1982, lo hacía en la persona de un exiliado y claro activista republicano, que además de ser el cofundador durante la República de la asociación de Amigos de la Unión Soviética, había participado como soldado y alcanzado el grado de Alférez en la Guerra Civil, también un precoz escritor, pues con 17 años se había iniciado en la literatura y pronto como periodista en el Imparcial, El País, España Nueva y La Tribuna. De él también cabe añadir que su primera esposa y su hermano fueron fusilados por los sublevados en Huesca y Zamora, teniendo que confiar a dos de sus pequeños  hijos tras la frontera, mientras él seguía su decidida apuesta revolucionaria en las filas del ejército Popular.

La historia que nos narra es la vida de Ignacio Morel, un español emigrado a Francia con sus padres, cuando cuenta dos años, y que aún señalado como meteco, como siempre por la perversa sociedad nacionalista  francesa, se considera ciudadano francés, tras ver a su padre muerto en el maquis luchando contra los alemanes y su madre fallecida trabajando en un hospital, y que, a pesar de oír siempre en su hogar sangre, odio y miedo, restos del naufragio de la República española y consecuencias de la guerra civil, se había convertido en profesor de liceo y escritor, tiene treinta años y carece de educación mundana, valga añadir amatoria.

No obstante, se siente atraído por la esposa de un comerciante de telas, Marcelle Saint Julien, que le ha expresado su felicitación por el relato que en público había hecho del cuento Los cuatro enanitos:  una tragedia para marionetas, en la que la niña Güendoline se va a casar con un rico enano, a pesar de la contrariedad e indignación  que le produce a su Doncella, hasta que aparece el apuesto y borracho mecánico John, que ha de arreglar el coche que en la cochera, con sus gases, ha matado a tres enanos bailarines que Güendoline y la Doncella habían escondido, temerosas de los celos del futuro esposo, el enano y rico Nabuco, mientras éste se había ausentado para ultimar la compra de una isla del Caribe como regalo de bodas, y que también matará John, confundido con los otros tres enanos que Güendoline y la Doncella habían tratado de ocultar como uno solo en el circo donde trabajaban. La Doncella y Güendoline se quedarán sin el enano rico, mientras marcan el teléfono de la policía y John no estaba seguro si no le volvería aparecer un enano, ya que el que mató bien le decía que era el millonario Smith, aunque a John le pareciera un truco un enano y rico: - “¿Dónde se ha visto un millonario enano”, mientras se marcha tarareando una polca y cae el telón.

Un viernes venusto, como de costumbre para ir a Paris desde Argenteuil, en la parada de los taxis Ignacio se encuentra a Marcelle, que viaja para ver a su marido enfermo en un hospital, razón por la que desde este momento, apretujados entre los demás viajeros y ella sobre las rodillas de Ignacio, pues entonces los taxis del extra radio parisino no partían hasta no tener completadas las 5 o 6 plazas empezará el idilio amoroso que culmina en la habitación de un hotel donde, una vez concluida la cópula, Ignacio cree que está dormida o desmallada o sufriendo un ataque de catalepsia, aunque en realidad está muerta repentinamente, por lo que huye espantado del hotel Mercure, donde se habían alojado con un nombre supuesto: Monsieur et madame Lambert, y no sabe cómo poder explicar la situación a la policía o al mismo esposo enfermo Monsieur Maisonnave o a los Dubois donde se aloja él.

“Se puede matar a una persona con el gozo sexual unido a una suprema vergüenza”, eran algunas de las preguntas que en su mente se hacía el sábado Ignacio, mientras el sirviente asiático de los Maisonnave, Thuan se ocupaba del niño hidrocéfalo de los anfitriones de la casa y éste empezaba  a temer que ya se hubiera expandido la noticia y el hallazgo de la muerta esposa de Saint-Julien, a quienes sin embargo los periódicos habían empezado a relatar el caso, aunque de la autopsia se sabía que había fallecido de muerte natural.

Entre sus miedos, la vergüenza de no saber cómo afrontar la mirada del esposo Saint-Julien, demandándole una explicación recibe la llamada telefónica de Catherine, la novia de su amigo argelino Darlbeida anunciándole que está encarcelado y que pide verlo.

El domingo Ignacio recibe una nota de la comisaría de policía rogándole que se persone allí. Tras las pesquisas e interrogatorio del comisario, en sala aparte, éste le pregunta sibilina y admirativamente: “cómo lo hizo para que se muriera en plena acción” concsciente de que no era culpable.

-¿Qué le hizo usted a Marcelle, aquí, entre amigos? Que le hiciera el comisario, le seguiría rondando la cabeza, al igual que a Catherine, conocedora de la noticia, por lo que le sugiere que cambie el final de su cuento, a la vez que el tamaño de algunos personajes y en entrevista con el ya viudo Saint-Julien, recuperado de su enfermedad, le mentía sobre lo acontecido, a pesar del acoso que algunas mujeres, como una amiga de Marcelle, Mme Renoir le hiciera, regalándole el libro de las Mil y una noches, cuando él lo único que hizo fue amar y desear a Marcelle.

Siguió corrigiendo los exámenes de Pascua de sus alumnos, seguro de no haber podido conocer el amor y percatarse que uno nunca juega con la vida, que es ella quien juega con nosotros y debemos humildemente aceptarlo.

 

 

 

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